Niños en alquiler: entre la necesidad y la mendicidad

Martes, 01 Octubre 2019 17:36

La ola migratoria ha generado que los venezolanos busquen diferentes recursos para ganarse “el día a día”, entre estos se encuentra alquilar a sus hijos para la mendicidad. 

Venezolanos luchando por conseguir plata para el diario vivir.||| Venezolanos luchando por conseguir plata para el diario vivir.||| Daniela Larrarte|||
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El alquiler y préstamo de niños para pedir limosna se ha convertido en un negocio rentable en el que suelen decirle a una madre, que tenga un niño entre los seis y cuatro años, que preste a su hijo para pedir dinero en diferentes zonas de Bogotá. Esta forma de mendigar es utilizada cada vez más por personas que tuvieron que migrar de Venezuela.

Esta situación ha demandado medidas de atención inmediata por parte del Gobierno y la Rama Legislativa. El senador John Milton Rodríguez explicó, en entrevista con el periódico El Nuevo Siglo, que se presentará un proyecto de ley con el fin de imponer multas y sanciones penales más fuertes a aquellos adultos que induzcan a la mendicidad a los infantes. Igualmente, se propondrá quitarles la patria potestad de manera definitiva.

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Aunque el fenómeno social de la mendicidad no es nuevo, sí ha aumentado considerablemente y es fácilmente perceptible en varios sectores de la capital de la República. Entre los aspectos que se deben considerar en este complejo caso se encuentran la falta de oportunidades laborales, el desplazamiento forzado interno por la reanudación del conflicto y, en especial, la migración venezolana por la grave crisis política y económica que se vive en ese país.

Esto los ha obligado a buscar una forma de ganarse la vida en las duras calles, por los que muchos de ellos han optado por alquilar a menores de edad para pedir dinero, sabiendo la compasión y el impacto que causa en las personas ver a un niño con necesidades. De esta manera, se tejen redes dedicadas a la explotación de niños por medio de la mendicidad, cada vez más grandes y difíciles de controlar por parte de las autoridades.

Estas organizaciones, según indica la información oficial, delinquen principalmente en las ciudades de Bogotá, Cartagena y Bucaramanga. Incluso, la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Undidas para los Refugiados (Acnur), este tipo de prácticas incluso llevan a la explotación sexual de los niños con la prostitución y el trabajo infantil. 

Un informe del 2019 publicado por la Secretaría Distrital de Integración Social de Bogotá, titulado ‘La cultura de la lástima, motor de la mendicidad infantil’, reveló que de los 30 mil niños que se encuentran en las calles colombianas (cerca de once mil están en Bogotá) manifestaron haber sido víctimas de maltrato.

Niños de la capital en alquiler

En lugares concurridos de la capital como semáforos, restaurantes y Transmilenio es normal ver a migrantes venezolanos en compañía de menores de edad contando sus historias buscando unas cuantas monedas para poder sobrevivir. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que detrás de estas escenas hay muchas personas atrás que controlan este “negocio”.

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Personas consultadas, cuya identidad se mantendrá en reserva, aseguraron que existen “jefes” en casa estación de Transmilenio y patrones que motivan ese método para pedir limosna. En un análisis rápido, se calculó la rentabilidad de esta práctica. Se podría estimar que si tan solo la cuarta parte de pasajeros que usan a diario este sistema masivo, cerca de 1'300.000, diera $50 en un viaje, el total resultaría en 16'250.000 pesos.

Según la Alcaldía Bogotá a diario se realizan más de 13'000.000 de viajes en el sistema troncal. Es evidente que resulta rentable ejercer una actividad mercantil en el transporte público, pero más rentable que vender un producto físico es pedir algo. La mendicidad por lástima lucra mucho más, como lo afirma Mario, quien canta dentro de los buses del Transmilenio.

“Son ganancias que se hacen pidiendo y que no se ganan ni uno, ni alguien que estudia aquí tanto tiempo. Se ganan $150.000 diarios y hasta más, pero no aprovechan ese dinero para invertir en algo y trabajar honestamente, no lo hacen, solamente agarran el dinero y ya”, narra este joven. Este músico urbano señala que “he visto colombianos, he visto madres solteras con niños que se montan con alguna necesidad, van con su hijo discapacitado o algo que justifique que su hijo es discapacitado y van a hacer eso”.

Mario indica que él no apoya el uso de menores para pedir dinero. “Está muy mal traer a los niños a este medio de transporte a pasar frío y hambre, solamente para que les estén dando dinero. Cuando en realidad ellos están ganando más de 150.000 pesos diarios”. 

¿Cómo se alquilan niños?

Fuentes cercanas a esta problemática le indicaron a Plaza Capital que el negocio del alquiler de niños tiene tres modalidades. La primera se divide en dos jornadas, los niños que son alquilados hasta el mediodía por un valor de 20.000 pesos y los que son ‘rentados’ todo el día o durante el tiempo que la persona esté trabajando en el Transmilenio “tienen un valor” de $40 mil.

La segunda modalidad consiste en que las madres le alquilen a sus hijos a un familiar por diferentes precios. Y la última modalidad es cuando una persona, generalmente hombre, decide alquilar a la madre y al hijo para decir que son una familia. Esta no tiene un valor definido, pero las ganancias se dividen a la mitad.

“Se rumora o se escucha que hay más de 40 niños alquilados en el Transmilenio y que tienen un costo de 40 mil pesos todo el día o por el tiempo que duren trabajando. Esta situación generó una alerta y ahora a las personas venezolanas y colombianas que trabajan con los niños en el Transmilenio se les pregunta si ese es su hijo, para evitar que esto siga pasando”, señaló Miguel quien toca la guitarra junto a su esposa en este sistema. 

Ver: Ser un rappitendero venezolano en Bogotá

“Se bajan en la estación de Héroes y ahí al medio día, más o menos, alquilan a los niños”, confirma María*, una madre venezolana a quien un desconocido le propuso que le alquilara a su hija de siete meses para mendigar en Transmilenio.  

María ha presenciado, con indignación y tristeza, las situaciones en las que son puestos estos niños a diario: “El otro día en el Portal del Norte había una señora que tenía un niño chiquito, como de dos años, tenía muchas ganas de orinar. Estaba con un chamo y él vino, agarró el muchacho y le pegó en la cabeza. Y le dijo, ‘¡espérese! , usted no va a orinar todavía. Y el niño llorando, porque tenía muchas ganas de orinar,  se orinó y todo el mundo lo miraba y lo miraba. El chamo vino, agarró y se fue".

"Eso es lo que pasa cuando los niños no son de ellos y como no son sus hijos los tratan mal”, comenta.  Con este caso se evidencia los tratos a los que son sometidos estos niños en sus largas jornadas de trabajo, ya que pueden durar más de doce horas con frío, sin comer, sin defecar u orinar. 

Estos niños suelen ser alquilados desde los siete meses para adelante, esto para que no dependan tanto del seno de la mamá. Durante el tiempo que son alquilados, los infantes son expuestos a malos tratos, descuido y largas horas sin comer y sin poder hacer sus necesidades. Una familia de venezolanos que trabaja en el Transmilenio aseveró.

“Es muy fácil identificarlos porque son muy descuidados con los niños, no les prestan atención cuando acá hay muchos peligros. Por ejemplo, prefieren contar la plata que prestarle atención al niño, de que, si comió o no comió, se la pasan sucios”, relataron. Por otro lado, las autoridades quedan obsoletas pues su labor está limitada en lo que no pueden hacer y se rinden ante la inutilidad de sus posibilidades. El policía de transporte masivo cuenta que “ellos conocen la problemática”, pero no cuentan con las herramientas para controlarla.

Ver: Labor de hermanos (Primera entrega)

“Es muy difícil porque la mayoría de los venezolanos no tienen documentación y la hora de preguntarles si los niños son suyos o que están haciendo, suelen decir que no tienen con quien dejar al niño, que acaban de llegar a la ciudad y que están consiguiendo para una pieza (cuarto o habitación)”, explica. El uniformado relató que ellos no pueden hacer mucho al respeto por lo que toman medidas pasajeas como sacarlos del sistema o “hacemos que cojan un Transmilenio para sus casas sin mendigar.

Lo que pasa es que nosotros evitamos los vendedores en el sistema, no que mendiguen plata”.  Por su parte, Diego Bagett, funcionario del Instituto Colombiano del Bienestar Familiar (ICBF) informó que están por publicar un comunicado acerca de la atención a la comunidad venezolana. No brindan muchos detalles debido a que “es un tema complejo y va más allá de sólo ver el niño y decir que estaba mendigando”.

Aunque, esta entidad trabaja por la prevención y protección integral de los niñas, niños y adolescentes brindando atención especializada en caso de amenaza, inobservancia o vulneración de los derechos. No obstante, aún no actúan ni brindan información al respecto. La redes que se tejen alrededor de la mendicidad en los niños son cada vez más grandes y difíciles de controlar. A pesar del esfuerzo de las autoridades por hacer valer el derecho de estos infantes, es difícil poner orden ya que muchos de ellos no se encuentran documentados. Se necesita más apoyo de la Fiscalía y la Policía para identificar y desmantelar estas redes, además se necesita más ayuda de la ciudadanía para que no patrocinen esta práctica y denuncien.

*Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente. 

Información adicional

  • Coautor 1: Juliana Sánchez