Confesiones de una mujer reclutada por las Farc siendo niña, que huyó de la violencia intrafamiliar en su casa

Viernes, 09 Abril 2021 09:32
Escrito por

Karoll* lucha en la actualidad por los derechos de los más vulnerables y para que su historia no se repita. A diferencia de los niños que han sido reclutados por grupos armados ilegales, a sus once años Karoll decidió irse a la guerrilla para evitar los maltratos que recibía en su propio hogar. 

Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)||| Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)|Performance de mujeres de las FARC en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá (2020)||| Fátima Martínez Gutiérrez|Fátima Martínez Gutiérrez|Fátima Martínez Gutiérrez|Fátima Martínez Gutiérrez|Fátima Martínez Gutiérrez|||
4181

Karoll* nació y creció en Chaparral (Tolima), en un mundo lleno de dolor y sufrimiento. Con tan solo once años, esta pequeña creyó haber encontrado en las Farc aquello que nunca tuvo en su hogar: una familia. La vida en el campo es completamente diferente a la de la ciudad, no solo por su infraestructura, los paisajes, los carros, las industrias, las personas, las oportunidades, sino también por la violencia. En aquella época, hace exactamente 21 años, los derechos de los niños no eran tan pronunciados como lo son hoy, cuenta Karoll mientras se reclina en su cama.

Con bastante seguridad y poca nostalgia está mujer de 31 años recuerda los maltratos que recibía en su hogar, sin una madre biológica y con unos abuelos “muy maltratadores”. Para aquellos que no vivimos la violencia de cerca nos resulta increíble pensar que un niño prefiera la guerra antes que el hogar, pero es la realidad que afrontan muchos niños y adolescentes en nuestro país. Karoll, al igual que muchos otros niños, encontró en las filas de las Farc la única salida al sufrimiento, vio una oportunidad de vida, o eso es lo que creyó en medio de la desesperación por el abandono del Estado. En el campo, muchas veces, los infantes no tienen la oportunidad de vivir esa etapa de la niñez y deben comportarse como adultos. “Donde yo vivía era frecuente ver a la guerrilla y esta siempre nos proponía irnos con ellos, hasta que un día se dio. Me cansé de recibir maltratos y decidí irme a la guerrilla con una tía de mí misma edad”, recuerda.  

Durante los años que Karoll pasó en la guerra, nunca escuchó el término “Proceso de Paz”. No obstante, mientras se encontraba en medio del confrontamiento entre la guerrilla y el Ejército, en 1999, se inició el tercer intento para lograr la paz. En ese año, el entonces presidente Andrés Pastrana ordenó la desmilitarización de cinco municipios de presencia histórica de las Farc: La Uribe, Mesetas, La Macarena, Vista Hermosa en el departamento del Meta, y San Vicente del Caguán en Caquetá (territorio conocido en esa época como zona de despeje). De acuerdo con el Centro de Memoria Histórica, en 1999 la guerrilla estaba tomando venganza de una manera cruel y sangrienta. Los ataques no eran exclusivamente en contra de sus enemigos, sino también en contra de la población civil, la cual consideraban “el eslabón más débil”.

Karoll tuvo que adaptarse a esta nueva “vida” en medio de las masacres y los asesinatos por parte de la Fuerza Pública en respuesta a los ataques de la guerrilla. Mientras esta niña cambiaba los muñecos por armas, Adela Bustos- Trabajadora Social y quien años más tarde sería la profesora en quien Karoll depositaría su confianza para contarle su historia de vida- se encontraba en San Vicente del Caguán. Adela recuerda como en medio de las calurosas y transitadas calles del Caguán se veían niños, física y mentalmente cansados, cargando pesadas armas y con un camuflado que les daba un alto nivel de autoridad. De vez en cuando la trabajadora social se animaba a preguntarles la razón por la que estaban en la guerrilla. Ellos con tristeza respondían que era la única forma de ayudar a sus familias porque les pagaban por estar en ese grupo armado ilegal.

 

Los aprendizajes de una infancia perdida  

En medio de la guerra entre las Farc y los paramilitares en Chaparral, la guerrilla se convirtió, para Karoll, en su familia, en su protección. Paradójicamente, la guerra era el lugar en donde ella podía escapar del maltrato, en medio de la selva, los mosquitos, la incomodidad, los animales, la humedad, la sed y rodeados de armas los niños, niñas y adolescentes veían este escenario como un mundo mejor, con más oportunidades para ellos y sus familias. Mientras le preparaba el tetero a su hija, le pregunté cómo vivió su etapa de niñez en la guerrilla, a lo que ella contestó: “Los niños que estábamos allá, ya no jugábamos a las muñecas o con los carritos, nosotros jugábamos a hacerle daño a los demás”. En ese momento se detiene, se queda pensativa unos segundos, suelta una carcajada entre burlona y nerviosa y me pide que le repita la pregunta. En ese momento, no pude contener la risa, esa situación me generó un sentimiento de ternura y nostalgia.

Mientras hablaba de su experiencia de niña en las Farc, no pensaba en el sufrimiento que tuvo que vivir, pensaba en que haber pasado por eso le hacía ver ahora la vida de otra forma. Me contaba su vida de una manera tranquila mientras le daba el biberón a su bebé. Ella se perdonó por su pasado, no lo olvida, lo mantiene presente para poder ayudar a otros niños que hoy están pasando por lo mismo que ella vivió. Karoll es trabajadora social, lo que le ha permitido que a partir de su propia historia de vida pueda ayudar a los demás. “Desde mi historia fueron varios factores que me ayudaron a decir, quiero estudiar trabajo social, quiero ayudar a las personas, más que todo a los niños, niñas y adolescentes porque, en algún momento, sentí que muchos de mis derechos se vulneraron y no quiero que esto continúe”, dice mientras carga a su risueña hija de dos años, quien me saluda varias veces.

Desde hace dos años esta exguerrillera trabaja con el ICBF por el restablecimiento de derechos de niños, niñas y adolescentes. Entre el 10 de noviembre de 1999 y el 31 de marzo de 2013, este Instituto reportó la atención de 5.156 niños, niñas y adolescentes desvinculados, de los cuales el 17% de los menores de edad fueron, al igual que Karoll, rescatados por la Fuerza Pública mientras que el otro 83% se entregó voluntariamente.

El poder ayudar a esta población se convirtió en su motivo de vida. Gracias a esta labor Karoll afirma haber cambiado esa ideología sesgada que tenía del grupo armado ilegal. Se convirtió en un ejemplo para esos jóvenes, que al igual que ella, crecieron entre las balas, la sangre, el dolor y la perdida, se convirtió en vocera de aquellos que hoy no pueden exigir sus derechos. Así es como su historia ha llegado a lugares como Estados Unidos y Holanda, países a los que viajó siendo testigo de la realidad colombiana, llevando la voz de quienes en algún momento tuvieron que vivir la guerra, el reclutamiento y el proceso de desvinculación.

El “formar personas que contribuyan al país” ha sido su misión. Una de las cosas más bonitas que esta exguerrillera y ahora trabajadora social ha vivido después de su reintegración a la sociedad ha sido esa lucha por seguir adelante y ayudar a niños que están siendo maltratados. Manifiesta que hay muchos momentos en los que se siente impotente, triste, indignada, porque aún después de todo lo que vivió hay cosas que le cuesta creer que estén pasando en nuestro país. Karoll no se arrepiente de su pasado, afirma que este pudo haber sido diferente ya que, mientras los demás niños aprendían a leer y a escribir a ella le tocaba aprender a seguir ordenes, a usar un fusil.

 

El perdón y la muerte

A sus 15 años, cuando fue rescatada en un operativo de la Policía, no sabía leer ni escribir, le tocó empezar desde cero, porque esa parte de la infancia, el colegio y los amigos no la pudo vivir. Pero hoy en día está agradecida por haber vivido eso y aprender de esos errores. Sentada desde la escalera que da a la habitación de su hija, recuerda lo duro que le resultó la universidad, se tuvo que esforzar el doble en sus trabajos. Con una enorme sonrisa, dice orgullosa como en su trabajo la felicitan por sus excelentes informes.

Sin duda, para Karoll esta experiencia le sirvió para ser quien es hoy, una mujer comprometida consigo misma y con su familia, que lucha por poder ayudar a las otras personas y que cree en la construcción de paz sin violencia. “Creo que el ser humano se construye y se vuelve más resiliente a través de los tropiezos”, sentencia con plena serenidad. Pese a que Karoll logró reincorporarse a la sociedad, no niega que la violencia deja muchas secuelas a nivel emocional. Cuenta que pensar en la muerte es un factor que está presente en ti todo el tiempo cuando estás en medio de la selva, en cualquier momento tu vida o la de cualquier otra persona se puede perder. Uno de los momentos más duros a los que Karoll se tuvo que enfrentar durante su vinculación a las Farc fue cuando vio a su tía caer en combate, presenciar los fusilamientos y tener que separar a un ser querido de su familia.

  • ¿Qué piensas de la guerra?
  • Yo creo que la guerra es absurda, porque el hecho de que yo esté en desacuerdo con la otra persona no significa que yo tenga que ir a agredirla o ir a imponer la ideología que yo tenga. Pero eso es pensándolo ahorita, porque uno estando allá uno piensa “yo me mato por mi ideología y me hago matar por mi ideología”.
  • ¿Qué fue lo más difícil de estar en la guerrilla?
  • Esa parte de ver que el ser humano se va, que deja como un recuerdo ahí y ya. Fue difícil porque en ese momento estaban los paramilitares. Fue una guerra muy dura.
  • ¿Constantemente pensabas en la muerte?
  • Sí, porque estábamos en zona roja, la vida allá dependía de un hilo, en cualquier momento a uno le pegan un tiro y se muere. En ese momento los paramilitares estaban matando mucho a las mujeres, las violaban, las torturaban, le hacían de todo a las guerrilleras.
  • ¿Qué le decía a la guerrilla?
  • A uno siempre le decían “no se deje coger, deje un tiro, y en el momento que usted vea que lo van a coger, péguese un tiro”. La vida allá no vale nada.

El proceso de reintegración a la sociedad para los excombatientes es largo y requiere de mucho tiempo. “El tiempo se encarga de curar las heridas”, se repite a diario Karoll. La guerra deja un daño terrible a nivel emocional, personal y familiar, no solo en los excombatientes, sino también en las familias de las víctimas inocentes que sufren las consecuencias de la incesante violencia. Para aquellos que deciden dejar las armas, esta trabajadora social les recomienda perdonarse a sí mismos y perdonar a los demás, ya que, el vivir con ese cargo de conciencia no les permite a los disidentes avanzar. Sin embargo, para todos, el perdón no es un proceso fácil, pero Karoll lo reconoce como un factor indispensable para la reconciliación y para que estas historias de conflicto y sufrimiento no se repitan.

Pero eso no es todo lo que los excombatientes deben afrontar una vez dejan las armas. Ciertamente, en nuestra sociedad acostumbramos a juzgar y estigmatizar a las personas, y como lo manifiesta Karoll, una cosa es cuando te lo cuentan y otra cuando lo vives. Manifiesta que ha escuchado que muchas de sus compañeras llegaron a la guerrilla porque sus padrastros habían abusado de ellas, las violaron y sus mamás nunca les creyeron: “Muchos de los que se fueron a la guerrilla fue para vengar lo que les hicieron. Otros se fueron porque le mataron algún familiar, o pasó el Ejército y abusó como autoridad y les mataron algún hijo. Son muchas cosas, y cuando uno escucha la historia, uno cambia ese pensamiento. Tampoco estoy diciendo que la guerrilla sea un santo. La guerrilla si le ha hecho mucho daño al pueblo, ha dejado muchas víctimas para reparar. Pero creo que el Estado también ha hecho un daño enorme”.

 

La realidad detrás de la reintegración

El estigma al que se enfrentan hoy quienes por alguna u otra razón terminaron en la guerra ha causado, según un informe de la ONU, el asesinato de 250 excombatientes desde la firma del Acuerdo de Paz en La Habana Cuba. Es por esto por lo que muchas veces quienes en algún momento se refugiaron en la violencia, hoy tienen que mentir, cambiar su historia de vida por una completamente distinta. Mientras se escucha al esposo de Karoll, quien es un ex paramilitar, al fondo de la habitación, ella lo mira fijamente a los ojos y dice, hay mujeres que consiguen pareja, pero muchas veces, la persona que tienen ahí al lado no sabe que su pareja alguna vez fue desmovilizada o que hizo parte de algún grupo armado.

Para esta población, la reinserción ha sido toda una odisea. Mientras busca en la televisión el programa favorito de su hija, Karoll confiesa:

“No es fácil porque tu vienes de un grupo armado donde hay personas que toda la vida han manejado un fusil y no tienes una experiencia de trabajo, y encontrase con un país donde las oportunidades realmente son muy escasas, donde las personas que tienen oportunidades, un estudio, una profesión o un bachillerato no han podido mejorar su calidad de vida, imagínese para las personas que vienen de allá. Es más difícil uno poder encajar en un país donde hay mucha discriminación, donde no hay una unión, una solidaridad. La vida es muy difícil. No es imposible. Uno poco a poco tiene que ir construyendo lo que uno quiere. Aparte que cuando una persona sabe que uno viene de un grupo armado, no le va a decir ¡ay, bienvenido! Hay muchas personas que lo van a juzgar por la historia de uno”. 

 

El conflicto sigue todavía...

Pero eso no es todo, muchos de los reinsertados manifiestan que el Estado no les ha brindado todos los apoyos que se acordaron en La Habana. El conflicto sigue, todavía son muchas las víctimas inocentes que mueren a diario a causa de la violencia. Sin embargo, son varios los que creen que esta “guerra incesante” sí tiene fin, pero el incumplimiento, tanto del Estado como de las disidencias de las Farc ha dificultado las cosas. Karoll manifiesta que las instituciones necesitan fortalecerse. Recuerda cómo en el 2003 cuando la rescató la Policía los programas del país no estaban capacitados para acoger a las personas desmovilizadas. Para los reinsertados empezar de cero no es fácil, muchos no logran superar el trauma, no logran adaptarse a su nueva vida, y encontrarse con un Estado y unas instituciones débiles, ha generado que muchos retomen las armas.

Pese a estos aspectos que Karoll reconoce como falencias por parte del Estado, ella mantiene firme su convicción de que el cambio, más que depender de las instituciones, depende de cada persona: “Ellos están es para brindar ciertas herramientas, unas bases, pero es uno como persona quien decide salir adelante, y en este caso si hubo muchos que se quedaron en el camino, muchos que se devolvieron al grupo armado, otros a la delincuencia, pero también hay otros como yo, que decidimos seguir adelante y ahora estamos contribuyendo al país”. Ahora que ve la vida de otra manera, cree fielmente que la violencia, los asesinatos y el reclutamiento de menores se puede mitigar cambiando las estrategias del Estado, brindando mayores oportunidades de vida, no sólo para quienes deciden dejar las armas, sino también para aquellos niños que a diario se ven en las calles rebuscando comida en la basura, pidiendo limosna, durmiendo bajo la lluvia cubiertos por cartón, y a veces ni eso.

Son muchos factores los que han llevado a que Colombia se convierta en uno de los países más pobres y desiguales de América Latina. Karoll refiere que las políticas establecidas por el Gobierno tienen muchas barreras para la población colombiana, porque en este país un título universitario ya no garantiza un trabajo, porque en todos los trabajos exigen experiencia. Para ella esto no tendría que ser así, “debería haber algo que diga que las prácticas se valen como experiencia o debería haber empresas que reciban a estos chicos que están recién graduados y que les den una oportunidad, para que así las personas que quieran superarse puedan seguir adelante”.

 

Una nueva vida para Karoll hecha realidad

Karoll es una mujer que gracias a sus experiencias y a sus encuentros de frente con la muerte ve en las personas algo especial, algo que la hace luchar para detener el conflicto, especialmente para los niños, niñas y adolescentes. Puede que al principio esta trabajadora social y madre de familia de la impresión de ser tímida y callada, pero quienes la conocen, como su profesora Adela y su mejor amiga Ofelia, la definen como una mujer extrovertida, entregada cien por ciento a su familia y amante de los libros que hablen sobre el conflicto colombiano. Siempre está en disposición de aprender y brindarles a los demás el amor que ella nunca recibió en su hogar. Poco a poco, Karoll contó no solo contó su historia, sino la otra realidad que existe detrás de la guerra y que muchos desconocen.

Hoy, 17 años después de haber salido de la guerrilla, dejó atrás esa ideología en la que estaba tan sumergida en su adolescencia, olvidó esas promesas de las Farc de luchar por el pueblo y por una equidad. Ahora es consciente de que haber estado vinculada a la guerrilla fue algo muy arriesgado, porque si no cumplía a cabalidad todas las ordenes, se estaba jugando la vida. Afirma que eso no es vida para nadie. Después de años de superación, hoy tiene un hijo de 14 años y una chiquita, como ella le dice, de dos años. Logró construir una familia y los educa con el propósito de que aporten a la sociedad. Hoy, cree firmemente “que no hay que empuñar un arma para que nuestro país sea un lugar equitativo con oportunidades para todas las personas”.

 

*Nombre cambiado para salvaguardar la identidad de la víctima.