“Obreras, más allá del cemento”: el rol de las mujeres en la construcción del barrio Estados Unidos

Jueves, 09 Abril 2026 19:21
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En la Biblioteca Pública Manuel Zapata Olivella, esta exposición reconstruye el origen del barrio Estados Unidos (localidad de Kennedy) desde la voz de sus fundadoras.

La abuela, mamá y tías de Vanessa Peñuela.||| La abuela, mamá y tías de Vanessa Peñuela.||| Vanessa Peñuela|||
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Cuando Vanessa Peñuela conversaba con su abuela, Matilde García, sobre la fundación de la localidad de Kennedy se percató de la omisión del rol de las mujeres en la historia oficial de la construcción del barrio Estados Unidos. La señora García tenía que recoger material cuando, por entonces, su esposo no llegaba a la obra. El relato impulsó a que Vanessa se cuestionara si otras mujeres durante la construcción del barrio Estados Unidos habían pasado por lo mismo de su abuela y se interesó así por la memoria barrial. 

La localidad de Kennedy se fundó en 1961 cuando el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy y su esposa Jackie visitaron a Colombia y colocaron el primer ladrillo para la ‘Ciudadela Techo’. El propósito de este proyecto era reducir el déficit de vivienda y acoger a la población desplazada por la violencia. Tras la muerte de Kennedy en 1963, los habitantes en homenaje decidieron cambiar el nombre de ‘Ciudad Techo’ a ‘Ciudad Kennedy’.

La construcción del barrio Estados Unidos se inició con el sonido de las palas y la mezcla del cemento, volviéndose parte de la rutina en terrenos baldíos que formarían una comunidad. Ladrillo por ladrillo, las familias llegaban a levantar sus propias paredes. Las mismas que hoy en día conforman un barrio, con cuadras llenas de casas propias, comercio e historias de esfuerzo por transformar un espacio baldío en un hogar.

Trascendiendo su historia familiar, Vanessa confirmó el papel protagónico de la mujeres en la construcción del barrio. Las fundadoras, como ellas mismas se denominaron, fueron las encargadas de reunir dinero y cocinar para la comunidad. Matilde, por ejemplo, vendía empanadas, arepas y bizcochos como alternativa de sustento económico para apoyar a la construcción de su primera casa propia.

La exposición “Obreras, más allá del cemento” tiene como propósito llenar el vacío histórico que se ha omitido durante años en los cimientos de un barrio que no se levantó solo con trabajo masculino. Sino que fueron las fundadoras quienes asumieron el trabajo físico ante la ausencia de sus esposos y garantizaron la supervivencia económica, mientras sostenían el cuidado de sus hijos convirtiendo lotes en obra negra en verdaderos hogares.

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El rol de las mujeres en la construcción del barrio

Para aquel entonces, muchos hombres no podían construir durante los fines de semana debido a sus empleos y no existía la posibilidad de pagar a obreros externos, por lo que fueron sus esposas, madres y mujeres quienes asumieron la carga y levantaron muros. Las primeras manzanas fueron hechas bajo esta modalidad,  pues el tiempo era un desafío y de no cumplir con las jornadas de trabajo, perderían el derecho de la tierra según un estricto requisito del Instituto de Crédito Territorial (ICT).

Para Martha Castro, hija de Francelina Viasus, una de las principales fundadoras del barrio, en esa época predominaba el machismo, el hombre era el único que trabajaba por el sustento de la casa. Mientras que era la mujer quien cuidaba, cocinaba y criaba a los hijos. De este modo, las fundadoras adoptaron un papel crucial, no solo en la ejecución material de la obra ante la ausencia o imposibilidad de los varones, sino desde la desarticulación del rol de la mujer como cuidadora o madre, demostrando fuerza, técnica, inteligencia e incluso la independencia que históricamente les había sido negada.

Para Francelina Viasus, tener un techo propio era visto como un milagro: "Yo estaba con mis muchachitos y mi esposo me anunció para que viniera acá. Hasta el momento en que la entregaron y recibí la escritura, ya me pude trasladar". La transición estuvo lejos de ser cómoda, antes de que los muros divisorios de ladrillo segmentaran el territorio, las casas compartían un inmenso patio que atravesaba los lotes de lado a lado.

María Elena Sierra, hija de la fundadora Elvia Sierra, pinta la escena de esos primeros días a la intemperie: "Yo me acuerdo de que ahí en el espacio hicieron como un rancho, y ahí teníamos los muebles y dormíamos". En ese refugio improvisado, resguardados apenas por tablones, la infancia se abría paso: "Ahí había juguetes que no eran juguetes, eran cosas que nosotros mismos nos inventábamos", sonríe al recordar María Elena.

La infancia en la construcción del barrio

En medio de la construcción, la niñez no estaba exenta de responsabilidades; los hijos mayores se transformaron en un pilar esencial para el sostenimiento económico. Fue común que en la construcción los hijos más grandes participaran. Walter, uno de los hijos de las fundadoras, trabajó en la construcción en esa época cuando tenía unos 10 u 11 años.

En el hogar de la familia Buitrago, la rutina de los padres, quienes trabajaban enviando zapatos a los pueblos, se complementaba con una producción casera de empanadas. Consuelo Buitrago, tía de Vanessa, revive aquellas jornadas de esfuerzo: "Los fines de semana salíamos con mi hermano y mi mamá al parque, y ayudábamos con la financiación de todos nosotros". Sin embargo, ese sacrificio temprano encontraba su consuelo en los domingos: un dulce helado. Era así, una forma de recordar que, a pesar de que trabajar para construir su futuro hogar, solamente eran niños que estaban viviendo su infancia.

Las fundadoras transmitieron a sus hijos cómo preparar diferentes alimentos. En la infancia, aprendieron a hacer melcocha, arepas y papas para cocinar y vender. “Sabemos hacer las arepas y las empanadas, pero si fue complicado. Una vez nos mandaron a hacer unas papas saladas y por ir a jugar dejamos el agua negra en la olla”, narró entre risas Martha Castro esta anécdota durante el conversatorio. Así fue como la infancia en la construcción del barrio se mostraba, y, mediante anécdotas y experiencias, el barrio empezaba a formarse.

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La importancia de transmitir memoria de generación en generación

La construcción del barrio Estados Unidos no ha terminado, como lo mencionó Vanessa en el conversatorio: “cuando hablamos de la construcción del barrio, hablamos de un período extendido. No solo de la primera etapa en donde llega el cliente y entrega las casas, sino de todo el trabajo doméstico que se ha hecho al interior de los hogares, y eso toma por lo menos unos 20 años”.

En estas últimas seis décadas, lo que realmente se edificó no fue solo un conjunto de viviendas, sino una forma de vida. Costumbres, saberes y oficios que persisten en la memoria de las fundadoras y que han sido transmitidos a sus hijos y nietos como una herencia cotidiana: recetas, trabajos, historias y maneras de sostener un hogar.

La exposición “Obreras, más allá del cemento” es un paso para sacar esa memoria del ámbito privado y llevarla al espacio público. También, es un reconocimiento a un esfuerzo colectivo que durante años permaneció invisible: el de mujeres que no solo cuidaron y sostuvieron sus familias, sino que construyeron, organizaron y dieron forma al barrio.

Recordar cómo se levantó el barrio Estados Unidos a través de sus fundadoras también obliga a mirar el presente. En una ciudad donde acceder a una vivienda propia sigue siendo un privilegio, estas historias no solo hablan del pasado, sino de las desigualdades que persisten. Porque si algo deja claro esta memoria es que la ciudad no se construyó únicamente con cemento, sino con el trabajo muchas veces no reconocido de quienes la habitaron desde el comienzo.