“Tú entras a la cárcel y es como si te hubieran enterrado vivo”: Sandra Prado, ex presidiaria colombiana de las cárceles de Estados Unidos

Viernes, 26 Mayo 2017 11:55

En entrevista exclusiva para Plaza Capital, la mujer de 51 años habló acerca de su experiencia en las cárceles norteamericanas, el paso ilegal en la frontera entre México y Estados Unidos, sus inicios como ladrona y su conversión a traficante de drogas. Además, critica al Sistema Federal Judicial estadounidense por ser supremamente malo y severo con los casos colombianos.

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Sandra Rita Prado Piñeros, mujer de 51 años, es una ex presidiaria colombiana de las cárceles de los Estados Unidos. Fue sentenciada, en el año 2005, a 10 años de cárcel por tráfico de drogas y finalizó su condena en noviembre del año 2013. Pasó por las prisiones de Miami, de Philadelphia, de Mcallen en Texas y de Connecticut en New York, en ésta última ciudad finalizó su condena.

Ella cuenta con un prontuario delictivo amplio, que va desde intento de asesinato a un policía federal en New Jersey hasta asalto a mano armada y tráfico de drogas. En la actualidad, vive en la ciudad de Bogotá y trabaja de manera informal, asimismo, tiene 5 hijos, entre los cuales tres son mujeres y dos son hombres. Todos ellos viven en Estados Unidos.

¿Qué la motivo a irse a vivir a los Estados unidos?

Para la década de los años 80, yo vivía en las calles de Bogotá. Me la pasaba trabajando de manera ilícita por todo el centro de la ciudad. Robaba y vendía todo lo que conseguía para poder subsistir. En ese mundo conocí a una persona, en el Cartucho, que me contactó para hacer negocios en Estados Unidos, y sin pensarlo dos veces, decidí irme para ese país.

¿Cuáles fueron los motivos para irse a vivir a los Estados Unidos?

Uno de los motivos fue el no tener la oportunidad de estudiar y, también, el no contar con el apoyo de mi familia.  A su vez, siempre he estado rodeada de ladrones y al tener la posibilidad de mejorar mi condición económica y el poder ganar más dinero fueron otras de las razones para irme a Estados Unidos. En esa época me fui por la frontera con México, donde dormí durante 3 meses en un parque, esperando a mi primer hijo.

¿Cómo es el paso entre la frontera de México y Estados Unidos?

La frontera está gobernada por policías federales mexicanos y americanos. También hay otros que se les dice “Pochos”, al ser una mezcla entre ambos países. Los policías de esa frontera son gente mala, que roban, violan y matan. Te pegan e irrespetan de todas las maneras posibles. Violan a las mujeres y usan perros agresivos para atacar a la gente. Para llegar a Estados Unidos existen tres formas posibles: la primera manera, es a través de la frontera con Tijuana, en ese lugar es necesario caminar mucho monte; el segundo modo, es por medio de los límites con Texas, sitio que posee un río y un túnel para poder pasar; por último, se encuentra la zona fronteriza de Reynosa, la cual atraviesa 3 o 4 sembradíos o fincas, igual de largas y peligrosas que las anteriores.

En un principio, cuando llegó a los Estados Unidos ¿A qué se dedicó?

Principalmente a robar, a sacar cosas de las tiendas, a robar maletas y carteras de los aeropuertos.

¿Cómo se dio la conversión de ladrona a traficante de drogas?

En el año de 1993, el mismo hombre que me contactó para ir a trabajar a Estados Unidos, me presentó a varias personas que estaba en el mundo del narcotráfico. De ahí en adelante comencé a traficar drogas en distintas ciudades, como Chicago o Miami.

¿Cómo fue el arresto que la llevó a cumplir su última condena?

Una mujer con la que trabajaba me tendió una trampa, me ofreció vender drogas con ella y me citó en Miami para recoger un paquete. En ese momento llegaron los de la DEA y me arrestaron.

¿Cómo es la estructura y el ambiente de las cárceles estadounidenses?

Son edificios grises, aproximadamente de 8 pisos cada uno. A las presas las trasladan de cárcel por medio de aviones, en los cuales viajan hombres, también. La maldad más grande que yo he visto en mi vida, ha sido en la cárcel. Hay lesbianismo, indisciplina, droga, armas y violaciones. Los policías violan a las presas, pero no es que las violen porque sí, ellos lo hacen como una forma de castigo, ya que ellas son tremendas: roban y botan la comida. Existen unas personas que quieren cambiar y otras que se vuelven peor. Allí en esos centros penitenciarios se vive del contrabando, porque la comida es porquería, y, además, si tú no tienes a alguien que te ayude con utensilios básicos como crema dental, jabón, shampoo y desodorante, te pudres en la cárcel. Hoy en día las cárceles de Estados Unidos son lo más podrido que he conocido en mi vida. Empezando por los oficiales y terminando por los reclusos que hemos estado ahí.

¿Cómo fue su relación con las otras presas?

Mala, porque peleo mucho. Me la llevo muy mal con las morenas e hispanas y con los federales, en especial. Ellos nos dicen cosas como: “ustedes son mierda, tú eres una mierda, no vales nada, y por eso tu familia no te quiere”. Todo el mundo te abandona, sobre todo, cuando no tienes dinero.

¿Cree que su condena fue justa?

Sí, claro. Yo tenía que pagar por todo el daño que les había hecho a otras personas. El vender droga no es nada para mí, pero para quien la consume sí. Nadie te obliga, simplemente lo hacen porque quieren, o tal vez, como yo, por llenar un vacío.

¿Cuál fue la experiencia más dura que vivió en la cárcel?

La separación con mis hijos fue la experiencia más dura, fue como si me hubieran matado. Con el paso del tiempo y de los días en la cárcel, sabía que estaba muerta. Tú entras a la cárcel y es como si te hubieran enterrado vivo.

¿Cómo superó la mala experiencia de estar en la cárcel?

Hablando con mis hijos y pensando en poder verlos. Para poder comunicarse con las personas del exterior, las cárceles tan sólo dan 300 minutos al mes o, también, está la posibilidad de utilizar llamadas por cobrar. Yo sólo tuve la oportunidad de hablar con mis hijos por teléfono, ya que nunca me visitaron, y tampoco se acordaron de que yo existía.

¿Cómo califica al Sistema Federal Judicial estadounidense?

Malísimo y muy severo, sobre todo con los colombianos, porque nosotros tenemos una viveza terrible para hacer cosas malas. Conozco mucha gente sana que trabaja, pero hay otra que sólo vamos a cometer males. La mentalidad de mucha gente que vende droga, son sicarios o roban, es ganarse el dinero para gastárselo en prostitución y en lujos, de ahí, que vivan toda la vida en las mismas condiciones. ¿Cómo se inicia la gente?, en la calle. Por eso, es considerada como la mejor universidad del mundo.

¿Qué aprendió de la cárcel?

Aprendí mucho de la soledad. Me gradué de bachiller, aprendí inglés y a desconfiar de las personas, porque la gente no es buena. Aprendí a ser astuta como una culebra y mansa como una paloma.

¿Quién es usted hoy en día?

Hoy en día vendo bolsas por toda Colombia. Siempre he sido comerciante, sólo que antes comerciaba con droga. He logrado sacar algunos préstamos, los cuales me ayudaron a comprar 2 casas en Mosquera.

¿Cuál es su mayor sueño?

Todos los días sueño con volver a Estados Unidos es por eso que intentaré pasarme la frontera, otra vez. Deseo profundamente estar con mis hijos y cuidar a mis nietos.

Si tuviera la oportunidad de volver a nacer y de volver a comenzar, ¿Qué clase de persona sería?

Hay muchas cosas que no están bien la vida; sin embargo, a veces ella misma te encausa a cosas que uno nunca debe hacer. No me siento orgullosa de venir de una familia de ladrones, pero si hoy tuviera la oportunidad de volver a nacer, volvería a ser la misma persona que soy y realizaría las mismas cosas que he hecho en mi vida.