Sam, el extranjero comprometido con la paz en Colombia

Viernes, 19 Julio 2019 17:06

Desde hace siete años trabaja con excombatientes y víctimas del conflicto armado, mientras les ayuda a construir paz, iniciando por ellos mismos.

Sam Gibson también dicta cursos de diplomacia, derechos humanos y conflictos internos en la Universidad del Rosario.||| Sam Gibson también dicta cursos de diplomacia, derechos humanos y conflictos internos en la Universidad del Rosario.||| |||
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Viajar y conocer un país desconocido, cuando se hace por gusto, es una experiencia emocionante. Aparte de conocer lugares turísticos, costumbres y diferentes personas de habla diferente a la propia, puede suceder que el turista deje de ser turista para adentrarse al océano negro de los problemas del país en el que se sumerge. En Colombia, uno de esos gigantes problemas es la violencia y el conflicto armado y Sam Ling Gibson, es un inglés que no solo conoce a fondo lo que los colombianos han sufrido a causa de la guerra, también aporta a que aquellos que participaron en el conflicto armado, tengan nuevas oportunidades.

Es profesor de inglés de la Universidad del Rosario, tiene 35 años de edad. Nació en una ciudad llamada Newcastle ubicada en el nordeste de Inglaterra y hace parte de una familia de docentes en diferentes áreas como arte, ciencias políticas, sociología, economía y trabajo social. Sin embargo, antes de que la docencia llegara a su vida, desde muy joven sintió un gran interés por los estudios de paz y resolución de conflictos, lo cual aplicaría en su estadía en Colombia.

Llegó hace siete años al país. Se encontraba haciendo una maestría en diplomacia global y para su tesis de grado quería basarse en un país que estuviera afectado por el conflicto y en proceso de paz. Una vez llegó, se vinculó y ahora es parte de una Organización No Gubernamental (ONG), ubicada en el barrio San Luis en el municipio de La Calera Cundinamarca.

En este lugar trabaja con excombatientes de diferentes grupos armados, entre ellos, exmiembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que fueron reclutados a las guerrillas cuando eran niños y con víctimas que llegan a la ciudad desde el campo. Según Sam, la labor que allí realizan básicamente es “ubicar a las personas que llegan del monte, tanto excombatientes y víctimas, y generan un proceso de reconciliación a nivel individual, personal, con ellos mismos”.

Con la intención de proteger a las personas que hacen parte de la ONG, Sam no dijo el nombre de la organización. Pero sí cuenta de qué manera, él se ha vinculado con las personas que han sentido en carne propia las consecuencias de la violencia y el trabajo que él realiza con ellas.  En aquella ONG, se dedica a dar clases de carpintería, en un primer momento, les enseña a hacer pequeñas figuras en madera como juguetes, para luego iniciar a hacer otro tipo de objetos como muebles, que luego las personas pueden comercializar.

Además, trabaja con niños, tanto con los hijos de excombatientes, como con los niños del barrio que tienen problemas de violencia intrafamiliar o que tienen padres con adicción al alcohol. Sam les enseña a tocar batería y hace con ellos manualidades como pulseras. De igual manera, estos pequeños también reciben clases de danza o yoga. “Este es un trabajo para la sociedad, para darles un espacio seguro, en un barrio que es peligroso y donde el Estado no hace presencia. Queremos arreglar y mejorar las relaciones familiares que ellos tienen”, dice Sam.

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Este inglés de tez blanca, cabello rubio y ojos celestes conoció Colombia hace unos años, cuando él era muy joven, realmente tenía unos cuantos estereotipos del país, pero aseguró nunca sentir miedo de estar aquí. A la edad de 14 años, viajó con su mamá a Brasil y conoció una favela, donde se dio cuenta de diversas situaciones precarias de las personas que allí viven. Y según él, cuando llegó a Colombia y supo que trabajaría en esa organización, no se sintió en peligro. Sam dice con respecto a los excombatientes que “lo que menos quieren ellos es pelear, nadie quiere ser parte del conflicto, nadie quiere estar en guerra”.

Trabajando con esa comunidad ha aprendido que a veces la división entre víctima y victimario no está clara, él dice que “se pueden ser las dos”. Antes de llegar a Colombia, él no tenía esto tan presente en su mente. Su compromiso con la corporación con la que trabaja ha sido tanta que estudió en la Universidad Nacional de Colombia atención psicosocial, para así poder entender a las personas que tienen trauma, sea excombatiente o desplazado.

La labor que ha hecho con la ONG ha impactado su vida. Él asegura que cuando va a la organización, se mezclan muchas emociones dentro de sí mismo, las historias de cada persona que ha sido violentada o que lo sigue siendo dentro de sus hogares, hacen que Sam sienta desilusión y dolor. Los problemas de los demás lo afectan también a él. Cuando sale de trabajar con la comunidad, muchas reflexiones llegan a su cabeza, sale pensativo y necesita hablar con otras personas de su entorno para olvidarse por un momento de las dificultades que no le pertenecen, pero que siente como propias.

“Es un choque para mí ver que como humanos podemos odiar al otro, todavía hoy en día. Pero trabajar con ellos me dio la oportunidad de buscar formas para superar la polarización y división en un país como Colombia y al tiempo, saber cómo podemos mirar hacia el futuro, aceptar al otro”, expresa. 

El trabajo con población vulnerable y su interés por la paz y la resolución de conflictos demuestran la sensibilidad y empatía con las demás personas. Quienes se han relacionado con él, aseguran que es una persona muy amable, se lleva muy bien con sus colegas. “Él es mi mejor amigo, es un angelito, una persona que siempre quiere hacer el bien. Aquí en RoSEA no hay nadie que tenga algo en contra de Sam. Yo digo que, si alguien tiene un problema con él, el problema está en la otra persona, no en Sam”. Dice un Haki Shehu, profesor de inglés de la Universidad del Rosario y gran amigo de Sam.

Por el momento, Sam está muy amañado en Colombia y quiere seguir trabajando con personas directamente relacionadas con la violencia. Además, está interesado en ayudarles con su proceso de reintegración a la sociedad y disminuir las consecuencias emocionales que la guerra ha dejado en ellas. Planea seguir trabajando con esta organización “hasta que haya paz en Colombia”, asegura el extranjero con alma de colombiano.

 

*En memoria del profesor Sam Gibson.