Música en TransMilenio

Miércoles, 12 Febrero 2014 09:50

Así transcurre un día en la vida de dos estudiantes que dedican parte de su día a cambiar la rutina en los trayectos por Transmilenio.

Desde las 8 a.m. Sara Botero y María Corredor se dedican a cantar en Transmilenio.||| Desde las 8 a.m. Sara Botero y María Corredor se dedican a cantar en Transmilenio.||| Foto: Juan Pablo Gómez|||
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Se cierran las puertas y en medio de una multitud de gente afanada, se escuchan dos voces: "Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez.". Se trata de María Fernanda Corredor y Sara Botero, estudiantes de música que de lunes a viernes, a partir de las 8 a.m. empiezan su recorrido en Transmilenio, el sistema de transporte público de Bogotá, con el fin de llevar la música a diferentes espacios, como una campaña para incentivar el arte y hacer de los viajes cotidianos algo diferente.

Día tras día promueven la música como un escape para muchos de los usuarios de Transmilenio. Antes de empezar, los nervios se convierten en sensaciones pasajeras que solo buscan salir volando por medio de las cuerdas de una guitarra y de sus propias voces, y sensaciones que se transforman en euforia a la hora de interpretar sus canciones favoritas.

Las miradas de los pasajeros no paran cada vez que María Fernanda y Sara se ponen en frente de su público, haciendo equilibrio mientras se mueve el bus y sacan de lo más hondo de sus pulmones el aire para entonar diferentes melodías. Al igual que las miradas los comentarios no cesan cuando cantan, no solo por su aspecto de niñas, o por la belleza y alegría que cada una irradia sino principalmente porque al cantar lo hacen muy bien.

Su propósito es llevar 'raticos' de sonrisas, y momentos agradables en donde disfruten de la buena música o de un buen poema, "somos generadores de alegría y despreocupación, en momentos que son simples trayectos de un lugar a otro", dice Sara mientras sonríe.

El público es muy diverso, unos acompañan con las palmas otros simplemente dejan ir su mirada y pensamientos por la ventana mientras estas dos adolescentes de 18 años interpretan una lista de canciones desde la estación del Museo del Oro hasta Las Aguas; los trayectos son cortos y sin embargo, la mayoría de las veces logran muchas su cometido: hacer a más de uno sonreír.

Al final de cada recorrido, su mayor satisfacción es la de lograr por lo menos robarle a algunos una sonrisa, sentir la gratificación que genera las palmas y en algunos casos la interpretación de sus canciones por los mismos usuarios a quienes les cantan, son cosas que las motivan a seguir cada nuevo día su campaña de arte y cultura, como si se tratasé de su máximo tesoro, que es en realidad su única recompensa.

A pesar de tener una convicción y un modo de exaltar lo que aman, saben que así como ellas tienen el objetivo de llevar el arte a todo el mundo, Transmilenio también tiene una campaña y ellas no están incluidas en ella, a menos que quieran ser un usuario como cualquier otro y dejen de tomar este sistema de transporte como un escenario para su música.

Uno de los inconvenientes a los que se ven enfrentadas es esxactamente a las exigencias de Trasmilenio, ya que los bachilleres de la policía ubicados en todas las estaciones del sistema están autorizados a sacar a cualquier vendedor ambulante, poeta o cantante que se encuentre haciendo alguna de estas actividades en los biarticulados viéndose obligados a expulsarlas del sistema, ya que estarían infringiendo una regla.

Aunque existen momentos buenos y momentos malos con el fin de llevar su campaña a la cúspide, María Fernanda y Sara tienen claro que la música es un oficio que se paga muchas veces con amor y en otras ocasiones con rechazo. Sin embargo, para ellas lo importante es el sentido que tienen sus melodías para las personas a las que les cantan y como la gran mayoría de los usuarios de Transmilenio han tomado su campaña como algo ameno e interesante, un cambio agradable en los que antes eran aburridos trayectos diarios.