Alejandra Carvajal, diez años en la agitada vida de las barras bravas

Lunes, 10 Junio 2019 11:37

Hace cinco años dejó de lado lo que se estaba convirtiendo en su motivo de vida, el amor por su equipo de fútbol. En la barra brava vivió una vida de fiesta, alcohol, peleas y drogas que tuvo que parar debido al nacimiento de su hijo Felipe. 

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“De los cincuenta millones de problemas que podía tener en la vida, todos se me olvidaban en la tribuna, era una catarsis para mí”. En el sillón de su casa del barrio El Cortijo en el occidente de Bogotá, Alejandra Carvajal recuerda entre sonrisas las anécdotas que la marcaron para siempre en la barra Blue Rain de Millonarios. No lamenta nada, piensa que sólo se trató de una etapa rebelde de su vida.

El colegio fue fundamental en su tránsito en esta vida de excesos. Recuerda que su madre pudo pagarle una buena educación privada hasta su primaria pero llegaron los problemas económicos y Alejandra tuvo que pasar al colegio público Palermo. “Era un colegio bien complicado, tuve compañeros que andaban con escolta policial por estar acusados de tentativa de homicidio.” Aquel colegio le enseñó a codearse con los ‘altos mandos’ y a sobrevivir en círculos sociales hostiles. 

Sus padres deciden que viaje a Ibagué y cambie de aire, es allí en donde conoce el mundo de las barras a través de su mejor amiga, Laura. Ella empezó a asistir a la barra Comandos Azules pero en un momento en el que varios miembros empezaron a desertar por los malos manejos internos que se estaban dando dentro de la agrupación. Debido a esto, decide pertenecer a la segunda barra con más fuerza de Millonarios, Blue Rain. Las dos empezaron a asistir frecuentemente a las reuniones de esa barra debido a que sus más íntimos amigos eran los capos. 

Al adentrarse en esta nueva y alocada vida, Alejandra conoce a ‘Shaggy’ uno de los líderes de la barra. Empezó a salir con él pese a que tenía una relación de tres años con su novio en Ibagué. “Yo estaba muy chiquita, son decisiones que uno toma por experimentar”.

 

  Foto: Alejandra (centro) en el cumpleaños número 15 de la Blue Rain.

Y con la barra empezaron los excesos. Las fiestas no eran en una casa, eran en las calles bogotanas, haciendo respetar lo que les correspondía como barra. Los viajes a otras ciudades era donde más se sentía la adrenalina.

“En un viaje a Neiva jugábamos de visitante contra el Huila. Nacional jugaba en Ibagué contra Tolima y pasó lo que tenía que pasar. En un momento del viaje empezamos a ver montones de piedras por los costados de la carretera, cuando en un instante alguien grita ¡cúbranse, son los sureños! y empezaron a atacar el bus. Rompieron todos los vidrios y el panorámico, no sé cómo hizo el conductor pero ese día voló como el viento y salimos de ahí de milagro. Desde ese momento ya no puedo dormirme en un carro o en un bus, son la clase de secuelas que dejan experiencias como esas”. 

Las drogas estaban claramente en el ambiente que frecuentaba. Pero la historia de un primo suyo totalmente desgastado y luchando en centros de rehabilitación ya le había enseñado que aquello no era una acertada decisión. Aparte de esto se encontraba en un ambiente en el que las mujeres eran trofeos de los capos y las sobre protegían al punto de no dejarlas consumir ningún tipo de droga. “Yo era básicamente la mujer de ‘Shaggy’ y a las mujeres de los líderes nos tenía que respetar toda la barra”.

Su familia no está exenta en esta historia. Su madre sufrió muchísimo en un principio el comportamiento de Alejandra, saber que se la pasaba de fiesta en fiesta y viajando con una barra brava le quitaba el sueño. “Hubo un momento de mi vida en el que odié el canto de los pájaros, eran las cinco de la mañana y mi hija no daba razón de donde estaba”. Su papá, taxista, también tuvo que recogerla después de un viaje a Armenia en el que ‘retacando’ (pedir dinero) logró llegar a Bogotá después de tres días casi sin comer.

Haciendo una última muestra de amor por su equipo, decide fundar con su inseparable amiga Laura, Mimillos.com. Un medio exclusivo para los hinchas de Millonarios, cubriendo las principales novedades del equipo embajador.

En esta etapa, Alejandra empieza a introducirse en el mundo periodístico. Cubriendo camerinos, entrevistando jugadores y recogiendo información del equipo para el mantenimiento de la página. Aunque fue una labor que le nació del corazón, no le dejaba ninguna ganancia económica y tuvo que dejarlo ahí.

 

  Foto: Laura (izq.) y Alejandra (der.) fundadoras de Mimillos.com, en un cumpleaños de Millonarios

En el 2014 llega su hijo Felipe a su vida. Una fractura total en el mundo de Alejandra. Quien fuera una mujer dedicada en varios aspectos a su equipo, cambia de prioridad y es la faceta de mamá la que tiene que atender.

 ¿Si Felipe un día te dijera que quiere pertenecer a las barras, que pensarías de esto?

— (Risas) Entre más yo le prohiba a él, más le darán ganas. Es cuestión de guiarlo, sin tabúes, como con el tema de las drogas, como todo en la vida. Quisiera contarle algún día mis experiencias para que saque sus aprendizajes y tome sus decisiones.

 Diego Neira, un amigo cercano a Alejandra, dice que ella siempre ha tenido la misma personalidad, pero sin duda su cambio drástico se dio a raíz del nacimiento de su hijo. “Aleja es una tipa frentera y berraca, no sé si esto se lo dio el estilo de vida de los barristas pero siempre me ha parecido una persona echada para adelante. Cuando la conocí, ella seguía con su léxico barrista, a mi me daban risa sus apuntes salidos de tono. Pero siento que a partir de su rol de mamá, empezó a ser una mujer más centrada y responsable, ya no salía a cualquier lado y dejó de frecuentar sitios inseguros.”

 Foto: Alejandra junto a Felipe.

Actualmente se encuentra separada del papá de su hijo y también de su amiga de mil batallas Laura. La escasa capacidad económica de sus padres y su distracción en las barras por tanto tiempo fueron un obstáculo para tener una educación de calidad. Sus problemas ahora son mundanos, relaciones fallidas, bajones emocionales. Cosas cotidianas que no parecen impedimento alguno para quien vivió uno de los ambientes más intensos dentro del mundo de una barra brava.