Las historias detrás de una crónica fotográfica

Miércoles, 29 Febrero 2012 10:53

Dos fotógrafos ganadores del Premio “Crónica fotográfica sobre la vida cotidiana de Bogotá” de IDARTES nos cuentan el proceso de selección y curaduría de sus crónicas fotográficas para el concurso.

En febrero, el Teatro Jorge Eliécer Gaitán fue escenario del Premio Crónica fotográfica sobre la vida cotidiana de Bogotá, que hace parte del Programa distrital de estímulos 2015, organizado por IDARTES. Allí, los tres ganadores del concurso expusieron sus crónicas fotográficas y dieron voz a quienes no la tenían. Dos de los tres ganadores relatan para Plaza Capital cómo prepararon la curaduría de sus crónicas fotográficas.

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Pobladores de Monserrate, en el camino se enderezan las cargas

Fotografía: Cory Daniela Forero

Cory trabaja como  camarógrafa y fotógrafa buscando compartir la mirada de los lugares y las historias que conoce a diario. Su interés hacia transformar los imaginarios urbanos siempre ha estado presente, ya que creció en la periferia y vive orgullosa de su origen campesino. Cory trabaja actualmente en la Fundación Formato 19k , en la cual hace realización y pedagogía audiovisual, logrando representaciones audiovisuales objetivas más allá de los estigmas y el desconocimiento de la existencia de estas poblaciones.

Su crónica fotográfica, titulada  Pobladores de Monserrate, en el camino se enderezan las cargas, fue parte de una búsqueda de las raíces campesinas de Bogotá, y de presentar la configuración de una población que reside en la periferia urbana, específicamente aquella ubicada en un lugar emblemático de la ciudad, como lo es Monserrate.  Cory decidió llamar la crónica con este nombre “porque históricamente la población que una vez se asentó en Monserrate para extraer piedras de las canteras, a comienzos del siglo XX,  y de la cual hoy en día perviven descendientes en el lugar, es una población que se ha tenido que  acoplar a los cambios en los usos y reglamentación del sendero a través del tiempo, cambios impuestos por las diversas autoridades  y por los intereses de la ciudad en lo público y en lo comercial”.

La crónica, realizada en junio del 2015, tuvo una duración de un mes de investigación en campo y dos días de sesiones fotográficas. La exposición es un fiel reflejo de la mezcla entre el campo y la ciudad. Para la fotógrafa, “los pobladores del cerro también son vecinos de esta ciudad  diversa y en permanente cambio”. Ellos a través de la crónica contaron sus historias, recordaron su origen y retrataron su  trabajo y cotidianidad en el cerro, en aras de la defensa de sus derechos teniendo en cuenta que “de Monserrate se habla por el turismo, y por la religiosidad, pero no se habla de cómo se configuró  y de quiénes son esas personas que trabajan y viven  allí”.

Los habitantes de Monserrate han sido reubicados desde el 2002 por el distrito bajo las dinámicas de la conservación del espacio público y las reservas forestales. En la investigación y la realización de la crónica fotográfica, Cory se dio cuenta que el proceso de reubicación “no tiene en cuenta el valor real del espacio que ellos ocupan, en cuanto a que más allá del valor económico de la propiedad, nada puede comprar el tejido social y la vida que las personas ya tienen establecidas en un territorio”. La fotógrafa también hace parte de una plataforma llamada Arraigo, que agrupa varios casos de comunidades en Latinoamérica que han sido reubicadas o están en proceso de reasentamiento. Ella afirma que “en todos los casos, coinciden en decir que las políticas de reasentamiento desconocen aspectos sociales y culturales, y que no tienen en cuenta el tejido social que es afectado”. Para ella y para los casos que trabaja tanto en su fotografía como en la plataforma social, no se trata simplemente de reemplazar una vivienda por otra.

Su objetivo con las fotografías va más allá de ganar un premio, Cory busca que las propuestas de desarrollo a nivel local y nacional tengan en cuenta la diversidad cultural de su población. Espera que los espectadores vean en su crónica una parte de la historia de una ciudad cambiante, y sus propias vidas allí reflejadas. “Que no olviden cómo se ha construido Bogotá”.

La calle suena

Fotografía: Luis Alfonso Palacios

Luis Alfonso Palacios es un matemático dedicado a la fotografía. Su atracción hacia la música y sus intérpretes llevó su lente hasta los músicos callejeros, quienes subsisten en su cotidianidad en un oficio intrigante para él. La historia de su crónica surgió a partir del asombro que le produjo al fotógrafo la movilidad de un hombre invidente en la ciudad, en un esfuerzo por entender una cotidianidad ajena a la suya.

“La primera vez que lo vi, él estaba solo, de pie sobre un andén, con su bastón y su guitarra al hombro.

 Después, cuando comencé a acompañarlo en los buses, me di cuenta de que él se ubica perfectamente

en la ciudad, sabe cuándo bajarse de cada bus para cumplir su ruta de trabajo, y mi propósito era

transmitir la forma en la que él enfrentaba su discapacidad y las sutilezas que surgen de tal hazaña.

Es una forma de vida doblemente heroica: enfrenta el desafío de la pérdida de la visión y el reto de

 ganarse la vida siendo músico en los buses”.

La crónica, titulada La calle suena, refleja el modo de vida de Luis Eduardo Marta, un hombre que a los veinte años a raíz de un accidente en el trabajo quedó invidente. Luis Eduardo canta e interpreta la guitarra y la armónica en el transporte público de la ciudad, especialmente en la localidad de Chapinero. El nombre de la crónica surgió porque “el sonido es vital para Luis Eduardo, ya que le permite ubicarse y estar alerta de los vehículos que se acercan; para él la calle, ante todo, suena”. Las fotografías del proyecto son espontáneas, y fueron tomadas en un periodo de aproximadamente nueve meses, en los cuales ambos hombres se encontraban dos o tres veces por semana para tomar las fotografías; “posteriormente el proyecto continuó en el centro de rehabilitación por el que Luis Eduardo pasó, y también en su hogar. Aun así estas dos partes del proyecto no están incluidas en las fotografías del premio”.

Para Luis Alfonso, “esta crónica trata de rescatar un rostro entre tantos que vemos en la calle y abre una ventana hacia un modo de vida particular”. El fotógrafo asegura que no es fácil ganarse la vida en el transporte público, ya que la labor desgasta físicamente; especialmente para Luis Eduardo, quien descansa sólo un día de los siete de la semana. Además, le han roto su bastón varias veces y ha sufrido de múltiples atracos, producto del dinero que recibe por la gente que tiende a colaborarle al ver su situación de discapacidad.

El efecto que el fotógrafo espera que la crónica tenga en sus espectadores es de admiración y de tolerancia, ya que es una historia de vida con mucha superación y una lucha diaria por vivir. Para él, “cuando una labor es hecha con honestidad y esfuerzo, se convierte en algo digno de respeto. Hay quienes se quejan de que estos trabajadores congestionan el transporte, pero si uno se pone en los zapatos del otro, puede verlo con tolerancia.”