Cuando sale el sol, Camila busca grillos. Ella corre sobre el suelo helado en medio de los árboles y escucha los ruidos que hacen al golpearse con la brisa; se sumerge en el río y se baña en el origen de la vida: el agua. Aunque creció en Bogotá, no lo hizo en esa parte de la ciudad dotada de ruido, caos y urbanidad.
Su Bogotá, una Suba ancestral, parece haber quedado atrapada entre escritos académicos y libros de historia: “ya nadie escribe sobre los Muiscas”, dice. Yopasa recuerda que hubo un tiempo en donde se convirtieron en uno de los pueblos más estudiados. Ahora, sin embargo, depende de ellos documentar su historia.
La líder indígena creció en una generación muy distante de sus ancestros; gran parte de su comunidad es analfabeta, nunca estudió, ni mucho menos cursó una carrera. Ella, en cambio, aprendió a leer, a escribir, es diseñadora gráfica de profesión y cofundó la primera emisora Muisca del país: Nohosca, un espacio que sirve a la comunidad para narrar historias y darle protagonismo a la voz de sus ancestros, hombres y mujeres sabias que, en contra de la adversidad bogotana, lograron preservar una parte de su cultura.
En sus memorias, está la sopa de mute de su abuela, las reuniones familiares y las tardes en la finca, pero no recuerda de sus abuelos sabedores, como les dice con cariño, una conversación que no fuese en español. Ninguna de las instituciones a las que asistió le instruyó en Suba Cubun, su lengua nativa. Incluso, tuvo maestras que parecían sorprenderse al tener una Indígena en su salón de clases y entre pasillos circulaba con frecuencia la pregunta: “¿Hay indígenas en Bogotá?”.
Aprender la lengua para reconectar con el territorio
“Nosotros ya no tenemos lengua materna. Nuestra lengua es el castellano”, indica Yopasa con tristeza, cuando se le pregunta sobre el 21 de febrero, un día designado internacionalmente para celebrar la supervivencia de las lenguas nativas y maternas ante la colonización y la discriminación.
En la capital colombiana hay más de 11.000 indígenas Muisca auto reconocidos, 44 lenguas nativas extintas y solo una en peligro de extinguirse: el Suba Cubun. La lengua originaria de Suba que hasta hace apenas unos años estaba dormida entre los recuerdos de sus abuelos.
Camila Yopasa. Foto: @cami.yopasa
Sentada en su escritorio de comunicaciones, Camila repasa las palabras que reconoce del Suba Cubun: chicha, curuba y changua; nombres que representan la resiliencia de un pueblo y la voluntad de una generación por no olvidar su historia.
Junto con su comunidad ha elaborado un proyecto para revitalizar su lengua materna. Apoyados por cartillas ilustradas, una escuela, con un solo docente hablante, y una página web con el nombre de Suba Cubun se han propuesto devolver a la memoria una lengua dormida, pues, para Camila, cuando se recuerdan palabras, se recuerda historia, se abraza la identidad y se crea una nueva relación con el territorio.
Habitar la ciudad y la montaña
Su historia no es la historia de la montaña, como tampoco lo es la de la ciudad. En su generación está el reto de entrelazar lo urbano y lo natural. De respetar el territorio, pero usar la educación y las tecnologías como un medio para construir comunidad.
En sus prendas, aunque modernas, hay bordados, color y arte. Lleva en su rostro un fleco corto, maquillaje y una nariguera, un accesorio que cuenta su historia. Admite que en un pasado le habría dado vergüenza llevarlo, pues es un proceso y un desafío de la juventud sanar su relación con su cultura y abrazar su tradición.
Está orgullosa de ser indígena, de ser mujer y ser líder, aunque asegura entre risas que es tímida y que la vida misma se encargó de arrojarla a lo público. Se ha convertido en una voz en redes sociales para su comunidad, haciendo de un propósito darle a su pueblo la oportunidad de contar su propia historia y sanar su relación con el territorio, a través de la revitalización de su lengua materna porque las palabras cuentan un origen, el origen una historia que, al mismo tiempo, es identidad.









