Abrirse camino en un mundo de hombres, la historia de Adriana Sánchez, bióloga

Lunes, 08 Marzo 2021 12:26
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Adriana Sánchez nos habla sobre las desigualdades que existen dentro de su ámbito profesional, la biología, como un reto que se debe afrontar, es una mujer descomplicada y risueña. Tiene su cabello alborotado, viste con sudaderas o camisas de tirantes y tiene un piercing en una ceja, lo que trasmite una sensación de tranquilidad y no de rigidez como se esperaría que fuese hablar con una persona dedicada a la ciencia. Su aspecto físico, sin duda, no da ninguna pista sobre su vida laboral y profesional, pero si deja varios rastros sobre lo que es como persona.

 

El balance entre la vida, la ciencia y la espiritualidad||| El balance entre la vida, la ciencia y la espiritualidad||| Cedida por Adriana Sánchez|||
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Sus estudios son amplios, hizo un pregrado en biología y una maestría en la Universidad de los Andes. Además, aplicó para estudiar en Estados Unidos y realizó un doctorado enfocado en ecología y evolución, así como un posdoctorado en fisiología de las plantas alpinas de manera semipresencial en la Universidad del Rosario, por lo que debía viajar de manera constante. Estuvo en Carolina del Norte desde el 2005 hasta el 2014, pero tenía varios proyectos profesionales acá en Colombia, como uno enfocado en Chingaza y otro, iniciando el programa de estudios de “El planeta en que vivimos”, una electiva de la Universidad del Rosario. Pero fue hasta 2015 que tomó la decisión de regresar a su país natal.

Su hoja de vida está llena de investigaciones que relacionan los problemas ambientales con los sociales convirtiéndolos en retos socioambientales, algunos ejemplos de esos estudios son estos artículos: “La ecología de la paz: preparando a Colombia para nuevos climas políticos y planetarios”, “Percepción de las estrategias de conservación y las contribuciones de la naturaleza a las personas alrededor del Parque Nacional Natural Chingaza, Colombia” y “El cambio climático futuro genera condiciones inadecuadas para los ecosistemas de páramo en Colombia”.

 A pesar de que Adriana ha dedicado su vida a la ciencia, ama su trabajo y la biología es su pasión; explica que la vida de una mujer dentro de la ciencia o la academia es más dura que la de un hombre. “Los hombres son mejores vendiéndose a sí mismos como los mejores y los más merecedores, además, entre más artículos, proyectos o investigaciones tengan en su hoja de vida más aptos son para 'x' o 'y' trabajo, acá hay un gran dilema entre la academia y la maternidad”, menciona Adriana.

La maternidad implica que, al menos, por seis meses las mujeres deben detener sus investigaciones y dejar de trabajar para hacerse cargo de los bebés, entonces, es tiempo en el que no están avanzando profesionalmente mientras que los hombres nunca se detuvieron. “Nos queda mucho por trabajar en este aspecto, sigue siendo un campo laboral muy desigual”, afirma esta mujer mientras media si es o no feminista.

— ¿Es feminista? Le pregunto casi segura de que su respuesta será afirmativa.

— Esta pregunta es interesante — responde— yo no soy de las que va a ir marchar o a exigir derechos, simplemente creo que merezco esos derechos por ser una humana. Además, es increíble que tus genitales determinen el valor que tienes como persona y lo sobreestimados que están los rasgos asociados a lo masculino como la fuerza, la competitividad, la agresividad, etc. Todos tenemos rasgos femeninos y masculinos, hay mujeres que pueden ser más masculinas y hombres que pueden ser más femeninos sin que eso signifique que son gay. Entonces, tal vez sí soy feminista, pero vivo mi feminismo haciendo lo que quiero sin cohibirme por ser mujer.

Adriana está en contra de todo tipo de violencia, de hecho, no soporta ver películas violentas o de terror, quizás esto explica su visión y manera de vivir el feminismo porque su proceso es más retrospectivo y no activista. Después de todo, es una mujer muy tranquila y pacífica, práctica yoga, medita y está en una constante búsqueda para conectar consigo misma todos los días.

Aunque esto no fue así siempre, antes su espiritualidad y su manera de ser eran distintas a como son hoy en día. Adriana menciona que para triunfar como bióloga en un mundo de hombres, terminó adoptando muchos comportamientos de sus colegas mientras estuvo realizando sus estudios en Estados Unidos. Se descubrió actuando igual que los hombres de su entorno, era muy individualista, competitiva, poco colaborativa y ser la mejor sin importar qué era una de sus metas. Estas características están asociadas a lo que se tiene idealizado como masculino, pero cuando regresó a Colombia, se dio cuenta que no quería que su vida girara en torno a demostrar quién es mejor que el otro, quien es más capaz o quien merece más.

Adriana comenta que durante el pregrado, maestrías y doctorados, predominan la cantidad de mujeres, pero a la hora de salir al mercado laboral, había más hombres ejerciendo esta profesión. Para ella, esto se debe a que los hombres nunca se detienen porque no tienen obligaciones de cuidado o de crianza como si las tienen las mujeres y porque la ciencia es un campo que históricamente se ha relacionado a lo masculino. Lo que produce que sea un campo desigual y un entorno que facilita el éxito de los biólogos y no de las biólogas.

A pesar de esto, Adriana es profesora de la Universidad del Rosario e investigadora del grupo de Ecología Funcional y de Ecosistemas, y del grupo de Historia Natural de las Plantas Tropicales. Es una mujer con diversas facetas, le encantan los deportes, durante el colegio estuvo en todos los equipos existentes y ahora disfruta del paracaidismo, aunque ya no lo practica con tanta frecuencia debido a las emisiones de CO2 que este deporte produce. También disfruta de escalar montañas, estar en la naturaleza y viajar.

Otras facetas de esta bióloga

La espiritualidad es un factor fundamental en la vida de Adriana y para ella, su espiritualidad está muy alejada de las religiones ortodoxas: “en un momento de mi vida me pregunté a mí misma por qué no podía ser feliz y qué estaba haciendo mal, por lo que decidí que necesitaba un gurú que, básicamente, es una persona que te guía, es como si fuese el que conduce un barco. Ya practicaba yoga, pero empecé a leer más y conocí personas que no solo me decían “pon esta pierna acá, el brazo acá, ponte como pretzel (risas)”, sino que me hablaban del fundamento y los principios budistas de esta disciplina física y mental. Para mí, muchos de los principios budistas son muy lógicos” asegura esta mujer multifacética entre risas.

Sin duda alguna, Adriana es una mujer que vive su vida de manera consiente, vive el feminismo desde la aceptación y la reconciliación consigo misma y siempre busca dejarle un mensaje a las personas sobre las desigualdades que se viven no solo en cuando al género, sino también por factores como la raza, la etnia y las clases sociales. De hecho, para ella muchos problemas sociales se pueden relacionar con problemas medioambientales y terminan siendo retos socioambientales. Por ejemplo, Adriana explica que el machismo y el calentamiento global están relacionados debido a las características masculinas desmedidas de querer más riqueza, de competir, de conquistar la tierra o de domar la naturaleza.

Para Adriana esto no tiene sentido, pues el machismo afecta tanto a mujeres como a hombres, de formas distintas, pero afecta a todos sin importar su género. “Vivir la vida con sentido, hacer las cosas por gusto y no por querer demostrarle a otros nuestro valor, ser más consientes, sentirnos tranquilos con nuestras acciones y esforzarnos por ser mejores personas día a día”, es lo que Adriana propone para abrirse camino en un mundo de hombres, bien sea en la ciencia o en otro campo laboral.