Vanessa Córdoba, la futbolista que lucha por los derechos de las mujeres

Jueves, 12 Marzo 2020 16:48

La futbolista y comunicadora social habla sobre las dificultades del fútbol femenino colombiano y su papel en la lucha por los derechos de la mujer. 

Vanessa Córdoba, futbolista y comunicadora social.||| Vanessa Córdoba, futbolista y comunicadora social.||| Foto: Diana Dulcey|||
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Usualmente, Vanessa Córdoba muy a las 7 de la mañana ya está entrenando. Sin embargo, hoy se le hizo tarde por los trancones de Bogotá, por lo que llegó media hora tarde al Carmel Club, en el norte de la ciudad, club donde también celebró sus 15 años y que ahora es su lugar de entrenamiento.

El día estaba nublado y la sensación térmica marcaba doce grados en la capital. La cancha aún húmeda era solo para Vanessa, su padre y dos compañeros más. Seis balones y una cinta son los elementos con los que comienzan a entrenar, Vanessa se tira al piso para descansar en los pocos minutos que le dan.

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Vestida completamente de negro, camiseta manga corta, lycras y medias, hacen que sus guayos de colores neón resalten a la vista; Vanessa salta, corre y se lanza para que ningún balón entre en su arco. Los gritos de su entrenador, Mario, y los de su padre Óscar, se escuchan en toda la cancha: “Buenísima”, “Atajadota”, “¡La que salva la Selección, Vane!”.

Terminado el entrenamiento, Vanessa se ducha y desayuna consomé, pero solo el caldo, pide huevos revueltos con cebolla y tomate y un jugo de mandarina, según ella “el mejor jugo” que se toma es el del club. Desayuna junto con su padre, su entrenador y sus dos amigos. Hablan de los partidos de fútbol del fin de semana.

El fútbol ha acompañado a Vanessa y a su familia durante toda su vida.

-Mi familia está hecha con el fútbol-, afirma la joven que, con 1 metro y 75 de altura resalta, entre sus amigos.

Vanessa heredó de su padre, no solo la altura, sino su gran torso trigueño, sus ojos oscuros y achinados y ese tono de voz grave que, a pesar de haber vivido en Italia, Turquía y España, conserva su natal acento caleño, aunque no tan marcado.

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Es hija de Óscar Córdoba, arquero estrella de la Selección Colombia de la misma generación que Carlos 'El Pipe' Valderrama, René Higuita y el 'Tino' Asprilla.

Sin embargo, solo hasta los 16 años Vanessa decidió que se iba a dedicar, como su papá, a jugar fútbol, aunque jurara, en vano, que “nunca” se dedicaría a esto y menos en la misma posición que su papá: arquero.

-Hoy por hoy quizás diga que tomé esa decisión por miedo- confiesa la futbolista.

Antes de encontrar una pelota de fútbol, Vanessa practicó equitación y voleibol playa, este último se convirtió en una verdadera pasión, por lo que, incluso, logró una beca de estudio en Estados Unidos gracias a su nivel. Sin embargo, luego de padecer tres luxaciones de rótula, su médico le recomendó cambiar de deporte. Hasta ahí llegó el sueño de consagrarse en la arena de la playa.

-Eran los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, estaba en la cama con mi papá viéndolos. Estaba jugando Colombia contra Estados Unidos en fútbol femenino y mi papá me pregunta por la talla (altura) de la arquera de Colombia, le digo “1 metro 60 y algo”. Me pregunta otra vez, pero por la arquera de Estados Unidos y le contesto “1 metro 75”. Él se me queda mirando y me dice que intente con el fútbol, que tengo la altura y que hay cosas muy similares entre el voleibol y el arco-, recuerda la deportista sus comienzos con el fútbol profesional, aunque no deja de sentir tristeza por haber tenido que dejar el voleibol. “Me dio muy duro. Desde ese entonces no lo juego es muy doloroso emocionalmente, ni me gusta verlo jugar”, relata Vanessa con lágrimas.

Fútbol como tejido social

Óscar Córdoba es uno de los pocos futbolistas colombianos que ha sido campeón de tres ligas de Primera División en el mundo. Ganó el Campeonato 1996-97 de Colombia con América de Cali, la Primera División Argentina tres veces con Boca Juniors (1998, 1999 y 2000), además de la Superliga de Turquía en 2003 con el Beşiktaş. Eso significó, no solo para él, sino para toda su familia tener una vida muy agitada de país en país cada dos o cuatro años.

-Para donde va uno, vamos todos- comenta Vanessa al pensar en que, para la familia Córdoba, el significado de casa es estar juntos en cualquier lugar, no un lugar específico, sino juntos.

Sin embargo, el fútbol no es lo único que une a la familia Córdoba. Les gusta viajar juntos, salir a correr, entrenar juntos y tener experiencias gastronómicas nuevas.

Vanessa es la hermana de la mitad de los tres hijos de Óscar y su esposa Mónica. Adrián, el hijo menor sigue estudiando en el colegio, Tatiana, la hija mayor vive en Dubaï, es una exitosa empresaria y fundadora de BePow, una página web que ayuda al crecimiento personal y profesional de las mujeres hispanas.

La relación con su familia es muy buena, lo cual explica por qué sus ejemplos a seguir son su hermana mayor y su padre. Su madre, Mónica por quién siente demasiado respeto y recibe un apoyo incondicional, y su hermano menor de once años al que lo trata como un hijo. Su segundo hijo sería su perro, “Titín Alfonso” del que está siempre pendiente. 

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Con su prima Paula, tiene una relación de mejores amigas. “Somos primas, pero más que todo somos amigas, creamos una dinámica de amistad y de alcahueteria que no tiene precedente”, aclara Paula mientras recuerda una anécdota que marcó su relación.

-Comenzó con mensaje de “Prima, ¿estás ocupada?” y terminamos en el Starbucks de la 93 cada una con tres ensayos por hacer a las 11 de la noche. Estabamos demasiado cansadas hasta que nos dimos cuenta que Bogotá y Ohio tienen una diferencia de horaria de una hora. Pudieron entregar los trabajos a tiempo. Gritábamos de la emoción casi lloramos. Hasta el día de hoy esa dinámica se mantiene en sus trabajos, entregas y discursos- relata Paula con emoción.

Vanessa estudió comunicación social en Ohio, Estados Unidos pero le tocó hacer el último semestre en Colombia porque empezó a jugar en la liga femenina colombiana. Desde ese momento su relación con Paula se fortaleció cada vez más.

Una de las cosas que la deportista comparte con su hermana mayor es la defensa de los derechos de las mujeres. Ella no quiere que solo la reconozcan como futbolista profesional, sino como defensora de los derechos de las futbolistas y de las mujeres en general.

A Vanessa no le bastaba con solo ser futbolista. En el 2019 viajó a Washington D.C a dar una charla sobre la brecha salarial entre los dos sexos.

El tema del género es otra de las pasiones de la joven que, aunque creció dentro del fútbol, no lo considera como algo realmente suyo. Encontró un rol diferente dentro de este deporte, habla desde el fútbol, como una herramienta para luchar por los derechos de las mujeres.

Paradójicamente, luchar por los derechos de sus colegas futbolistas la llevó a no poder jugar más en la Selección Colombia. Vanessa, junto con otras compañeras de la Selección, denunciaron públicamente en una rueda de prensa los vetos que las mujeres sufren en el fútbol femenino.

-Cuando salimos a dar esa rueda de prensa (el 7 de marzo de 2019) recuerdo muy bien que entre todas nos miramos y sabíamos que muy seguramente se nos iba a acabar la carrera- recuerda Vanessa siendo un poco más seria.

Esta denuncia marcó un antes y un después en el fútbol femenino colombiano. Después de este hecho salieron a la luz varias denuncias de acoso sexual en las jugadoras y el cuerpo médico.

Hoy en día, Vanessa, con tan solo 24 años de edad, junto con otras cuatro compañeras de la Selección están creando “Somos”, una fundación que pretende ayudar al gremio, incidir en políticas públicas y pensar en fútbol como tejido social.

Trayectoria en el fútbol europeo

Lo que la motivó a querer empezar este nuevo proyecto fue su ardua trayectoria en el fútbol. Comenzó jugando en Ohio mientras estudiaba comunicación, regresó a las filas del Santafé para la Libertadores, luego de haber probado en el Inter de Milán. Jugó por primera vez en los Juegos Centroamericanos del Caribe con la Selección, eso le dio la suficiente experiencia para destacarse en la Equidad en el 2018.

A pesar de no haber pasado a los cuartos de final en la liga femenina, hizo una gran actuación. Ese mismo año debutó en la Selección Colombia en un partido de la Copa América con Chile, luego se fue para Albacete, un equipo español.

En su profesión, Vanessa es una jugadora competitiva, que quiere sobresalir entre las demás y le gusta liderar al grupo. Tal vez eso la llevó a querer usar el uniforme de arquera.

  • ¿Cómo definiría a Vanessa futbolísticamente? - le pregunto a su entrenador, Mario Jiménez.
  • Vanessa ha venido superándose. Lo mejor que tiene es su constancia en su entrenamiento, se cuida mucho, hace mucho gimnasio. Siempre hace los ejercicios al cien por ciento. La ventaja que ella tiene es que tiene a su papá y a mí – responde el entrenador sintiéndose orgulloso.

Mario entrena a la futbolista desde hace tres años. Jugó con Óscar en Millonarios y en la Selección, lo admira profundamente y es por eso que Óscar se la confía ciegamente.

Devis Velásquez lleva entrenando con ella desde hace un año, la describe como una deportista “muy fuerte mentalmente, muy profesional y con una muy buena técnica”.

 Algunos de sus compañeros afirman que heredó de su padre la técnica al caer y el juego aéreo. Sus familiares notan que aprieta los labios al igual que Óscar cuando viene un balón a su arco. Estos gestos y movimientos la jugadora los aprendió inconscientemente. Cuando era pequeña y veía el arco gigante acompañaba a su padre a entrenar sin importar la hora.

  • ¿Qué es el fútbol para ti? – le pregunto a Vanessa.

Se queda por unos segundos callada.

  • Ahora con el fútbol tengo una relación amorosa.No conocía el arco, pero le di la oportunidad. Nos conocimos y todos los días me enseña algo nuevo, me reta. A veces nos peleamos. En España estuvimos peleados unos buenos seis meses. A veces estamos bien, a veces estamos mal, pero siempre hay un amor- confiesa la deportista.

En un comienzo su objetivo era jugar en Europa. Jugó en la primera división de Albacete, en España, pero no fue lo que esperaba. Creía que las condiciones del fútbol femenino en Europa eran mejores que en Colombia, pero se llevó una gran decepción. Se ganaba menos de la mitad de mínimo de allá, las ponían a entrenar en canchas sintéticas y los uniformes eran limitados.

Esta situación la llevó a pensar que tal vez el fútbol profesional no era lo que quería, a pesar de siempre haber soñado con ser una deportista profesional.

En Colombia y en todo el mundo el fútbol femenino es muy diferente al fútbol masculino. No solo en cuanto a diferencia salarial sino, además, en cuanto al trato que se les da a las deportistas.

Vanessa tiene muy claro que el principal problema del fútbol es la falta de mercadeo. “Lo que pasa en el fútbol femenino es que no hacen mercadeo porque no vende, pero hacer mercadeo es lo que te lleva a vender y eso le da plata al fútbol y es ese círculo que nadie está dispuesto a romper”, dice la futbolista con un tono más serio.

Con respecto al trato hacia las futbolistas, siempre les dan la cancha menos bonita para entrenar, los uniformes de la liga femenina son los sobrados de los uniformes de los hombres. Hasta en los hoteles se puede notar la diferencia. Todo es una escala inferior.

  • Una vez - recuerda Vanessa con una sonrisa en su rostro-, nos eliminaron de una liga y el DT se puso a llorar con nosotras en el camerino. Me asombró y le pregunté que teniendo 20 años de experiencia en el fútbol profesional porqué se sentía así. Él me respondió “cuando te metes en el fútbol femenino y comienzas a vivir toda la lucha de ustedes, el fútbol se vuelve más que fútbol, se vuelve un tema más social, más humano”.

 Su rebeldía y su empatía llevaron a Vanessa a defender más que arco. “Una vez una jugadora de un equipo pequeño la llamó y le dijo que la ayudara porque el quipo no le quería pagar la seguridad social, entonces ella interfirió ahí”, relata su novio Jorge.

Si bien es muy unida a sus lazos de sangre, viajar desde pequeña la convirtió en una persona desprendida de las cosas y de las personas. Tiene pocos amigos. Pero tiene “un síndrome de salvadora que a veces no la deja conciliar el sueño por las noches”, confiesa su prima entre risas.

Una lucha de género

Vanessa tiene un cuerpo que con el tiempo ha aprendido a querer. Después de su lesión en la rótula subió 15 kilos en un mes como consecuencia de su depresión. Y con tan solo 16 años pesaba más de 85 kilos.

En ese momento comenzó una guerra interna con su cuerpo. Empezó a jugar fútbol en plena adolescencia y se encontraba con comentarios como “gordoba” y “Vanessa mañana la pesamos”. Ponerse el uniforme era una guerra porque como eran los sobrados todos eran de talla pequeña.

“Yo no soy petite, soy grande y ancha. No hay más jugadoras de 1,75 aquí en Colombia”, dice la deportista que ahora lleva con orgullo su cuerpo. Pasó por todas las dietas y todos los procedimientos que existen, hasta el punto de alimentarse por sondas.

Hasta que encontró a Serena Williams deportista con la que se identifica sobre todo con el tema físico y ahora no perdona no deleitarse con un postre cuando sale a comer.

Por ese afán de querer salvar el mundo es que la futbolista se dedica a tocar el tema del género con un balón. Como comunicadora social es panelista en el VBAR de Caracol Radio,un programa del que se habla sobre la actualidad deportiva en Colombia y el mundo,  y se muestra como una mujer con un temperamento fuerte a la hora de exponer y defender sus opiniones.  

Aunque su familia esté hecha de fútbol afirma que no hay nada mejor que una vida sin fútbol, pues nunca lo sintió como una verdadera pasión.

  • ¿Cuál es tu mayor sueño? - le pregunto a Vanessa

Mi sueño no es jugar un Mundial, mi sueño son los Olímpicos, no tengo ni idea en qué deporte- contesta la deportista cruzando las piernas