Menstruar en 2026: entre falta de derechos, desinformación y brechas de salud

Lunes, 30 Marzo 2026 07:51
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En Colombia, cerca del 33,6 % de las personas están en edad menstruante. Sin embargo, la menstruación es un tema que se invisibiliza y del que poco se habla. 

 

 

 

 

Salud menstrual||| Salud menstrual||| Sara Rodríguez Toro|||
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Laura González estaba en la ducha cuando el dolor volvió. No era nuevo, pero esa vez fue distinto: el cuerpo dejó de responderle y se desmayó. Durante años, había sentido cólicos intensos, pero siempre pensó que era normal. Creció escuchando que la menstruación dolía y, como muchas otras jóvenes, aprendió a convivir con ello sin cuestionarlo.

En Colombia, cerca de 17, 3 millones de niñas y mujeres entre los 10 y los 55 años se encuentran en edad de menstruar. Es decir, tres de cada 10 personas a nivel nacional.Aunque es una experiencia cotidiana que está rodeada de silencios, desinformación y barreras en el sistema de salud. Frente a esta realidad, especialistas advierten que la salud menstrual es un tema poco visible en el país, pese a su impacto en derechos como la educación, la salud y la dignidad.

En los últimos años se han implementado estrategias como eliminar impuestos a los productos de gestión menstrual y se han impulsado debates públicos sobre la pobreza menstrual. Sin embargo, las brechas persisten: dificultades económicas para la compra de productos, falta de educación sexual integral y diagnósticos tardíos de enfermedades ginecológicas continúan afectando la vida cotidiana de millones de mujeres y personas menstruantes en el país.

Menstruar en Colombia hoy

Como Laura, millones de personas han crecido pensando que el dolor menstrual es simplemente parte de la vida. Sin embargo, las condiciones en las que se vive este proceso son fundamentalmente desiguales. 

Según una encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en 2023, el 11,4 % de niñas, adolescentes y mujeres en el país reportó dificultades económicas para adquirir productos de higiene menstrual.

Esta situación se relaciona con otras formas de precariedad en la gestión de la menstruación: al menos 41.000 mujeres recurren a materiales improvisados, como trapos, ropa vieja o papel higiénico, para manejar su periodo, mientras que más de 300.000 carecen de acceso adecuado a agua, baños con privacidad o espacios apropiados para la higiene.

Estas limitaciones afectan la educación, el trabajo y la participación social de quienes menstrúan. Laura lo vivió desde muy joven: durante años tuvo que faltar al colegio, cancelar planes y aislarse por que el dolor le impedía incluso levantarse de la cama. “Si me movía, el dolor se activaba de nuevo”, recuerda. 

Organizaciones internacionales como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) han identificado varias problemáticas. En muchos contextos, especialmente en zonas rurales o de bajos ingresos, las personas menstruantes enfrentan dificultades para acceder a productos de higiene menstrual y a condiciones sanitarias adecuadas, lo que a menudo las obliga a elegir entre comprarlos o cubrir necesidades básicas como alimentación o vivienda.Una encuesta aplicada a niñas y adolescentes en Colombia encontró que el 51, 89 % ha faltado al menos un día a la escuela durante su menstruación y el 66,04 % ha interrumpido sus actividades diarias por este motivo las barreras económicas y las limitaciones en infraestructura y acceso a insumos pueden afectar la participación escolar y el desarrollo de las actividades habituales.

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El silencio y la normalización del dolor

Durante mucho tiempo, Laura se convenció de que lo que sentía no era normal. Incluso cuando acudía a urgencias, la respuesta era siempre la misma: medicamentos para calmar el dolor, pero ninguna explicación sobre su origen.

Para las ginecólogas y obstetras Marcela Villalobos y Tatiana Gómez, hablar de menstruación en Colombia implica ir más allá de la fisiología. Ambas crearon Gineco Rules, un proyecto de atención en salud sexual y reproductiva que trabaja desde una perspectiva de género y busca transformar la forma en la que se aborda la ginecología en consulta, pues, según Villalobos: “Menstruar en Colombia no es solamente pensar en un proceso fisiológico. Para muchas personas también significa miedo, gasto económico o incertidumbre sobre si lo que ocurre en su cuerpo es normal”.

Las especialistas explican que el ciclo menstrual es un tema atravesado por el silencio, prejuicios y la falta de educación. El desconocimiento sobre este proceso biológico también tiene consecuencias médicas. Según las especialistas, muchas personas pasan años conviviendo con síntomas que deberían ser motivo de consulta médica.

La experiencia de Laura refleja ese patrón: vivió cinco años con dolor intenso y sangrados descontrolados antes de recibir un diagnóstico. No fue sino hasta una conversación con una ginecóloga que escuchó por primera vez la palabra endometriosis. “Fue como si todo empezara a tener sentido”, cuenta.

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Diagnósticos tardíos y barreras médicas

En el caso de Laura el diagnóstico llegó a los 16 años, después de múltiples episodios de dolor incapacitante. Aunque fue un momento difícil, también representó un alivio, por primera vez entendió que su dolor no era normal. “Tenemos pacientes que llegan a los 30 años y empezaron a menstruar a los 12. Eso significa que han vivido 18 años con dolor creyendo que es normal”, explica Gómez.

Sin embargo, el proceso de Laura estuvo marcado por la falta de respuestas en el sistema de salud. Ella recuerda que, en varias ocasiones, su dolor fue minimizado por profesionales médicos, quienes lo reducían a un cólico menstrual sin mayor atención.

Entre las señales de alerta que deberían motivar atención médica, las especialistas destacan:

  1. Dolor pélvico intenso que impida realizar actividades cotidianas
  2. Sangrados muy abundantes
  3. Alteraciones en la frecuencia del ciclo, como ausencia prolongada o sangrados repetidos en un mismo mes.

Estos síntomas pueden estar relacionados con patologías como la endometriosis o el síndrome del ovario poliquístico, condiciones que suelen diagnosticarse tarde debido al silencio y la normalización del dolor menstrual.

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Una problemática estructural

Salomé Mesa es activista, estudiante de relaciones internacionales y hace parte de Menstruactives, un proyecto que busca concientizar a la población acerca de las problemáticas que rodean menstruar en un país como Colombia. Mesa aporta una visión crítica sobre las barreras sociales y la necesidad de fortalecer el marco legal en el país.

Ella identifica la pobreza menstrual como su principal preocupación, señalando que en Colombia aún existen mujeres que deben gestionar su ciclo con materiales improvisados como trapos o papel por falta de recursos. Para la activista, el dolor menstrual, “especialmente en casos de dismenorrea (dolor uterino intenso, tipo cólico, que ocurre en la parte baja del abdomen durante la menstruación, a menudo acompañado de dolor lumbar o en los muslos)”, siguen siendo minimizados socialmente, obligando a las trabajadoras a asistir a sus empleos bajo condiciones de dolor severo sin posibilidad de excusarse

Además, resalta que la desinformación sobre el ciclo menstrual afecta directamente los derechos reproductivos, ya que muchas jóvenes desconocen el funcionamiento de su cuerpo y los momentos de mayor fertilidad, lo que limita su capacidad para tomar decisiones informadas sobre su vida sexual. En su experiencia con la Asociación Colombiana de Endometriosis, ha evidenciado que una de las mayores barreras es el retraso en los diagnósticos, debido a que el personal médico suele normalizar el dolor severo.

Así, la experiencia de Laura, lejos de ser aislada, refleja una problemática estructural en la que la desinformación, las barreras económicas y la falta de atención médica oportuna siguen marcando la forma en la que millones de personas viven su menstruación en el país.