Un viaje por las letras: el mundo inexplorado de los concursos de literarios

Jueves, 14 Mayo 2020 18:33

Cuatro historias dan luz al final del túnel de la cuarentena. Plaza Capital expone el impacto hasta ahora inexplorado que los concursos de escritura pueden tener mediante tres historias de concursantes y la de un concurso puntual. En 100 palabras es un concurso de escritura presente alrededor del mundo, Vladimir ganó el concurso de cuento de Ministerio de Educación en 1990 gracias a su tortuga. Valeria Múnera era estudiante de Medicina en la Universidad El Bosque, pero por el síndrome de Noonan en su corazón, tuvo que dejarlo y ahora estudiará Literatura. A Sofía, estos concursos le han mostrado algo más importante que la victoria: la moraleja de persistencia.

||||| ||||| Ilustrado por: Valeria Lopez|||||
304

En 100 palabras

En 100 palabras es un concurso de la Fundación Plagio, nacido en Santiago de Chile, en el 2001, donde invitaban a escribir en un máximo de 100 palabras sobre la vida urbana contemporánea. Nada más en Chile, son considerados de los concursos más masivos de ese país, habiendo recibido más de medio millón de cuentos. Sin embargo, también se desarrolla en otras regiones tanto del mismo país como del mundo. Desde Budapest, en Hungría, y Boston, en Estados Unidos, hasta Puebla, en México, Bogotá y Medellín, en Colombia.

En Colombia, En 100 palabras Bogotá cumple su cuarta edición y En 100 palabras Medellín celebra su tercera con la ayuda de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia (Comfama), el Metro de Medellín, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de la alcaldía, el Instituto Distrital de las Artes (Ideartes), la Secretaría de Educación, la Cámara Colombiana del Libro, y claro, la fundación Plagio.

Aunque solo residentes estables de la ciudad pueden participar en el concurso, la fundación cuenta con talleres abiertos y gratuitos. La intención es brindar una posibilidad a quienes creen que no tienen nada que decir. Específicamente para el caso de Medellín, han ido a ancianatos, casas de madres sustitutas, internados, reformatorios, y a áreas públicas como el Museo de Antioquia, zona sensible por la violencia y narcotráfico. En el 2018 hicieron aproximadamente 400 de estos talleres, en su segunda edición hicieron 800, y la meta para este 2020 son mil.

Liliana Echeverría Callejas, trabajadora de Comfama, considera En 100 palabras Medellín una fotografía de un momento, la oportunidad de mostrar belleza en lo cotidiano. En su primera edición, Liliana percibió un constante mensaje de esperanza. Recibieron más de catorce mil cuentos donde historias relacionadas con el metro, amor, violencia, y grupos armados son los protagonistas. En el 2019, sin embargo, en la mayoría de los más de doce mil relatos que recibieron, predomina una sensación de desesperanza, tristeza, abandono, y relevancia del papel de la madre.

A la fecha han publicado más de 4 mil autores y los textos ganadores son compilados en un libro, repartido en las calles. En Medellín ha sido con La colección Palabras rodantes, bibliotecas presentes en las estaciones de metro de la ciudad. De esta manera, han hecho veinte mil ejemplares, sin contar los escenarios virtuales tales como Metro Santiago, y exposiciones. Además, colaboran con artistas locales: compañías de teatro, escritores, ilustradores y artistas, potenciando las artes locales.

|Libro de los 100 textos ganadores. Tomado de: https://en100palabras.com/web/|

Los jueces son reconocidos escritores. Este año son Pilar Gutiérrez, directora de la Editorial Tragaluz, Andrés Burgos, cineasta y escritor, y Juan Pablo Hernández, director de la Fundación Taller de Letras Jordi Sierra I Fabra. En Bogotá son Ricardo Silva, para categoría adultos (mayores de 18 años), y en la categoría juvenil (entre 14 y 17 años), a Yolanda Reyes, y a Alejandra Algorta, editora y fundadora de la editorial de poesía Cardumen Libros.

El niño que voló con su tortuga

Era 1990, y tenía 8 años. Fue en un concurso de cuento del departamento. Tenían que escribir un cuento que tuviera una moraleja que ayudara a las personas a motivarse. Solamente niños entre tercero, cuarto, y quinto, podían participar, y entre todos los colegios de San Andrés quedaron tres finalistas entre los que se encontraba. Viajaron a Bogotá, conocieron al presidente, la casa de Nariño, entre otras diferentes cosas con muchos otros niños de muchas otras regiones. La experiencia se la debe a un cuento, un escrito sobre una tortuga voladora el cual resumiendo va así:

La tortuga veía con anhelo todos los días cómo las águilas volaban. Él (porque era macho) quería poder hacerlo también. Intentó de muchas formas, saltando desde una roca, subiéndose a un árbol... Mientras, un águila lo veía y lo analizaba. Sabía lo que estaba intentando hacer. Así la tortuga se subió al árbol y tomó unas hojas para usarlas como si fueran alas, se lanzó. El águila, por pesar, lo tomó en el aire por encima del caparazón. La tortuga no se dio cuenta, y se fue volando con él hasta que llegó al piso. Una vez en el piso, se dio cuenta de que a pesar de no tener las posibilidades de volar naturalmente, lo pudo lograr. Los sueños siempre se pueden lograr.

El día que llegaron, les dieron un tour por la casa de Nariño y cuando iban saliendo, el presidente estaba ahí (era Gaviria). Le dieron la mano, a su esposa y también los hijos. Se quedaron en un hotel. Los recogían en la mañana, los llevaban en bus a los diferentes sitios. Entre ellos recuerda al jardín botánico, museo del oro, a salitre mágico, recuerda especialmente al avión de Avianca, entre muchos otros, pues durante una semana, era un sitio diferente. 

Antes solo había salido a Barranquilla, pero la capital es una cosa diferente. El tráfico era, y lo sigue siendo, un locura, las calles grandes, mucha aglomeración de gente, es muy diferente a lo que se acostumbra en una isla como San Andrés. Ver esos grandes edificios en el centro, la torre Colpatria, nunca había visto un edificio tan alto. Cuando volvieron, le tocó contar la experiencia en su colegio. Y como entonces, aquí cuenta:

“Me aportó cultura, conocimiento, ver otras personas de otra etnias, de otras regiones. Entonces ese intercambio cultural, a mí me parece que es lo más positivo que podría sacar de allí, y obviamente conocer un poco más de la historia de Colombia por todos los sitios que visitamos”.

Valeria, la adolescente que halló su camino

La Federación Colombiana de Enfermedades Raras (FECOER) define el síndrome de Noonan como un trastorno genético causado por una mutación en varios genes que causa el desarrollo anormal de diferentes partes del cuerpo. Las características del síndrome incluyen: rasgos faciales distintivos, estatura baja, malformaciones de los huesos, defectos del corazón, etc., y afecta a 1 de cada 2 mil 500 nacimientos.

Valeria es una joven de 18 años, y tiene el síndrome de Noonan. A Valeria le tocó el síndrome de Noonan miocardiopatía hipertrófica. En términos generales, la enfermedad afecta especialmente al corazón. No se puede estresar, porque puede empeorar los problemas que ya tiene. Es por esto que tuvo que renunciar al sueño que tiene desde donde recuerda: el de estudiar medicina. Sin embargo, paralelamente a su vida educativa, encontró el mundo de las letras, y entre ver Netflix, y sus terapias, dedicó tiempo a otra de sus pasiones: escribir.

Cuenta Valeria lo siguiente: “necesitaba desahogarme, necesitaba compartir mis sentimientos de frustración y de cariño hacia mí y hacia otros”. De esta manera, desde muy pequeña, comenzó a adentrarse más y más en este mundo de la Literatura, para participar este año en el concurso de escritura La Nueva Generación de Escritores. En él, cualquier hispanohablante menor de 35 años podrá enviar su poema o relato, y la editorial HAGO COSAS Spain, será el jurado seleccionador.

Hay concursos como este que cobran por inscribirse, pero también hay concursos que no, y el premio es bastante generoso. Entre ellos están el Premio Nacional de Libro De Poesía Ciudad De Bogotá que ofrece 45 millones de premio, El IX premio nacional de cuento La Cueva y XIII Premio de Literatura Infantil y Juvenil el Barco de Vapor SM que premian con 20 millones. Aunque está abierto para ciudadanos colombianos, solo mayores de edad pueden participar. Así como ser mayor de 18 años es requisito para Convocatoria de Estímulos MINCULTURA 2020, y Convocatoria Primera Edición Revista El Juglar cuyo premio es un diploma, y un ejemplar del texto publicado. Como este, otros concursos como Primer Concurso Literario de Cuento Plantas/Palabras, el I Concurso de Cuento Corto "Historias para Contar" 2020, y II Convocatoria a Colaboradores de Revista Literaria La Iguarya también ofrecen publicar el texto ganador.

Así, no solo por la motivación del premio, sino también el privilegio de ser publicado, una terapia vocacional, y su pasión, Valeria ha decidido cambiar la bata blanca, por un lápiz y una hoja. “Y hacer una especialización y una maestría de creación literaria y ya de ahí poder tener las herramientas para estar en una editorial o ser critica de libros, eso estaba pensando”.

Sofía, el aprendizaje de los valores

Sofía Moreno es una joven de 17 años. Sofía participa desde hace más de 10 años. A Sofía siempre le ha gustado escribir, es del tipo que disfruta las actividades creativas, especialmente cuentos, canciones y poemas. Aspira estudiar cine, y considera que una buena forma de practicar para la prueba es presentándose a estos concursos, ya que la obliga a ponerse juiciosa a estudiar. Hoy participa en Mi cuento es escribir, concurso de cuento y poesía organizado por DASCD (Departamento Administrativo del Servicio Civil Distrital). No solo este, sino todos los concursos literarios tienen normas específicas sobre el tema (muchas veces una pregunta), el tipo de texto, el formato, la extensión, y una ficha con los datos necesarios.

El proceso de los concursos de literatura, cuenta Sofía, se sigue por la siguiente secuencia: anuncian una convocatoria a través de redes sociales, televisión, entre otras, dan los parámetros, se manda el escrito, jurados seleccionan al ganador, y se entrega el premio. Normalmente hay diferentes etapas de selección caracterizadas por fases, “cómo en los reality shows”, dice “los jurados eligen y anuncian a los que quedaron, y así hasta que finalmente anuncian a los ganadores”.

Define el hecho de hacer parte como algo extraño. Y así es. Los pensamientos van de la famosa frase “lo que importa no es competir, sino el esfuerzo”, pero al no ver resultados, pasa a considerarse un esfuerzo perdido. Así, hay que reconocer que hay un bajón de autoestima por seguir y seguir perdiendo, pero al mismo tiempo cuando se obtienen los resultados, “uno se siente mal de ganar o llegar a una etapa alta, pues hay mucha gente que se esforzó más y merece más reconocimiento. Es una montaña rusa definitivamente, mil cosas pasan por la cabeza mientras se escribe y se envía el escrito” afirma Sofía.

Cuando tenía 8 años, Sofía escribió el cuento titulado La tigresa de la selva:

Hace cuatro años el 15 de noviembre, una hermosa tigresa nació. Sus papás no la querían y la abandonaron en la selva lluviosa apenas cuando era una recién nacida. Ella no tenía familia y fue creciendo y creciendo cada mes. Un día, la tigresa teniendo apenas 5 meses, una serpiente la atacó. La serpiente empezó a sacar veneno, y la tigresa la regañó. Y eso que la serpiente era la más venenosa de la selva. Todos los animales de la selva la felicitaron por haberlos salvado de la serpiente, y desde entonces tiene la compañía de todos los animales.

Es posible viajar sin salir de casa gracias a las letras

Incluso para alguien sin dedicación constante, estos concursos hacen sacar lo mejor de ella. Más que por el premio, la satisfacción de crear algo bueno, la investigación necesaria para ello (sobre el tema, nuevas palabras, etc.), el mero reconocimiento de haber sido seleccionado, efectivamente es un honor. La última vez que se podía salir libremente fue hace casi dos meses. Para Wuhan, la conocida ciudad de origen del brote, duraron dos meses en encierro. Un final para este confinamiento, para ya poder dejar de extrañar la normalidad, parece un sueño, pero hemos visto que sí es posible. De alguna manera es posible viajar a ese pasado que ya parece tan lejano, mediante las letras, como hiciere ese niño gracias a su tortuga, el corazón de esa adolescente, y la tigresa de una joven.