La experiencia como la principal herramienta a la hora de escribir

Lunes, 06 Mayo 2019 09:45

En la Filbo 2019, durante la charla “Escribir con el cuerpo”, Paula Bonet, Tatiana Andrade y Sylvia Aguilar, entrevistada de Plaza Capital, hablaron de la importancia de las narrativas femeninas.

Tatiana Andrade, Paula Bonet y Sylvia Aguilar, durante la conferencia "Escribir con el cuerpo" en la Fibo 2019.||| Tatiana Andrade, Paula Bonet y Sylvia Aguilar, durante la conferencia "Escribir con el cuerpo" en la Fibo 2019.||| Jamer Alejandro Pinilla.|||
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En el marco de la edición número 32 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, la escritoras Paula Bonet (España), Tatiana Andrade (Colombia) y Sylvia Aguilar (México) se reunieron en una conferencia en la que hablaban sobre escribir desde las emociones, las experiencias propias y el feminismo. En cada uno de sus libros estas mujeres tratan temas personales pero saben que son temas que competen a las demás.

Como lo expresan estas tres escritoras, el hecho de que las mujeres escriban sobre los temas que las competen directamente es importante porque rompe con esa experiencia masculina desde la que mayoritariamente se escribe, se vive y se habla en la actualidad, como también a lo largo de la historia. “Crecimos a secretos”, como lo aseguró Sylvia Aguilar, es la premisa que mueve la escritura de estas tres mujeres, pues en sus libros hablan sobre temas que las mujeres poco han tratado públicamente, debido a los prejuicios socio culturales a los que se deben enfrentar cada día.

 

Lo privado es político

Tatiana tuvo su primer hijo a los cuarenta años. Luego de pasar por una serie de temores, prejuicios e inseguridades se aventuró en esta nueva faceta. Durante su embarazo, el parto y ya la vida como madre, se dió cuenta, como experiencia personal, que sobre las mujeres hay unas grandes expectativas en cuanto a la maternidad. “Es normal que haya un mal padre, pero no una mala madre”, aseguró la escritora. En su libro “La vida láctea”, la autora explora los diferentes mitos, verdades y sentimientos a los que se ha enfrentado como madre y no solo ella sino también las mujeres que la leen y las que no.

Tatiana Andrade, Filbo 2019. Foto: Jamer Alejandro Pinilla. 
Tatiana Andrade, Filbo 2019. Foto: Jamer Alejandro Pinilla. 

Por otro lado, Paula sufrió dos abortos espontáneos en menos de un año y medio. Con el primero, el dolor y las emociones encontradas la hicieron pasar por un mal momento, creía que no había alguien o algo que pudiera ayudarla. En el segundo, ya se sentía más preparada, sabía qué era lo que debía hacer y, aunque no fue menos doloroso, fue más fácil de llevar. Partiendo de esta experiencia se dio cuenta que como ella más mujeres pasaban por lo mismo y sintió una obligación con el resto, por eso se ha dedicado a hablar desde su vivencia. “Para mi no es fácil y no me gusta hablar de mis abortos, pero siento que debo hacerlo por aquellas mujeres que están solas y pasan por esto”, asegura la escritora.

Paula Bonet, Filbo 2019. Foto: Jamer Alejandro Pinilla.
Paula Bonet, Filbo 2019. Foto: Jamer Alejandro Pinilla.

Para estas mujeres es importante escribir desde la experiencia, sacar de las tinieblas aquellos temas que han estado escondidos, debido a que desde la experiencia se puede llegar a alguien que necesite ayuda, quien posiblemente debido a su entorno cultural, político o social no puede exteriorizar aquella situación que la atormenta. Por eso, estas escritoras han adquirido un compromiso con todas las mujeres, han decidido empezar a crear una voz colectiva a la cual cada día se suman más personas.

 

Las experiencias transgreden la escritura

Sylvia Aguilar es una escritora mexicana que ha dedicado la mayoría de su carrera a hablar desde su postura feminista y sobre todo desde su experiencia. Gracias a que quiso ampliar sus estudios decidió mudarse a El Paso, Texas, el cual queda en la frontera entre Estados Unidos y México. Esto lo hizo durante la época de mayor violencia que vivió esta parte del país, enfrentándose directamente con la guerra, hecho que marcó su carrera.

Sylbia Aguilar, Filbo 2019. Foto: Jamer Alejandro Pinilla.
Sylbia Aguilar, Filbo 2019. Foto: Jamer Alejandro Pinilla.

Plaza Capital (PC): Al estar en la frontera ha podido entrar en contacto con las experiencias de la víctimas, ¿como ha sido este acercamiento?

Sylvia Aguilar (SA): Yo no había alcanzado a ver las dimensiones de la guerra. Me mudo a El Paso, el primer año era estudiante pero en el segundo año empecé a dar clases y la mayoría de estudiantes en la Universidad de Texas son personas que viven en la Ciudad de Juárez y pasan la frontera para estudiar. Entonces, la violencia no es un tema del cual estos chicos hablen abiertamente, pero si está presente en su escritura. 

Cuando entendí que como escritora también debía dar, empecé a trabajar en el Center Against Sexual and Family Violence, que ayuda a mujeres y hombres, en especial mujeres con sus hijos, las cuales han sido víctimas de parejas que las han ilusionado con darles papeles pero que al fin no pasa nada. Para que ellas puedan continuar legalmente dentro del país, deben realizar un escrito de vida que se entrega a los abogados y yo empecé a guiarlas en su escritura, pero no sabía en lo que me estaba metiendo.

Me metí sin pensar cómo carajos escribes lo que viviste, cómo lo viviste, cómo tus hijos te vieron ser vulnerable, lo duro de asumirse como víctima, o no creerse una o avergonzarse de ser víctima. Para mí fue un shock, no había una manera cronológica y sensata de escribir pero había que hacerlo para los abogados.

Gracias a los talleres pude reconocer que había varios focos de violencia: la guerra del 'narco' en Ciudad Juárez obliga a las mujeres a buscar pareja en El Paso, muchas se casan con mexicanos ya legales o con militares, ya que ahí queda una de las bases más grandes del país, estos hombres han estado en las peores guerras y traen enfermedades tanto mentales como físicas, lo cual genera una violencia en casa. Esto es muy raro, porque El Paso es la segunda ciudad más segura de Estados Unidos, pero hay una violencia que está callada, que está en las casas; de la que no se habla porque las mujeres tienen miedo que les cojan los papeles. Por mi condición en el programa no puedo escribir de ellas, pero mucho de sus historias quedaron en mi escritura.

PC: ¿Durante su investigación ha logrado encontrar a otras autoras que traten el tema de migración como categoría de poder en el feminismo?

SA: Debido a estas historias yo entendí que no podía no tocar este tema. Creo que también durante esos años surgió en mí el querer leer a otras mujeres, buscar qué están escribiendo en otros países sobre violencia de género, violencias familiares, migración y eso se desemboca en mi escritura y en mis clases, pues porque soy profesora. Entonces, he encontrado muchas mujeres que han tratado este tema y sobre las cuales he investigado.

Cuando estaba trabajando en “Todo eso es yo” sabía que quería hablar de los peores años de Ciudad Juárez, pero no quería hacer una novela del 'narco' que es lo que hacen la mayoría de los hombres del norte, o sea, el narco como el héroe; sabía que quería escribir sobre estos años y sabía lo que no quería. Entonces, la solución llegó con dos libros, uno de Herta Müller y uno Wendy Guerra, en donde las narradoras son niñas. Ellas son la solución, qué es lo que piensa una niña, por qué ve las noticias, escucha sobre lo que los papás están hablando o ve que ella no puede salir a la calle a jugar; entonces lo que la niña no entiende el lector si lo entiende.

PC: ¿Cómo lograr que las sociedades machistas entiendan la importancia de la escritura por parte de las mujeres, que ellas también tienen una parte importante de la historia que deben contar y que se debe conocer? 

SA: Mi ejercicio es de visibilización. En mi escritura tengo personajes masculinos, obviamente, porque yo no estoy peleada con ellos, estoy peleada con el patriarcado, pero mi ejercicio es netamente de visibilización de la mujer. En “Nenitas”, por ejemplo, hay una niña, una señora de setenta años, hay una 'chava' de veinte años; entonces, no quiero decir que busco reconstruir pero sí representar esa memoria colectiva, aquí lo importante es observar las diferentes experiencias y cómo se convive o se sobrevive frente a ellas.

Es un ejercicio que se nutre de la observación mientras camino por la calle, de las señoras que nadan en la alberca junto a mi casa. Es poner atención a lo que tenemos y ser justos en su representación, creo que no somos una sociedad de buenos y malos sino como en escalas de grises. Pienso en esta novela de Claudia Salazar Jiménez, “Sangre Al Amanecer”, que es sobre Sendero Luminoso (organización terrorista surgida en Perú) y tiene tres personajes femeninos: una periodista que quiere investigar sobre Sendero, una madre de familia que no tiene cómo alimentar a sus hijos y la única salida que encuentra es unirse a Sendero y una mujer indígena a la cual el marido abandona. Entonces, vemos esas tres perspectivas y no te puedes enojar con ninguna, ¿no?

Creo que mi trabajo es observar todas esas diferentes historias, entres diferentes edades, diferentes clases sociales, las cuales pueden tener experiencias muy distintas. Ha sido hacer como un mosaico de mujeres, a las que observo, a las que imagino porque no necesariamente tienes que ver; también puedes imaginarte diferentes realidades.