La Condalia Tohomasiana, cómo se llama científicamente, significa la resiliencia de una semilla que puede esperar hasta 20 años el momento justo para nacer. Sin embargo, su rEcuperación es un desafío contra el tiempo y la técnica: se han necesitado más de 15 ensayos experimentales y procesos de fortalecimiento con enraizantes naturales para lograr que apenas 55 ejemplares germinen en un periodo de año y medio. La historia del Gurrumay es un llamado a entender que, en la aridez del desierto donde pocas especies prosperan, la conservación de este árbol es vital para el equilibrio de la fauna local y la identidad biológica de un territorio que no puede permitirse perder su rastro.
Detrás de la supervivencia de esta especie se encuentra la labor de Edwin Romero, viverista y guardabosques de Nemocón encargado de la difícil tarea de propagar el Gurrumay. Su trabajo en el vivero municipal, donde utiliza técnicas como el agua de tilo, es una lucha de paciencia contra el tiempo de la naturaleza. Más allá de la técnica, la administración de Nemocón tiene la misión de concientización el territorio. Por ello, buscan enseñar a los habitantes del pueblo que este "espino" no es un estorbo para sus construcciones, sino un pilar ecológico fundamental. Es por esta importancia biológica que en Nemocón se ha institucionalizado el Día del Gurrumay, una fecha que busca, especialmente a través del trabajo con escuelas, sembrar en las nuevas generaciones el respeto por una planta que define la identidad y la resiliencia de su propio suelo.
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