Bogotá: una ciudad no pensada para las mujeres

Miércoles, 25 Marzo 2026 18:19
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Según encuestas. siete de cada 10 mujeres se sienten inseguras en las calles y espacios públicos. Para los expertos, este es el resultado de una ciudad que no responde a sus necesidades.

Bogotá.||| Bogotá.||| Elaborado por: Maria Paula Rivera|||
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  • Coautor 1: Camila Vásquez

Desde que era una niña, Mariana creció habitando su cuerpo desde el miedo y la confusión. Recuerda sus tardes jugando en el parque y la sensación de incomodidad que le causaban algunas miradas, aunque en ese momento no entendiera bien por qué. Un martes, a eso de las cinco de la tarde, con 16 años, tomó una ruta de Transmilenio que la llevaba a su casa. Era hora pico y su cuerpo se mecía a la velocidad del bus que la transportaba. En medio de los forcejeos, sintió cómo una mano se deslizaba sobre su busto y lo apretaba con fuerza. 

Ahora, a sus 22 años, Mariana recuerda otro momento desagradable en la ciudad que aún la acompaña: “Tenía una falda, que ni siquiera era demasiado corta”. Era de noche. La calle estaba oscura y casi vacía cuando un hombre apareció detrás de ella. El olor a licor inundaba su aliento. No logró ver su rostro, pero sí escuchó cuando se acercó para gritarle: “puta”. 

Quiso pedir ayuda, reaccionar, hacer algo. Pero en ese instante se sintió pequeña, diminuta y desprotegida. No quedó registro de lo ocurrido: no había cámaras, ni testigos, ni un rostro que reconocer. Al día siguiente, sin embargo, tuvo que volver a tomar ese mismo bus, caminar por esa misma calle y pasar por ese mismo parque. 

En Bogotá cuatro de cada 10 de mujeres limitan su forma de vestirse con la esperanza de no convertirse en una Mariana más que debe soportar situaciones de acoso, según el Boletín No. 11 de 2024 del Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (DADEP), Espacio Público para las Mujeres. Sin embargo, esta precaución no les garantiza seguridad, pues de acuerdo con datos de la Veeduría Distrital, ocho de cada 10 mujeres han experimentado una situación de acoso callejero en algún momento de su vida, reflejando que la ciudad no es un espacio seguro para ellas.  

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Aunque la iluminación, el transporte, las cámaras de seguridad e incluso los baños públicos hacen parte de decisiones de planificación urbana que influyen en la forma en que las personas habitan la ciudad, su impacto no es igual para todos. Según diversos estudios, la forma en la que se planifica la ciudad condiciona la experiencia de las mujeres en la misma: “La desigualdad se esconde en las baldosas y entorpece la participación femenina en el espacio público”, advierte Inés Sánchez de Madariaga, arquitecta y urbanista española. 

Testimonios de acoso sexual, en el espacio público Bogotano. Elaborado por: María Paula Rivera

El miedo como una barrera al desplazarse por la ciudad 

“Caminaba hacia mi casa. Eran las siete de la noche, ellos venían detrás mí durante varias cuadras, se reían y hacían comentarios sobre mi cuerpo. De pronto, me adelantaron, me miraron de pies a cabeza y me llamaron “culona”. Eran muy jóvenes y pensé que solo jugaban, pero cuando crucé la calle más oscura, noté como se escondieron detrás de los árboles. Uno de cada lado de la acera, así que me detuve, me subí a un bus y le supliqué al conductor ayuda, estaba muy asustada”, recuerda Mariana. 

En la capital, muchas mujeres evitan o modifican sus recorridos por la sensación de inseguridad que estos les generan, según la veeduría distrital de Bogotá el 97,2% siente miedo en calles poco iluminadas, puentes peatonales (85,2%), lotes baldíos (94,7 %), vías en mal estado (82,2 %) y zonas de construcción (85,5 %). Estos espacios incrementan la sensación de vulnerabilidad y condicionan la forma en que se mueven por la ciudad.  

Testimonios de acoso sexual, en el espacio público Bogotano. Elaborado por: María Paula Rivera

Para Natalia Giraldo, socióloga especialista en urbanismo con enfoque de género, la exclusión se manifiesta en la percepción de seguridad: “El hecho de que la ciudad te despierte miedo, prevención y paranoia impide que quieras moverte por ella, que no quieras salir o que te restringas desplazamientos”.  

El acoso, la violencia sexual y el crimen contra las mujeres refuerza la percepción de inseguridad que las distancia del espacio público. La encuesta de Percepción y Victimización 2025 de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) identifico que los piropos y el acoso callejero aumentaron significativamente, pasando de 13,4 % a 19,3 %. Además, solo en el primer semestre de 2025 se formalizaron 1.525 denuncias efectivas por violencia sexual, según datos de la Policía Nacional, principalmente en las localidades de Suba y Ciudad Bolívar.  

 

Las cifras demuestran que las mujeres de la ciudad no solo se sienten inseguras, si no que la cotidianidad bogotana las expone a violencias de género que refuerzan su sensación de incomodidad y aleja su participación en el espacio público: “Bogotá no es una ciudad donde las reuniones de mujeres sean comunes en los parques o andenes y eso es algo que debemos estudiar”, indica Giraldo. 

¿Cómo transformar una ciudad con urbanismo feminista? 

Las ciudades no son neutrales. Aunque todos usamos el espacio público, no todos los caminamos de la misma manera. Sameh Wahba, director mundial del Departamento de Prácticas Mundiales de Desarrollo Urbano del Banco Mundial, indica que todos tenemos necesidades y rutinas diferentes, pero la ciudad se construye para un usuario masculino “neutro”, lo que desatiende las necesidades de las mujeres y niñas en la ciudad.  

Reto de diseño espacio público seguro para mujeres en Suba, BioBilbao primer puesto. Tomado de: Secretaria de la Mujer.

Según expertos, el urbanismo con enfoque de género puede ser una respuesta a esta problemática. No se trata únicamente de andenes más amplios o mejor iluminación, sino de reducir esa sensación constante de vulnerabilidad. Espacios más visibles, rutas activas, transporte con protocolos claros, presencia institucional efectiva son algunas de las medidas que demuestran que, cuando el entorno envía señales de cuidado, la ciudad se habita diferente.  

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“En ese modelo urbano expansivo, centrado en la rentabilidad y el crecimiento, lo cotidiano quedó relegado”, explica Giraldo. Por eso, los estudios sobre género y ciudad han puesto la mirada en aquello que sostiene la vida diaria: las actividades de cuidado, los trayectos cortos, los desplazamientos múltiples que muchas personas realizan entre trabajo, hogar, compras o acompañamiento familiar. 

Giraldo insiste en algo clave: cuando hablamos de género no estamos hablando únicamente de mujeres. Se trata de visibilizar vivencias que han sido ignoradas y reconocer otras formas de habitar la ciudad. Esto incluye a personas mayores, personas con discapacidad, mujeres trans, niñas y habitantes de calle. Incluso, plantea una diferencia importante: el urbanismo con enfoque de género analiza cómo se vive la ciudad el urbanismo feminista va un paso más allá y propone transformaciones concretas para que todas las personas puedan habitarla con dignidad. 

Reto de diseño espacio público seguro para mujeres en Suba, El poder del dialogo femenino segundo puesto. Tomado de: Secretaria de la Mujer.

Por lo tanto, pensar en una ciudad con enfoque de género no significa únicamente reducir el acoso o mejorar la iluminación en las calles. Implica reconocer que la forma en la que se diseñan los espacios urbanos influye en la autonomía, la forma de habitarlos, las oportunidades y la participación de las personas en el entorno que las involucra. 

La experta también pone el foco en la violencia que atraviesa el espacio público y llega al privado. “¿Qué está pasando para que el acoso callejero se haya vuelto parte de la vida cotidiana?”, se pregunta. Para ella, el problema no es solo la agresión directa, sino la normalización de estas conductas desde los hogares: comentarios, justificaciones y culpabilización de las víctimas. Una cadena que puede empezar con un “piropo” y escalar hasta agresiones físicas o feminicidio. 

¿Cómo es la situación en otros países?  

Los estudios de la urbanista Inés Sánchez en España muestran que los hombres suelen realizar trayectos lineales, como de la casa al trabajo, mientras que muchas mujeres hacen recorridos más complejos que combinan trabajo no remunerado, cuidado, compras y acompañamiento familiar. Cuando el urbanismo solo diseña para desplazamientos directos, deja por fuera gran parte de la movilidad cotidiana de las mujeres. 

En Chile, la académica Paula Girón ha estudiado cómo la movilidad urbana está marcada por el género. Sus investigaciones muestran que muchas mujeres dependen más del transporte público y realizan trayectos más fragmentados durante el día. Por esto, se proponen políticas urbanas que integren transporte, servicios y equipamientos cercanos, reconociendo que la ciudad no se vive igual para todas las personas. 

Viena, la capital de Austria, es la primera ciudad del mundo en ser considerada una ciudad con enfoque de género. Allí, la arquitecta Eva Kail impulsó, desde los años noventa, uno de los programas más reconocidos de urbanismo con ese enfoque. Su equipo comenzó observando y analizando cómo las niñas y adolescentes usaban los parques y descubrieron que muchos espacios estaban siendo dominados por otros actores, en actividades como el fútbol, que desplazaban a las usuarias. A partir de esos datos rediseñaron parques, los plantearon diferente, ampliaron andenes y mejoraron la iluminación para que más personas pudieran disfrutar del espacio público. 

El reto del futuro 

La participación de las mujeres en los principales estudios de arquitectura de la ciudad es un punto esencial para el desarrollo de una capital incluyente. La publicación Handbook for gender-inclusive planning and desing revela que, a nivel mundial, solo el 10 % de las mujeres ocupa puestos importantes en la planeación arquitectónica de ciudades, lo que refuerza una visión masculina neutra y evidencia la necesidad de la participación femenina en los espacios que visibilizan otras formas de habitar la ciudad.   

Mientras tanto, en Bogotá, la secretaria de la Mujer adelanta esfuerzos para dejar a la ciudad al nivel de otras grandes capitales del mundo y hacer de ella un espacio donde las mujeres se sientan cómodas y seguras. Las manzanas del cuidado, por ejemplo, son una propuesta que surge con el fin de brindar servicios y espacios a las mujeres en calidad de cuidadoras.  

Así mismo, durante diciembre del 2025 se realizó el primer concurso de planeación de espacio públicos diseñados por y para mujeres, en el cual diseñadoras, arquitectas y urbanistas concursaron en el diseño de un espacio público que respondiera a las necesidades de las habitantes del barrio fontanar de Suba, una de las localidades con mayor índice de violencia a las mujeres.  

Estas iniciativas se enmarcan en el Plan de Desarrollo 2024-2027 Bogotá Camina Segura, que busca reducir la inseguridad y la violencia, especialmente contra las mujeres y la población LGBTIQ+.  

Aunque repensarse la ciudad es un proceso una ciudad más cuidadosa no beneficia solo a las mujeres, mejora la vida de todos e incluye a todas las identidades de genero desde la participación en el espacio público, para que así quizá historias como la de Mariana dejen de repetirse en las calles de Bogotá.