"A los asesinos se les adjudican propiedades del mal, el cual atrae y fascina”

Martes, 16 Noviembre 2021 10:42
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Las películas e historias de estos criminales han tomado fuerza. En entrevista con Plaza Capital, el autor de Los montruos en Colombia sí existen, Esteban Cruz, relata los diferentes factores que han determinado el interés por el tema.

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  • Coautor 1: Manuela Bernal

Disfrutar del terror y el miedo, y volver estos sentimientos parte del entretenimiento, son parte de las características del mundo actual, en el que muchas personas son ajenas al sentimiento de angustia que invade su cuerpo. Es por esto que las grandes industrias se esfuerzan por satisfacer a sus audiencias contando historias espejo de la sociedad, aun cuando estas parecen fantásticas e imaginarias. 

El interés de las generaciones jóvenes por el fenómeno del asesino en serie, por ejemplo, cada vez es más grande. No obstante, la atención no solo abarca el impacto causado en la sociedad sino también existe una fascinación de las personas de entender los factores que influyen en el comportamiento de estos criminales. 

Estados Unidos se ha caracterizado por ser el país con más asesinos en serie registrados en la historia del mundo. El criminalista James Alan Fox, junto a la Universidad del Noreste en Boston, confirmaron que tan solo en los años 70 se registraron más de 100 asesinos, sobrepasando en gran medida a cualquier otro país. Lo anterior conserva su sentido, dado que sus casos han sido los más mediáticos y populares, derivando en diferentes productos de consumo como películas, series o libros sobre la vida y crímenes de estas personas. 

A pesar de que se ha creado cierto fanatismo e idealización alrededor de la historia de los asesinos seriales estadounidenses, este fenómeno no parece suceder con los asesinos seriales colombianos, como es el caso de Luis Alfredo Garavito, el asesino de niños en la década de 1990, quien habría abusado y posteriormente asesinado aproximadamente 172 menores de edad de 1992 a 1999.Mientras que los asesinos extranjeros parecen ser romantizados y admirados por las personas en las redes sociales, los criminales en serie de Colombia son mirados con repudio. 

En entrevista con Plaza Capital, Esteban Cruz, autor del libro Los monstruos en Colombia sí existen, historias de asesinos en serie, relata los diferentes factores que han determinado el auge y fanatismo hacia estos criminales a lo largo de la historia

 

¿Por qué en la década de 1970 se dio el auge de asesinos seriales en Estados Unidos? 

Tiene mucho que ver con que el fenómeno empezó a tipificarse. Antes de eso no existía el término asesino serial, el término se volvió popular en los años 50 y 60.  Antes, existía otro término llamado psycho killer. Este término fue tan potente dentro del mundo popular y generó tanta expectativa que permitió el desarrollo de  películas que van a hacer que este tema sea más atractivo y más comercial. 

Entonces van a surgir un montón de películas norteamericanas inspiradas en la vida y acciones de estas personas que se vuelven populares, como lo fue  Psycho de Alfred Hichcock. O incluso también, el caso Charles Manson, que no es un asesino en serie y nunca lo fue, pero que se transforma en estos monstruos del cine de terror de los 70 y 80. 

¿Por qué una persona como Charles Manson no es considerada asesino serial? 

Porque a Charles Manson nunca se le ha comprobado que haya matado una sola persona con sus manos. Lo que aterra de Charles Manson y lo que lo vuelve tan popular es porque lo que hizo fue tomar un grupo de jóvenes idealistas hippies de esa misma época del movimiento pacifista norteamericano y se los llevó a un rancho para convertirlos en asesinos, la famosa familia Manson. Esto es lo que aprovecha el sistema para vender esa historia y para sacar dinero de ella también. 

¿Qué factores influyen en que Estados Unidos sea el país en el que más se ha presenciado la existencia de asesino seriales? 

Creo que no se trata de que en Estados Unidos haya más asesinos en serie que en el resto del mundo, o haya habido más casos en general, lo que sucede es que hay más casos que han sido registrados. Ellos han tenido más efectividad en sus policías y en sus investigaciones que el resto de países 

¿Cree usted que se romantizan la vida de los asesinos seriales extranjeros, mientras que los locales son repudiados? 

Es una cuestión de distancia social. Lo que pasa es que en Colombia nuestros asesinos seriales no son tan conocidos y creo que eso sucede por dos cosas. Primero, porque nosotros hemos estado inmersos en una cantidad muy grande de conflictos muy violentos, lo que nos he hecho experimentar la violencia desde otra perspectiva. 

En Colombia el caso de Garavito se conoce, pero no es nada comparado con la violencia que se vive todos los días entonces ahí hay una distancia fuerte entre nuestra realidad.  

La producción de los documentales que se hacen y demás hace que se vea muchísimo a los asesinos en serie norteamericanos como estrellas del crimen. Ese mismo fenómeno es homólogo al que puede pasarle a los indiferentes los crímenes que hemos vivido nosotros con Pablo Escobar. Entonces Pablo Escobar es una estrella negra en todo en todo el mundo y hay series como Narcos que son muy famosas en todo el planeta y que dan mucho dinero.  

¿Existen patrones los comportamientos e historias de los asesinos seriales? 

Sí hay similitudes y lo que propone la mayoría de los criminólogos norteamericanos es que si hay algunas similitudes que lo convierten en un fenómeno científico. Hay individuos que hacen esto, que tienen diferentes características y que esas características los hace diferentes de otros fenómenos criminológicos como los sicarios. 

Un sicario no es un asesino en serie a pesar de que mate también un número de personas, así como no lo son los paramilitares, guerrilleros o los soldados en las guerras ya es gente que lleva órdenes o a causa de matar a alguien reciben un dinero. Si bien sus historias de vida pueden ser muy similares, sus motivaciones o deseos difieren bastante de otros fenómenos criminológicos, incluso convirtiéndose en intenciones completamente incomprensibles. 

¿Por qué nace el fenómeno de fanatismo hacia asesinos seriales, presenciado principalmente en redes sociales como Tik tok y YouTube? 

Creo que hay una atracción a una parte de la sociedad, y no es que estas personas que se sienten atraídas por estas historias sean buenas o malas. En general hay una fascinación por el mal, el mal nos atrae y nos fascina y eso está en las leyendas, en las religiones, en los textos, con figuras como el diablo, los demonios y espíritus.  

De hecho, hay algo muy interesante y es que a estos personajes se les adjudican propiedades. Ya no son asesinos, sino la bestia, el carnicero, el demonio y el caníbal, todas estas alusiones terminan desdibujando sus responsabilidades y caracterizas de seres humanos, convirtiéndolos en monstros. Esto, conociendo nuestra fascinación por la maldad, genera que el asesino moderno personifique a un monstro, aquel que puede estar debajo de la cama o en el armario y que en nuestro mundo contemporáneo se convierte en una persona que puede estar a la vuelta de la esquina, puede hablar con nosotros y estar en la cárcel. En ese sentido, la idea de una persona que causa muerte y el crimen genera morbo y vuelve el tema interesante. 

Existen periodos en la historia donde no se registran asesinos seriales, ¿a qué cree que se debe esta característica? 

Yo creo que muchos de los casos no están registrados en la historia aun cuando estuvieron presentes y si bien no están registrados con casos, señales y nombres, sí están en las leyendas. Por ejemplo, en los hermanos Grimm está Barba Azul, que describe la conducta de un asesino en serie, un hombre que mata mujeres y colecciona los cuerpos en su sótano, y es un cuento infantil.  

También encontramos estas historias en obras de teatro como El Barbero Demoniaco o leyendas populares que en nuestro país son famosas como El Sombrerón, llenas de metáforas sobre asesinos en serie. Entonces siempre ha estado, solo que en diferentes representaciones alrededor de la humanidad. 

Hablemos de un caso puntual: ¿por qué teniendo todos los implementos modernizados necesarios para descubrir un crimen, aún no se sabe quién fue el asesino del zodiaco? 

Bueno lo que sucede realmente con este caso es que el asesino del zodiaco ataca en una época en la que no había la misma tecnología que tenemos hoy en día. Este ataca a finales de los años 60 y causa un escándalo mediático muy grande debido a que enviaba cartas y en el fondo siempre va a ser un misterio.  

Cada año aparece una persona diferente diciendo: “Lo descubrí, mi papa es el asesino del zodiaco”, y la realidad es que no sabemos nada, nunca fue capturado, no fue juzgado y siempre estará en las penumbras. A la humanidad siempre le atraerá resolver el misterio.  Más que morbo, la gente quiere saber quién es, pero son crímenes impunes, no podemos viajar en el tiempo y ya nadie lo va a juzgar ni se conocerán sus verdaderas motivaciones. 

El hecho de que ahora todo quede en evidencia, ya sea por redes sociales o cámaras de seguridad y tecnología en general, ¿disminuye la presencia de los seriales? 

Creo que no disminuye: hay más cámaras, pero también más gente y vivimos en un mundo profundamente desigual donde la historia de un asesino serial en Mocoa no tendrá el mismo seguimiento que en Bogotá. Es un fenómeno que no va a acabarse; en países más desarrollados pueden capturar a estas personas más rápido y evitar daños mayores, pero estos no desaparecerán. 

¿Cree usted que películas de asesinos seriales como la de Ted Bundy, protagonizada por Zac Efron, influyen en el resurgimiento del fenómeno ya que estas pueden ser tomadas como ejemplos de vida? 

Aquí hay una cosa interesante y es que son películas que se basan en casos que son muy populares: hablar de Ted Bundy es hablar de una estrella negra y detrás de todo está el dinero. La clave está ahí, está en que sus historias atraen y llaman.  

Además, son una manifestación de los miedos colectivos que tiene la sociedad, Ted Bundy representa esa maldad que puede presentarse como lobo en piel de oveja, mimetizarse entre los malos y mostrarse como buena persona que esconde un monstruo. De hecho, creo que por eso buscaron un actor con un pasado Disney y un pasado dulce, para caracterizar un personaje que tiene todas las características de ser odiado. Esos recursos son usados como cliché por la industria cultural. 

¿Cuál es su opinión en cuanto al surgimiento de asesinos seriales? 

Es un fenómeno que existe desde hace muchos años, hay individuos que tienen estos comportamientos oscuros y dolorosos para la sociedad y que no son frecuentes y por eso causan tanta sorpresa, no es algo cotidiano. Como antropólogo, puedo decir que hay una serie de personas con comportamientos seriales que para nuestra población son atractivos, y en un mundo donde todo es mercado, venden las historias y las imágenes. 

Algunos asesinos seriales, como El Zodiaco o Jack El Destripador, cometieron sus crímenes en época en las que no existían equipos de análisis que pudieran determinar su identidad. ¿Considera que, ahora que existen estos equipos, esto ha influenciado para que el fenómeno de asesinos seriales disminuya? 

Yo creo que no disminuye. Vivimos en un mundo profundamente desigual, las cámaras, las técnicas y los gastos en investigación de crímenes no son iguales en todos los lugares del mundo. No es lo mismo lo que está pasando en Mocoa o en la misma Bogotá, que lo que está pasando en Dubái.  

No es la misma la capacidad de investigación de la policía de Washington a la policía, por ejemplo, de Ibagué. En ese sentido, el fenómeno no disminuye por las técnicas que tengamos, creo que es un fenómeno que no va a acabarse y lo que tal vez en algunos países se puedan capturar asesinos en serie antes de que causen mayores víctimas, pero creo que en países como el nuestro está muy lejos de acabarse.