Los científicos advierten que estos podrían estar relacionados con enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson. Sin embargo, también señalan que la falta de tecnologías sensibles a los nanoplásticos limita su detección.
Según la evidencia científica, ingresan en el cuerpo humano a través de tres vías: inhalación, ingesta y contacto con la piel, esta última aún en estudio. Así, las investigaciones indican que hay mayor concentración de microplásticos en personas mayores, fumadores y trabajadores expuestos a la inhalación de compuestos plásticos, textiles y partículas de polvo.
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¿Cómo entran los microplásticos al cuerpo?
La primera vía de entrada de los microplásticos es la inhalación. Las partículas se liberan al ambiente tras la fragmentación de plásticos de mayor tamaño y entran por las vías respiratorias, alojándose principalmente en los pulmones. El biólogo Juan David Barraza explica que muchas de estas partículas vienen de elementos plásticos de uso diario, como botellas y desechables, que por diversas razones se rompen y convierten en diminutos fragmentos de plástico, menores a 5 milimetros.
La segunda vía es la ingesta de alimentos contaminados por estos espementos que, una vez entran al cuerpo, se incorporan lentamente en diferentes zonas del organismo. La tercera vía, y la menos estudiada, es el contacto de la piel con textiles sintéticos. Las investigaciones indican que la composición del sudor puede influir en la agregación de nanoplásticos que entran a través de los folículos y glándulas de la piel.
Según Barraza, varios de los factores que influyen en la exposición incluyen el uso de plásticos para transportar comida, el consumo de alimentos y líquidos envasados y el tipo de ropa, alfombras y muebles presentes en hogares y lugares de trabajo. Además, un informe del Ministerio de Salud documenta que los microplásticos pueden contener aditivos peligrosos y tienen la capacidad de absorber contaminantes orgánicos, metales y patógenos.
Un asunto de salud pública
Ante este panorama, la comunidad científica y organismos internacionales han comenzado a abordar el problema. La Organización de las Naciones Unidas reportó que en 2023 la producción mundial de plástico superó los 400 millones de toneladas y planteó como objetivo reducirla en un 80 % para 2040.
Las medidas propuestas operan en dos niveles: a nivel social, se promueve el reemplazo de plásticos de un solo uso por materiales como vidrio o aluminio; a nivel político, se impulsan regulaciones que limiten su uso y fomenten alternativas que no liberen microplásticos al ambiente ni a los alimentos.
Barraza explica la necesidad creciente de tener investigaciones que brinden mayor información sobre los microplásticos y sus efectos en la salud. Sin esta información se dificulta cada vez más la creación de regulaciones que apunten a la raíz del problema.
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