Los cachacos podemos tocar bien la música vallenata: Beto Jamaica

Jueves, 25 Abril 2019 17:10

El primer Rey Vallenato del centro de la país asegura que pese a que llegó a este género de manera accidental no puede imaginar su vida sin un acordeón. 

Beto, en un principio, escondía su amor por el vallenato debido a que sus padres eran evangélicos y no estaban de acuerdo.||| Beto, en un principio, escondía su amor por el vallenato debido a que sus padres eran evangélicos y no estaban de acuerdo.||| Luciana Rodríguez V|||
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El Festival de la Leyenda VallenataPatrimonio Cultural de la Nación y el evento más conocido de este género en Colombia y el mundocelebrará su edición 52 a partir de este viernes 26 de abril, en Valledupar. De los 76 acordeoneros que competirán por el título a Rey vallenato de este año, catorce provienen de otros departamentos, fuera de la costa Caribe, y del exterior. A propósito, el reconocido acordeonero bogotano y Rey Vallenato en 2006, Beto Jamaica, habló con Plaza Capital sobre la importancia de que el talento "extranjero" al Caribe llegue al concurso insignia de este género musical. 

Alberto Jamaica Larrota, más conocido como 'Beto Jamaica', nació el 3 de abril de 1965 en la capital colombiana al igual que toda su familia compuesta por sus padres y ocho hermanos (cuatro hombres y cuatro mujeres). Jamaica es el menor de la familia y no ha tenido una vida fácil. De pequeño, en su casa no había televisión, solo radio, y fue gracias a este aparato que conoció el vallenato. Pedro Jamaica, su hermano, escuchaba esta música que de manera inmediata se robó el corazón de Beto.  

En cuanto al acordeón, este llegó por accidente años más tarde cuando Beto intentaba mostrarle a un amigo acordeonero los tiempos que debía seguir para entrar en armonía con todo el grupo musical del que hacía partepero para sorpresa de todos resultó que Jamaica tenía una enorme facilidad para manipular el instrumento, que desde entonces se convirtió en parte de su vida 

Para este acordeonero nada es imposible "si está de la mano de Dios". Este devoto ha sabido sobreponerse a las adversidades de la vida aprovechando las oportunidades que se la han presentado con humildad y respeto. Así fue como llegó al Festival de la Leyenda Vallenata en 2006, sin mayores pretensiones que ser escuchado, pero con la satisfacción de coronarse como el Rey Vallenato de ese año y traer la primera corona de este tipo para la capital, lo cual le abrió las puertas a otros acordeoneros de distintas partes del país a un universo que, hasta entonces, estaba comandado por la tradición CaribeSin embargo, pasarían 12 años para que, de nuevo, un cundiboyacense lograra esta hazaña con el triunfo de Julián Mojica Galvis en 2018.

El 'Pollo Blanco', como apodaron a Alberto en el Festival, actualmente se dedica a la música y es también profesor particular de acordeón. Ha sido condecorado en múltiples ocasiones, entre las que se destaca el premio TV y Novelas a mejor música para novelas con la producción de Diomedes Díaz, en la hizo toda la banda sonora.   

A sus 54 años, Beto sigue transmitiendo alegría con o sin el acordeón en sus manos, al que considera un instrumento digno de cualquier colombiano y al que “quiere” más que a otro objeto 

¿Cómo fue su primer acercamiento con la música? 

En mi casa, en el barrio Bochica, di mis primeros pinitos como artista ya que cogía los tarros del aceite de cocinar, que en ese entonces eran metálicos. Cuando se desocupaban yo cogía uno y me lo ponía en medio de mis piernitas y con dos palitos simulaba una batería y cantaba y tarareaba cosas que se me venían a la mente.  

Lo que me sorprende sobre esto es que era capaz de simular una batería a pesar de que yo no había visto un grupo musical porque nosotros éramos muy pobres y no teníamos televisor, solo teníamos un radio de transistor pequeñito y ahí escuché mis primeros vallenatos. Entonces la música ya me llamaba porque simulaba a una batería sin haberla visto nunca.  

¿Cuándo fue el momento en el que usted dijo: "me quiero dedicar a tocar música vallenata"? 

Bueno, ahí hay otro acontecimiento que me marcó muchísimo. Cuando yo ya había crecido un poco, ya tenía como unos doce o trece años, mis hermanos mayores me invitaron a una parranda en Fontibón, donde tocó el gran maestro Luis Enrique Martínez con su conjunto. Cuando me dijeron que iba a haber un grupo vallenato yo, feliz; me tocó rogarle a papá y mamá para que me dejaran ir a la fiesta y me dejaron ir.  

Resulta que nosotros, como llegamos tarde, nos tocó hacernos casi al lado de la puerta y el salón era grandísimo. En un momento mis hermanos salieron a bailar, cada cual con su pareja, y yo me volé de la mesa, me fui para el frente de la tarima y ahí me enloquecí viendo al acordeonero, al cajero, al baterista.  No me cabía la alegría en el corazón y en el pecho de sentir esa emoción de ver a un grupo vallenato en vivo y los analizaba a todos, todos eran buenísimos. En ese momento se me iba metiendo más el vallenato al corazón y me nació la idea de querer ser cantante. Desde pequeñito yo lo que quise fue ser cantante, yo soy acordeonero por accidente porque inicialmente lo que más quería era cantar.  

¿Por qué por accidente? 

Cuando ya había crecido aprendí a tocar la guacharaca. Mi primera guacharaca fue un tubo de PVC, pulgada y media, que corté yo porque vengo de familia de constructores y yo trabajé en construcción. Cogí el tubo, le hice ranuras con una segueta y de una bicicleta que yo tenía saqué dos palitos, los enrollé con alambre. Así, comencé a practicar la guacharaca, fue mi primer instrumento. Yo alcancé a conformar una agrupación musical con un muchacho que llegó a vivir a mi barrio que le pasaba lo mismo que a mí. Este muchacho era Wilson Ibarra, él falleció hace ya dos años. Él quería ser acordeonero y yo quería ser cantante por ese entonces con él. 

¿Qué significa el vallenato para usted? 

Significa algo muy grande. Aparte de Dios y mi familia, que son lo más bello y lo más grande para mí, la música vallenata es algo que me ha dado mucha felicidad, me ha permitido sacar mis hijos adelante, muchísimas satisfacciones, me ha permitido además visitar muchos países y mi país. Encierra muchas cosas felices y a veces tristes porque al principio lograr surgir para un artista es difícil, pero aun así el vallenato le ha dado mucha felicidad y esperanza. Yo creo que yo voy a morir tocando música vallenata.  

¿Cree que el vallenato se puede considerar como una música que representa a toda Colombia?  

Sí, claro, la música vallenata es un folclor, es un género musical que se fue abriendo espacio poco a poco. Para mí, fue difícil al comienzo porque el vallenato no gustaba mucho cuando yo era pequeño, eran muy contadas las personas a las que les gustaba. Entonces cuando yo llegaba a una fiesta y ponía vallenato la gente me reclamaba que por qué vallenato, entonces tenía que dejar que se emborracharan para que, si les ponía vallenato, no se quejaran.  

Como el equipo de sonido era de mi hermano mayor él lo manejaba, pero él me decía que cuando él se emborrachara yo era el encargado entonces yo ponía una salsa, un merengue, un vallenato, luego a Pastor López, una ranchera, un vallenatico y así le fui metiendo el género a la gente.  

¿Qué opina del vallenato en la actualidad?  

La música vallenata, como todo, sufre sus cambios y no podemos escaparnos que todas las cosas que están en el mundo: la comida, las costumbres, los géneros musicales, hasta la forma de trabajar de los seres humanos cambia. Los cambios que se le hicieron hace años permitieron que la música vallenata trascendiera porque el vallenato así demasiado rústico le gustaba a muchas personas, pero a otras no.  

Entonces cuando le empezaron a meter guitarra, cuando ya salió la voz de Diomedes Díaz, de Rafael Orozco, de Beto Zabaleta; que eran voces no tan rústicas, tan folclóricas, sino otras voces con las que se podía grabar música romántica, la música fue floreciendo más y pienso que esos cambios favorecieron. Pero ya la actual pienso que la cambiaron demasiado: tocan las canciones muy rápido, los mensajes costumbristas se han ido perdiendo, se impuso un ritmo que se llama chandé, que no está entre los cuatro géneros típicos del vallenato (paseo, merengue, son y pulla) y los artistas modernos se están enfocando mucho en ese ritmo y pienso que eso cambió ya demasiado. 

¿Tiene algún mensaje para estos nuevos artistas?

Yo los invito a ellos, siempre los he invitado, a que rescaten las canciones que fueron éxito hace 50, 60 años y las graben otra vez. Pero no quiero decir que ese sea un vallenato malo, es vallenato nuevo y ha cambiado, solo que no hay que olvidar la tradición. 

¿Qué significa el acordeón para usted? 

Significa mucho, lo quiero mucho, es un instrumento muy hermoso. Mi música me la arreglan los técnicos, pero lo que es el mueble yo mismo, yo le hago el mantenimiento, los consiento, les hablo como si fueran seres vivientes y ellos me han dado todo lo que tengo. Yo veo un acordeón, así sea un acordeón viejito vuelto nada, me encariño con él y lo restauró, por eso un acordeón que este para botar a la basura lo dejo como nuevo. Le agradezco a Dios que le dio la inteligencia al ser humano para que lo hiciera y yo lo adoro. 

“Creo importante abrir una categoría para músicos mayores de 60 porque ellos ya quedan relegados allá”, Beto Jamaica. Tomada por: Luciana Rodríguez V

¿Cree que de verdad hay una diferencia en cómo se hace el vallenato en el centro del país y en la costa Caribe? 

, hay una diferencia. El costeño nace con el vallenato en la sangre, nosotros no, pero nosotros tenemos algo, no digo que le gane a ellos, de pronto el cachaco siente más amor por el folclor vallenato que el mismo costeño. No quiero decir que el costeño no ame su folclor el costeño: lo ama y lo defiende a capa y espada, pero nosotros los cachacos somos más afiebrados, somos arriesgados.  

Nos paramos en una tarima y así toquemos mal pues tocamos, entonces pienso que nosotros nos enamoramos más y nos tomamos más a pecho el folclor vallenato que ellos. 

Teniendo en cuenta que solo ha habido dos ganadores que no son de la costa Caribe ¿cree que debería haber más espacios, como el Festival, que permitan a personas que no son del Caribe entrar en este mundo del vallenato? 

Sí, yo pienso que debería haber más reyes vallenatos que no sean costeños porque es que aquí en Bogotá uno encuentra músicos vallenatos, no solamente acordeoneros, sino todos: cantantes, cajeros, compositores En cualquier parte de Colombia encuentras músicos con cualidades y saberes muy buenos.  

Yo invito a los músicos que no sean costeños, con mucho respeto y con todo el cariño, a que investiguen la música vallenata, a que no solo se guíen por lo que está sonando actualmente. Deben devolverse y olvidarse por momentos del vallenato moderno para aprender a tocar la música de estos grandes maestros.  

Ahora, no nos extrañemos que el día de mañana no solo acordeoneros de todo el país, sino de otras partes del mundo vengan al festival de hecho, sé que han competido ya. Hay un acordeonero gringo que está compitiendo, Richard Daza, y dos mexicanos que han venido y han progresado mucho. Sería bueno para el festival que haya reyes vallenatos que no sean de Colombia.  

¿Cree que en estos espacios como el festival se debe fomentar más la participación de diferentes grupos sociales? 

Sí, sería muy importante. De hecho, en la nueva edición del Festival de la Leyenda, en Valledupar, van a haber concursos para las mujeres y me la he pasado viendo un montón de chicas tocando acordeón y he visto unas peladas con un talento, una velocidad y seguridad impresionantes con las que tocan y yo las felicito. Sería muy bueno que todos los festivales hicieran esas categorías.  

¿Cómo llega usted a participar en el Festival? 

Resulta que cuando ya llevaba como unos cuatro o cinco años, ya yo era reconocido en Bogotá entre los mejores acordeoneros, yo tenía un grupo que se llamaba La Rebeldía Vallenata. Un día fui a tocar a una taberna que se llama El sótano y llegué y toqué la primera tanda, estaba con otro grupo que no era el mío, porque yo tocaba con otros grupos también, y yo llegué a hacer un reemplazo ese día y cuando toqué la primera tanda me abor un acordeonero que se llamaba Hernando Celis Cristancho, de Boyacá… él me abordó y me dijo que tocaba muy bien. Él, hace muchísimos años, ganó en la categoría de aficionado en el Festival Cuna de Acordeones de Villanueva y yo lo respetaba mucho, entonces él decía que yo era mejor que él y yo pienso que él era mejor que yo. Nos hicimos muy buenos amigos y me metió al cuento de los festivales. 

Después que nos hicimos amigos me retó y me dijo: “Dentro de dos meses hay un festival que se llama Festival de la Flor Vallenata, en Madrid Cundinamarca, lo reto, vamos al festival como aficionados los dos a ver quién es mejor”, y yo le dije: “Usted me va a ganar porque usted es más festivalero que yo”, porque una cosa es ser acordeonero de festival, otro de bailes y otra cosa es el acordeonero de grabación, son tres estilos diferentes que el acordeonero debe aprender a manejar. 

Al de Madrid no me presenté porque no había tenido tiempo de prepararme, pero él fue y ganó. Luego yo me preparé para el festival del año entrante, me presenté, pero él no y quedé de tercero. Luego me retó, eso fue como hace 38 años, a participar ya en el Festival Vallenato como aficionado y lo hicimos, yo me preparé lo mejor que pude y pues le gané en Valledupar, yo quedé en el puesto octavo y él en el 14. Entonces yo creo que él me dio esa bandera para que yo la portara. Yo pienso que continué lo que él empezó y siempre creeré que él era mejor que yo. Esa fue mi entrada al festival y participé varias veces hasta que, en 2006 en la versión 39, logré traerme la corona. 

¿En algún momento del concurso sintió algún tipo de discriminación por parte de los concursantes oriundos del Caribe? 

Sí, había momentos donde yo estaba compitiendo y muchas veces volteé a mirar al público buscando personas conocidas o personas que están alabándolo a uno para sentir esa fuerza que ayuda, pero veía a algunas personas que hacían señas de negación. Incluso, un día, un muchacho que me presentó Jorge Maestre, pintor y escultor de Valledupar, me dijo: “Hombre, yo lo admiro mucho a usted. Porque usted sabiendo que nunca va a ganar sigue viniendo aquí a competir, yo de usted no volvería. Nunca va a ganar”. 

Todos tenemos derecho, mientras una persona reúna los requisitos para tener un reconocimiento lo puede hacer ¿Por qué yo no? o ¿Por qué un costeño no va a poder ganar un concurso tocando arpa o cantando música llanera o música de los carrangueros? Lo puede hacer también si aprende a hacerlo.  

¿Por qué cree que estos estigmas se mantienen? 

Porque lo que pasa es que ellos (costeños) en el afán de querer defender lo de ellos, ven a músicos de otros lados como intrusos y los consideran en cierto modo una amenaza. Pero ya es hora de que cambien la forma de pensar, ya somos tres Reyes Vallenatos del interior: uno de aficionado y dos de la categoría profesional, que les hemos demostrado que los cachacos podemos tocar bien la música vallenata. Lo hacemos no solamente por satisfacción propio sino por quererles hacer un homenaje a ellos.  

¿Cómo es prepararse para concursar profesionalmente en este Festival? 

Es un proceso importante, muchos acordeoneros quieren llegar a un festival improvisando, pero no todo se puede improvisar porque se corre el riesgo de pasarse en el tiempo, son cuatro minutos para paseo, merengue y son y cinco minutos para la pulla.  

La preparación es muy fácil, primero que todo, escoger canciones que no estén trilladas, Yo me preocupé mucho con eso y de hecho les gustó mucho que rescatara canciones del folklore que ya estaban perdidas, en el baúl de los recuerdos.  Las canciones de concurso no pueden tener letra muy larga porque ahí se puede ir el tiempo de la presentación y casi no entra el acordeón.  Hay que crear pases (nuevas creaciones) y añadirlas a canciones ya existentes o realizar piezas inéditas. Las personas tienen que ser muy juiciosas y realizar ejercicios de digitación por la velocidad que se requiere al tocar.  

Aunque participa todo el grupo, el que gana como Rey Vallenato es solo el acordeonero  

Sí, aunque el Festival cuando llega a su final premian al mejor músico de cada instrumento que haya participado en los diversos conjuntos. Pero, los músicos que lo acompañan a uno tienen mucho que ver, porque si alguno se equivoca en algún momento le quita puntaje al acordeonero. Entonces el conjunto tiene que sonar muy compacto todo para que el acordeonero pueda ganar. Ellos son muy importantes, sin embargo, califican más al acordeonero. 

¿Qué proyecciones tiene acerca de la edición 52 de Festival Vallenato? 

La verdad es que este Festival va a estar tan bueno como los otros. Hay acordeoneros muy buenos que han competido y que no han podido ganar, un acordeonero de Estados Unidos, dos del centro, etc. Yo sé que el nivel va a estar muy alto, como es de esperarse. 

¿Cuántos filtros hay que pasar para llegar a ser Rey Vallenato?  

El primer día, se toca el pase y el merengue y no se elimina a nadie porque no pueden eliminarlo antes de que toque sus cuatro aires a no ser que se cometa una falta grave. No se pueden llevar camisetas alusivas a alguna marca y si la usan son eliminados de manera automática, los cajeros tienen que tener su parche de cuero 

¿Cree que el Festival realmente impulsa la carrera de los artistas que ganan?  

En mi caso, Beto Jamaica era un acordeonero que era reconocido en la ciudad de Bogotá, pero solo en la ciudad. Cuando ya compite en el Festival se convierte en un artista nacional y actualmente internacional, he hecho varios trabajos afuera. Entonces el Festival aparte de ser para mí la esperanza del folclor de la música vallenata, porque sin esto se muere. Entonces, el Festival es la esperanza del folclor porque ahí se ve el vallenato puro y también le sirven como lugar para presentar sus producciones o salen para grupos grandes. 

Finalmente, ¿Qué recomendaciones les daría a los participantes a la hora de prepararse para esta edición que está por arrancar 

Primero que todo está el juicio. Hay que ser juicioso cuando uno llega a un concurso de esos, ser puntuales. Repasen mucho a lo que van a tocar, medir el tiempo a las canciones para que no se pasen, analicen bien las cosas que creen porque hay arreglos musicales que son muy bonitos, pero, no están en el estilo musical puro que se exige. Hay que analizar bien y asesorarse y aparte de eso, ir de la mano de Dios porque cuando le pide a Él una bendición uno consigue lo que sea porque nada es imposible para Dios. Yo mi corona se la pedí y me la dio, antes de subir a la tarima le oré de una manera muy linda y gané. No nos podemos olvidar que existe, es lo más lindo que tenemos en el mundo. 

Información adicional

  • Coautor 1: Isabella Amador