¿Quién es el extraño que me observa en el espejo?

Martes, 12 Noviembre 2019 13:19

Entienda cómo es un día en la vida de Patricia Fernández, joven de 24 años con el síntoma de despersonalización.

El síntoma puede generarse por estrés o ansiedad excesivos. Imagen referencial.||| El síntoma puede generarse por estrés o ansiedad excesivos. Imagen referencial.||| Foto: Sebastián Muñoz|||
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Se despierta y parpadea de forma intermitente, como una bombilla dañada que resiste a apagarse. Su mirada cansada recorre la habitación del pequeño apartamento en el que vive, en Barcelona (España). De repente, la realidad la golpea de frente. Ella se percata de que todavía se siente desconectada de su cuerpo; aún no se reconoce en el espejo. Patricia Fernández, de 24 años, se levanta de la cama y observa sus manos. "¿Realmente soy real? ¿Realmente existo?”, es la pregunta que ronda su cabeza cada mañana.

Esta sensación es provocada por la despersonalización, síntoma que genera en el que la padece una impresión de estar desconectado de la realidad y separado de su propio cuerpo. 

Patricia siente un desaliento que recorre su pecho. Ella sabe que todo el día experimentará una profunda desconexión con su cuerpo, tal como la ha sentido durante varios meses. El despertador sigue sonando, y ella utiliza todas las energías que tiene para levantarse de la cama y comenzar con su rutina diaria.

Solía tener una vida normal. Salir a la calle y conversar con amigos eran pasatiempos comunes. Sin embargo, en su espalda ya cargaba un pasado que le hizo desarrollar ansiedad desde la adolescencia, cuando convivió con el alcoholismo de su padre. Patricia solía guardar todos sus problemas en el interior, con el objetivo de no exteriorizarlos. 

En julio de 2018, su padre amenazó con suicidarse. Entonces, todo empeoró: “El verano en el que comencé a trabajar fue el inicio de todo. Con el estrés que arrastraba del trabajo, más todo lo de mi padre, llegó un punto en el que mi cabeza explotó”. La sensación de irrealidad y el desapego con su 'yo' hicieron que Patricia se asustara y comenzara a indagar sobre los síntomas que estaba padeciendo. 

Con el objetivo de entender lo que le estaba ocurriendo a su cuerpo, Patricia buscó información con psicólogos para comprender la despersonalización y sus causas estructurales: “Este es un mecanismo de defensa que tiene el cerebro. Cuando llegas a un nivel de ansiedad demasiado alto, este te separa de la realidad para que dejes de sufrir. Todo el tiempo te parece como si estuvieras en un sueño, como si realmente no existieras, para que la situación que te estresa no parezca demasiado real y te puedas calmar a ti misma”, relata Patricia, quien lleva un año y medio con el síntoma.

Cada mañana, en el baño, mientras se maquilla, se mira al espejo. En ese momento, observa a su reflejo, lejano y extraño. “Es como ver a otra persona, a un desconocido”, afirma. Durante el día, Patricia y su reflejo se observan en silencio, cara a cara, mirándose a los ojos. Ambas tienen la misma curiosidad por saber lo que la otra está pensando. Hace bastante tiempo ocurrió la separación entre las dos. No obstante, Patricia no puede quedarse mucho tiempo observando su reflejo, pues cientos de pensamientos comienzan a recorrer su cabeza y el sentimiento de estar desconectada de ella misma emerge de forma intensa y profunda. En ese punto, ya resulta imposible salir a la calle. Por ello, todos los días, procura maquillarse con bastante velocidad, sin ser muy detallada con su rostro.

Todavía recuerda vívidamente el momento en el que la enfermedad la atacó por primera vez. Era verano de 2018. Después de trabajar en su oficina, decidió salir a la calle para comprar comida. De repente, sintió de forma aguda que se había desconectado del mundo. Las náuseas y el mareo recorrieron su cuerpo, y ella no sabía hacia dónde moverse, ni a quién pedir ayuda. “Sentía que estaba en un sueño, como si en cualquier momento pudiera desmayarme y perder el control sobre mí misma”, relata. 

Al inicio, Patricia solo se veía afectada por la sensación en momentos puntuales. Sin embargo, una vez comenzó a trabajar de forma intensiva, la despersonalización se intensificó del mismo modo. “Tuve que cogerme la baja laboral, porque no podía ni ir a trabajar. Yo salía de mi casa y me entraba pánico. Cada vez que salía a la calle, tenía esa sensación, por lo que intentaba salir lo menos posible”, afirma. 

A partir de ahí, todo fue cuesta abajo: “A mí me cuesta muchísimo cuando me suena el despertador, hasta que decido levantarme, porque, es como que tu cuerpo no quiere vivir esa vida, entonces no se quiere mover”. Desde que sufre el síntoma, intenta evitar en mayor medida el salir a la calle y socializar con amigos. 

Al intentar describir qué se siente vivir con esta condición mental, Patricia afirma que la emoción es similar a estar “atrapada en un sueño eterno” (...) “El mundo parece plano, sin profundidad. Pierdes visión; no ves las cosas de forma nítida. Todo parece irreal, como si estuvieras en una película, y en cualquier momento pudieras perder el control de tu cuerpo”, cuenta. 

En medio de situaciones sociales, ella intenta refugiarse para evitar el contacto con los otros. En reuniones con amigos, constantemente observa de lejos a los demás, preguntándose cómo ven el mundo las personas sin despersonalización. 

“No se siente como ser invisible, pues si fuera invisible los demás no me verían, pero yo me sentiría a mí misma. El problema es que yo no me siento a mí misma. Es como si no existiera”, afirma Patricia al describir la emoción. En eventos sociales, ella procura evitar a toda costa el contacto visual con los otros, pues siente que los demás podrían darse cuenta de que algo no está bien en ella. 

“Hay un punto en el que estás tan desesperado por el síntoma que pruebas cualquier tratamiento”, afirma. Existen varias tácticas que Fernández adopta en su rutina para disminuir la despersonalización. En primera medida, entre sus visitas semanales al psicólogo, ambos construyeron una tabla en donde escribieron las actividades que se realizaban al día, el nivel de despersonalización que sufría en cada momento y qué pensamientos tenía en cada situación en específico. Lo anterior con el objetivo de comprender qué actividades eran las detonantes del sentimiento, además de evitar pensamientos que lo agravaran. Debido a la despersonalización, ella desarrolló otro tipo de miedos, como la agorafobia, o sea, el temor a espacios abiertos. Por ello, mediante pequeñas exposiciones, Fernández ha ido disminuyendo el temor que siente cuando se pasea por las calles. 

“Si, por ejemplo, tienes un pensamiento en donde crees que no eres real, o sientes que te vas a desmayar, tienes que poner otra idea en tu cabeza, que anule el pensamiento negativo. Por ejemplo, si pienso que me voy a desmayar, me digo a mí misma que llevo casi dos años con el síntoma, y nunca me he desmayado”, relata. Si bien el psicólogo no le ha brindado estrategias que le permitan ‘reconectarse’, ella afirma que gracias a su tratamiento ha logrado pequeños momentos de exposición con el exterior, para afrontar el miedo y disminuir sus fobias. 

Según Jhonatan Bobadilla, psicoanalista y psicólogo clínico, el mecanismo de disociación entre el cuerpo y la mente que aparece en la despersonalización se genera como una estrategia por parte del paciente para lidiar con el sufrimiento que está experimentando. “El dolor del paciente es tan intolerable, que la mente necesita desconectarse del cuerpo para poder resistir. El psicoanálisis lo que propone es identificar de dónde proviene el sufrimiento, para ayudarle al paciente a que se reconecte con su propio cuerpo”, explica. Debido a lo anterior, Bobadilla considera que la despersonalización no puede ser considerado un síntoma biológico o físico, sino exclusivamente mental. 

A través del psicoanálisis, Bobadilla suele ayudar a sus pacientes a que, mediante el diálogo, puedan expresarse y comprender lo que les está ocurriendo en su interior. Esto con el objetivo de que puedan afrontarse a la realidad, y comprender los mecanismos subconscientes que están funcionando en su mente y que, a la larga, hacen que se despersonalicen. 

“En el caso de Patricia, yo creería que el mirar fijamente a alguien, en cierta manera, la conecta con la realidad. Por esto se despersonaliza: porque choca con una realidad que su cerebro está intentando evitar”, afirma. Bobadilla considera que, mediante el diálogo y el psicoanálisis, la despersonalización puede curarse por completo. 

Con bastante esfuerzo y tratamiento, la despersonalización de Patricia desaparece en momentos esporádicos. Sin embargo, ella aclara que esto no significa que se sienta del todo bien: “El estar bien para mí significa dejar de pensar. Una persona normal no piensa de forma excesiva. Por otro lado, una persona con despersonalización está analizándose todo el día, pensando en qué está sintiendo en cada momento, etcétera. Estar bien significa no pensar, porque no pensar significa no tener ansiedad”, relata. 

Al final del día, completamente agotada, Patricia vuelve a su habitación para poder encontrar la protección de su hogar. Finalmente podrá estar lejos de las luces artificiales de la oficina en la que trabaja, los grandes espacios de las calles que camina y los espejos, que la persiguen en cada esquina, en cada tienda, en cada baño. Al final del día, ella se acuesta con la esperanza de que en algún punto despierte y sienta que ha salido del sueño eterno en el que está sumergida.