¿Pueden las herramientas digitales evitar la desaparición de las lenguas indígenas? Le contamos

Viernes, 24 Abril 2026 09:47
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Las herramientas digitales podrían ayudar a preservar lenguas indígenas, pero la brecha de conectividad limita su alcance para las comunidades. 

Mujeres Misak||| Mujeres Misak||| Foto: Ana Sofia Clavijo|||
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En Colombia se hablan cerca de 70 lenguas indígenas. Sin embargo, muchas de ellas están en riesgo de desaparecer por la pérdida de hablantes, la discriminación lingüística y los cambios sociales asociados con la urbanización y la migración. Frente a este panorama, distintas iniciativas digitales han comenzado a utilizar herramientas tecnológicas para documentar, enseñar y revitalizar estos idiomas ancestrales. 

La preocupación no es solo local. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, de los cerca de 7.000 idiomas que existen en el mundo, unos 6.700 son lenguas indígenas y casi la mitad corre el riesgo de desaparecer. En América, se hablan más de mil de estos idiomas. Según Gerry Eijkemans, directora del Departamento de Determinantes Sociales y Ambientales para la Equidad en Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “hablar de lenguas indígenas significa hablar de la historia de los pueblos indígenas, de sus costumbres, de sus cosmovisiones y de sus saberes”. 

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¿Qué iniciativas hay? 

En este contexto, han surgido proyectos que buscan aprovechar la tecnología para fortalecer la enseñanza y la difusión de estas lenguas. Uno de ellos, en Colombia, es “En Mi Idioma”, una plataforma educativa que reúne recursos digitales para aprender lenguas indígenas, que nació con el objetivo de “preservar las lenguas y promover la difusión de conocimiento en idiomas indígenas”. 

Actualmente, el portal, que se desarrolló en 2006 con apoyo del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones de Colombia (el MinTIC) y la UNESCO, reúne cursos y materiales sobre diferentes lenguas indígenas habladas en el país y la región. Entre ellas se encuentran el nasa yuwe, lengua del pueblo nasa; el nam trik del pueblo misak; y el runa shimi, idioma de la comunidad kichwa. 

Además de estas plataformas educativas, también existen proyectos impulsados desde las propias comunidades. Un ejemplo es SubaCubun, una iniciativa que busca revitalizar la lengua muysccubun en la localidad de Suba, en Bogotá. De acuerdo con la página del proyecto, aunque la lengua muisca ha sido estudiada durante décadas por investigadores, dentro de la comunidad “se ha estado reconociendo y descubriendo la pervivencia de la lengua escondida en nuestra habla cotidiana”. 

Este proceso de revitalización lingüística ha sido impulsado por el Cabildo Indígena Muisca de Suba y por diferentes líderes comunitarios que han desarrollado materiales pedagógicos, talleres y espacios de formación. Según el proyecto, Suba Cubun surge como “una apuesta de recuperación no sólo de la lengua muysca de hace 400 años, sino sobre todo como apuesta en la planificación y revitalización de la lengua para la vida y la realidad actual de la comunidad”. 

A estas iniciativas se suman otros proyectos digitales como Kwe’sx Yuwe, que también utiliza herramientas tecnológicas para fortalecer la enseñanza del idioma del pueblo nasa. 

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El debate sobre el uso de tecnología para la conservación de las lenguas 

El interés por proteger las lenguas indígenas también ha sido tema de debate en espacios regionales. Este año, se realizó un foro sobre lenguas indígenas e integración regional en el que participó la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, donde se destacó la importancia de fortalecer la cooperación entre países para proteger el patrimonio lingüístico y los conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas. 

Para investigadores y defensores de la diversidad cultural, estas plataformas representan una oportunidad para preservar el patrimonio lingüístico del país. Las herramientas digitales permiten registrar audios, crear diccionarios virtuales y difundir contenidos educativos que pueden ser consultados desde distintos lugares. 

Gabriel Ramírez, antropólogo experto en lengua y cultura embera, explica que esta lengua no es solo un medio de comunicación, sino el eje central de la identidad de este pueblo, al punto de definir quién es reconocido como verdaderamente embera dentro de la comunidad. A partir de su experiencia de casi diez años trabajando con comunidades, tanto en territorios como en contextos urbanos, incluyendo procesos de investigación lingüística, fortalecimiento de la educación propia y acompañamiento a colectivos artesanales, Ramírez muestra cómo, pese a que el embera sigue siendo una de las lenguas indígenas más vitales del país, enfrenta un proceso desigual de pérdida, especialmente en comunidades migrantes y en las generaciones más jóvenes.  

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Ramirez plantea una postura crítica frente a las iniciativas digitales de preservación: “personalmente considero que no son iniciativas contundentes, digamos, ni siquiera son efectivas para la preservación de la lengua". Aunque pueden generar visibilidad o interés, no son suficientes para garantizar la transmisión real de la lengua. En cambio, insiste en que la clave está en la educación en la primera infancia, donde se juega la continuidad lingüística, aunque reconoce las profundas desigualdades estructurales que dificultan que las comunidades indígenas puedan sostener estos procesos. 

El uso de estas herramientas digitales también enfrenta desafíos. En muchas comunidades indígenas, el acceso a internet es limitado. Según la Internet Society Foundation, las poblaciones indígenas, especialmente aquellas que viven en zonas remotas, han tenido históricamente “un acceso limitado o nulo a Internet fiable y asequible”. Factores como el aislamiento geográfico, la falta de infraestructura y la marginación histórica han dificultado el desarrollo de redes de conectividad en estos territorios. 

La brecha digital es evidente en territorios indígenas de Colombia. Una investigación de la organización Dejusticia sobre el acceso a internet en Vaupés muestra que la conectividad es limitada: mientras que, en el país, cerca de 62 de cada 100 hogares tienen acceso a internet, en ese departamento amazónico apenas 2 de cada 100 hogares pueden conectarse. Según el estudio, esta falta de conectividad afecta el acceso a servicios básicos, educación y comunicación, especialmente en comunidades indígenas ubicadas en zonas remotas. 

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