Una carrera entre tacos y bolas

Miércoles, 27 Mayo 2015 11:59
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La afición y el interés por los billares ha ido cambiado a través de los años, hoy en día los pasatiempos de los universitarios esta sesgado hacia el lado de la tecnología y diversas actividades ajenas al billar.

Billar "Aventino N° 2, club social y deportivo billares mixtos.||| Billar "Aventino N° 2, club social y deportivo billares mixtos.||| Foto: Gabriela Ríos C|||
1984

“No existe nada como sentir el taco de billar, que uno le está pegando a la bola como toca y que esta tome un efecto, cuando la bola le pega a otra y luego va a una banda y coge el efecto hacia el sitio donde uno quiere. Eso produce un placer gigantesco”, así lo ve Juan Carlos Iragorri.

Hacia 1980, cuando Juan Carlos ingresó a estudiar jurisprudencia en la Universidad del Rosario, solía frecuentar un billar ubicado en la carrera quinta, entre la Calle Catorce y la Avenida Jiménez.  Tocaba bajar unas largas escaleras para llegar al sótano, donde había unas 10 o 15 mesas de billar,  además de una barra donde vendían gaseosa, cerveza, aguardiente  y algunas cosas para comer.

Generalmente, en las horas de la mañana este sitio era visitado por universitarios, en medio de las partidas, charlaban, hacían chistes y se conocían los unos con los otros. De aquellos encuentros quedaron grandes amistades para el ahora periodista Juan Carlos como es el caso de José Miguel Robayo  a quien de cariño le decían ´Terri´ y es ahora un notario reconocido en la ciudad, o Felipe Herrera quien en ese entonces era colegial de la universidad.

No me acuerdo del costo pero sí me acuerdo que nosotros nos reuníamos, y pues el billar no estaba abierto a las siete de la mañana pero sí a las nueve y a las  nueve o diez de la mañana yo ya estaba jugando billar”, entre risas recuerda Iragorri, recordando también las veces que firmó asistencia en las clases y de rodillas se salía del salón para ir a jugar.

Hoy en día este billar ya no existe. Sin embargo, al frente de donde éste se encontraba, hoy funciona “Aventino N° 2, club social y deportivo billares mixtos” uno de los billares más conocidos por los jóvenes universitarios, fundado hace 25 años por Orlando Llanos García de 57 años de edad.

Ubicado en un segundo piso a mitad de cuadra sobre la quinta. Este sitio de divide en dos ambientes, por un lado se encuentran entre 20 y 25 mesas de billar y billar pool, cuales tienen un costo entre cuatro mil  y cinco mil pesos según la hora y el que los asistentes quieran jugar.

Al otro lado, cerca de la barra en donde venden tinto, aguardiente y algunas cosas de sal, están las mesas en donde llegan grupos de amigos como: Alfonso de 70 años; Cayetano de 41 años; Antonio de 71 años y Maule de 58 años, que suelen reunirse a diario en las mañanas a tomar tinto y discutir de cualquier tema durante una hora. Son amigos desde hace 15 años y aunque nunca han jugado billar  siempre vienen allí.

En medio de boleros suaves, Don Orlando recuerda que cuando inició con su negocio, solía ser visitado por los esmeralderos y trabajadores del sector, aspecto que ha cambiado en los últimos tiempos.

“Es relativo los horarios en que vengan los universitarios y los esmeralderos, depende si los muchachos tienen parciales vienen el último viernes y los esmeralderos según como este el clima” menciona Llanos, al referirse a sus clientes.

A las 10 de la mañana de un martes en el que aún los muchachos de las universidades cercanas están estudiando, solos dos mesas están ocupadas una de ellas por tres ingenieros ambientales de la Salle, que llegaron aquí por primera vez a pasar las 4 horas de hueco que tienen. En la otra mesa se encuentra Eduardo Ortegón de 23 años y Carlos Realpe de 24 años, quienes frecuentan este lugar desde hace aproximadamente 5 años.

Es cierto, que muchos de estos sitios han dejado de ser visitado por los jóvenes, al darle en su tiempo libre mayor uso a la tecnología, lo que ha hecho desviar los gustos por actividades como el billar y el ajedrez como lo era hace 30 años.

Yo sin duda era de los que más iba al billar de mi curso, porque en las clases hubo momentos en los que me aburría tremendamente y lo que me entretenía  era jugar billar”, cuenta Iragorri, afirmando que cuando visita la universidad cada dos meses, pasa por allí queriendo jugar como en los viejos tiempos, donde le ha manifestado también a  Cristina, la secretaria de rectoría, la idea de un torneo de billar en la universidad, donde los muchachos volverían a interesarse en él como en sus tiempos.