Estocada a un sueño

Miércoles, 30 Septiembre 2015 10:05

Queda un minuto para salir al ruedo y el miedo se apodera de su ser, sus manos sudan, los latidos de su corazón aceleran y su mirada se concentra en un animal bravo que lo espera para desafiar el destino. Andrés pasa de ser hombre a ser torero, desea huir de la plaza o que una fuerza superior lo desaparezca del callejón, pero la hora llegó y su alma torera debe armarse de valor, Manrique está en Las Ventas de Madrid y va a jugarse la vida, va a enfrentar la muerte.

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El sueño de los futuros matadores.

Esta, es una de las faenas memorables que recuerda Andrés Manrique, uno de los novilleros más destacados del país. Torear en la Plaza Monumental Las Ventas de Madrid es el sueño de la mayoría de matadores colombianos. Andrés, es tan solo un novillero y ya experimentó el lugar gracias a una oportunidad que le brindó la Escuela de Toreo de Julián López, ‘El Juli’, una figura del toreo. Sin embargo, tiene dos sueños por cumplir, torear allí como matador de toros y poder entrenar en La Santamaría, plaza de toros de Bogotá.

“Este camino es muy costoso, está lleno de piedras, sacrificios y esmero, el torero nace y se hace, pero como dicen por ahí, serlo es un milagro”, lo dice con fuerza, esa misma que reflejan sus ojos cada vez que mira a un novillo. Es hijo del matador colombiano Pepe Manrique y sobrino nieto de Leonidas Manrique y aunque la tradición taurina de su familia le ha proporcionado aprendizajes, el joven novillero resalta que el mérito es propio, pues ni su padre ni su tío torean por él.

Al igual que Andrés, novilleros colombianos como Diego Alejandro Torres, Alfredo Peña, Andrés Castillo y José Luis Vega, entre otros, nacieron para pisar ruedos. Están en aprendizaje y sueñan con ser figuras del toreo que llenen las plazas más importantes del mundo, pero para ello necesitan que toreros del exterior los vean en acción, que en otras palabras, los fichen.

Desde mediados de junio de 2012 las corridas de toros fueron prohibidas en la capital por cuenta del alcalde Gustavo Petro, quien tomó la decisión con el fin de proteger los derechos de los animales y promover en este espacio público actividades culturales y educativas. Desde entonces, los novilleros protestan por la violación de la ley 916 de 2004 que establece que la fiesta taurina no puede prohibirse por considerarse patrimonio cultural, por la violación a su libertad de expresión y por la libertad de desempeñar su trabajo, un trabajo que para unos es sinónimo de vida y para otros de muerte. (Lea también: "Papeleta Bogotá sin toreo fue un éxito": Carlos Crespo, vocero del colectivo antitaurino)

En torno a esta decisión que lleva vigente 4 años se abrió un debate que confronta argumentos entre taurinos y antitaurinos. “Este tipo de prácticas deben ser abolidas teniendo en cuenta un criterio de respeto coherente por el otro, las corridas de toros son prácticas en las que de manera injustificada y arbitraria se vulnera la integridad y vida de los toros, pues son sometidos a situaciones de dolor, sufrimiento y una muerte violenta”, afirma Camilo Antivar Pinto, Coordinador de AnimaNaturalis Internacional, organización iberoamericana defensora de los derechos de los animales.

Ante este tipo de argumentos, Andrés asegura que “los antitaurinos, defensores de los animales y el alcalde no respetan la libertad y quieren prohibir las corridas por defensa animal y por cuestiones políticas, ellos defienden un animal que no tienen por qué defender, nosotros lo criamos, lo defendemos, lo cuidamos y lo matamos, que para eso nacen”.

Y el debate continúa, mientras Antivar Pinto reitera que los toros son seres sintientes, con diversas capacidades físicas y cognitivas que les permiten desarrollar su vida plenamente de manera autónoma, para Manuel Rocha, propietario de la ganadería Rocha Hermanos, el toro es un animal bravo que da la pelea tanto fuera como dentro de la plaza, “no es un animal que solo embiste cuando tiene un hombre en frente, el toro pelea siempre con sus hermanos en la camada y es un animal que vive para eso, para la pelea”.

En torno a la tauromaquia se generan los empleos de toreros, responsables de la fiesta brava en Colombia y ganaderos, para Juan Bernardo Caicedo y su ganadería, una de las más reconocidos del país, el cierre de la Santamaría afecta a todos los que viven de la fiesta brava. “La Santamaría es la plaza más seria e importante del país, el hecho de que esté cerrada nos afecta económicamente a todos los que vendemos toros de lidia. En esta plaza nuestra ganadería lidiaba seis toros cada temporada, lo cual además de ser un honor era un ingreso económico importante”.

La problemática ha generado úlceras gástricas en los novilleros colombianos a causa de una huelga de hambre para que reabrieran la plaza, Andrés, el hijo de Pepe Manrique desea estar en una corrida y no en una camilla con una úlcera, pero está allí por y para el toro y sin duda alguna asegura que lo repetiría. (Lea también: Así fue la marcha antitaurina en Bogotá el día de elecciones)

Esto es la vida, dice el futuro matador, “en el ruedo se juega la vida con verdad, y arriesgarla es la única forma de apreciarla”. Tiene claro que siempre va a una plaza a torear y no a matar ya que el toro puede ser indultado, con seguridad expresa que jamás está asesinando a un toro y confiesa que prefiere ver morir dignamente al toro en una plaza y no en un matadero.

El ‘héroe de Bogotá’ como lo llaman por protagonizar la huelga de hambre a favor de los toros, fue apoderado este año por Rafael De La Viña, un torero español que lo convertirá pronto en matador. Manrique espera que la Santamaría sea abierta para retomar la fiesta brava en la capital y revivir ese sueño estocado por el que él y los demás novilleros colombianos viven: torear, entrenar y escalar a los grandes ruedos.