Los jóvenes votan: entre el apoliticismo y la esperanza de las nuevas generaciones

Sábado, 07 Marzo 2026 16:22
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A vísperas de las elecciones legislativas, la responsabilidad de elegir a los próximos congresistas es ampliamente cuestionada por la generación de los nuevos votantes.

Los jóvenes votan||| Los jóvenes votan||| Fotos: cortesía entrevistados Diseño: Camila Vásquez|||
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Según la Registraduría, los 41 millones de colombianos que están habilitados para votar en las elecciones de Congreso y las consultas interpartidistas, cerca de 9 millones son jóvenes entre los 18 y los 28 años, lo que representa aproximadamente el 2 de cada 10 votantes del electorado. 

Aunque se trata de una población que participa activamente en las conversaciones del país, impulsa movimientos sociales y expresa sus posturas en el ecosistema digital, también se identifica cada vez más como “apolítica”

Este término  describe la actitud o tendencia de desentenderse de la política y mantenerse al margen de los asuntos públicos y partidistas.

El estudio “Jóvenes en Sociedad”, realizado en 2025 por la firma Cifras y Conceptos, encuestó a 3.221 jóvenes entre 18 y 32 años en 46 municipios del país. El resultado revela que aunque el 66 % de los encuestados manifiesta su intención de votar para la presidencia y el 58 % para el Congreso, más del 70 % aún no ha definido su candidato.

Entre los principales obstáculos están la falta de información sobre cómo participar, la desconfianza en los gobiernos locales, la falta de tiempo o recursos y la percepción de que su voz realmente no importa.

Para expertos en opinión pública, este fenómeno va más allá de una simple falta de información, pues refleja una generación que quiere incidir en el rumbo del país, pero que no siempre encuentra en la política tradicional espacios donde se sienta representada.

 

Cuando la política se siente lejana

Para Daniel Sáenz, un joven comunicador social y magíster en política pública, esa sensación se percibe cada vez más en su generación. Más que apatía, dice, hay una decepción profunda con la forma en que se ha construido la relación entre política y ciudadanía.“Yo interpreto esta distancia como algo doloroso”, confiesa.

 

En redes sociales, cuenta, es común ver expresiones que reflejan esa desilusión. Él recuerda  un video que circulaba en TikTok donde un joven decía: “ya tengo lista mi cédula para vender mi primer voto”. Para él, más que una broma o un chiste malo, ese tipo de mensajes evidencian un problema más profundo: los jóvenes sienten que su voto no tiene incidencia.

Tiktok: https://vt.tiktok.com/ZSuFNmpR9/ 

En su opinión, uno de los errores ha sido reducir la participación juvenil a escenarios formales o a espacios pasivos donde los jóvenes solo escuchan:“El día en que la política entienda que esto no es sobre sentarse en un auditorio a escuchar a alguien, las cosas cambiarán”

Para Daniel, los jóvenes deben involucrarse activamente en procesos de participación. Es ahí donde muchos de ellos encuentran causas concretas que los conectan con proyectos colectivos.

Menciona como ejemplo a los voluntariados en organizaciones animalistas, donde miles de jóvenes desarrollan actividades de cuidado, rescate y defensa de los animales. “Cuando los jóvenes hacen parte de un voluntariado o de una causa, sienten que están construyendo algo y lo defienden”, dice.

Para él, ese tipo de experiencias muestran que el problema no está en la falta de interés. El problema habita en la forma en que la política tradicional ha entendido la participación juvenil: “La política tiene que volver a ser creativa y participativa, que los jóvenes hagan parte de las transformaciones”.

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“En esta casa no se habla de política”

En otros casos, la distancia con la política tiene raíces más profundas relacionadas con la forma en la que las personas crecen e interactúan con estos temas desde su entorno familiar.

 

Para María José Cárdenas, joven psicóloga e investigadora originaria de la Guajira, muchas personas simplemente crecen en hogares donde la política nunca ha sido parte de la conversación.“Vengo de una familia donde mis padres no tuvieron estudios y nunca hablábamos de política; simplemente era algo que no hacía parte de nuestra vida cotidiana”, explica.

Esa ausencia termina construyendo la idea de que la política es un asunto lejano, ajeno a la vida diaria. “Uno crece pensando que eso no tiene que ver con uno”, dice, y esto se incrementa con el cansancio frente a la corrupción o la sensación de que la política no cambia las realidades de las personas.

 

El tamal, la sobreinformación y el algoritmo

Para Isabella Jaramillo, creadora de contenido político y estudiante de Comunicación Social y Ciencias Políticas, una de las razones por las que muchos jóvenes se consideran apolíticos tiene que ver con la forma en la que se habla de política. Durante mucho tiempo, explica, estos temas han parecido lejanos o difíciles de entender. “Los discursos largos o la forma tradicional de hablar de esto muchas veces no conecta con los jóvenes”, dice.

 

Aunque reconoce que las redes sociales han ayudado a traducir muchos debates a un lenguaje más simple, también cree que la sobreinformación puede terminar produciendo el efecto contrario. “Hay tanta información que termina abrumando y eso muchas veces se convierte en apatía”, explica.  

Además, advierte que las redes sociales están mediadas por algoritmos que terminan mostrando a las personas contenidos afines solo a sus propias ideas. “Al final el algoritmo te muestra solo lo que tú quieres ver”, dice. 

Para Isabella Jaramillo, ese cansancio también se mezcla con un rechazo hacia la política tradicional, asociada a prácticas como el clientelismo, representada en la imagen del intercambio del tamal por el voto, el discurso largo del político y las promesas incumplidas. En ese contexto, muchos jóvenes prefieren no encasillarse en una postura porque sienten que el debate público ya no es legítimo.

Para ella, el reto está en hacer la política más accesible y cercana a la cotidianidad. “Hay que explicar mejor cómo lo público afecta nuestras vidas”, reconoce. También, destaca iniciativas como los Consejos de Juventud, un espacio para involucrar a las nuevas generaciones que abre espacios significativos.

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Desconfianza, pero no indiferencia

Algo similar plantea Santiago Saldaña, joven politólogo e internacionalista, quien considera que el apoliticismo juvenil muchas veces nace de una “desilusión razonable con el sistema político”.

 

Según explica, en Colombia y América Latina existe una desconfianza creciente hacia instituciones como el gobierno, el Congreso o los partidos políticos, que muchos jóvenes perciben como distantes de sus preocupaciones. Sin embargo, insiste en que esta distancia no significa rechazo a la democracia. “No equivale a un desinterés total de los jóvenes”.

Por el contrario, muchos jóvenes siguen participando en causas sociales, activismo o movilizaciones ciudadanas. Lo que ocurre, explica, es que estas formas de participación no siempre pasan por los canales políticos tradicionales.

 

Las cosas están cambiando

Para Sara Salinas, estudiante de Ciencia Política y Sociología y activista feminista, lo público no es algo lejano. “La política es algo que te toca, que te atraviesa”, explica. Sin embargo, cree que el acceso permanente a redes sociales y a múltiples fuentes de información también ha generado en muchos jóvenes la sensación de que muchas cosas ya están resueltas. “A veces damos todo por sentado y pensamos que no nos falta nada”, comenta. 

 

Sara Salinas también recuerda que para varias generaciones en Colombia, la política continúa siendo sinónimo de violencia y miedo. “Históricamente ha sido algo violento, de persecución. Atrevernos a pensar diferente siempre implica un riesgo de exclusión en las familias o en la sociedad”, afirma.

Para ella, quienes se declaran apolíticos muchas veces lo hacen desde la desconfianza hacia los partidos tradicionales. “Siempre hay corrupción, algún escándalo y una que otra mermelada. Hay desconfianza por la desesperanza, los grandes partidos le han fallado muchas veces a los jóvenes”. Aun así, insiste en que el panorama está cambiando. Destaca la aparición de escuelas de formación, jóvenes ocupando cargos de representación política y movimientos que están abriendo espacios reales. “Las juventudes estamos viendo esperanza en espacios que nos dan voz, que nos dan lugar y en los que podemos incidir”, añade. 

En su opinión, la política no debería ser un lugar de dolor o persecución, sino un espacio para cuestionar, proponer y trabajar por algo básico: que todas las personas tengan un lugar digno en el país: “Las cosas no tienen que cambiar, ya están cambiando”.

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La política como una forma de vida  

 



Para Carlos Daniel Galindo, joven abogado y activista de Cúcuta, otro factor clave es el desconocimiento. “De la política casi siempre se oyen cosas que generan rechazo”, explica. Esa percepción, dice, hace que muchos prefieran mantenerse lejos sin siquiera darse la oportunidad de conocer lo que también puede ser valioso de la vida pública.

Además, cree que muchas veces se reduce todo a un momento puntual: el día de las elecciones. Para él, en cambio, es algo mucho más cotidiano. “La política se practica a diario de forma consciente, todos los días, cuando cuestionamos las problemáticas que vivimos”, afirma. Desde su mirada, es una dimensión inevitable de la vida en sociedad.

Por eso le preocupa que tantos jóvenes prefieran mantenerse al margen. “Esa distancia es nociva, porque al final dejamos que las generaciones mayores tomen las decisiones por nosotros”, advierte. Para cerrar esa brecha, indica que se necesita educación, cultura y conversaciones que empiecen desde los hogares. “El desconocimiento se rompe con educación y con un entendimiento que nazca desde la casa”, insiste.

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TikTok no garantiza conexión

Para Natalia Gómez, cofundadora de la agencia digital de comunicación política Arrebol, uno de los mayores retos está en cómo se comunica hoy la política. En su opinión, el hecho de que los candidatos estén en redes sociales no garantiza que conecten con los jóvenes.

 

“Estar en redes sociales ya no es suficiente”, explica. Hoy casi todos los candidatos tienen TikTok, Instagram o X, pero muchas veces esas plataformas se usan solo como vitrinas de propaganda. Muchas campañas siguen hablando desde la lógica de los partidos, con lenguajes técnicos o institucionales. Por ello,cuando intentan acercarse a los jóvenes, a veces recaen en memes forzados, tendencias digitales o mensajes vacíos.

Para Natalia, conectar con jóvenes implica escuchar, conversar y construir comunidad. Las redes, dice, “no pueden ser solo un canal vertical donde el candidato habla y la audiencia escucha. Los jóvenes esperan interacción, respuestas y sentir que hay una conversación real del otro lado”.

Además, advierte que la autenticidad se ha vuelto clave en la comunicación política. Los contenidos demasiado producidos o artificiales pierden credibilidad rápidamente entre las nuevas generaciones.

Un ejemplo que menciona es la campaña del político Zohran Mamdani en Nueva York:“Su campaña logró convocar incluso con quienes se consideraban ‘apolíticos’. Ese nicho esquivo de personas que no creen en la política, que no votan, que no militan y que mucho menos se imaginan haciendo campaña tocando puertas”. En muchos contextos, menciona, existe la idea de que lo mejor es no incomodar a nadie, pero ese caso demuestra lo contrario: la neutralidad no moviliza.

Para Gómez, las juventudes suelen conectar más con líderes que hablan con claridad, que construyen comunidad y que comunican desde una narrativa honesta. En ese escenario, las redes pueden ser mucho más que una vitrina digital y pueden convertirse en una herramienta real de movilización política.

Los jóvenes sí quieren participar

Desde la perspectiva institucional, organizaciones que trabajan en formación democrática coinciden en que el problema no es falta de interés juvenil, sino una desconexión entre las instituciones y las nuevas generaciones.

La organización Hanns Seidel Stiftung, que lleva más de tres décadas trabajando en formación política y liderazgo juvenil en Colombia, advierte que existe una brecha en los lenguajes y en los espacios donde ocurre la conversación política. Mientras muchos debates se trasladaron a las redes sociales, donde las discusiones son rápidas, horizontales y en tiempo real, muchas instituciones todavía no logran adaptarse a esos ritmos ni a esas formas de diálogo. 

Pero también hay un tema de confianza. Durante años, la legitimidad de muchas instituciones se ha debilitado entre los jóvenes. Aun así, la organización ha visto que cuando se abren espacios reales de participación y formación, los jóvenes responden.

A través de su estrategia POLITIK, la organización impulsa programas de liderazgo juvenil, procesos de formación democrática y redes de jóvenes líderes en distintos territorios del país. Solo en el último año, más de 1.800 jóvenes participaron en estos espacios de formación y liderazgo.

Para la organización, estas experiencias muestran algo claro: los jóvenes sí quieren participar e incidir, pero necesitan instituciones dispuestas a escucharlos y a crear espacios de participación más cercanos y accesibles.

El desafío, coinciden expertos y jóvenes, no está tanto en convencerlos de participar, está en construir una política que escuche, represente, que cree espacios de participación real y dialogue con sus realidades.

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