La nueva opción para moverse en Bogotá

Viernes, 20 Septiembre 2019 08:55

Las patinetas eléctricas son populares por su amabilidad con el medio ambiente y por ser un modelo de transporte alternativo, ágil y seguro.

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  • Coautor 1: Laura Rojas

En el parque El Virrey, me acerqué a una patineta verde que tenía el logo de Lime y seguí las instrucciones que estaban pegadas en la parte baja del manubrio. Descargué la aplicación en el celular, creé una cuenta de Lime, escaneé el código QR que estaba debajo de las instrucciones y traté de activarla por más de diez minutos. La patineta, sin embargo, no funcionaba.

Intenté con otra patineta verde, ésta de la empresa Grin. Volví a realizar los mismos pasos y tampoco funcionó. —¿Cuál es el problema ahora?— me pregunté. Apareció un aviso en el celular que pedía ingresar un monto de dinero para poder activarla.

Ver: ¿Cómo va la regulación de las patinetas eléctricas en Bogotá?

Di los datos de la tarjeta crédito e ingresé 5.000 pesos a la aplicación. Escaneé el código de nuevo con la cámara del celular y… nada. Tampoco se pudo utilizar. —¿Y ahora?—. El problema era la escasez de batería.

La tercera era la vencida. Volví a buscar en el mapa los monopatines disponibles. Realicé todo lo que debía, me acerqué a otra patineta de la misma empresa que la segunda y... ¡por fin! La patineta estaba encendida y lista para funcionar.

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El mercado de las scooters, como son conocidas comúnmente las patinetas eléctricas, viene creciendo en la capital y ahora la ciudad está inundada de ellas. Su circulación contribuye con la micromovilidad y hace parte de las innovaciones tecnológicas recientes. 

A comienzos de noviembre del 2018 la única empresa con patinetas en la capital era Grin Scooters, que actualmente posee una alianza con Rappi. Las compañías tuvieron un buen comienzo: por día, se realizan más de nueve mil viajes y 800 mil descargas de las dos aplicaciones, según el portal Dinero. Plaza Capital consultó a Grin sobre el tema, pero no obtuvo respuesta hasta la fecha de publicación.   

Ver: Centro de la Bici: Pedaleando por el emprendimiento

Actualmente, sus patinetas están tanto en el parque El Virrey como por las vías de la ciudad. Los bogotanos las pueden encontrar desde la calle 79 hasta la calle 147, entre la Autopista Norte y la carrera Séptima y desde la Avenida El Dorado hasta la NQS.

Ahora, hay cuatro empresas que ofrecen patinetas. De acuerdo con la Circular 011 de 2019, de la Secretaría de Movilidad, las empresas que desean operar en la ciudad deben poner en funcionamiento al menos 100 patinetas. Cada compañía tiene su color representativo. Las verdes pertenecen a Grin y a Lime. Esta última, actualmente, cuenta con más de 200 patinetas entre las calles 127 y 72, de norte a sur de la ciudad, y desde los cerros orientales hasta la Autopista Norte, de oriente a occidente. Las patinetas azules son de Cosmic, la cual tiene 300 patinetas y de Movo, perteneciente a la plataforma tecnológica de movilidad Cabify.

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En el parque El Virrey, el público de las patinetas era contrario al sentido común. No solo jóvenes pasaban sobre las dos ruedas, sino también señores de más de 40 años, con trajes elegantes, zapatos lustrados y sus corbatas de colores. Usaban los monopatines para llegar a sus trabajos o sus casas a tiempo.

Fabio Andrés Anzola, de 52 años, es uno de los usuarios de los monopatines en Bogotá. “Yo estoy usando scooter una o dos veces al mes. En esencia, cuando tengo una reunión de trabajo y me queda como a 20 calles de mi casa. También la uso si no tengo carro propio disponible, ya sea porque está en el taller o porque mi esposa lo está usando”, afirma.

Cada vez que se usa una scooter, en la pantalla del celular salen una serie de recomendaciones: usar casco y elementos reflectivos, circular por las ciclorrutas y no manipular dispositivos móviles durante el trayecto.

Además de las recomendaciones de seguridad, las scooters también exigen ser mayor de edad, y respetar las señales de tránsito, es decir, no cruzarse entre los carros e ir siempre por la derecha de la vía para evitar posibles accidentes. Sin embargo, este tipo de transporte no está tipificado en Colombia. Por lo cual, no se incluye en el IPAT (Informe Policial de Accidentes de Tránsito) y no hay cifras oficiales de los accidentes.

La mayoría de usuarios que observé ese día en el Virrey hacían caso omiso al uso de casco. Transitaban por los senderos peatonales donde se encontraban personas trotando o corriendo, algunas acompañadas por sus mascotas y otras por coches con niños. Pero no solo dentro del parque los usuarios rechazan ese accesorio de seguridad. 

“Pues, yo nunca uso casco. Yo sé que es súper irresponsable, pero como no uso la scooter para ir muy lejos o muy seguido, entonces no me parece necesario. Mis trayectos son de máximo 20 minutos y por ahí cada dos semanas”, afirma Valentina Sánchez, de 19 años, estudiante de la Universidad del Rosario.

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En el manubrio de la scooter se encontraban dos pequeñas palancas. A mano derecha, una de color verde para acelerar y, a mano izquierda una de color rojo para frenar. Para arrancar, me impulsé con el pie.

En el momento que la scooter alcanzó velocidad, presioné el botón de acelerar y alcancé una velocidad de 20 kilómetros por hora (velocidad máxima que se permite según la Circular 011 de 2019). Transité por la ciclorruta disponible en el parque. Pasaban bicicletas por la izquierda a una mayor velocidad que la mía. A pesar de estar bastante orillada a la derecha y no ocupar mucho espacio, muchas veces me hacían perder el equilibrio.

Ver: Patinetas eléctricas, una opción para evitar el trancón capitalino

Estaba en una posición cómoda y relajada. El mayor esfuerzo que tenía que hacer era oprimir el botón de acelerar o el de frenar y direccionar el manubrio a la derecha o a la izquierda. Su motor, al ser pequeño, no tiene emisiones tan altas de CO2 y las hace menos perjudiciales para el medio ambiente.

Partes de la ciclorruta no estaban en buenas condiciones. Pese a estar avanzando en una velocidad baja, los baches y desniveles me obligaba a maniobrar con la patineta para no caerme.

Después usar la patineta durante 20 minutos, entré a la aplicación y elegí la opción “terminar el recorrido”. El recorrido tuvo costo de 9.000 pesos, 2.000 correspondían al desbloqueo de la patineta y 350 pesos fueron cobrados por cada minuto que rodó la patineta. Al tener la libertad de dejar la patineta en cualquier lugar, me detuve en la mitad del parque y la abandoné al lado de un sendero peatonal.

“Siempre las veo por ahí botadas. La verdad es que no tengo ni idea de puntos de distribución o algo así (...). La mayoría de veces que la uso es en Chía, porque mi papá vive allá y no me asusto. Pero en Bogotá me da miedo porque hay más gente y moverse por la ciclorrutas en scooter es muy difícil por lo que hay más bicis y no es seguro en la calle con los carros”, añade Valentina.  

Fabio tampoco se siente seguro transitando al lado de los carros en el tramo donde no hay una ciclorruta. “Cuando quiero tomar una scooter voy a un Carulla que tengo a media calle de mi casa. Allí está una estación de distribución de patinetas de Grin. Sin embargo, por ahí no hay ciclorruta y al transitar por las calles es más intranquilo. Ya cuando llego a la ciclorruta es mucho mejor.”. 

Para garantizar la seguridad de los ciudadanos, cada una de las patinetas eléctricas cuenta con un geolocalizador a través de un sistema GPS, el cual posibilita que sean vigiladas en tiempo real. Cada noche, alrededor de las 11, hay camionetas que recogen cada una de las scooters para trasladarlas a sus puntos de inicio.

Día tras día más capitalinos se ven atraídos por esta nueva manera de transportarse. Las patinetas, ahora, también recorrerán otras ciudades del país como Medellín, Cartagena, Barranquilla y Cali. Así, los colombianos podrán moverse por los diferentes rincones de su ciudad utilizando ésta forma revolucionaria de transporte.