Cine club Contrapicado: una iniciativa juvenil para el reconocimiento del cine

Jueves, 07 Mayo 2026 07:24
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Cada jueves, un grupo de universitarios de la capital se reune en una casa cultural ubicada en el centro de la ciudad para celebrar el amor por el séptimo arte en el Cine Club Contrapicado. 

Fotografía de una de las sesiones del Cine Club Contrapicado.||| Fotografía de una de las sesiones del Cine Club Contrapicado.||| Archivo fotográfico de Cine Club Contrapicado|||
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  • Coautor 1: Julián García

Son las seis de la tarde en el barrio Germania, con dirección # 4A-49 con Calle 26. El frío bogotano no parece disuadir a la decena de jóvenes que aguarda pacientemente frente a la reja negra, mientras el olor a empanadas veganas recién horneadas y palomitas empieza a deslizarse por la ventana del segundo piso. Mientras hay quienes vienen con su pareja, esperan tener una cita amena y salir de la rutina, otros vienen acompañados de sus amigos para compartir un hobbie en común, incluso hay quien viene sin compañía, no solo a participar en el cine foro sino también a crear amistades y conocer otras personas. La puerta es abierta y las personas entran organizadamente a un espacio que, a primera vista, no revela su naturaleza cinematográfica. Sin embargo, una vez se cruza el umbral, el visitante se sumerge en un entorno cultural, entre mesas con piezas de arcilla secándose y tornos de pedal.

Desde el primer nivel se siente un ambiente familiar que abraza a todos como si se conocieran entre sí desde hace mucho tiempo. En este primer piso, la maestra en artes conocida como Ema es quien supervisa el taller. A sus 26 años, celebra que los jóvenes como los son los organizadores del cine club, prefieran "montar estos proyectos alrededor del arte y la cultura" que "estar haciendo nada" tras salir de clase. Para ella, la llegada de Contrapicado en julio de 2024 fue el encuentro de dos necesidades: su búsqueda de un cineclub para la casa y la propuesta de un grupo de estudiantes que buscaban un espacio para sus proyecciones

Primera escena

Para acceder a la sala de proyección, primero hay que pasar por una mesa habitada en la entrada de la casa. Tras la mesa se encuentra Juan Felipe Blanco, un estudiante de matemáticas de octavo semestre que se unió al proyecto tras ser su espectador más fiel en los inicios de este. Aquí, la entrada no tiene un precio fijo, pero el preservar este espacio depende de la "bola": jugos, cervezas, empanadas veganas y el tradicional "maíz pira" que los asistentes compran para sostener este colectivo sin ánimo de lucro. 

En el segundo piso todo cambia, allí queda el salón, donde el olor a “maiz pira”, a empanadas recién horneadas y el sonido  de las cervezas siendo destapadas cautivan los sentidos de los asistentes. El salón es amplio y se conecta con una pequeña cocina. Rompe con la rigidez de los teatros convencionales. Las sillas están ubicadas en una gran "U". Los espectadores van tomando asiento y van pasando por la mesa de aperitivos donde los organizadores ofrecen los aperitivos. Cuando el aforo se desborda, la etiqueta desaparece: la gente se acomoda en el suelo o se acuesta, creando un ambiente mucho más "familiar y cálido". Es el escenario perfecto para el cierre del ciclo que se celebraba en el mes de febrero: “Mujeres atravesando el dolor”, con la proyección de “20th Century Women”.

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La función 

A medida que las luces se apagan y el proyector cobra vida, la sala se convierte en un espacio inmersivo. Es más que solo ver una película; es vivirla en conjunto. Durante los casi 110 minutos de duración de la obra de Mike Mills, el silencio es interrumpido por carcajadas y suspiros de quienes participan. Todos están pendientes a la función. Las distracciones son casi inexistentes y las emociones que transmite la película fluyen entre todos.  

Miguel Ángel Rojas es un asistente que descubrió el espacio por redes sociales, explica que su motivación para regresar es la socialización "Es muy lindo cuando puedes ver una película con personas que también son apasionadas... te estás riendo con ellos y estás hablando con ellos" Esta conexión humana es la filosofía del club. 

Juan Felipe Blanco reflexiona sobre cómo, mientras plataformas como Disney+ inundan sus contenidos con anuncios, en este rincón persiste algo más "humano": el roce de una pareja acurrucada en la fila de atrás o la formación de amistades que terminan compartiendo el camino de regreso a Transmilenio. Para Mateo Velázquez, directivo del foro y estudiante de cine, las artes —y el cine en particular— son "fragmentos de vida" que encapsulan audio, narrativa y visiones del mundo en una sola aglomeración estética

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La palabra que construye identidad

Alrededor de las 9:30 p.m., los créditos finales dan paso al conversatorio. La invitación de los organizadores es clara: "acá ninguno de nosotros somos expertos", por lo que todos pueden aportar sin miedo. El debate de esa noche se nutrió de perspectivas diversas, desde la mirada del matemático hasta la del estudiante de cine, analizando cómo una historia femenina escrita por un hombre puede reflejar la resiliencia y el crecimiento personal

El Cine Club Contrapicado, nació en 2023 como una iniciativa estudiantil de Valentino Flores y Alejandro Valverde, hoy mira hacia el futuro con ambición. Ya está consolidado como una sala asociada de la Cinemateca de Bogotá, el equipo, donde Andrea Cruz es considerada pieza fundamental, sueña con expandirse hacia laboratorios de guión y festivales.

Sin embargo, su norte sigue siendo el arraigo. Como afirma Blanco, el objetivo no es solo proyectar cine, sino priorizar el cine colombiano para fortalecer la identidad con "lo que uno vive y lo que tiene alrededor". Al salir de Casa y Media, los asistentes bajan las escaleras, dejando atrás los tornos de arcilla y la luz del proyector, llevando consigo no solo una historia fílmica, sino la certeza de que, al menos por tres horas, la ciudad dejó de ser un lugar de paso para convertirse en una comunidad.

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