Colón y la reina Isabel de Castilla: De conquistadores a esculturas

Viernes, 10 Noviembre 2017 15:21
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Ubicada en el separador vial de la calle 26 a la altura de la carrera 98 se encuentra el imponente Monumento. La obra es del escultor italiano Cesare Sighinolfi Mancini.

Monumento a Isabel la Católica y Cristóbal Colón|||| Monumento a Isabel la Católica y Cristóbal Colón|||| María Fernanda Zabala Trujillo||||
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Cristóbal Colón, según Juan Friede, es históricamente relevante porque fue quien con osadía comandó tres pequeñas naves llamadas La Pinta, La Niña y La Santa María. Con las cuales realizó una serie de expediciones, navegando hacia el oeste, en busca del “nuevo mundo” (lo que resultó ser América). Por su parte, la reina Isabel de Castilla fue fundamental para el desarrollo de esta travesía puesto que le otorgó al navegante el patrocinio real para financiar este viaje. La osadía de Colón y la firmeza de la Reina son elementos claves para comprender la relevancia de las dos esculturas ubicadas en la calle 26, en el occidente de Bogotá. 

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En la Avenida Eldorado, vía en la que diariamente se movilizan miles de vehículos, actualmente se encuentran mirándose el uno al otro, la figura de la reina Isabel y de Cristóbal Colón. 30 metros, solo 30 metros separan estas esculturas, cuyas posturas enaltecen las representaciones de estos ilustres personajes. La reina, con la majestuosidad que su papel le atribuye, yace con una postura erguida y una mirada imponente, como si esperara pleitesía.  Mientras que en su mano derecha sostiene un folio enrollado, en la izquierda sostiene la punta de la capa que cubre parte de su vestido. Sobre su cabeza reposa una gran corona que complementa a la perfección esta representación.

Colón con la mirada fija en la reina Isabel señala hacia el sur de la capital. Como digno representante de la elite española usa una toga de manga larga hasta las rodillas, ceñida a su cuerpo por un cinturón, y un abrigo corto.  A su vez en su cuello cuelga un medallón circular. Este personaje sujeta la argolla de un ancla, de la cual se desprende una cadena que rodea la figura y que se ubica detrás de ella.

A simple vista el paso del tiempo se hace evidente en estas esculturas no solo por los grafitis en el piso y los pedestales sino también por las manchas de suciedad generadas por los animales. Según archivos del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (Idpc), esta obra es un homenaje a los viajes que hicieron posible la aparición de América en los mapas y fue resultado de la conmemoración de los 400 años del hallazgo del continente indígena.

Colón y la reina, esta vez sin La Pinta, La Niña y la Santa María, emprendieron un viaje en barco desde Pistoya, Italia, como resultado de la petición que hizo el Gobierno en 1893 al escultor italiano Cesare Sighinolfi. Las estatuas elaboradas por el maestro Sighinolfi fueron modeladas en yeso y fundidas en bronce. Desde su construcción, hasta la actualidad, estas representaciones no han tenido un lugar fijo en Bogotá. Tal vez ese es el destino de Colón aún después de su muerte. Ser un nómada por el mundo.

Esta vez la travesía que Colón realizó no fue para descubrir un nuevo mundo, ni para maravillarse una vez más con América, sino por el contrario, vino para quedar inmortalizado en la tierra que un día conquistó. Pero a diferencia de la gran bienvenida que esperaba, después de un largo viaje, él y la ilustre reina Isabel de Castilla fueron a parar a un pequeño local ubicado en el centro, debido a que el gobierno tuvo miedo de sufrieran algún daño en los disturbios de la guerra civil. 

El Almirante y la Reina vieron la luz por primera vez el 20 de julio de 1906, en un parque de la localidad de Puente Aranda, 10 años después de su llegada. Luego se trasladaron a la calle 13. Después volvieron a la localidad de Puente Aranda, pero esta vez en la glorieta sobre Las Américas y finalmente fueron ubicados en el lugar en donde actualmente se encuentran. Ser un nómada en tierra de indios puede ser una forma indirecta de cumplir el deseo de Colón, el cual era que sus cenizas fueran regadas en las tierras que descubrió.

Cuando finalmente fueron ubicadas en el lugar que sería su hogar por muchos años, se toparon con la soledad y olvido. En una de las vías más concurridas de la ciudad, ellos  se convirtieron en parte del paisaje y diariamente ven como cientos de personas pasan sin siquiera inmutarse de su grandeza. Para Yesid Alejandro Pérez, profesor de la Universidad del Rosario, esto no siempre fue así, puesto que "cuando se encargó la elaboración de las estatuas, la clase dirigente colombiana estaba emocionada, debido a que estaban firmemente identificados con los valores que doña Isabel la Católica y Cristóbal Colón representaban, es decir, la civilidad, los valores y principios cristianos (católicos), la cultura y la educación".

Mientras yacen inmóviles en sus pedestales, Colón y la reina Católica han tenido que ver cómo en muchas ocasiones los descendientes de los indios que se doblegaron ante su poder y presencia después del descubrimiento de América, hoy en día se revelan en contra de sus figuras. Para María Álvarez el simple hecho de que estas esculturas aún sigan estando aquí es un insulto para los colombianos “no me siento identificada porque aunque son parte de la historia, los actos que cometieron en contra de los indígenas fueron reprochables. Son personajes que directa o indirectamente cometieron hechos violentos y de saqueo en contra de nosotros (...) me sentiría más identificada con una escultura alusiva a los indios”.

Esta opinión difiere del valor que se les atribuyó inicialmente, puesto que su constitución hizo parte de un proyecto que buscaba “la revaloración de la historia y la identidad nacional”. Ingrid Duarte, coordinadora del área de monumentos del Idpc, afirma que “sin duda estas representaciones exaltan lo valeroso y perseverante que fue Colón y la importancia de su majestad para encontrar la tierra de los indígenas. Además de ello, las esculturas se construyeron mientras se desarrolló el movimiento neoclásico, lo cual hace que sean una clara evidencia del dominio de la técnica de modelado y fundición del artista Sighinolfi”. 

Las representaciones de estos ilustres personajes poco a poco han perdido el prestigio y el respeto que las caracterizaban, en reiteradas ocasiones estas estatuas han sido blanco de diferentes ataques. Según un artículo publicado en la Revista Arcadia, para “el 2013 el Instituto de Patrimonio Cultural tuvo que restaurar el monumento porque este estaba en deplorables condiciones, debido a actos vandálicos”. 

Aunque muchos desconocen por qué la reina Isabel de Castilla se encuentra representa allí, a modo de escultura. Ella, la princesa que no estaba destinada a ser reina, es una de las mujeres más importantes de la historia española. Su determinación por ganarse el poder mediante inteligentes estrategias, le dieron prestigio en la monarquía europea y su astucia para reconocer buenas propuestas la llevó a tener un papel clave en el descubrimiento de América.

Ahora, después de realizar tan importante hazaña, la grandeza de su figura perdió importancia entre los descendientes de los indios que un día le rindieron pleitesía. Ahora, en vez de estar en su trono rodeada de lujos, se encuentra en mitad de una avenida sin ninguna riqueza y simplemente en compañía de su fiel almirante Colón, enfrentándose a la precariedad del olvido y de los ataques.

El Almirante Colón aun después de su muerte sigue siendo objeto del respeto de unos y del desprecio de otros. Aún después de muerto sigue viajando, conociendo y descubriendo nuevos lugares. Aún después de muerto Colón es para muchos un símbolo de firmeza, orgullo y a la vez de vergüenza. Aun después de muerto sigue siendo una huella en la historia que aunque queramos no podemos borrar.