Daniel Torres, el deudor que se sublevó ante el Icetex desde el activismo

Jueves, 24 Marzo 2022 19:13
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Dejó la Ingeniería de Sistemas para convertirse en defensor de quienes tienen créditos con la entidad. Desde su página, asesora a jóvenes que contemplan incluso el suicidio como única salida para liquidar la deuda.

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Daniel estaba trabajando en su casa, desde su portátil, cuando el sonido de una ráfaga de notificaciones interrumpió su concentración. Pensó que se trataba de algo urgente. Sacó el celular del bolsillo de su pantalón para revisar. Era la una de la tarde de un martes del 2022. Un remitente desconocido le había dejado una secuencia de mensajes al buzón de su WhatsApp. Las últimas líneas lo alarmaron: “He pensado en el suicidio para que el seguro pague mi deuda”.

El joven se sentía acorralado. Las facturas de cobro con el ICETEX, y las llamadas en tono intimidante de los abogados, le recordaban a diario el compromiso que había adquirido. Llevaba dos años sin conseguir un trabajo formal, y con la pandemia el panorama laboral era desolador. Pasaba los días en el rebusque para lograr estar al día con sus pagos. Sin embargo, ni eso ni el hecho de hacer un aporte mayor al capital habían logrado que la deuda inicial bajara. Al contrario, las cuotas mensuales seguían subiendo.

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Daniel Torres se ha convertido en el defensor de usuarios del Icetex como aquel. A través de los nueve años dedicados al activismo, ha tenido que enfrentarse a confesiones similares. Jóvenes que contemplan el suicidio como el único camino para acabar de una vez por todas con su deuda. Mensajes que llegan semanalmente a la página de Facebook, “Icetex te arruina”, la misma que Daniel creó hace seis años y actualmente cuenta con más de 42.000 seguidores.

 

"Que la deuda muera conmigo"

En su computador guarda algunas capturas de pantalla de estas confesiones. Hay una decena de ellas. Decide mostrarme unos casos, eso sí, manteniendo en privacidad la identidad de los remitentes. “El Icetex cree que yo me invento estas historias, pero esto es real. Esto es lo que está ocurriendo”, dice con un dejo de indignación.

Son historias con las que él justifica su decisión de haber dejado la carrera de Ingeniería de Sistemas a un lado para dedicarse tiempo completo a escuchar, asesorar y ser el vocero de los usuarios del Icetex, especialmente de los deudores.  

Daniel es un hombre delgado que mide alrededor de 1.70 de estatura. En su piel clara resaltan sus oscuros ojos negros. Esos mismos que se tiñen de impotencia al recordar cómo dos de las leyes que han impulsado no se encuentran operando porque este Gobierno no las ha aprobado. Sonríe de forma sutil y habla con tal seguridad que no se escucha ningún titubeo en sus respuestas. Su voz jovial, pero firme, se ha escuchado en los recintos del Congreso, donde ha llegado para buscar mejorar las condiciones de los deudores.

 

Seis leyes propuso en el Senado, las seis fueron aprobadas

No fue fácil abandonar todo lo que conocía de su vida profesional. Al principio, su familia, que es numerosa, no entendía esa decisión, pero poco a poco sus miembros fueron convirtiéndose en sus ‘coequiperos’. Lo mismo Dorota, su pareja incondicional, que lo apoya en cada meta que se propone.

Lo conoció hace ocho años. Ella se enamoró de Daniel porque era un hombre de valores que amaba a su familia, también admiraba su determinación para lograr lo que se proponía. Un rasgo de su personalidad que le gusta, pero que a veces hace más difícil la convivencia, “es que es muy terco”, pero terco “de la buena forma”, me aclara.

Tal vez ha sido esa vena de terquedad la que lo ha llevado a impulsar la aprobación de seis leyes en el Senado sin ser legislador. Eso sí, tuvo que recorrer los pasillos del Congreso, golpear diferentes puertas y esperar pacientemente que le otorgaran unos minutos en una estrecha agenda, para poder explicar sus ideas y pedir un respaldo.

Y toda esa paciencia y dedicación dieron sus frutos. La ley 1886, Ley 1911 y Ley 1837, todas del año 2018, son algunas que se han convertido en “sus hijos adoptivos”, como él mismo las llama, pues ha tenido que estar pendiente durante cuatro debates para que vieran la luz. Todas ellas están destinadas a brindar mayores garantías a los usuarios: eliminando arandelas de cobros adicionales que salían del bolsillo de los deudores, generándole descuentos a aquellos usuarios que vayan a declarar renta y por supuesto, visibilizando todas las ofertas de becas que existen en el país, desde una misma página web.

Daniel, a quien su elegante traje oscuro y camisa blanca manga larga no le impiden sentarse cómodamente, con una mano recargada en el respaldar y una pierna cruzada en el asiento del sofá principal de la sala de estar, toma un sorbo de té que acaba de preparar y me ofrece un poco. Así transcurre nuestro encuentro en una mañana de viernes, un encuentro que más que una entrevista, parece un dialogo de personas cercanas.

Daniel es receptivo con las personas, tiene buena memoria para recordar detalles y conversaciones que ha tenido. Cuando me mostró las charlas con los morosos que contemplaban el suicidio, Daniel recordaba detalles específicos de cada relato, sin importar qué tan antiguas eran las confesiones. Lo mismo conmigo. Esta era la segunda vez que nos veíamos. La primera fue hace siete meses, en un encuentro muy corto, pero recordaba con gran detalle lo que hablamos.

Cerca de nosotros están sentados algunos de sus compañeros de labor. Voluntarios que lo apoyan en la creación de contenido de redes sociales y en los eventos de concientización en espacios culturales, como Cuenteros, un lugar de esparcimiento entre universitarios, o la plaza de los Periodistas, ambos ubicados en el centro de Bogotá. En la casa hay de todo, incluido un improvisado estudio de grabación, compuesto por un aro de luz, celular, trípode y computador. Al lado, en una caja de cartón, están algunos de los títeres con los que Daniel y su equipo salen a hablar del Icetex. Reluce un diablo rojo de traje formal, con signo de pesos en sus ojos saltones. “¡Es el propio Icetex!”, me comentan.

Mientras converso con Daniel, se alcanza a escuchar el 'tictac' 'tictac' con el que Giovanny digita a toda marcha un texto en su portátil. Se conocen hace año y medio. Giovanny ha sido uno de sus colaboradores más creativos. Atrás están otros dos compañeros que revisan un video en su celular y toman apuntes. Hablamos con ellos de algunos temas de actualidad, hasta que la conversación gira de nuevo al tema del Icetex y se escuchan risas en la sala. “Con Daniel todo es Icetex”, comenta un amigo en tono de broma.

Hubo un tiempo, ncluso, en el que Daniel, destinaba casi que exclusivamente sus ratos libres para investigar más sobre cómo funcionaba el Icetex, y hacer más visible su plataforma en la web. Ya no salía a las canchas sintéticas cada domingo en la tarde con sus amigos. O por lo menos ya no era tan frecuente.

Ahora, a pesar de que sigue comprometido con el tema, ha tenido que distribuir mejor el tiempo entre sus labores y su familia, pues desde hace más de un mes se convirtió en padre.

Su vida no es solo trabajo, aunque así pareciera. Y es que, además de veedor ciudadano, siempre ha sido un atleta. Le han apasionado los deportes desde que tiene memoria. También es un viajero de corazón, le gusta pisar nuevos suelos y descubrir los paisajes sorprendentes que esconde el país. Aunque no es un cinéfilo de tiempo completo, otra actividad que disfruta es ver una buena película en el cine.

Pero no siempre fue la persona serena que, desde el rol de asesor, busca tranquilizar a jóvenes desesperados. En su momento, él fue deudor y vivió en carne propia los "hostigamientos" por parte de la entidad, que lo llevaron a él y a su familia a una espiral de angustia de la que le costó salir.

 

“Pague ahora su cuota para que esté tranquilo en la tarde”: su experiencia como deudor

Figuraba en la lista de morosos, pero no se había graduado. Corría el año 2010 y su proceso se había alargado un semestre adicional, porque se atrasó en unas materias con  prerrequisito. Intentó exponer su caso ante la entidad para que le desembolsaran el semestre faltante, pero la decisión fue enfática y no estaba sujeta a interpretación de casos particulares. La entidad había cumplido con los giros establecidos en el contrato. El proceso pasaba a proceso de cobranza.

Bajo diferentes tácticas, dice Daniel, Icetex lo presionaba para pagar. Al principio eran llamadas semanales y facturas en el buzón de su casa, pero poco a poco el tono de intimidación iba subiendo.

Específicamente, recuerda una llamada diez años atrás, que le dejó la sangre helada. Era su madre al otro lado del teléfono, que, con un tono de voz que reflejaba su angustia, lo increpaba: “Hijo, ¿usted por qué me hace esto? ¡Me van a embargar la casa!”

La posibilidad de que su madre perdiera la vivienda, y más aún, el hecho que percibiera que era su culpa, lo hizo darse cuenta de la magnitud de la deuda que adquirió.

No era la primera vez que lo intimidaban, según relata. Tenía 22 años y ya había tenido que soportar en silencio mucha presión para no angustiar a su familia. En silencio, los mensajes de texto tipo “pague ahora su cuota para que esté tranquilo en la tarde”. En silencio no poder sacar un plan de datos en su celular porque estaba reportado. En silencio, las deudas simultáneas: el cobro de matrícula para cursar el semestre que le faltaba en la universidad y poder graduarse, y las cuentas de cobro del Icetex. Sin embargo, esta vez, era diferente. Las intimidaciones no iban dirigidas hacia él, sino hacía su madre, su talón de Aquiles.

Ahora, una década después y con la experiencia con su plataforma web, se ha dado cuenta de que esta es una estrategia muy utilizada por la entidad para presionar al moroso. “El Icetex sabe que lo más vulnerable para un deudor es su familia, no tanto uno. Por eso es que pone a la mamá en contra de uno”, comenta.

Después de darle muchas vueltas al tema encontró una manera de resolver su destino. Decidió tomar de a pocas materias en cada matricula. Esto hizo que se le alargara la carrera, pues en vez de recibir su título en el 2011, termino recibiéndolo hasta el 2013. Referente a su otra deuda con Icetex, terminó destinando más de la mitad de su salario de recién egresado para pagar, una a una, las cuotas mensuales de $500.000. Terminó pagando 62 millones de pesos por un préstamo de 29.

En algo concuerdan su esposa, Dorota, y Giovanny, su compañero cercano, y es que por cuenta de ese preciso capítulo de su vida, la llamada de su madre angustiada por la posibilidad de perder su casa, se le estremecieron las entrañas y reflexionó sobre la situación de otros usuarios. Él mismo lo comenta: “A raíz de lo que me pasó, no quería que a nadie le ocurriera esto (…) Entonces pensé ¿Qué pasaría si un ciudadano abandona todo y utiliza sus ahorros para resolver esta crisis social?”.  Diez años después, se puede decir que lo averiguó.