Crónica de antigüedades: "En los anticuarios está el patrimonio del país"

Miércoles, 14 Marzo 2018 22:39

En el sector de Chapinero, por la carrera Novena desde la calle 60 hasta la 63, se esconde gran parte de los objetos que escribieron la historia de Colombia.

Sector de antigüedades en Chapinero. Crédito foto: Angie Rangel||| Sector de antigüedades en Chapinero. Crédito foto: Angie Rangel||| |||
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La mayoría de los 19 locales de la zona son atendidos por familiares que compran y venden antigüedades. Se pueden hallar desde cuadros y esculturas del siglo XVIII, hasta enseres y juguetes de los años sesenta y setenta.

El Dorado es uno de estos lugares que se extienden a lo largo de la carrera Novena, mejor conocidos como anticuarios. Pertenece a la familia Carvajal Vélez y, el hijo mayor, Nicolás, es quien actualmente lo administra. Desde el exterior aparenta ser un negocio de muebles viejos, como sillas, mesas y tocadores, pero al entrar se puede ver una gran variedad de artículos, como radios, rocolas, cámaras y máquinas de escribir.

Fanny Vélez, sentada en una silla de cine tapizada en una piel suave y sedosa de color blanco con manchas café, le da paso a su hijo, quien me recibe muy amablemente y se ofrece a mostrarme los diversos objetos que tienen a la venta.

Nicolás me cuenta que el artículo más antiguo que se puede encontrar en este local es un cuadro de finales del siglo XVIII, un óleo sobre lienzo de Santo Domingo de Guzmán, un santo católico que fundó la llamada Orden de Predicadores. El cuadro es peruano y Fanny se lo compró hace tres años a un famoso restaurador del mismo origen, Raúl Mojica. Esta obra se encuentra a la venta por $4´500.000 pesos.

“Para identificar que los artículos que nos venden no sean falsos, examinamos muy bien su material e indagamos sobre su procedencia, pero en general, como ya llevamos muchos años trabajando en esto, ya conocemos lo que es original y lo que no”, dice Nicolás, tras contarme que su familia se dedica al negocio de las antigüedades desde la década del setenta. En esa época, la moda en los hogares eran los muebles de estilo vienés, como las sillas isabelinas de colores claros, pero estas solo eran demandadas por familias adineradas y al principio fue 'un camello' conseguir esos modelos.

Tras un viaje corto al Eje Cafetero, la familia Carvajal Vélez logró dar con un proveedor de este tipo de muebles y, aún hoy en día, conserva un sofá isabelino que está hecho de madera de haya (textura frondosa que suele venir en tonalidades claras, conocida por su resistencia), pintado de dorado y tapizado con terciopelo negro. Fanny dice que este enser ha sido alquilado para algunas novelas de televisión como La Pola y, recientemente, Pambelé. Según ella, otros muchos artículos que venden también son utilizados en producciones televisivas.

 

Entre los objetos de medición que tienen, se destaca una gran variedad de teodolitos: instrumentos de cálculo topográfico que sirven para determinar ángulos de distintos planos. Básicamente es como un telescopio, montado sobre un trípode que alrededor tiene dos ruedas. Los teodolitos se parecen a los aparatos con los que antiguamente reproducían las cintas en cine, aquí funcionan como círculo de graduación. La mayoría de estos objetos datan de 1920 y son alemanes, sus precios oscilan entre $700.000 y $1’500.000 pesos.

Los MP3, celulares y iPod son las versiones actualizadas de lo que en la antigüedad eran las rockolas, tocadiscos e incluso las pequeñas radios que aún les vemos a nuestros abuelos. Estos reproductores musicales son objetos que predominan en la colección de antigüedades de la familia Carvajal Vélez.

“En alguna ocasión me trajeron un radio déco (un estilo decorativo elegante y sofisticado, famoso en 1920) en perfecto estado, de la marca alemana Telefunken, la mejor que hay. Ese no lo pudimos vender porque es un aparato muy fino y actualmente es difícil encontrar uno en buen estado”, dice Nicolás, quien no se pudo desprender del objeto. Sin embargo, tienen en oferta radios de los años cuarenta y cincuenta. Uno, por ejemplo, está exhibido en la entrada, es de un color plateado estilo vintage del año 1962 traído desde Estados Unidos, tiene dos grandes parlantes a los lados y botones de color blanco. Este tiene un costo de $150.000 pesos.

 

Hay también tocadiscos viajeros. Se llaman así por su tamaño y su portabilidad, pues se cierran y se convierten en una maleta de mano. Estos son muy preguntados ya que están volviendo a salir de moda los discos en formato vinilo o acetato. Los que tiene disponibles van de $500.000 pesos en adelante. También tienen dos grandes rocolas de los años setenta, de esas que funcionaban con discos acetato de 45 revoluciones. 50 discos y 100 canciones es lo que pueden soportar. Simplemente se les inserta una moneda y se escoge la canción, que empezará a retumbar en los grandes parlantes de la máquina. Las rocolas son alquiladas por aproximadamente $300.000 pesos. Para la venta el precio de cada una es superior a $2.500.000 pesos, negociables.

Las calculadoras científicas es lo de ahora, pero antes los contadores utilizaban un instrumento llamado “sumadora”, que en la parte superior tiene nueve columnas en donde hay una lista de números de un solo dígito en cada una y, en la parte inferior, unas casillas en donde aparece el número compuesto que se quiere operar. Se activa un tipo de pedal y este arroja el resultado de la operación en una de las esquinas inferiores. La que está disponible es de los años veinte y tiene un costo de $300.000 pesos.

El artículo más costoso de este anticuario es un cuadro italiano de unos caballos de Valenti (obras famosas y muy valoradas a nivel mundial, hechos en lámina de plata, con un baño de oro blanco), que data de los años setenta y su precio es de $6’000.000 pesos. Entre lo más destacado que se ha vendido en este negocio, se encuentra un piano que pertenecía al expresidente Miguel Abadía Méndez, por un costo aproximado de $10.000.000 pesos.

Algunos de los objetos que más me llamaron la atención fueron las máquinas de escribir. Se pueden encontrar máquinas que datan entre los años cuarenta y setenta y van de $80.000 pesos en adelante. También tienen cámaras fotográficas y de video de mediados del siglo XX, peso estas solo funcionan como objetos decorativos.

Los espejos de mano que las princesas utilizan en las películas de cuentos de hadas también se pueden hallar en este local. Los que tienen son franceses, el borde es de bronce y rodea el vidrio en forma de ondas y círculos, lo que le da un toque sofisticado y fino. Estos cuestan aproximadamente $150.000 pesos.

Esculturas hay de todo tipo, desde La Venus, esa famosa diosa griega de la eterna juventud, hecha en cerámica y sin brazos, que tiene el cuerpo descubierto de la cintura para arriba, hasta una pequeña obra de Negret, el escultor abstracto colombiano de mediados del siglo XX que solía construir figuras geométricas monocromáticas. El mismo autor de la famosa “Mariposa”, ubicada frente a la estación de Transmilenio Av. Jiménez.

Nicolás me cuenta que la mayoría de las personas que deciden vender estos valiosos objetos antiguos lo hacen por olvidar a aquellos propietarios que fallecieron y dejaron sus pertenencias como recuerdos a su familia, o a veces, simplemente, porque se mudan de una casa a otra y se quieren deshacer de lo que no les es útil. “Hay gente que no valora las antigüedades, solo llegan aquí y me dicen que les dé cualquier peso por las cosas que traen. Realmente el mobiliario antiguo es mucho mejor que el actual, por los materiales finos y duraderos con los que fueron hechos”, dice el administrador de El Dorado. Ahora todo es desechable, efímero e, incluso, de mala calidad.

Los utensilios de origen francés son por los que más pregunta la gente que entra al anticuario y, en general, lo europeo es lo que más fácil se vende, ya que se conoce por su durabilidad y los estilos que maneja son famosos y llamativos a la vista.

En cuanto a artículos raros, hay una cigarrera musical de los años setenta, con ilustraciones de implementos de guerra antiguos como espadas, corazas y cascos, pintada en color rojo con plateado y con un valor de $75.000 pesos.

Así como existen las llamadas 'Zona G' y 'Zona T' en Bogotá, todos los propietarios de los 19 negocios de comercio de antigüedades ubicados en Chapinero le han solicitado a la Alcaldía el reconocimiento de esta calle como la 'Zona A', ya que concentrada la mayor cantidad de estos locales en Colombia. Como dijo Nicolás: “En los anticuarios está el patrimonio del país”, además de que aquí se encuentra de todo.