"Mi mamá no sabía si yo seguía viva": Ilse Schmidt

Martes, 28 Mayo 2019 00:11

Nació el 6 de febrero de 1922 en Solingen (Alemania). Pasó su adolescencia durante la época en que el Nacionalsocialismo quiso apoderarse del mundo. Ilse Schmidt Bickenbach, una alemana que después de la Segunda Guerra Mundial llegó a Colombia.

Ilse Schmidt Bickenbach||| Ilse Schmidt Bickenbach||| Foto: Daniel Camilo Camargo|||
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Tras ver partir hacia la Segunda Guerra a su hermano menor y a su padre, y después de tener que ver los horrores que dejó la guerra en su ciudad Solingen, decidió buscar otro destino. Vivió hasta 1948 en Alemania, para migrar a Colombia por invitación de dos de sus tíos maternos que ya vivían en el país.

A su llegada se enamora de Erwin Krauss, un colombiano hijo de inmigrantes alemanes, reconocido alpinista y pintor con el que termina casándose y formando una familia, razón por la cual se radicó en Bogotá. Ilse Schmidt a sus 97 años de edad, habló con Plaza Capital sobre su experiencia de vivir en la Alemania de Adolf Hitler.

¿Cómo era la vida en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial?

Todo estaba muy destruido. Ingleses, franceses, todos estaban contra Alemania. En Solingen, donde vivíamos, destruyeron todas las casas, solamente quedó una en pie que era de mis antepasados.

¿Cómo fue la educación en la Alemania Nazi?

Ellos hacían entender a todos los estudiantes que la raza nórdica era la mejor del mundo, todo lo demás no servía. El plan de Hitler era tremendo. Cuando yo iba a clase con mi hermano nos enseñaban locuras y mi papá nos decía que no creyéramos esas cosas. Mi papá tenía una postura prusiana, no era pro Hitler. Nada de nacionalismo, ni nada.

¿Algún familiar suyo participó de la Guerra?

Mi hermano, que era un poco más joven que yo. Él fue sacado del colegio porque al final de la Segunda Guerra Mundial ya no tenían casi soldados. Dos años antes de terminar el bachillerato, tuvo que ir a la guerra. Yo me quedé en casa con mi mamá. Después de terminada, mi hermano volvió y no le pasó nada. Él tenía que terminar los dos años que le faltaban de bachillerato y lo logró, pero quería continuar con sus estudios y no pudo. Los bombardeos habían destruido las universidades.

Mi padre, Rudolf Schmidt, también participó en las dos guerras. En la primera era muy joven, tenía apenas 14 años. A los 20 se casó con mi mamá e intentó arreglar la fábrica de su papá, pero fue algo difícil porque los enemigos saquearon Alemania tras el fin de la Primera Guerra Mundial, después en la Segunda Guerra él fue oficial. No había remedio, todos tenían que prestar servicio militar. Él era reservista.

¿Cuál era el papel de la mujer en la Segunda Guerra?

Ellas tenían que estar en sus hogares defendiéndose solas con sus hijos. Para comprar los alimentos los comerciantes repartían todo de formas iguales, para que así alguien que tuviera dinero no se quedara con todo. Nadie pasaba hambre. Nosotras sabíamos que teníamos que atender todo lo que tenía que ver con la familia, pero yo todavía era una señorita, era muy joven.

¿Qué planes tenía usted para su vida profesional?

Había pensado ser médica, pero era algo muy difícil y largo, por lo que llevé a cabo mis estudios en pedagogía porque siempre me gustaron mucho los niños. Por órdenes de Hitler me obligaban a tener una guardería para casi 200 niños, era algo que excedía mis capacidades y yo era muy joven. Las mamás trabajaban en fábricas donde ensamblaban munición para la guerra, mientras los niños estaban todo el día en la guardería con todos los cuidados necesarios para ellos.

¿Cómo vivió usted el fin de la Guerra? 

Cuando llegaron los enemigos y cruzaron el río Rin, cerramos la guardería y me tocó cruzar todo el país en bicicleta. Recuerdo que todas las calles estaban destrozadas y llenas de personas, algunas bien, otras heridas que, al igual que yo, estaban trasladándose al centro del país. En la noche me quedaba en casas de campesinos muy bonitas. Dormía en el sofá o en cualquier parte, ellos eran muy amables y siempre querían ayudarnos. Cuando salía en agradecimiento les daba una tijera bonita o algo de la fábrica de mi papá.

Finalmente, llegué a encontrarme con mi familia en Tübingen. Mi mamá no sabía si yo seguía viva, cuando me vio, salió y se inundó en llanto y felicidad. Después volvimos a Solingen. Yo llegué primero, después el resto de mi familia y por último mi papá que era un hombre muy fuerte, pero esa vez lo vi llegar llorando porque la guerra lo había afectado mucho.

¿Por qué razón llega a Colombia?

Yo tenía dos tíos, hermanos de mi mamá, que llegaron después de la Primera Guerra Mundial acá a Colombia. Rudolf, mi tío, me decía: “Si sabes suficiente español puedes trabajar aquí o sino trabajas con nosotros.” En 1948 llego con mi hermano a Barranquilla, de allá mis tíos nos traen a Bogotá.

¿Cómo se llamaba su esposo?

Mi esposo se llamaba Erwin Kraus, él era un gran pintor y alpinista. Además fue la primera persona en subir el monte Simón Bolívar en la Sierra Nevada de Santa Marta. Su familia era dueña de una joyería acá, por lo que llevaban muchos años viviendo en Colombia. Mi suegro, Anton Krauss, fue el fundador del Colegio Andino en 1921 acá en Bogotá. Entre sus primeros estudiantes estaban sus tres hijos, donde mi esposo era el mayor.