Apostándole a la disrupción del lenguaje

Miércoles, 28 Agosto 2019 21:36

En los últimos años se ha popularizado una reflexión acerca de cómo desde el lenguaje se puede discriminar a ciertos grupos sociales. En Bogotá, diferentes grupos se han aproximado a esta problemática con la intención de afrontarla.

La empresa social ‘Nuestro flow’ se encuentra ubicado en el segundo piso de  La morada, la casa cultural con perspectiva feminista en Bogotá.||| La empresa social ‘Nuestro flow’ se encuentra ubicado en el segundo piso de La morada, la casa cultural con perspectiva feminista en Bogotá.||| Isabella Amador|||
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Maira, de 29 años, es una mujer afro que nació en Bogotá, pero toda su familia es de Cali y Tumaco, Nariño. Desde muy pequeña, tanto en su colegio, como en los trabajos por los que ha pasado, ha presenciado distintas formas de discriminación. Según ella, las más constantes han sido a través de frases o, como ella le llama, sátiras. Sin embargo, la discriminación en Bogotá y la normalización frente a estas situaciones cotidianas no es un problema que solo Maira ha debido enfrentar.

 A Bogotá llegan personas de diferentes regiones del país y del mundo, por lo tanto, se puede encontrar en esta una diversidad amplia en términos étnicos, raciales y culturales. En respuesta a esta gran afluencia que se presenta en la ciudad, el Concejo de Bogotá plantea que esta “debe ser un ejemplo en la región de inclusión y de respeto por el otro” ya que en 2018, según datos brindados por el Ministerio del Interior  a este mismo concejo, el 50% de los casos por discriminación en el país, se presentan en la capital.

 Entonces, valdría la pena preguntarse ¿qué pasa con este choque cultural entre grupos sociales en la ciudad? ¿cómo trabajar para disminuir la discriminación desde lo cotidiano?

Con frases como “¡ay! ahí viene la mancha de Don Quijote”, “la negra felina”, Maira ha tenido que lidiar en su día a día. Ella, sin embargo, expresa que no le afectan mucho estas situaciones ya que sabe que esas personas no están en lo correcto, “yo sé que son ignorantes y pues para qué ponerme a pelear, pero eso es lo que pienso yo, hay  quienes esas frases sí les afectan”, expresa Maira acercando  como tratando de recordar algún momento en específico.

 Si bien el lenguaje, tanto verbal como corporal, es una herramienta de comunicación que usamos constantemente al punto de ni siquiera ser conscientes de cómo lo manejamos, es una herramienta poderosa, capaz de construir imaginarios sociales y arraigar en nosotros estereotipos y formas de pensar.

 Según Mery Castillo, filósofa y actualmente profesora de la Universidad del Rosario, el lenguaje no es solamente lo verbal o lo escrito, sino que es toda manifestación de acciones humanas, es simbólico. “Como forma de comunicación adquiere muchos significados y distintas maneras de usarse. Creo que el lenguaje es mucho más rico de lo que creemos, atraviesa más nuestras vidas de lo que creemos”.

 Frente a estas situaciones de discriminación, en la ciudad existen diferentes grupos sociales, colectivos, asociaciones, entre otras que se han venido formando entorno a la lucha por la igualdad de las comunidades afro, indígenas y con enfoque de género.  

Una herramienta básica con un alcance profundo

 ‘Nuestro Flow’, es el nombre que lleva la empresa social que promueve la diversidad cultural y la equidad de género, acoge diferentes proyectos y entre esos se encuentra ‘El negro está de moda’. Andrea Gonzáles fundó este proyecto junto a su hermana Mabel en 2015 y lo consolidaron en 2016.

Con campañas en pro de que empecemos a pensar sobre cómo usamos el lenguaje, el uso de cartillas donde se toquen temas de inclusión y espacios para poder hablar de temas que suelen incomodar, entre otras actividades es que ‘Nuestro Flow’ espera contribuir a generar conciencia. “Empezamos precisamente con ‘El negro está de moda’ como campaña y luego nos dimos cuenta de que se han venido uniendo varias personas entonces ahora lo vemos más como un movimiento, una campaña de comunicación alineada a combatir esos estereotipos raciales y discriminatorios desde el lenguaje”, explica la directora.

Este movimiento ha crecido tanto, hasta el punto de ampliar las líneas de acción para hablar de la diversidad en general. El lenguaje viene cargado y mediado por el contexto de cada quien y, por tal razón, las desigualdades se viven de diferentes formas como por ejemplo ser mujer y ser afro, son condiciones de desigualdad diferentes a ser mujer y ser gitana.

Al analizar esto, las integrantes y realizadoras de ‘El negro está de moda’ se dieron cuenta de que el lenguaje es algo que consideramos básico al ser usado en nuestra cotidianidad, pero es una herramienta que tiene un poder masivo. “Vemos entonces que la desigualdad también se da desde acciones básicas como lo es el lenguaje y en el caso de Bogotá, al igual que Colombia, no hay un lenguaje donde nos representemos todas las personas”, afirma Andrea Gonzáles.

“Es que eso lo venden solo en el mercado negro”, “ya te puse en mi lista negra”, “la oveja negra de la familia” o “este sí es mucho indio”, son expresiones con connotaciones negativas que existen frente a un color y se aplica tanto a las razas como a las etnias. Ahí radica la importancia de que se trabaje desde el lenguaje la discriminación. “Desde la conciencia, en como hablamos y usamos las palabras, estamos construyendo sociedad y eso es responsabilidad de quienes habitamos esta ciudad”, asevera Andrea.

El lenguaje refleja la realidad 

 La realidad a la que cada persona pertenece, tiene matices y el lenguaje trata de reflejarlos, explica la profesora Mery y, además, recalca que “de alguna forma, en estos tiempos las posibilidades que tiene de difundirse son mucho más amplias, más ricas que en otras épocas. Por ejemplo, los medios de comunicación digital, las redes sociales incluso los interlocutores, a pesar de que no sean visibles, pueden llegar directamente y en ese sentido yo creo que el lenguaje ha tomado relevancia”.

Dani Donato, quien hace parte del Grupo Rosarista de Interés en la Identidad Sexual (Griis), afirma que una de las causas principales de la exclusión se da desde el lenguaje. “Aunque en algunos casos no sea intencional, hay una fuerza masculina sobre el mismo que no permite la igualdad desde inclu}

so nuestra forma de hablar”, afirma.

Por su parte, Yessica Izquierdo, indígena de la etnia Arhuaca del Norte de Colombia, asegura que se debe tener presente que esta forma de inclusión es muy importante desde la crianza ya que  “si su papá o mamá, por ejemplo, habla mal de una etnia en específico o de una raza entonces usted va crecer con ese pensamiento y reproducirlo”. Es así, que desde la educación en casa se debe intentar hacer caer en cuenta del uso de las palabras y del significado que estas pueden tener en contextos específicos,

 Por esa razón, las campañas pueden ser una forma interesante de concientización, cuestionamiento y educación. ‘Nuestro Flow’ le apunta a esto con ‘El negro está de moda’, que surgió como una campaña de comunicación solo llamando la atención y cuestionando el uso que hacemos del lenguaje en nuestra cotidianidad, pero al ver que las personas se interesaron mucho y unieron a la campaña, el equipo de trabajo decidió empezar a hacer talleres con materiales pedagógicos, charlas y abrir espacios para el debate.

Ahí es donde entra Candelaria, un personaje en forma de muñeca que nació en 2018 por parte de este mismo grupo y se presenta como una superheroína que a través de la crítica busca despertar una conciencia social sobre el lenguaje y frente a lo que oprime a las minorías.  Con ella, el grupo ha logrado llegar a instituciones educativas, enfocándose en crear nuevas narrativas.

 

                                                                                                                                                                                                  Candelaria surgió como esa voz que genera empatía y no rechazo. Foto: Isabella Amador.

 

La importancia de este tipo de campañas y movimientos está clara, pero ¿es suficiente? Para Mery el lenguaje es un paso, una faceta, un área que es necesaria de alguna manera de revisar, pero los esfuerzos no pueden quedarse en solo eso.

"Creo que los cambios deben ser mucho más profundos socialmente y no nos podemos quedar solo en el lenguaje porque se convierte eventualmente en una cuestión de momento. Si las luchas no están dirigidas a profundidad, a cambiar realmente las cosas, pues se nos convierte a veces incluso en una moda”, explica la experta en lenguaje.

 ¿Qué historia estamos contando y cómo la estamos contando?

Si Dios fuera negro, mi compay, todo cambiaría. Fuera nuestra raza, mi compay, la que mandaría”, estas primeras estrofas de la canción ‘Si Dios fuera negro’, de Roberto Angleró, plasma perfectamente el cuestionamiento de los pensamientos con que hemos crecido y tenemos arraigados. Nos cuentan historias, escuchamos frases y dichos que a veces no nos preguntamos por qué usamos o por qué repetimos, solo lo hacemos.

Cuestionarnos y apostarle a nuevas formas de comunicación desde el lenguaje son necesarias y llaman la atención, pero debemos profundizar en cambios estructurales en la sociedad invitando a la acción y que no se quede solo en la charla. Porque, como expresa Andrea Gonzáles, “el lenguaje es una parte, pero de ahí se desprenden muchas otras cosas como:  la participación de las comunidades, el empoderamiento de las diferentes etnias y el generar una empatía por las demás personas”.

Los grupos que trabajan con cuestiones de diversidad cultural y de género son un sector de la población específico que esperan poder hacer llegar su lucha a gran parte de los bogotanos generando una disrupción en la sociedad, concientizando, enseñando y específicamente en el caso de ‘El negro está de moda’, apuntando a cambiar cuestiones de la cotidianidad, pero también intentando cambiar ciertas bases estructurales de la sociedad.