El Lujan: un barrio estancado tras el trágico accidente de una avioneta

Martes, 19 Marzo 2019 20:40

Después de cuatro años, el sector enfrenta a problemas de sanidad y seguridad que afectan su desarrollo. 

Cortesía||| Cortesía||| El 18 de octubre de 2015 una avioneta cayó sobre una panadería en el barrio El Lujan.|||
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En la tarde del domingo del 18 de octubre de 2015, una avioneta cayó estrepitosamente sobre una casa de familia en la que funcionaba una panadería en el barrio El Lujan, en la localidad de Engativá en el occidente de Bogotá.Los testigos de aquella tragedia recuerdan que la panadería y la zona comercial estaba llena de transeúntes y personas comprando sus alimentos. Lo que se vivió esa tarde -coinciden- es casi indescriptible. Cuando se escuchó el estruendo y se vio la casa en llamas los vecinos salieron a ayudar.

Sin embargo, el fuerte olor y las llamas dificultaron la improvisada labor de búsqueda y rescate. Los cuerpos de personas quemadas y el humo negro quedó impregnado en la mente de los que vivieron directamente esa tarde trágica. 

Tres personas murieron tras el choque. Con lo que pudieron, los vecinos trasladaron a las decenas de heridos a los centros asistenciales y hospitalarios que quedaban cerca. En los días siguientes las víctimas mortales de ese accidente aumentaron a 14, solamente una niña sobrevivió. 

Luego del accidente, la cuadra cambió definitivamente. La esquina de la carrera 75 con calle 64 F es ahora un lote baldío de 10 por 22 metros cuadrados que pareciera abandonado a su suerte por los vecinos del sector. Los malos olores, la inseguridad y las basuras son pan de cada día.

Incluso algunos vecinos aseguran que dicho espacio se convirtió en el punto de encuentro para peleas que se organizan en los colegios cercanos.  

Problemas de basuras

El barrio el Lujan, al igual que el resto de Engativá, sufrió en el año 2018 un problema con la recolección de basuras. La empresa encargada de esta labor entró en paro lo que ocasionó un colapso.Grandes pilas de basura se veían en las calles, acompañadas siempre de un fuerte olor y todo tipo de roedores escarbando para conseguir un poco de alimento. 

Frente a esto los habitantes del sector tomaron una drástica decisión: tirar las basuras que el Distrito no les recogía al terreno baldío. Los comercios que quedan en las cercanías, papelerías, supermercados y restaurantes, arrojaron todos sus desechos en esta "tierra de nadie".

Para los comerciantes, el problema de las basuras afectaba sus labores y por eso mismo decidieron botar en el terreno todo aquello que le diera una mala imagen a su negocio. Por su parte, los habitantes lo hicieron para alejar las plagas, como ratas, que estaban invadiendo el sector. Por semanas ese fue el botadero local, y pese a lo prometido, lo sigue siendo.

Esto debido a los retrasos del camión de la empresa Bogotá Limpia que recoge la basura, pues los comerciantes prefieren botarlo en el terreno, y no afectar un día entero de ventas, a esperar hasta las 6 de la tarde. Sin embargo, algunos ya se han dado cuenta que esta “solución” termina siendo un problema a largo plazo.

Camilo Espitia, dueño de la pescadería que esta junto al terreno, reconoce que estar en el local a las 12 del medio día es una tortura. A esa hora -narra- el sol calienta los desechos que han botado en este lugar y el olor que emana es insoportable. Sin embargo, sabe que botarla en el lote baldío no es la mejor solución por lo que tomó consciencia. 

Él espera a que pase el camión y lucha por que los demás establecimientos también lo hagan. Esto ha creado una pelea entre los comerciantes y ha terminado por ahuyentar a los clientes de los establecimientos ya que varios habitantes del sector aseguran que prefieren ir hacia el barrio siguiente (Villa Luz) a comprar lo del almuerzo.

La inseguridad

A pesar que el terreno se encuentra en la parte comercial, en la noche carece de iluminación y el sitio se ha vuelto un foco de inseguridad. Los habitantes han manifestado preocupación cuando tienen que pasar por dicha calle para volver a casa.

Esto los ha llevado a presentar diferentes denuncias ante el CAI y la Junta de Acción Comunal del Lujan (JACL). Las autoridades han intentado tomar medidas frente a estos hechos pero saben que todo lo relacionado con el terreno baldío es complicado.

Pablo Bueno, director de la JACL, aseguró que han intentado poner iluminación en la cuadra, pero cualquier trabajo que se realice cerca del terreno necesita un permiso especial. Así mismo denunció que el desarrollo del barrio se ha visto afectado ya que debido a los problemas legales con relación a la venta que afronta el terreno no se puede hacer ningún tipo de obra cerca de él ni siquiera las establecidas por el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

Una futura solución

En principio fue difícil recoger los escombros que quedaron del accidente, pero luego de meses se logró y se encerró el terreno con unas latas verdes endebles y bajas.

Desde hace tres años en ellas se ve el letrero de la Curaduría que anuncia el inicio de una obra. Pero, ¿si desde hace tanto tiempo se debía empezar a construir por qué el terreno continúa baldío? La dueña de la casa, Osana Corzo de García -quien tuvo seis hijos que luego del accidente heredaron el terreno- asegura que nunca se han podido poner de acuerdo sobre qué hacer con él, por lo que actualmente existe un enfrentamiento legal.

El baldío se ha vendido en cuatro oportunidades pero siempre alguno de los herederos estaba en desacuerdo y tenían que ir a los juzgados y empezar todo el proceso de nuevo. Es precisamente este problema legal el que está afectando el desarrollo del barrio en el sentido que no permite hacer ningún tipo de modificaciones 100 metros a la redonda del terreno.

El pasado 20 de febrero los habitantes del sector vieron una luz de esperanza cuando un grupo de personas de la empresa Arquitectura & Concreto entraron al lote baldío para realizar actividades de limpieza de basuras y escombros. 

Sin embargo, ya han pasado varias semanas el terreno sigue baldío, sin ninguna muestra que se vaya a empezar una construcción prontamente. En la noche viene un vigilante que puso la constructora, quien procura limpiar porque aún botan basura en el sitio.

Esta vez parece que la venta es un hecho, tal como lo afirma Mariana García, una de las herederas. Para ella como el resto del barrio es la oportunidad de dejar de recordar de manera trágica el accidente y poder seguir adelante.