Los retos de la inmigración en un mundo con COVID-19

Jueves, 28 Enero 2021 10:04
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"Un adiós se fue sin ton ni son, a buscar un paraíso, y encontró desilusión”

Canción Emigrante,  Orishas

La falta de medidas de bioseguridad, el cierre de fronteras, y el hacinamiento en los campos de refugiados posicionan a los migrantes como una de las poblaciones más vulnerables del mundo. ¿Cuáles son los retos de un refugiado? ¿Cómo afecta el COVID-19 a estas comunidades? ¿Quién es el responsable de garantizar sus derechos?  

 

Mujer refugiada con su hijo en el Puerto del Pireo de Atenas (Grecia, 2016)||| Mujer refugiada con su hijo en el Puerto del Pireo de Atenas (Grecia, 2016)||| Fátima Martínez Gutiérrez|||
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Los migrantes y sus condiciones

La movilidad humana es un fenómeno muy antiguo. Es importante entender que migrantes los hay muchos. Algunos escogen migrar mientras que otros se ven obligados a hacerlo. Según la Organización Internacional para la Migración (OIM), un migrante es “cualquier persona que se está moviendo o se ha movido entre fronteras internacionales o dentro de un estado lejos de su lugar de residencia habitual sin importar: el estado legal de la persona, si el desplazamiento es voluntario o forzado, o la longitud de la estadía en otro lugar”. (United Nations , s.f.). Las razones para migrar varían, sin embargo, todos tienen algo en común: La idea de mejorar su calidad de vida. Esto ha llevado a que se plantee la discusión de sí migrar es un derecho humano o no. De hecho, dentro de los objetivos de desarrollo sostenible se encuentra el facilitar los procesos de migración de forma ordenada, segura, regular y responsable. No obstante, muy pocas (por no decir ninguna) de estas condiciones se materializan cuando se es un refugiado. 

Los migrantes se pueden clasificar en dos grandes categorías: las exógenas y las endógenas. ¿De qué sirve conocer estas razones? Básicamente, para poder identificar las condiciones en las que se dan las migraciones debido a que enfrentan distintos tipos de retos. Por un lado, están las razones endógenas como reunirse con familiares, formar una familia con una persona extranjera o buscar un mejor lugar de trabajo o educación. Las personas que realizan este tipo de migración usualmente acuden por vía legal a visas o residencias. Por el otro lado, las razones exógenas son las más comunes e incluyen situaciones de alto riesgo, como por ejemplo, escapar de zonas de guerra, regímenes políticos autoritarios o dictatoriales, evitar el terrorismo, huir de lugares donde las personas están sometidas a violaciones sistemáticas de derechos humanos, condiciones climáticas hostiles o desastres naturales.

Gran parte de los migrantes conocidos como refugiados pertenecen a esta categoría. Son ellos de quienes se hablará en este artículo. Imaginarse una situación en la que la única solución es desarraigarse para sobrevivir es realmente extrema. En la actualidad existen demasiadas barreras legales y culturales que hacen de la migración un proceso lento, complicado y costoso. Es por ello por lo que muchos optan por cruzar de forma ilegal las fronteras y enfrentarse a todos los peligros que esto implica.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta un refugiado? ¿Cómo es su estilo de vida?

Al límite. Sin duda esa es la palabra que mejor describe la situación de los refugiados. El 74% de los refugiados no contaba con las formas de adquirir sus necesidades básicas incluso antes del COVID-19. Los refugiados están expuestos a situaciones de estrés como torturas, amenazas o violencia que debilitan su salud mental. A ello hay que sumarle el hecho de estar separados de su lugar de origen y familiares, además de la incertidumbre que supone llegar a un lugar desconocido.

Gran parte de ellos tiene condiciones de trabajo informales (viven del diario o su capacidad de ahorro es limitada) y de bajos ingresos. Esto lleva a la necesidad de mendigar o acudir a actividades ilegales como la trata de personas, el trabajo forzado o la distribución de drogas en que tanto adultos como jóvenes están inmiscuidos para sobrevivir, las niñas y adolescentes son las más vulnerables a caer en redes de prostitución. Los niños tienen bajos niveles de escolaridad e interrupciones constantes en sus procesos de aprendizaje (algunos campos de refugiados tienen escuelas formales e informales donde se les alfabetiza). Las comidas están racionadas y muchas veces hay demasiadas bocas que alimentar. En los campos y asentamientos hay una gran cantidad de espacios comunes, desde las tiendas en que se duerme hasta las letrinas.  Las filas para los pozos son interminables y sin duda el acceso al agua es un privilegio. Las infraestructuras sanitarias son casi inexistentes y sí las hay son insuficientes para la cantidad de personas que diariamente transitan y sufren de enfermedades comunes en esos lugares.

Pero todo lo anterior ahora pasa a un segundo plano. Ahora hay un nuevo peligro: tras días o semanas de huidas, falta de alimentación adecuada y tener el cuerpo magullado y herido, los refugiados llegan a campos o centros de acogida donde les espera una nueva mala noticia, un nuevo terror: la existencia de COVID-19 y la alta posibilidad de contraerlo.

¿Cómo agrava el COVID-19 la vulnerabilidad de los migrantes?

En primer lugar, el acceso limitado a agua y jabón impide la limpieza diaria necesaria para contener el virus. ¿Saben cuántos litros de agua por persona son necesarios para vivir dignamente? Son 1,5 litros diarios. Más del 22% de los asentamientos no cuentan con esta cantidad de agua. Solo la mitad de las personas en los campamentos pueden costearse una barra de jabón. ¾ partes de las personas no cuentan con instalaciones para lavar sus manos. (ACNUR , 2020) Otro de los problemas más serios es que debido a las disrupciones en las cadenas de suministros y el aumento de los precios de los bienes esenciales han limitado y disminuido el tamaño de las raciones de comida. Esto sin mencionar que la mayoría de los refugiados están subalimentados o desnutridos.

Por otro lado, hacinamiento que se vive en los asentamientos es incompatible con la cuarentena ¿Qué significa quédate en casa cuando no se tiene una? Hay una inhabilidad de mantener la distancia social. No existe espacio para camas UCIs ni hay médicos capacitados para tratar el COVID.19. Es difícil realizar seguimientos acerca de quién entra o deja las tiendas. Esto es problemático puesto que aumenta la incapacidad de aislar y tratar pacientes que tienen la enfermedad.  Además, hay capacitad limitada de efectuar pruebas:  son muy pocas disponibles y ni que decir del tapabocas o de los medicamentos.

El cierre de fronteras genera aún mayor dificultad de movilizarse entre países, hay una parálisis de programas de reasentamiento de refugiados y desplazados porque los vuelos de ayuda humanitaria son mínimos. Algunos campos tienen restricciones para el personal voluntario en campamentos. Esto ha generado un retroceso en calidad de vida en los campos de refugiados que no se había visto desde hace dos décadas. Entre los más afectados están los sirios, los congoleños y los libaneses. Muchos están estancados en espacios de acogida en Níger y Ruanda. 

En el 2020 aumentó drásticamente la xenofobia y la discriminación (asunto con el que ya lidiaban bastante, solo hay que pensar en la situación que viven miles de venezolanos en Colombia o los desplazados en Centroamérica). Esta discriminación se ve en forma de acoso, hostigamiento o persecución. Todas estas situaciones han llevado a que algunos refugiados huyan de los campos debido a la intensificación de los niveles de estrés, desconfianza, ansiedad y paranoia. Las personas con condiciones graves de salud tienen miedo a acudir a centros de salud oficiales y fuera de los campamentos por el riesgo de ser detenidos o deportados, además de las barreras de costos, diferencia de idiomas, normas de género y otras condiciones culturales que dificultan una atención médica integral.

Aunque no todo son desgracias. Algunos líderes de las comunidades de refugiados presentan altos niveles de resiliencia y demuestran como las peores situaciones pueden sacar lo mejor de nosotros como seres humanos. Uno de los mejores ejemplos es que los jóvenes en Tigray, Etiopía asumieron la primera defensa, ellos se encargan de hacer rondas repartiendo raciones, jabones, informando a la gente sobre los síntomas, etc. Esto llena los vacíos que dejaron los trabajadores humanitarios que no pueden acceder a los campos. Otro caso positivo es el de Innocent Havyarimana, un refugiado que llegó a Kenia de Burundi y ahora hace jabón artesanal que brinda a las otros residentes de Kakume. Se han fortalecido los lazos comunitarios en especial en campos donde la situación es más agobiante como Lesbos en Grecia o Kutupalong en Bangladesh.

La mayoría de las personas refugiadas vive en países subdesarrollados con sistemas de salud que ya están sobrecargados, pero la esperanza viaja con las personas. Ellas no pueden solas, necesitan de la asistencia de las autoridades transfronterizas, de los gobiernos, de las instituciones.

¿Qué pueden hacer los estados para mitigar la vulnerabilidad de los refugiados?

A pesar de que varios estados trabajan en conjunto en organizaciones como OIM o el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los  Refugiados (ACNUR), el financiamiento de estas organizaciones ha caído drásticamente debido a la pandemia, donde la mayoría de los fondos han sido destinados a los planes de salud. No obstante, esto no exonera a los países de la responsabilidad de invertir en políticas que fomenten la cohesión social y adoptar narrativas que respeten todo tipo de identidades. Se debe priorizar en la agenda política promover la cooperación internacional en asuntos migratorios. Seguir contribuyendo a la realización del Plan Mundial sobre los Refugiados y reducir la cantidad de barreras burocráticas para la migración y así reducir los niveles de clandestinidad. Algunos adelantos se han hecho en países como Irak y Uganda, donde los migrantes tienen acceso gratuito al sistema de salud (aun así, el virus se ha expandido a una velocidad impresionante, lo que lleva a la priorización de ciudadanos nacionales).

 En medio de una crisis de salud pública es importante entender que nadie está seguro hasta que todos estemos seguros, por ello, se debe financiar y colaborar a la población en riesgo. ¿Cómo lograr una inversión inteligente? Se deben tratar cuatro puntos clave: Aumentar las campañas de concientización acerca del COVID-19 y sus efectos; brindar infraestructura para mejorar la calidad sanitaria de los campos de refugiados como, por ejemplo, instalar estaciones de lavado de manos y dispensadores de alcohol con pedales; crear tiendas especializadas para pacientes covid-19 y por último buscar formas de reintegrar a los refugiados en lógicas económicas.

Suena sencillo en el papel, pero es toda una hazaña que requiere de planeación metódica. Esta planeación requiere hablar con refugiados y migrantes para entender de forma holística sus necesidades, pues muchos gobiernos optan por adoptar las medidas sin su consentimiento. Otro asunto importante a tener en cuenta es que se deben evitar las deportaciones a lugares de alto riesgo de las personas refugiadas, pues aparte de que la logística de estos procesos es costosa e impráctica, se les está revictimizando al devolverlos a su lugar de origen, donde probablemente haya peores condiciones de seguridad y salubridad.

¿Qué nos depara el futuro de la movilidad humana?

No es difícil imaginar que la movilidad en los próximos años estará reducida, no solo a nivel internacional sino también local. Las restricciones y cierres permanecerán hasta que se estabilicen los sistemas de salud y haya planes de vacunación masivas, lo cual va a tardar bastante en los países subdesarrollados donde están la mayoría de los refugiados. Por ello, es urgente empezar a dignificar a los refugiados y migrantes, empezar a verlos como personas comunes y corrientes. Además, las sociedades son cada vez más multiculturales, multi étnicas y multi-religiosas. (ACNUR , 2020)  

La forma más rápida de alcanzar esto es a través del reconocimiento. No hay que olvidar que “en la uniformidad está la muerte; la diversidad está la vida”. No deben verse como una amenaza. La situación actual es desalentadora. Es necesario flexibilizar e incluir a los refugiados y migrantes en las políticas públicas que les conciernen. Ha llegado el momento de innovar y emprender acciones colectivas e internacionales a gran escala que faciliten la búsqueda de mecanismos de regularización de estados migratorios de manera sostenible. De esta forma se podrá llegar a un mejor control y seguimiento de los refugiados, pero, sobre todo, se podrá mejorar la calidad de millones de personas alrededor del mundo a quienes la vida no les ha sonreído.

Si es de su interés el tema les invito a conocer iniciativas como “I am a migrant” en que varias personas comparten sus experiencias de vida o “I am a Refugee”, así como las páginas de ACNUR.  

Algunos campos de refugiados donde se viven situaciones complicadas  

  • Beeka, Líbano
  • Kutupalong, Bangladesh
  • Mogadisco, Somalia
  • Daabad y Kakuma, Kenia (470.000 personas)
  • Moria, Grecia (recientemente hubo un incendio que dejo muchos heridos y causo la crisis en Lesbos)
  • Dollo Ado, Etiopía
  • Lipa, Bosnia
  • Za’atari, Jordania 46.103 personas
  • Ajoung Thok, Sudan del Sur.
  • Idib, Norte de Siria
  • Tamil Nadu, India (67.165 personas)
  • Urfa, Turquía (218.000 personas)
  • Bredjing, Chad
  • Nakivale, Uganda

 

Bibliografía

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