Huerta "Los copetones": la historia de una comunidad que resiste

Lunes, 06 Mayo 2024 19:15
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En la urbanización Santa Matilde II hay un predio que se encuentra en disputa entre la Central de Inversiones S.A. y la comunidad del sector

Huerta comunitaria "Los Copetones"||| Huerta comunitaria "Los Copetones"||| Laura Catalina Franco Vargas|||
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  • Coautor 1: Valentina Franco Arias

En el parque Santa Matilde, ubicado en la calle 10 sur 35 a 62, en la localidad de Puente Aranda, hay un espacio de desconexión. Los habitantes dicen que estar ahí los saca de la rutina, que pueden respirar aire puro y cambiar de ambiente. Ese espacio es la huerta comunitaria “Los Copetones”, donde hay árboles y hortalizas, flores y lavandas, insectos y aves, y donde cada sábado se reúnen los vecinos del barrio para seguir resistiendo frente a las entidades que ponen en riesgo que este predio siga siendo público.

Desde hace 50 años aproximadamente, la mitad del predio donde se ubica el parque Santa Matilde, que tiene un área aproximadamente de 5.595 metros cuadrados, ha pertenecido a diferentes entidades urbanizadoras. En 1974, la Sociedad Anónima Urbanizadora y Constructora La Victoria vendió este lote a CIA Nacional de Comercio Exterior LTDA. Ese mismo año, esta entidad lo vendió a CIA Comercial Grancolombiana LTDA, quien luego lo vendió, en 1981, a la Sociedad Grancolombiana de Vivienda LTDA, para finalmente venderlo en 1987 a la Compañía de Financiamiento Comercial de Promociones S.A., mejor conocida como Cofinpro.

Históricamente, estos procesos de compraventa por los cuales ha pasado este predio han puesto en riesgo la apropiación que ha hecho la comunidad para defender el parque Santa Matilde que para ellos siempre ha sido público. Desde 2021, la comunidad se encuentra en un pleito con la Central de Inversiones S.A. (CISA) para definir el destino del predio.

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El pleito legal

El lote ubicado en Santa Matilde Sector II tiene un área total de 11.095 metros cuadrados que están divididos en dos predios. Uno es de uso público, que pertenece al Distrito y tiene un área de 5.500 metros cuadrados y el otro que es particular, con un área útil de propiedad privada vendible y que actualmente le pertenece CISA.

Cofinpro, que desde 1987 fue el último dueño legal del predio, fue liquidada en 2002 por el ex-presidente Álvaro Uribe Vélez. Desde esa fecha, Cofinpro le cedió los derechos administrativos del predio a CISA hasta el año 2021, cuando finalmente se celebró un contrato formal de compraventa. En este contrato Cofinpro le vendió el lote a CISA por 275.000 pesos. Se presenta una posible irregularidad cuando en agosto de 2021, tres meses después de la compraventa, CISA decide ofertar el predio por más de 13 mil millones de pesos, superando considerablemente el precio por el cual adquirió el inmueble.

Desde hace 50 años aproximadamente, la comunidad empezó a apoderarse del predio público y del lote privado correspondiente a los particulares, ya que no se intervenía ni se hacían proyectos o construcciones en el espacio. Así, los 11 mil metros cuadrados del predio de Santa Matilde se destinaron para el uso y goce de la comunidad.

 

Historia de la huerta "Los copetones"

La comunidad de Santa Matilde se alertó cuando en agosto de 2021, en ese parque de toda la vida, encontraron un letrero de “SE VENDE” puesto por CISA. El parque que para ellos siempre ha sido público, su lugar de disfrute rodeado por árboles de Eugenia de más de treinta años, certificados por el Jardín Botánico, con alumbrado público y servicio de basuras, ahora estaba en riesgo, se los estaban quitando, ofertándolo por 13.200 millones de pesos: “aparecieron para colocar unos carteles, diciendo que iban a hacer construcciones, que porque el parque no era público, sino privado”, contó Gladys Amortegui, miembro de la huerta "Los Copetones".

Al ver que el parque estaba en riesgo, la comunidad empezó a tomar acción. Lo primero que hicieron fue La Marcha de Las Antorchas, en la que muchos vecinos salieron a hacer un recorrido por el barrio Santa Matilde y por el parque exigiendo que el predio no se pusiera en venta.

Ese primer reconocimiento de los vecinos, el identificarse como parte de una misma lucha, los llevó a consolidar un proyecto más fuerte: “veámonos, hagamos algo aquí, sembremos unas maticas, apropiémonos más de este espacio, fue la propuesta que hicieron los habitantes, según cuenta Andrés Cepeda, el líder de la huerta.

Se encontraron el sábado siguiente a la marcha y cada vecino llevó entre dos y tres plantas para realizar el primer jardín.  Desde ese momento, los sábados se volvieron su día de encuentro. Se empezaron a reunir cada semana para trabajar la tierra del parque, tanto como proceso de resistencia como por un compromiso ambiental con su territorio.

Este proyecto se volvió cada vez más grande, pues empezaron a recibir apoyo de diferentes colectivos ambientales y de otras huertas de Puente Aranda. Según el directorio de huertas urbanas de Bogotá, para 2019 se registraron por lo menos 10 huertas en esta localidad. Además, en 2023, la Alcaldía Local de Puente Aranda decidió consolidar una Red Local de Huertas por el aumento de las alternativas ecológicas en el territorio.

Andrés Cepeda tiene 33 años y cuenta que hace aproximadamente ocho años participó en diferentes talleres de agricultura urbana en el barrio San Eusebio con la Fundación Biosferas, la cual es un referente de trabajo socioambiental en la ciudad. En estas actividades aprendió sobre las huertas urbanas, sobre agroecología y manejo de residuos, para que finalmente en 2021, junto a sus mentores y vecinos, pudiera impulsar este lugar: “son espacios que no podemos dejar perder porque son claves para poder mantener la tierra y parte de la vida de este planeta”.

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Por medio de sustratos y compostaje, los miembros de la huerta han ido fertilizando la tierra del parque. Cada sábado se reúnen a hacer las pacas digestoras, una de las actividades más completas que ofrecen las huertas: reciben los residuos orgánicos de los vecinos, luego, en un molde de madera, empiezan a acomodar capas de pasto, ramas y hojas secas; en el centro añaden los residuos orgánicos como cáscaras de frutas, vegetales o residuos de alimentos. Con una pala, trozan todo este material y van formando varias capas.

El paso final es cubrir con más elementos secos y pisar hasta que quede un cubo apretado. Luego retiran el molde y queda la paca digestora que, con ayuda de los insectos, procesa los elementos orgánicos y con el paso del tiempo se reduce y se convierte en abono y tierra fértil. Para dar evidencias de este trabajo y generar conciencia ambiental, los huerteros pesan las bolsas de residuos orgánicos para dar el reporte de cuántos kilos de residuos se están aprovechando en la huerta. Aproximadamente, en una sola paca, se procesan 60 kilos de residuos.

 

El futuro es incierto para la huerta

“Nosotros dijimos: no, esto ha sido parque, es parque y se conservará como parque. Entonces no les permitimos que colocaran el letrero”, esa fue la reacción de la comunidad luego de que CISA decidiera reapropiarse del predio y ponerlo en venta, según cuenta Gladys Amortegui.

Pese a la oposición de la comunidad, la Central de Inversiones siguió presionando a los habitantes para reapropiarse de su predio. Intentaron quitar las canecas públicas, las cuales fueron puestas por la Alcaldía al igual que el alumbrado, mientras el predio estuvo desocupado y, aunque no lo lograron, sí retiraron el servicio público de poda en el lote. Esto tampoco ha sido un impedimento definitivo para la comunidad, pues Gladys y su hermana han resistido y se han encargado de la poda del predio para que el terreno se mantenga en buen estado.

En agosto de 2021, CISA realizó una reunión formal con la comunidad para darles a conocer la historia del predio, los dueños que ha tenido y les explicó la naturaleza privada del lote. Sin embargo, la comunidad no está dispuesta a que se realicen construcciones en la parte del lote que legalmente no les corresponde. CISA ha optado por organizar diferentes espacios en los que pueda llegar a un acuerdo con los vecinos de Santa Matilde.

Hasta el día hoy no se ha concretado nada, el proceso no ha pasado de reuniones esporádicas, la última se realizó en noviembre de 2023. Las propuestas que tienen los miembros de la huerta y de la Junta de Acción Comunal de Santa Matilde son que CISA ceda el lote al Distrito para que se pueda seguir usando como parque público, pues una nueva delimitación de los linderos no es lo que busca la comunidad, ya que han creado una relación de arraigo con el parque y quieren seguir disfrutando del espacio.

La otra opción que han plantado es que, si CISA decide construir, debería realizar una obra que beneficie a los habitantes del sector, como un salón comunal o una casa de la cultura. Una de las mayores exigencias es que respeten el arbolado. Este año la Central de Inversiones no se ha pronunciado, lo único que saben es que todas las tardes pasa un motorizado de CISA a tomar fotos del predio.

Este pleito legal pone en desventaja a las personas del barrio Santa Matilde que quieren proteger a toda costa el parque que consideran de su posesión. Para poder usar y gozar del  lote, la comunidad debería tomar en cuenta La ley 2044 de 2020, pues es el mecanismo que les permitiría la totalidad del predio.

Según el artículo 3 de esta ley, este lote puede entenderse como un Bien Fiscal Tutelable. Juan José Velasquez, quien hace parte de la clínica jurídica de la Universidad del Rosario, explica que esta categoría de predios se usa cuando los predios han sido ocupados por comunidades y se busca que tengan un uso público: a partir de esta figura, el predio de este dueño deja de ser CISA y pasa a ser el Distrito Capital que le daría una destinación de parque, afirma Velasquez. De acuerdo con el articulo 20 de la misma ley, mediante una resolución administrativa, las entidades oficiales les podrían dar un título que les otorgue a la comunidad el dominio del predio si este ya ha sido afectado para ser de uso público, como es el caso del lote de Santa Matilde, el cual las personas han usado como parque desde hace muchos años.

 

Resistir, luchar y cosechar

La huerta “Los Copetonesse mantiene en su posición y siguen resistiendo por su territorio. Actualmente cuentan con un espacio cercado con malla y postes de madera en el cual cultivan alimentos como acelgas, espinacas, lechugas, ahuyamas y pimentones, donde hay árboles sembrados por ellos mismos y donde llegan a posarse aves migratorias... como los copetones.

Andrés, el líder de la huerta, recuerda que de pequeño pasaba por el parque Santa Matilde cuando iba del colegio a su casa. Ahora trabaja en la huerta porque en su familia le incentivaron el amor por la naturaleza. Para él, la huerta es una forma de mantener ese amor y ese legado en la ciudad mientras resiste junto a su comunidad: mi decisión fue pararme en esa línea de mantener o promover esa memoria y ese respeto, ese amor por la naturaleza”.

Maria Cristina García es una mujer de 64 años que vive en Puente Aranda desde hace más de tres décadas. Sentada en unos troncos que están bajo uno de los árboles de la huerta, cuenta que ella también participó en los talleres en el barrio San Eusebio y empezó a interesar por la agricultura urbana. Junto a Andrés, vio en “Los Copetones” una oportunidad para aplicar su conocimiento. Para ella, este espacio “es vida, la naturaleza, el aire libre (...) uno se siente aquí tan tranquilo y el tiempo se pasa tan rápido, porque esto es esparcimiento”.

Esta huerta nació de una comunidad que se resiste a la posibilidad de que su espacio público termine convirtiéndose en un edificio. Los beneficios como la reducción de los residuos, la fertilización del suelo, la posibilidad de sembrar y cosechar alimentos orgánicos, ofrecer un lugar de esparcimiento y contribuir a la mejora del ambiente de la localidad son algunas de las razones por las cuales los vecinos destinan cada sábado a trabajar por el espacio del cual se han apoderado, y en el que han disfrutado, desde hace más de 50 años.

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