Del cuadernillo al libro, un arte milenario

Martes, 06 Noviembre 2018 21:22

Usted ha tenido libros cosidos, pegados y no sabe cuáles son los pasos para que todas esas páginas juntas formen una agenda. Aquí conocerá el valor que tiene un oficio que se niega a desaparecer.

Encuadernación: una labor que se niega a morir. Foto por: Cinthya Castaño||| Encuadernación: una labor que se niega a morir. Foto por: Cinthya Castaño||| |||
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El oficio de la encuadernación tiene como inicio el momento en el cual el humano empezó a redactar sus oraciones en trozos de papel. Este se hizo presente en distintas culturas y grupos sociales que creaban una nueva forma de llevar sus notas en libretas o libros dependiendo del contexto en que se viviera.

Sobre sus inicios exactos no hay datos concretos, puesto que se dice que los romanos y los egipcios crearon una especie de encuadernación rudimentaria, que consistía en envolver pergaminos en pieles animales, pero no era un método como el que hoy en día se conoce. 

La Iglesia fue una de las entidades que tuvo un papel importante en la encuadernación de textos desde el siglo IV. Los libros sagrados empezaron a agregarle lujo al oficio y añadieron a las piezas finas labores como la filigrana y formas más elaboradas de la técnica. En la actualidad, la entidad religiosa sigue conservando el sistema en que encarga sus libros, contabilidades y biblias, sólo que ya no se hacen las portadas con cuero y no se pintan a mano las márgenes de las hojas, entre otros detalles.

La idea básica de la encuadernación radica en unir determinada cantidad de cuadernillos de papel, que se unen para formar una pieza denominada libro, coser estas, embadurnar de pegante un cuero o pasta que hará parte de la portada y dejar secar para hacer detalles. Todo esto realizado a mano y con ayuda de algunas máquinas como cuchillas y cizallas, o guillotinas, para cortar papel y cartón, prensas, estampadoras y demás.

 

Prensa para encuadernar en el taller de la familia Martínez. 

Doblado de páginas

Editoriales en la actualidad prefieren un tipo de encuadernación plegada, que es meramente industrial y con la que la producción especializada brinda un producto en masa. Por ello los encuadernadores tradicionales, que cosen y pliegan manualmente, han perdido demanda y por tanto la oferta de sus productos ha ido en disminución. 

Sin embargo, quienes todavía conservan las viejas tradiciones de la encuadernación de libros en los métodos por cartoné o en piel tienen entre sus clientes a coleccionistas de libros  y nuevas generaciones que han conocido del oficio gracias a redes que se encargan de brindar talleres. Estos métodos consisten en adherir las hojas con pegamento en cola, coser y posteriormente añadir las portadas.

Ricardo Aguirre se dedica hace 32 años a la encuadernación en la ciudad de Bogotá, él ofrece variedad de cursos para personas que se encuentran interesadas en el oficio. En estos enseña a ordenar cuadernillos y crear su propia libreta, él ofrece todos los materiales y lo hace con el fin de no dejar “morir” la tradición. Pero el gremio de encuadernadores de la ciudad, que lo encabeza la familia Martínez, no considera la labor de Ricardo como trascendental y pura. 

Este hombre se enorgullece al recordar que su taller fue bautizado por Gabriel García Márquez como “Ricardo corazón de papel”. En algunas ocasiones tuvo la oportunidad de realizar trabajos para el Nobel de Literatura. Miguel Fajardo, litógrafo y encuadernador, fue la persona que se encargó de llevar por este camino a Ricardo, enseñándole distintas facetas de la labor. Lo que más le llamó la atención a este aficionado por los libros fue la diversidad de artículos que se pueden fabricar en la encuadernación.

Los inicios de Ricardo fueron trabajando para encuadernar archivos y hacer la contabilidad de distintas empresas, pero esto no lo apasionaba, así que poco a poco fue buscando historias por medio de libros y máquinas antiguas. De esa manera logró montar su taller en el año 2001. Desde entonces ha experimentado con distintos materiales para elaborar libretas e innovar con nuevas propuestas estéticas para mantener a sus clientes satisfechos. 

Ricardo menciona que por este oficio hay que luchar para que la labor quede en la memoria de las personas, por ello abre su taller al público como museo para quién quiera conocer y aprender sobre este arte.

En los últimos meses y a causa del invierno, el taller ubicado en el centro de la capital, deberá ser reubicado, pues por ser una casa colonial ha venido presentando problemas en la infraestructura. Aún no se conoce el lugar a donde se trasladará.

Marcar los puntos de costura

Hay quienes alternan la encuadernación junto con otros oficios como John Jairo y Paola Montoya, quienes son restauradores de profesión pero en su labor también deben tener conocimientos del oficio milenario, puesto que complementa una parte de su trabajo. Ellos, como muchos de los que practican esta labor, aprendieron como tradición oral las labores de sus antepasados y hoy en día viven de ello.

Los clientes que visitan el taller de restauración deben tener aprecio al libro y a la labor. “Quienes vienen aquí saben de libros, aprecian las artes y pagan bien. Vienen personas, coleccionistas, instituciones, así como empleados de bibliotecas, archivos y museos, quienes  requieren conocimientos específicos en la encuadernación y restauración”, comenta Paola.

Allí la especialidad son los libros patrimonio, que fueron elaborados alrededor del año 1600 en adelante. Los materiales que se utilizan son costosos, puesto que son importados y de costura, lo que se ve reflejado en el precio del trabajo e interfiere en el tipo de clientes que recurren a estos centros. Otra variable del costo es el estado del objeto. “No es lo mismo un libro nuevo a un libro elaborado en 1600 o 1700, para eso hay que saber y tener conocimiento de cómo desarmarlo. Son cocidos a mano con procesos muy distintos a los de hoy en día”, añade la restauradora. Estos métodos también cuestan, porque se centran en el fortalecimiento de la estructura del libro, primordialmente, para que se vea estéticamente bien, siendo este el fin de la encuadernación. La idea de la restauración es mantener lo más original posible el objeto.

 

Prensas Alemanas junto con herramientas necesarias para la encuadernación de un libro en pasta dura.

Cortar las hojas

Jorge Guatame trabaja desde 1984 en la encuadernación, aprendió este oficio de su padre, quien tenía un taller de tipografía en el que laboraba principalmente para iglesias. Actualmente,  continúa trabajando para algunas parroquias y para una universidad haciendo la papelería de la contabilidad. Dice que hacer un libro artesanal requiere de 20 pasos que se deben realizar cuidadosamente y por eso en su negocio él es el único encargado de esta labor, pero por economía prefiere hacer encuadernación rústica, ya que es más económica y se puede fabricar más rápido por cantidad.

Al preguntarle por la importancia de esta labor y si desea dejar un legado para que las próximas generaciones conozcan este arte, comenta: “Tengo hijos, pero ellos no van a continuar con esto, así que el negocio se acaba conmigo. No me produce nostalgia, tengo 60 años y pues ya fue suficiente, además esta labor ya no le interesa a casi nadie y no es bien paga. Eso se debe a que hay personas que hacen un mal trabajo y eso desprestigia el nuestro”.

Dicho esto último, Paola comparte el pensamiento de Jorge: “No hay crítica a los nuevos métodos de encuadernación, pues son estilos, las cosas van cambiando por la época, pero la invitación es que si van a hacer un producto que sea bien hecho, siempre investigar e ir más allá”.

Ahora bien, la discusión se centra en si estos nuevos tipos de encuadernación, como los que hace Ricardo Aguirre con sus libretas, son para mantener viva la esencia de este oficio o para lucrarse y adquirir fama. Contrariamente a lo que hacen otros profesionales en el oficio, que no producen en masa y el precio de sus productos son muestra del trabajo producido a mano y con materiales de alta calidad.

Una agenda de encuadernadora comercial como Ricardo Corazón de Papel puede costar desde 15.000 pesos en adelante, mientras que los productos de Paola superan los 300.000. Lo que causa molestia en el gremio es el poco interés en mantener el oficio como se concebía años antes, cuando no predominaba el factor económico. Actualmente, hay talleres que se ofrecen en la web para aprender a fabricar y personalizar libretas, lo que para bien o mal ha contribuido a dar a conocer el método milenario. 

Casos como el de Jorge, Paola y John, que han venido haciendo este oficio gracias a la tradición e historia de su familia, entran en conflicto con el significado de encuadernación que ahora existe.

Enhebrar la aguja con el hilo fino

Nelson es un bogotano que, gracias a su padre, Alejandro Martínez, aprendió el oficio de encuadernar con los padres salesianos en 1926, y hoy en día sigue practicando la labor. Su numerosa familia, compuesta por seis hombres, también han sido encuadernadores que han trabajado en lugares que van desde la Presidencia de la República hasta el gobierno de Canadá. Nelson lleva más de 60 años trabajando en ello, sus clientes son muy cercanos y fieles.

Sus formas de trabajo dependen de la rigurosidad del libro, él encuaderna desde La flora botánica en ediciones especiales para la Biblioteca Nacional, hasta agendas de firmas para hoteles prestigiosos de la ciudad, en las que cada margen de página se hace a mano y no se estampa sino que se pinta.

El señor Martínez trabaja en su taller en La Candelaria junto con sus dos hermanos, Clara y Jaime, juntos fueron unos de los protagonistas del libro Oficios en manos colombianas. Un proyecto que buscaba retratar las labores que con el paso de los años han perdido conocimiento y adeptos. Por ello, Nelson y sus hermanos ofrecieron junto con algunos patrocinadores una beca para estudiantes de carreras afines y así enseñar el oficio: “Queremos que jóvenes conozcan lo que hacemos, son sólo 80 horas de curso, en las que no se aprende todo sobre la técnica, pero se llevarán algo de aprendizaje y seremos más quienes encuadernan”.

 

Producto final: libro con cuadernillos organizados, con portada en piel y grabados hechos a mano.

Empastar 

¿Quién se iba a imaginar que en un oficio tan olvidado se encierran tantos factores, y que hasta hay cabida para las frases punzantes y momentos tensionantes entre sus representantes?

Aunque después del doblado de páginas venga marcar los puntos de costura, cortar las hojas y enhebrar la aguja con el hilo fino, lo que realmente importa es presentarle este oficio a la actual y las próximas generaciones, para que al igual que las pasadas, puedan apreciar del arte de hacer un buen libro. La labor que hacen las personas nombradas es de destacar, pues independientemente del enfoque que le den a su trabajo están contribuyendo a la construcción de la memoria y patrimonio cultural del país.

Información adicional

  • Coautor 1: Juliana Torres