Un golpe a la violencia de género

Sábado, 09 Marzo 2019 11:36

En prácticas como el Krav Maga y el Kick Boxing, las mujeres encuentran una oportunidad para aprender a defenderse ante situaciones de riesgo o agresión.

Entrenamiento de Krav Maga||| Entrenamiento de Krav Maga||| Laura Ortiz|||
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Guisell combate con un hombre mucho más alto que ella. La diferencia es de al menos 10 centímetros, pero no duda en lanzarle una patada a la entrepierna y luego continuar una serie de golpes dirigidos a la garganta. Actúa rápido y no pierde de vista a su presunto agresor. Lo enfrenta entregando todo de sí misma. A su alrededor hay otras cinco parejas —la mayoría conformadas por mujeres— que al igual que Guisell, practican entre sí varios movimientos que podrían salvar sus vidas ante cualquier peligro.

Ellas hacen parte de un grupo de 20 personas que llevan varios meses entrenando Krav Maga, un sistema de defensa personal creado por el checoslovaco Imi Lichtenfeld a finales de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, es un método de combate empleado por el ejército israelí que ha sido adaptado para la autoprotección de los civiles. A Colombia llegó de la mano de la Federación Internacional de Krav Maga —IKMF, en sus siglas en inglés— y hoy cuenta con varias sedes en el país —en Bogotá, Cali y Bucaramanga—. En la capital, mujeres de todas las edades se dan cita los fines de semana, o martes y jueves, para niveles más avanzados, en el Complejo Deportivo El Salitre, con el propósito de aprender a conservar el control ante situaciones violentas y sobrevivir.

Después de un cambio de parejas, el instructor pasa por cada una corrigiendo las posturas y dando recomendaciones para mejorar el equilibrio o la contundencia de los movimientos. A Guisell le indica que debe empinar su pie de apoyo y lanzar el ataque con más fuerza. “¡Posición de defensa! ¡Posición de combate! ¡Fire!”, grita alentándola a unirse a la lucha. Con esta indicación, ella comienza una nueva andanada de puños y patadas a su nueva compañera y ella las recibe con un escudo hecho de espuma. Los golpes son fuertes. Lo suficiente como para hacerla retroceder un par de pasos.

Mujeres peleando
Las mujeres que entrenando Krav Maga. Por Laura Ortiz

Guisell —quien prefirió no dar su apellido—, es estudiante universitaria y tiene 20 años. Aunque le costó en un principio seguir el nivel de exigencia física del Krav Maga, afirma que poco a poco se ha podido acoplar al entrenamiento. “El Krav Maga ha generado muchos cambios en mi mentalidad. Uno se vuelve más despierto, más abierto al entorno”. También señala algunas de las ventajas que le podría dar a las personas la práctica de esta disciplina. “Lo que me gusta del Krav Maga es que lleva a las mujeres a buscar estrategias para poder salir de ciertas situaciones. Aunque los hombres puedan tener mayor fuerza que nosotras, el entrenamiento nos motiva a no dejarnos vencer y a buscar nuestras propias fortalezas”.

La mujer que recibe los golpes propinados por Guisell se llama Érika Oliveira, de 25 años. Ella entró al curso motivada por la necesidad de aprender a defenderse luego de sufrir un intento de robo en la calle. Gracias a las habilidades que ha adquirido en el curso, Érika siente que ha cambiado su actitud. “En el trabajo a veces tengo que salir tarde, y llegar al barrio [Sierra Morena, en la localidad de Ciudad Bolívar], que es un poco inseguro. Pero la verdad me siento más motivada y más segura al salir, porque uno ya se puede defender”. Érika no sólo quiere aprender más del Krav Maga, sino que desea convertirse en instructora. “Quiero ser una motivación más para mi comunidad, para el resto de mujeres, para que puedan conocer un poco más de cómo defenderse en las calles”.

Daniel Santos, director de la Federación Internacional de Krav Maga para Colombia e instructor con una trayectoria de más de seis años, explica que esta iniciativa tiene como fin “proveerles herramientas a las mujeres para que aprendan a defenderse ante cualquier situación”. Desde su perspectiva, aunque la violencia de género es un tema de gran importancia, no existen métodos realmente efectivos para la protección femenina en las calles, especialmente “en esta sociedad que llega a ser hostil para las mujeres”, afirma. Ante este escenario, el Krav Maga se piensa como un sistema útil para todo tipo de personas, sin importar su tamaño o fuerza. Según Santos, estas técnicas de defensa personal “transforman a las mujeres porque las empodera frente a sus miedos, frente a sus agresores, y las lleva a tomar acciones para confrontar situaciones de alta agresión de manera muy satisfactoria”.

En el país, la situación de seguridad de las mujeres muestra un panorama preocupante. Según datos de la Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana, el 52.42% de las víctimas de hurto en el país son mujeres. En las grandes ciudades, existe una percepción de inseguridad mayor por parte de las mujeres —un 64.5%— en comparación con los hombres —un 60.7%—. Las cifras de maltrato físico también revelan grandes retos para las políticas de protección a la integridad de las mujeres. De acuerdo con el informe de la organización Sisma Mujer, en el año 2017 se registraron al menos 15.215 casos de maltrato físico contra mujeres en el país, lo cual supone un caso cada 34 minutos.

Uno de los eventos más lamentables de violencia contra las mujeres fue la muerte de Rosa Elvira Cely, encontrada sin vida en el Parque Nacional de Bogotá en mayo de 2012. Las investigaciones del caso concluyeron que Cely había sido atacada por uno de sus compañeros de clase. Hechos como esta muerte han hecho más visible la necesidad de muchas mujeres de contar con herramientas efectivas para su protección frente a distintas amenazas y, sobre todo, crear espacios para el autocuidado.

Cuatro años después, la Liga de las Mujeres—una alianza de organizaciones feministas y LGBTI de Bogotá— creó la escuela de defensa personal Rosa Elvira Cely. Iniciativa que para ‘Bengalas’—quien pidió a Plaza Capital ser identificado por su sobrenombre—, instructor de la escuela y peleador de Kick boxing, responde a “la necesidad de construir desde lo colectivo espacios seguros y formas de habitar la ciudad, en donde las mujeres se empoderen, no solo de manera individual sino colectiva”.

Guantes Azules
Imagen de Archivo @Escuela De Kick Boxing Rosa Elvira Cely

Todos los martes, a las 6 de la tarde, mujeres entre los 20 y 30 años se reúnen para entrenar juntas Kick Boxing. El salón que les sirve como lugar de encuentro está equipado con algunas pesas, máquinas para ejercitarse y colchonetas. La sesión inicia con un calentamiento que consiste en un circuito de ejercicios, con los cuales buscan fortalecer los músculos del cuerpo antes de aprender las técnicas de defensa. Primero son sentadillas, luego siguen varios levantamientos de pesas y mancuernas, para terminar con una serie de abdominales, y así sucesivamente hasta completar el circuito. Al terminar la ronda, el cansancio es evidente. Las chicas toman agua antes de continuar con la siguiente parte del entrenamiento.  

Lucy, quien prefiere no decir su nombre completo, respira varias veces para poder recuperarse del esfuerzo. Tiene 28 años y es argentina. Hace dos años llegó a Bogotá y lleva ocho meses asistiendo a las clases de kick boxing. Apenas comenzó a entrenar, “se enganchó” con el colectivo. Para ella, la formación en defensa personal no solo le ha generado cambios físicos, también le ha permitido ganar confianza en sí misma y no sentirse incómoda andando en la calle. Sin embargo, es un proceso que requiere tiempo. “No es mágico que tu vengas acá y de repente ya no tengas más miedo o no te sucedan cosas. Es más una cuestión de empoderamiento. Hay situaciones en las que me sentía más vulnerable, pero ahora siento que puedo tener una herramienta muy poderosa de defensa”.

La segunda parte de la sesión pone en práctica varios estilos de patadas —como los Low Kick y las High Kick— y los golpes de puños —como los jabs, los cross y los ganchos—. Repiten los movimientos una y otra vez hasta lograr interiorizarlos. “Acá aprendemos unas técnicas de defensa que nos van a permitir tener un segundo o dos para poder correr y escapar. O para pedir ayuda. Sirven para no sentirte expuesta todo el tiempo”, afirma Lucy. Por eso considera que la experiencia que ha tenido en la escuela la ha hecho reflexionar sobre el papel de la mujer: “No por ser mujer, ni por percibirte a ti misma como mujer, necesariamente eres más débil o tienes menos fuerza. Es un poco sacarnos esta idea y desaprender lo que hemos adquirido, que porque seas mujer no puedes. Hay que darle la vuelta a esto”.

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Un golpe a la violencia de género Realizado por: Laura Ortiz Casallas