"Llevo 10 años esperando escuchar la verdad acerca de la muerte de mi hermano"

Sábado, 27 Octubre 2018 13:55

Jacqueline Castillo Peña, directora general del Colectivo MAFAPO (Madres Falsos Positivos) cuenta lo que ha vivido en esta década de lucha por la verdad y la justicia.

Jacqueline Castillo en el lente de Carlos Saavedra, como parte de la exposición Madres Terra. Tomada de la cuenta de Twitter @MAFAPOBOGOTA||| Jacqueline Castillo en el lente de Carlos Saavedra, como parte de la exposición Madres Terra. Tomada de la cuenta de Twitter @MAFAPOBOGOTA||| |||
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Al finalizar el 2008, después que se dio a conocer la desaparición de 19 jóvenes del municipio Soacha (Cundinamarca) salió a la luz una noticia que estremeció a Colombia: miembros del Ejército habían cometido miles de ejecuciones extrajudiciales en diferentes zonas de país con el fin de presentar resultados favorables por parte de sus escuadrones ante la guerra constante contra la guerrilla.

Por este motivo, hacían pasar a jóvenes y hombres, generalmente de estratos socioeconómicos bajos, como guerrilleros abatidos en combate. Han pasado 10 años desde estos hechos y aún no se sabe con certeza el número de víctimas y los determinadores de estas crímenes.

Muchas madres, hermanas e hijas llevan luchando años para obtener información de sus familiares, que un día salieron de casa y nunca más regresaron. Jacqueline Castillo, una de las mujeres víctimas de los mal llamados 'falsos positivos', cuenta su historia y cómo a través del colectivo MAFAPO han luchado para que haya justicia y verdad, buscando que sus familiares no pasen al olvido.

La historia de Jacqueline Castillo es una de muchas en este país. Su hermano, Jaime Castillo Peña, fue encontrado en una fosa común en Ocaña, Norte de Santander, junto a cinco cuerpos más, después de dos meses de su desaparición. Ella, al encontrar el cuerpo de su hermano y escuchar la historia de las madres que también fueron víctimas de aquellas masacres, tomó el valor, junto a 18 de ellas, de crear un colectivo que permitiera luchar por la verdad del asesinato de estas personas.

¿En qué año inició el colectivo Madres Falsos Positivos (MAFAPO)?

Prácticamente se podría decir que se creó en el 2009, porque todos estos hechos sucedieron finalizado el 2008. Mi caso es de aquí de Bogotá, cuando yo supe todas las noticias de Soacha. Yo ya estaba buscando a mi hermano, nunca me imaginé que pudiera estar ahí, entre eso que había pasado con los jóvenes de Soacha.

¿Cómo se estableció el colectivo MAFAPO?

Cuando yo encuentro a mi hermano, me di cuenta que había sido la misma situación. Después de velar a mi hermano, decidí ir a la Personería de Soacha para contactarme con las mamitas, desde entonces empezamos a crear el grupo, a caminar juntas y a empezar todo el largo trabajo que llevamos durante 10 años. Igualmente, ahí fuimos tratando de hacer toda la organización que finalmente hasta este año pudimos legalmente constituirla.

¿Cómo fueron los inicios del colectivo?

Al comienzo nosotras íbamos a donde nos invitaban con el objetivo de empezar a hacer visible toda esta situación. En el Centro de Memoria nos abrieron el espacio hace más o menos cinco años, cuando se creó el proyecto “Costurero de la Memoria”. A este proyecto llegaron víctimas de otros conflictos, gente que ha sido desplazada de sus tierras y gente del Palacio de Justicia. El Centro de Memoria nos dio un espacio para trabajar los jueves y se empieza a crear la memoria en la costura; empezaron a plasmar su historia en cada tela.

¿Cómo han hecho visible el colectivo durante estos 10 años?

Hemos hecho varios eventos. Hace dos años se rodeó el Palacio de Justicia con las telas de la memoria, obviamente vinieron víctimas de otras regiones. Además, creamos junto al Centro de Memoria una exposición fotográfica y un pequeño documental con el apoyo de varias personas. Todos los trabajos que hemos hecho de una u otra forma ha sido el interés de seguir visibilizando todos estos hechos, porque ya son 10 años que llevamos luchando, y aún no hemos obtenido mucho. Pero claro, como el Gobierno piensa que como los mataron y los enterraron, se acabó el problema. ¡Pues no!, nosotras hemos seguido esta lucha porque esto no puede quedar en el olvido sin que haya justicia.

¿Qué significó para usted participar en la exposición Madres Terra en el Centro de Memoria?

Fue un proceso un poco difícil, este trabajo lo realizamos hace tres años y hasta ahora muchas madres decidieron tomar la decisión de hacerlo. Yo también me tomé algunos meses para decidir si lo hacía o no, porque sentía como ese impacto de estar ahí uno en la tierra, de saber que a uno le van a echar la tierra encima como que ... no sé, fue una sensación bien complicadita. Cuando hicimos las tomas y estando ahí debajo de la tierra, me transporté en ese momento, al sitio donde encontré a mi hermano, en las fosas comunes allá en Ocaña. Entonces, estar ahí enterrada como que me transportó a ese hueco y el sentir cada palada de tierra me hizo sentir esa sensación que esos cuerpos pudieron haber vivido.

¿Cómo logró saber donde estaba el cuerpo de su hermano?

Cuando yo estaba buscándolo, yo escuche las noticias de todo lo que estaba pasando allá en Soacha, iba todas las semanas a Medicina Legal y al CTI a buscar entre los que iban llegando. Un día la investigadora que nos había asignado del CTI me sugirió que buscara en los que habían encontrado en Ocaña, Norte de Santander, porque por la fecha en la que el desapareció coincidía con todo lo que había sucedido en Soacha.

Cuando yo vuelvo a Medicina Legal a preguntar si puedo ver los NN (personas sin identificar) que había allá en Ocaña, ellos sacaron un listado y había 11 personas que no habían sido identificados y solo figuraba uno que decía 40 a 45 años. Cuando vi la foto, pues ¡oh sorpresa! Era mi hermano. Entonces, me preguntó la chica “¿él pertenecía a la guerrilla?” Yo le dije “no, ¿por qué?” Me dijo que él figura como guerrillero muerto en combate, yo quedé pasmada. Pero igual, aún guardaba la esperanza que no fuera él quien aparecía en esa lista.

¿Cómo fue el proceso de recoger el cuerpo?

Cuando fui a recoger el cuerpo de mi hermano yo me imaginaba que yo iba a llegar a un cementerio, como uno de esas películas en las que todos están marcados NN. La sorpresa fue grande cuando nos llevaron hasta un sitio que es una montaña, en una finca de un señor que había arrendado sus terrenos, y ahí tenía las fosas comunes. Uno escucha en las noticias hablar de “fosas comunes”, en donde hay miles ahí enterrados, pero uno no se pone analizar nada de eso, hasta que lo vive. Cuando vi en un espacio como de tres metros por tres metros y dos de fondo como había varios cuerpos sin cajas, ni en bolsitas, estaban pelados totalmente uno encima de otro. Había que sacarlos a todos para saber quién era mi hermano, desafortunadamente él fue el último.

A él no lo camuflaron, a la gran mayoría de muchachos los camuflan, pero a mi hermano no. Desde ese momento empieza el largo trabajo de poder ir a recuperar su cuerpo. Viajé ocho días después que Medicina Legal hiciera un cruce de huellas para saber realmente si era él. Mi hermano desapareció el 10 de agosto y figura muerto el 12 de agosto. Después de hacerle su santa sepultura, me dediqué a buscar a las madres que habían vivido la misma situación, desde entonces estamos en ese largo trabajo.

¿Cómo puede describir estos 10 años en lucha de la verdad?

Para mí ha sido bastante importante, porque en mi caso nuestros papás ya habían muerto, pero yo vi en las madres de los jóvenes de Soacha la figura de mi mamá. Me daba mucha tristeza saber cómo tan miserablemente fueron engañados para mostrar unos resultados a un Estado. O sea, fue algo tan miserable, que realmente duele saber la forma cómo lo hicieron y saber que la gran mayoría de ellas eran personas muy humildes que no tienen una educación, una preparación o un trabajo. Por todo esto, quise quedarme y buscarlas, luchar con ellas y por ellas, sacar la verdad y limpiar el nombre de todos eso jóvenes que independiente de sus condiciones, no era ninguno guerrillero.

¿Cómo va el proceso jurídico de la muerte de su hermano?

Ese caso aún sigue en la impunidad, el caso de mi hermano completó nueve años y hasta el año pasado comenzaron las audiencias y resulta que las pocas que hubo las han aplazado. Ahorita pasa que la mayoría de esos casos pasaron a la JEP (Justicia Especial para la Paz), entonces los que ya estaban condenados en casos, todos se acogieron a al JEP y todos están en libertad. O sea, ahorita estamos otra vez en ceros.

Hace algunos días ustedes asistieron a la Justicia Especial para la Paz en busca de verdad, ¿les han dado alguna respuesta desde ese entonces?

Ese trabajo que hicimos de hacer entrega del informe a la JEP realmente nos dio mucha satisfacción, porque tocamos los corazones de esos magistrados, lloraron escuchando las cosas que hablábamos. Me pareció algo muy gratificante, muy lindo y espero que Dios permita que cumplan lo que prometieron, porque ellos dijeron que no iban a ir solamente por los que habían disparado, sino por los que habían dado las ordenes de cometer estos crímenes.

¿Está de acuerdo con que estos casos los haya tomado la JEP?

No, nosotras pensamos que la JEP no debería llevar estos procesos, porque se supone que esta justicia fue creada para juzgar casos de la guerra y esos jóvenes no estaban en ninguna guerra, ellos no pertenecieron a ninguna guerrilla, ni a ningún grupo paramilitar. Por otro lado, en los diálogos de La Habana se había dicho que esos crímenes estaban catalogados de lesa humanidad y no debían ser juzgados por la JEP, por eso no entendemos porque ahorita están esos casos ahí. La esperanza que aún tenemos es que la Corte Internacional intervenga.

El deber del Gobierno y el Ejército es velar y proteger a su pueblo, después de lo que ha ocurrido ¿qué sentimientos tiene hacia el Estado y las Fuerzas Militares?

Es triste saber que las personas que se supone estaban para cuidar la vida de los ciudadanos hayan sido quienes cometieron todos esos crímenes. O sea ¿qué confianza ya uno va a sentir? Por ejemplo, en mi caso, mi hijo que cumplió la mayoría de edad. Actualmente estoy teniendo problemas con la libreta militar. Pero, mejor dicho, ni en chiste pensaría yo dejar a mi hijo en ese ente militar, ni tampoco estaría dispuesta a pagar un centavo por una pinche libreta. Tenemos entendido que más o menos a la persona que reclutaba los jóvenes en Soacha se le daba $200.000 y al que recibía a los muchachos se le daba $1.000.000. O sea, ni por chiste pagaría $3.000.000 por una libreta, después que pagaban $1.200.000 por la vida de una persona.

¿Está dispuesta a perdonar?

Ha sido un tema bastante duro realmente, porque no sería fácil decir “te perdono y vivamos felices”, yo creería que las cosas se tendrían que dar mucho de parte de ellos para uno poder decir, “te perdono”. Pero, lo que vimos nosotras en la audiencia donde estuvimos con los militares, donde dicen mi manera de reparar a las víctimas va a ser decir la verdad, cuando nosotros decimos ¿pero cuál verdad? Si ya la sabemos. Ellos los engañaron con falsas promesas de trabajo, los asesinaron para dar unos resultados, o sea es una verdad que nosotros ya conocemos, no podemos realmente perdonar si ellos no nos dicen la verdad.

¿Cuál es la verdad que esperan?

Llevo 10 años esperando escuchar la verdad acerca de la muerte de mi hermano, nosotras esperamos es saber quién ordenó cometer esos crímenes, esa es la gran verdad que nosotros necesitaríamos y yo honestamente creo que nunca la vamos a escuchar. Además, si yo voy a decir mi verdad, creo que nadie tendría que escribir lo que yo tengo que decir. Porque si es mi verdad, son mis palabras y mis testimonios, lo que ellos hicieron allá fue limitarse a leer lo que deben contestar, esto escrito ya deja de ser una verdad, porque los están condicionando a lo que deben decir.

¿Ustedes como colectivo han recibido algún tipo de amenaza?

Sí, hay amenazas de hecho, hay una madre que ya está fuera del país y hay otras que han salido de Soacha. Hace poco se supo de algunos rumores que dicen que como este colectivo ha sido tan público, ya estamos llenas de dinero, ya nos han reparado y nos han dado miles de millones. Ahora quieren ir detrás de nosotras a robarnos lo que no tenemos. Entonces, ahorita el tema ha sido un poco más delicado al saber que todos los que ya estaban en la cárcel, están libres, el saber eso siempre se crea mucha más incertidumbre.

¿Qué proyectos tienen a futuro con el colectivo MAFAPO?

Tenemos planeado hacer nuestro gran archivo de recolección de datos. También, estamos preparando hacer tres posibles encuentros que probablemente sea: Medellín, Ocaña y Villavicencio, para reunir más testimonios de otras víctimas y así poder hacer un segundo encuentro grande de víctimas aquí en Bogotá.