Máscaras anti polución, cómo respirar seguro en Bogotá

Martes, 21 Mayo 2019 06:03

Ante la última alerta ambiental emitida por el Distrito, se han lanzado al mercado las máscaras con filtro de carbón activado como una alternativa para prevenir los efectos nocivos de la contaminación en la ciudad.

Biciusuarios usando la máscara antipolución||| Biciusuarios usando la máscara antipolución||| María Paula Sierra|||
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Aunque parezcan salidas de una película de ciencia ficción, las máscaras anti-polución son productos que llegaron hace cinco años al mercado colombiano para ayudar a ciclistas y peatones a prevenir afectaciones a su salud. Su apariencia es semejante al tapabocas quirúrgico o clínico, pero se diferencian de estos gracias a que cubren completamente la nariz y la boca, aislándolos del ambiente. Sin embargo, los expertos afirman no estar seguros de que estos elementos proporcionen una protección del cien por ciento.

En lo que va del 2019 sus ventas se elevaron debido a las alertas por la mala calidad del aire en la ciudad, especialmente en las localidades de Kennedy, Puente Aranda, Bosa y Tunjuelito, declaradas en Alerta Naranja.

En Bogotá, los buses, automóviles, las construcciones y el uso de combustibles como el gas natural, Diesel o ACPM, emiten contaminantes altamente nocivos como el dióxido de azufre, ozono, dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono y material particulado. De acuerdo con la Secretaría Distrital de Salud (SDS), este último es el mayor contaminante en la ciudad y el causante de las alertas. Se trata de partículas diminutas. Las más grandes miden 10 micras (menos que el grosor de un cabello) y las más pequeñas, 2.5 micras o menos, explica Sofía Ríos, funcionaria de la Secretaría.

En las máscaras anti-polución, el paso del aire se da a través de un filtro de carbono activo, cuya función es evitar el paso de hasta un 95% de material particulado grueso. Y, de acuerdo con Secretaría de Salud, estas son las más recomendables y efectivas. Sin embargo, en el mercado se encuentran unos filtros que impiden el paso de hasta el 99% del material particulado de PM 2.5 micras. A esto se suman dos válvulas, ubicadas a cada lado, que se encargan de expulsar el aire exhalado y con ello la sudoración, gases y la humedad.

La contaminación del aire y del agua se relacionan con la muerte de 17.500 personas al año en Colombia. Entre las enfermedades producidas por la exposición ambiental y la estimación de riesgo correspondiente para la capital del país se encuentran: respiratoria (8%), isquémica del corazón (24%), accidente cerebrovascular (25%), enfermedad pulmonar (9%), cáncer de pulmón (14%) y diabetes (1.3%). Estos datos corresponden al informe ‘La carga de enfermedad ambiental en Colombia’, publicado en enero de 2019 por el Instituto Nacional de Salud (INS).

A pesar de que la población en general sea propensa a sufrir este tipo de enfermedades, variables como el tiempo y la frecuencia de la exposición al ambiente, aumentan el riesgo. Los elementos contaminantes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), pueden alojarse en los pulmones e, incluso, las partículas más pequeñas pueden atravesar la barrera pulmonar y colarse en el torrente sanguíneo.

Octavio Morales, quien junto con sus hijos Isabel y Octavio comercializan las máscaras inglesas Respro (Urban Mask) en Colombia, afirma que muchos bogotanos no tienen mucho conocimiento acerca de los riesgos a los que se exponen y sobre las alternativas para evitar o mitigar el daño.

Morales explica que las máscaras anti-polución llevan cinco años en el mercado y, aunque las ventas han mejorado, “aún hay mucho desconocimiento, entonces parte de nuestra labor ha sido ir educando a la gente, a que tomen conciencia”, afirma. Morales se incluye en esta lista, pues lo que inició como un negocio familiar, hoy representa para Octavio una necesidad diaria.

Comenzó a usar la máscara desde hace tres meses. Y, aunque al principio le generaba molestias y humedad, el uso de este implemento se ha vuelto rutina durante sus trayectos por zonas industriales, como Carvajal y La Alquería.  “Cuando ves esos buses y esos camiones con esas chimeneas amenazantes inmediatamente te pones la máscara”, asegura Morales, cuya máscara se ha convertido en costumbre desde el momento en el que enciende su carro.

Igualmente, Ramiro Beltrán, gerente general de Aires y Filtros HB, asegura que hace cinco años surgió la idea de emprender y producir sus propias máscaras, debido a una “necesidad del mercado y a los problemas respiratorios que las personas están sufriendo en diferentes ciudades”. La empresa despacha mensualmente 4 mil máscaras que pueden ser utilizadas para salir a trotar, montar en bicicleta, hasta en salones de belleza y hospitales.

Además, cuenta que, a raíz de una historia cercana, decidió crear una línea infantil que reduzca la probabilidad de contraer alguna enfermedad respiratoria. Pues, según la Secretaría de Salud, en esta época de lluvias los niños son propensos a sufrir este tipo de enfermedades en Bogotá. Una ciudad donde se presentan 580 casos de asma por cada cien mil niños, según datos de la revista especializada The Lancet.

 

La importancia del cuidado

La máscarilla anti-polución tiene sus raíces en las máscaras antigases, creadas desde 1847 por Lewis P. Haslett. Y más tarde, fueron modificadas por el ingeniero químico James Garner, en 1915, para evitar ataques con gases químicos durante la Primera Guerra Mundial. Desde ese momento, cuando eran usadas por los militares, la idea empezó a evolucionar para ser usada en ambientes industriales y, recientemente, espacios urbanos. Hoy, la máscara se encuentra en países como México, Ecuador, Reino Unido y Estados Unidos.

En Colombia, a pesar de ser un producto novedoso, ya forma parte de las recomendaciones dadas por la Universidad Manuela Beltrán. A partir de una encuesta, la universidad reveló que aproximadamente de 1.058 encuestados, cerca de 870 eran bici usuarios frecuentes y 556 de ellos aseguraron usar implementos para protegerse de la polución. Sin embargo, dentro de este grupo, tan sólo 74 aseguraron usar tapabocas con algún tipo de filtro.

Morales también advierte que los usuarios corren el riesgo de comprar máscaras de baja calidad y que no cuenten con certificaciones internacionales como la filtración partículas N95, del Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH) en Estados Unidos. Pues, según él, muchas de las máscaras realmente no cumplen los estándares de protección y calidad de la filtración en micrones (PM). Uno de estos elementos es el llamado ‘cuello’ o ‘pescuezo’, que se conforma de una tela gruesa que cubre el rostro. Pero este implemento “protege solamente del frío y de la mugre gruesa, pero las micropartículas logran traspasar esas telas; no hay que confiarse por eso”, asegura.

De acuerdo con el neumólogo Andrés De Vivero, los principales síntomas que se pueden encontrar en la población general son la irritación de las vías respiratorias que pueden derivar en la rinitis, laringitis o faringitis. Esto debido a la irritación que causan las partículas al acumularse en las vías respiratorias. Por ello, asegura que las máscaras pueden contribuir a prevenir este tipo de enfermedades en las zonas de alto riesgo o con mayor concentración de contaminantes.

Además, De Vivero asegura que la contaminación no sólo afecta a bici usuarios, pues la contaminación del aire afecta en menor o mayor medida a peatones y motociclistas dependiendo del tiempo que estén expuestos al ambiente. Sin embargo, De Vivero advierte que, si bien las máscaras son útiles para filtrar el material particulado, aún no hay suficientes estudios que prueben la efectividad de estas máscaras para filtrar gases, pues la mayoría de la información sobre ellas proviene de las empresas que fabrican las máscaras. “Pero, para decir que está 100% protegido, no hay información suficiente para asegurarlo”, comentó el experto.

En Francia, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, del Medio Ambiente y del Trabajo (Anses), informó que después de analizar 200 máscaras hallaron que estas filtran dependiendo del ajuste de las máscaras a la morfología del usuario. Pues, al ajustar la máscara al rostro, se podrían dejar espacios por donde se filtren partículas que pasen a las vías respiratorias sin ser captadas por el filtro. Es decir, de acuerdo con este reporte, las máscaras no logran un 100% de filtrado para todos sus usuarios en ambientes reales.

Así, pese a que las opiniones sobre el uso de la máscara puedan variar de una persona a otra, hay peatones en Bogotá que le apuestan al uso de estos filtros. Uno de ellos es Cristian, de 29 años, que, desde hace un año, usa su máscara todos los días al ir a su trabajo en Transmilenio.  Afirma que las máscaras y los filtros de repuesto, que duran de 4 a 6 meses, pueden llegar a ser un poco costosos (pues oscilan entre los en 129 mil y los 149 mil pesos). Pero, debido a una afectación en la salud de su madre, se motivó a “cuidar su salud”. Y a pesar de las miradas curiosas o extrañas que recibe de otros pasajeros, no le importa, se siente cómodo y seguro como si protegerse del aire que respira durante cada viaje en transporte público fuese parte de una película futurista.