Las huellas de la violencia contra la mujer

Martes, 19 Marzo 2019 18:49

En el 2017, Medicina Legal dio a conocer que por cada 100 mil colombianos se registraron 123 casos de violencia de pareja contra la mujer. Estas derivan en lesiones físicas y psicológicas, homicidios e incluso suicidios.

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Ana María, una estudiante de enfermería, quedó en embarazo cuando cursaba su cuarto semestre en la universidad. Tenía 20 años y llevaba tan solo tres meses de relación con su pareja cuando decidió parar su formación académica a causa del bebé que venía en camino y casarse con el padre. Cuando Laura Alejandra nació y empezó a crecer, se detonó la razón para que comenzaran los conflictos en el hogar. Ana María era una madre primeriza y, aunque intentaba cuidar lo mejor posible a su hija, también cometía errores.

Primero, empezó con una violencia de tipo psicológica, de tipo verbal, pues me decía cosas como 'eres bruta', no entiendes. Yo estudiaba enfermería y él me decía 'yo de usted no me dejo recetar ni una aspirina, usted es muy lenta, usted no puede' y eso ya después se fue volviendo un tema físico”, afirma Ana María.

Como ella, según un informe del Observatorio de Bienestar de la Niñez del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en el año 2014 hubo 659.202 embarazos adolescentes, de los cuales el 21.5% eran madres cuyas edades rondaban entre los 15 y los 19 años, es decir que una de cada cuatro mujeres dio a luz estando en este rango de edad.

Según cifras publicadas por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en el 2017 se presentaron 77.610 casos de violencia intrafamiliar en Colombia. De estos, dos de cada tres son de violencia entre pareja, es decir 50.072, y más del 80% son contra la mujer, pues por cada hombre que denuncia ser víctima de violencia por parte de su pareja, seis mujeres lo hacen. En su mayoría, los agresores suelen ser los compañeros o excompañeros permanentes, como lo muestra la Tabla 1, y los principales factores desencadenantes de la agresión son: la intolerancia, el machismo, los celos, la desconfianza y las infidelidades (Tabla 2).

Tabla 1 (para interactuar con las tablas 1, 2 y 3 dé clic sobre las imágenes)

 

Tabla 2

 

Medicina Legal reporta que específicamente en Bogotá se presentaron 10.734 casos de violencia intrafamiliar contra la mujer en el año 2017. En la Tabla 3 se muestra que las localidades más recurrentes en las que se dieron estos episodios son Kennedy (1.894 casos) representando un 17,6%, Ciudad Bolivar (1.377 casos) con un 12,8% y Bosa (1.207 casos) con un 11,2%. En otros casos se denunciaron menos casos, como en La Candelaria: 44 casos, es decir un 0,4%.

Tabla 3

Laura Alejandra, que en ese entonces era una bebé de apenas unos meses, cuenta que una vez su madre le estaba dando de comer y, sin querer, se pasó un trozo de pollo que la hizo atorarse. Su padre se enojó con su madre y empezó a zarandearla y a golpearla por lo que había pasado. Este fue el inicio de la violencia que comenzaron a vivir Ana María y Laura Alejandra en su casa y es parte de uno de los 658 casos que se presentaron en Bogotá de violencia intrafamiliar, entre los 15 y 19 años, en 2017.

Cuando sufrí por primera vez el abuso físico, yo como que no podía creer lo que me estaba pasando, como que quería estar en una pesadilla y simplemente despertar. Pensaba que eso nunca más volvería a pasar, pero eso es mentira, una vez que ocurre, sigue ocurriendo. Además estas personas que ejercen el maltrato y la violencia siempre tienen una justificación, es decir siempre lo culpan a uno. 'La culpa es suya porque no hizo esto bien, porque descuidó al bebé, porque dejó quemar la comida, etc'”, comenta Ana María.

Según el Código Penal Colombiano, la violencia intrafamiliar se presenta cuando hay un maltrato físico o psicológico contra cualquier miembro del núcleo familiar, esto incluye a: padre, madre, abuelos, hijos, hijos adoptivos, personas que permanentemente están integrados a la unidad doméstica o personas que no son miembros de la familia pero están encargados del cuidado.

En otras ocasiones, Laura Alejandra cuenta que su padre tiraba al piso a su madre, la golpeaba e incluso la escupía por cómo ella desempeñaba su rol de madre. Después de estos primeros abusos, Ana María decidió ir a denunciar a quien era su pareja. Sin embargo, sus suegros, es decir los padres del agresor, se encargaron de convencerla de no hacerlo e intentar arreglar la relación de la ‘mejor forma posible’. Laura es quien cuenta esta historia, pero afirma que cuando era pequeña nunca presenció los actos violentos de su padre, simplemente escuchaba los estruendos, los golpes y el llanto de su madre, pues ella procuraba mantenerla alejada cuando ocurrían estos episodios. A sus cinco años, Laura relata que su padre empezó a beber mucho y como ella lo afirma: “violento y borracho no combinan, las cosas se pusieron peor”. Este fue el detonante para que Ana María decidiera separarse.

Yolanda Gómez, psicóloga de familia de la Secretaría de Integración Social, considera que la violencia contra la mujer en el ámbito familiar conlleva a que exista una desigualdad frente al sexo y la cultura. Las mujeres, en su gran mayoría, permanecen en el hogar, ejercen el rol de amas de casa; lo que las convierte en personas más vulnerables frente a esa misma violencia.

Después de la separación, Laura Alejandra cuenta que sus padres estuvieron así durante un año y ella junto a su madre se fue a vivir con sus abuelos maternos, pero constantemente, después de las borracheras de su padre, se presentaban ocasiones en las que este se iba hasta donde ellas vivían para agredir a su expareja. Pasado el año, retomaron la relación y “ahí fue cuando empezaron los verdaderos problemas”, según relata Laura Alejandra, pues al lograr comprar una casa, adquirieron mayor privacidad y la violencia aumentó, al igual que el silencio.

En un informe de Medicina Legal sobre violencia intrafamiliar publicado en 2016 se afirma que “la violencia contra las mujeres se expresa en diversas formas y espacios de convivencia. Si bien se trata de un problema que afecta de manera individual a quienes la padecen, debe entenderse como un fenómeno estructural con repercusiones sociales múltiples”. En el caso de Ana María, se entrevé que el espacio en el cual ocurrieron los actos fueron en su propio hogar y las repercusiones sociales las tuvo cuando sus suegros decidieron intervenir en la situación, pues posterior a esto el agresor empezó a controlar su forma de vestir, a dónde salir, con quién hablar, entre otros cosas de su vida cotidiana.

Según la psicóloga Gómez, este es un tema bastante complejo porque evidencia que la mujer está eligiendo a la persona que no es adecuada para su vida. “Las mujeres eligen a aquellos hombres que carecen de autocontrol y que, al interior de la relación de pareja, tienen una cantidad de problemas de tipo psicológico que conllevan a que se de un alto número de asesinatos, es decir feminicidios.” Con esto, asegura que, incluso, se han presentado casos en los que las parejas pierden el autocontrol y asesinan a su acompañante en frente de sus hijos. “Yo pienso que esto nos da una radiografía de las alteraciones que se dan en las familias y el manejo inadecuado de los conflictos internos”, dice Gómez.

Humberto González Galbán y Teresa Fernández de Juan, sociólogos de la Universidad Autónoma de Baja California, afirman en su artículo “Género y maltrato: violencia de pareja en los jóvenes de Baja California” que en la pareja, las más afectadas por la violencia son las mujeres, debido a su menor poder social y físico. Esto se debe a que se construyen relaciones basadas en la desigualdad y hay una frecuente presión del género masculino sobre el femenino. A través de la internalización de sus modelos hogareños, la mujer y el hombre han aprehendido la normalidad de la dominación masculina, lo cual suele minimizar su visibilización, como lo afirman los autores.

Hubo ocasiones en las que si Ana María preparaba la comida y, si a su marido no le agradaba, él le tiraba el plato al piso diciendo “no, yo no quiero eso, prepáreme otra cosa”. Para ese momento, Laura Alejandra ya era consciente de la violencia física y psicológica que sufría su madre, pues más allá de los alimentos, él se encargaba de controlar todo el entorno de su pareja, incluso le decía las prendas que podía o no usar: “nada de faldas, nada de jeans ajustados, nada de escotes”. A sus 28 años, Ana María ya se tenía que vestir como una señora de la tercera edad.

“Uno llega al punto en el que intenta vivir como esa persona quiere, entonces si a él no le gustaba que yo usara determinada ropa, entonces yo no la usaba; si había cosas que no le gustaba que yo dijera, yo no lo decía; si él no quería que yo saliera, yo no lo hacía. Ese tipo de acciones lo terminan alejando a uno de su círculo de amigos y familiares, porque yo tenía que estar el cien por ciento del tiempo disponible para atender sus necesidades”, lamenta Ana María.

Según los datos de Medicina Legal, los principales escenarios en los que se presentan las agresiones son la vivienda, con un 62%, y la calle, es decir autopistas y avenidas dentro de la ciudad, con un 12%.

Tabla 4

 

Además, como se puede ver en la Tabla 5, estos también revelan que el día de la semana en el que más abusos se presentan es el domingo, pues en este día aparecen reportados 10.733 casos. Es decir, uno de cada diez casos de violencia intrafamiliar contra la mujer se llevan a cabo ese día, y en cuanto a horas, las horas críticas son de 6:00pm a 8:00pm y de 9:00pm a 11:00pm (Tabla 6). En el primer rango de tiempo se han reportado 8.817 casos, es decir un 20,1%, y en el segundo 8.499, un 19,4%.

Tabla 5

 
Tabla 6 

Aparte de los maltratos físicos y psicológicos a los que se sometía Ana María, había también violencia sexual. Laura Alejandra hasta hace poco tiempo se enteró de esto, pero al parecer, su madre era forzada a tener relaciones sexuales con el agresor: “él la golpeaba hasta lograr su cometido”, denuncia. Ana María intentaba mantener todos estos abusos en privado, pues su hija era una pequeña de 7 u 8 años de edad.

Después de unos años, yo estúpidamente creía que él iba a cambiar, pero nunca lo va a hacer, el que es un patán, siempre va a ser un patán. Uno se va olvidando de quién era uno, de cuáles eran sus sueños, de cómo se imaginaba uno que iba a ser en su edad adulta, por estar siempre a merced de él”, afirma Ana María.

El artículo 229 establece que cuando el delito cometido no incurre en penas mayores, la condena puede ir de 4 a 8 años de privación de la libertad y esta puede aumentar dependiendo de la persona que fue agredida, es decir si es menor de edad, de la tercera edad, persona con condición de discapacidad, etc. En el caso de violencia sexual, la pena puede aumentar considerablemente.

Unos años después, su padre empezó una relación con otra mujer, quien actualmente es su madrastra. Cuando su madre se enteró de esto, ella le volvió a pedir el divorcio y tuvo que hacerlo de la manera más estratégica posible, pues se encargó de quedar cerca a la puerta de salida de la casa, para poder salir corriendo en caso de que él se quisiera lanzar a golpearla. Después de esta segunda separación, Laura Alejandra cuenta que la relación con su padre siempre fue muy mala, ya que a pesar de verlo frecuentemente, porque él era quien le daba el almuerzo cuando ella llegaba del colegio, también adquirió la costumbre de agredirla física y psicológicamente.

“Una vez él pensó que yo le estaba contestando muy mal y me pegó una cachetada y me dijo ‘a usted nadie la quiere, usted es una porquería, usted es un pedazo de mierda, y si le tengo que cascar lo hago y si tengo que cascar a su mamá, pues la vuelvo a cascar’, o sea él siempre ha sido así, pero yo quedé como traumada con eso”, recuerda Laura Alejandra.

En esta ocasión, Ana María denunció el acto de violencia contra su hija, pues ya sabía muy bien de lo que era capaz su expareja. Pero las autoridades ignoraron la denuncia, solo le respondieron que “los padres deben corregir a sus hijos y ellos deciden la manera de hacerlo”. Por esta respuesta, ellas dejaron de lado el tema y no volvieron a intentar denunciar los abusos.

Actualmente, la situación ha cambiado un poco de roles, pues Laura Alejandra cuenta que ahora es su madrastra quien le pega a su padre. Está pareja tuvo otros hijos, y algunos de ellos padecen de enfermedades psicológicas o motrices. Esto ha provocado varios episodios de violencia por parte de su padre, quien aún golpea fuertemente a sus hijos. El caso ha llegado al punto que la familia está evaluando llamar a Bienestar Familiar para que intervengan en el cuidado de los menores.

Por su parte, Laura Alejandra y Ana María actualmente viven juntas. Aunque mantienen contacto con el agresor porque sigue cumpliendo su responsabilidad a nivel económico como padre, su relación es distante ya que ellas decidieron que así fuera.

Según el informe Forensis 2017, durante el decenio 2008-2017 el sistema medicolegal colombiano realizó 531.046 valoraciones por violencia de pareja, tanto a hombres como a mujeres. Es decir, un promedio de 53.105 valoraciones por año. Este reporte muestra que la tasa más alta por cada cien mil habitantes durante este periodo se presentó en el año 2009 (168,13) y la más baja en el 2013 (116).

Información adicional

  • Coautor 1: Paola López
  • Coautor 2: Juliana Torres