Centro comercial abrió sus puertas para hablar de tecnología y medio ambiente

Martes, 27 Febrero 2018 13:19

En Plaza de las Américas el foro "Hablemos del ambiente" concientizó a los bogotanos sobre el impacto de la tecnología en algunas problemáticas medioambientales.

Al frente Juan Carlos Lozada (Partido Liberal), detrás de él y al lado de pintura está Ángelo Gravias y a su izquierda Diego Daza (ambos de la Secretaría de Ambiente). Crédito: Viviam Leguizamon||| Al frente Juan Carlos Lozada (Partido Liberal), detrás de él y al lado de pintura está Ángelo Gravias y a su izquierda Diego Daza (ambos de la Secretaría de Ambiente). Crédito: Viviam Leguizamon||| |||
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El pasado 23 de febrero, en la plazoleta central del centro comercial Plaza de las Américas se llevó a cabo el foro gratuito "Hablemos del ambiente", que buscó abordar el alcance de la tecnología en problemas del medio ambiente como las emisiones de dióxido de carbono (CO2), un espacio promovido por la Secretaría Distrital de Ambiente y el centro comercial.

El objetivo del foro fue concientizar a los bogotanos sobre la importancia de conocer dichos problemas ambientales, la manera cómo afectan el territorio colombiano y las herramientas que existen para buscar una solución a esta grave problemática.

El CO2 es un gas que se puede encontrar de dos formas: natural, en la actividad volcánica o en la fotosíntesis de las plantas y como producto de la actividad humana, en la utilización de los cuatro tipos de combustibles fósiles: petróleo, carbón, gas natural y gas derivado del petróleo.

Diego Daza, abogado especializado en gestión pública y asesor de subdirección de la Secretaría Distrital de Ambiente, explicó que el aumento de CO2 en Bogotá se da, en gran medida, por la producción de cemento. "Para Bogotá, en el año 2007, según estudios de la Universidad Nacional, encontramos que se generaron aproximadamente siete millones de toneladas de CO2 por las cementeras que están ubicadas en la capital".

El CO2 es una de las causas más importantes de graves fenómenos como el calentamiento global y el cambio climático. El aumento de la temperatura de la tierra y el cambio en los ciclos climáticos trae consecuencias negativas a la salud y a la calidad de vida de las personas. Además, el aumento del CO2 permite que sean más frecuentes las sequías, las avalanchas y los desbordamientos de los ríos.

Para tratar de evitar el aumento de CO2 y sus efectos adicionales, Daza explica que "la tecnología debe ahora estar al lado de la naturaleza, no de las industrias que han empleado irresponsablemente contaminantes".

Este es el caso, por ejemplo, del satélite Orbiting Carbon Observatory-2, también conocido como OCO-2, enviado por la Nasa en el 2014 con la misión de detectar en qué zonas del planeta se están concentrando las emisiones de CO2.

Este satélite detectó que puede ser diferente el lugar donde se crea el CO2 y el lugar donde se concentra este gas. “China en su proceso de industrialización es uno de los países que más emisión de CO2 tiene, pero no se concentra ahí como tal, en cambio, en la Amazonía, ‘El Pulmón el Mundo’, ubicado en Sudamérica, es uno de los lugares donde más se está concentrando el CO2. Esta es una situación en la que Colombia debe poner atención y aportar en su disminución”, manifestó el jurista.

En el caso de Bogotá, la Secretaría de Ambiente realiza una monitoría a la calidad del aire a través de 13 estaciones fijas y una móvil, de alta tecnología, que identifica cuáles son las zonas que tienen un aumento del CO2 en las diferentes localidades, como Kennedy, Carvajal, Sagrado Corazón y Guaymaral.

Las industrias y el Gobierno no son las únicas que deben aportar a la disminución del CO2, los ciudadanos podrían ayudar con simples actos como: compartir el vehículo, utilizar la bicicleta o el transporte público, respetar los días de pico y placa, reciclar, apagar las luces o desconectar los aparatos electrónicos cuando no se emplean.

El problema de las bolsas plásticas y las semillas transgénicas

Sobre cómo mitigar otros problemas ambientales, el candidato a la Cámara de Representantes Juan Carlos Lozada (Partido Liberal), filósofo y experto en medio ambiente de la Universidad de los Andes, sugirió que dejaran de utilizarse bolsas plásticas como una tecnología funcional para el transporte de productos y alimentos.

“No es solo labor de los consumidores disminuir la cantidad de bolsas plásticas, también es responsabilidad de las industrias, mediante el aumento de los impuestos por la producción de las bolsas. Los productores están creando bolsas con un material que se demora 120 años en biodegradarse”, mencionó Lozada.

Para la disminución del empleo de dichas bolsas, Lozano ha propuesto un proyecto de ley en el cual las bolsas plásticas deben ser cobradas a 300 pesos cada una, contrarios a los 20 pesos establecidos en la Reforma Tributaria del año pasado. “Este tarifa del 2017 en las bolsas solo funcionó para quitarle la plata a las personas y no para evitar su consumo”.

Otra manera para reemplazar las bolsas plásticas sería motivar a la producción y el manejo de bolsas reutilizables, bolsas de tela y canastas de materiales reciclables. “La bolsas plásticas en promedio se emplean 25 minutos y por persona, aproximadamente a la semana, se emplean dos bolsas, pero si empleamos bolsas reutilizables o de tela, estas podrían durar años y no tendríamos la necesidad de comprar más”, señaló.

El candidato a la Cámara también llamó la atención sobre el uso de una tecnología muy específica en la producción de alimentos, las llamadas semillas transgénicas. En el año 2009, Colombia estableció que emplearía semillas modificadas genéticamente por multinacionales de alimentos, como la estadounidense Monsanto, para que sean más resistentes a pesticidas como el glifosato y haya un aumento en la producción de algunos alimentos en el menor tiempo posible, principalmente de algodón, maíz, soya y canola.

“Los campesinos de Colombia, desde el 2009, están presos de comprar las semillas certificadas en el decreto 970 del ICA, que solo beneficia a las grandes multinacionales de alimentación gracias al Tratado Upov 91”, denunció Lozada.

La resolución 970 del 2010 del ICA establece que “hay una reglamentación y control a la producción, acondicionamiento, importación, exportación, almacenamiento, comercialización y uso de semillas sexual, asexual, plántulas e incluyendo entre estos las semillas seleccionadas con mutaciones espontáneas o inducidas artificialmente por métodos no convencionales como la mutación genética, con el fin de velar por la calidad de las semillas y la sanidad de las cosechas”.

El Tratado Upov 91, por su parte, es un convenio que se dio en el año 1991 entre varias multinacionales alrededor del mundo para establecer que ellas tenían el derecho intelectual sobre todas las semillas transgénicas que se cultivan alrededor del mundo.

En Colombia se han hecho iniciativas contra las semillas transgénicas como la participación de cerca de 3.100 ciudadanos en la llamada Marcha Mundial contra la empresa Monsanto, realizada el 23 de mayo del 2015 en Bogotá; la creación de diferentes ONG como La Red de Semillas Libres de Colombia, en el 2015, y el paro agrario en el 2016, que movilizó a miles de campesinos, entre otras motivaciones, por la obligatoriedad en el uso de dichas semillas.

El foro concluyó buscando que los bogotanos se motivaran a investigar más sobre los temas ambientales que suceden en el mundo, pero también en Colombia, como lo expresó Rosalba Silva, artista plástica y publicista independiente.

“Me parece importante que hagan este tipo de iniciativas para presentar a los ciudadanos las situaciones ambientales el mundo y cómo afectan a Colombia, ya que, nosotros los bogotanos generalmente somos muy ignorantes en estos temas, porque nos sentimos ajenos a estas problemáticas, por vivir en la ciudad”, afirmó Silva.