“Prometo no volver a quejarme de las vigilancias, ni de dar besos, ni de limpiar mocos. Extraño hasta eso”, confesiones de una profesora de preescolar

Jueves, 14 Mayo 2020 15:45

El 14 de marzo de este año, el Ministerio de Educación extendió una invitación a las entidades del sector educativo privado y público a convertir la educación a una modalidad virtual, en un intento por mantener la continuidad en el proceso de formación sin exponer a niños y jóvenes al contagio del COVID-19. A partir de entonces, las instituciones educativas han tenido que cambiar drásticamente sus estrategias de enseñanza para suplir las nuevas necesidades de la contingencia actual. 

||| ||| Ilustración por Andrés Felipe Garcés|||
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Alrededor de esto se han generado múltiples debates, pero poco se ha discutido acerca de la sección más vulnerable: el preescolar. En este mundo de educación experiencial y material concreto, donde el aprendizaje se basa en habilidades y no en conceptos, el docente se ha visto a sí mismo en una batalla constante, intentando balancear su vida personal, con la imposible tarea de preservar el vínculo con sus estudiantes a través de una pantalla.

 

¿Estaba el preescolar preparado?

La educación, en los últimos años, ha enfrentado una transición gradual hacia la virtualidad. Cada vez es más común el uso de plataformas y herramientas virtuales que complementan el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, aunque esto ha sido común en la educación media y superior, la educación preescolar no estaba preparada. Liliana Anzola, coordinadora de preescolar y pedagoga especialista en educación y orientación familiar, comenta que para los docentes de ésta área ha sido un proceso particularmente retador, en la medida en que no se contaba con suficientes recursos para dicha metodología.

“Se manejaban algunos recursos tecnológicos con los niños, pero no se le pedía, sobre todo a los más chiquitos, que lo manejaran de manera independiente. En la medida en que los profesores se desplazaban al colegio, disponían de recursos, sobre todo didácticos. En este momento les ha tocado echar mano de los espacios y recursos que tienen en su casa, que son absolutamente limitados”, afirma. De manera similar, la percepción general entre los docentes es que los colegios no estaban preparados. “En el colegio donde yo trabajo, si bien ya llevaba tiempo trabajando en aulas virtuales, ese tiempo lo habían destinado para niños de cuarto de primaria en adelante”, comenta Tulia, profesora de prekinder. 

 

Retos en el aprendizaje

La pandemia impuso la virtualización en colegios poco preparados, no solamente en términos de las herramientas virtuales y en la familiarización de los profesores con ellas, sino en los lineamientos de aprendizaje de los niños. Las experiencias de aprendizaje han tenido que cambiar de forma radical, retando las estrategias de los docentes para lograr desarrollar conceptos y habilidades de manera virtual. Algunos profesores, como Tulia, sostienen que las vivencias de aprendizaje experiencial se pueden mantener en la virtualidad, con ayuda permanente de los padres de familia, evitando así cambios tan abruptos en el proceso de aprendizaje en los estudiantes.

Sin embargo, tanto los colegios como los docentes están siendo conscientes de que muchos objetivos de aprendizaje no podrán ser cumplidos, ya que hay un proceso de enseñanza que la virtualidad simplemente no puede suplir. Ante esta realidad, hay que considerar el impacto que estos huecos en el aprendizaje tendrán en los estudiantes, y los efectos que habrá a largo plazo, ya que la educación es un proceso continuo. “Esto va a tener un impacto, y más en esos niños que tienen habilidades bajitas, algún diagnóstico, o necesidades específicas, ya que es un pedazo de tiempo que no tuvo estimulación, y por más que uno haga muchas cosas, no es lo mismo la presencialidad que esta cosa aquí en el computador”, dice Tulia con lágrimas en los ojos. 

Tal vez el reto más relevante en el proceso de virtualización en la educación preescolar es la pérdida del vínculo del docente con sus estudiantes. Según Liliana Anzola, el aprendizaje de los niños en esta edad está mediado por el vínculo con su profesor, lo cual es posible a través de la modalidad virtual, pero requiere de un acompañamiento casi individual, y en la medida en que el colegio ofrezca una educación diferenciada, más no personalizada, este acompañamiento no es sostenible. El reto en este sentido, más que la academia, se encuentra en la parte emocional, que se ha convertido en un desafío constante para todos los docentes.

“Mi hijo te ama pero no te quiere ver en pantalla”, es el tipo de comentarios que ha recibido Tulia Morales en este proceso, ejemplificando la dificultad que han tenido los profesores para conectarse con niños pequeños a través de una pantalla. A su vez, Ximena Bobilier, profesora de preescolar, comparte la dificultad para mantener a los estudiantes conectados con la dinámica de clase, primordialmente porque “el vínculo emocional, el contacto emocional, en lenguaje corporal que tu tienes con los niños no se puede igualar en una clase virtual”.

 

La vida laboral y la personal se diluyen en una sola

Ante la realidad de la virtualización, las aulas de clase del docente han tenido que ser reemplazadas por sus hogares, haciendo cada vez más borrosas las líneas entre sus vidas personales y sus responsabilidades laborales. Liliana Anzola explica que uno de los retos que han tenido que afrontar los docentes, aparte de tener que convertir sus hogares en su lugar de trabajo, recae en el hecho de que han tenido que combinar su tiempo, entre la planeación y ejecución de sus clases, con las tareas propias del hogar, siendo esto particularmente difícil para aquellos que tienen a cargo niños o adultos mayores. Tulia Morales, nos comparte que en su experiencia con la virtualización. “Con el manejo del tiempo me he sentido absolutamente, vulnerada, irrespetada. En cierto punto siento que no han tenido en cuenta mis necesidades, tanto el colegio como los padres de familia. Yo estoy almorzando a las 3:30 de la tarde”, confiesa a Plaza Capital.

Ximena Bobilier, también comenta que los límites entre el horario laboral y el horario familiar se ha perdido. El no tener un espacio físico de trabajo, se eliminan restricciones como la salida de los niños o el uso de medios de transporte, luego, “tu dices, mi horario es hasta las 5 o hasta las 3, pero estas sentada haciendo un material para la clases y dices no he acabado, 5 minutos más, y esos 5 minutos se convierten en una hora más y cuando te das cuenta ya son las 7, 8 de la noche”.

Adicionalmente, a estas responsabilidades se han sumado las del hogar, imponiendo una doble carga en el día del docente, donde el descanso se vuelve un privilegio inaccesible, y preocupaciones como hacer el almuerzo y cuidar de sus hijos se suman a la labor de enseñar. Ximena comenta, “cuando estoy en el colegio, yo no tengo que preocuparme de que tengo que hacer almuerzo, ni de que tengo que ayudar a Luciana (su hija) con sus clases, (...), es como que tienes que hacer cosas por las que en el trabajo normal no te preocuparías. Toca buscar un balance entre las dos cosas; es complejo”.

Así, para los docentes, la definición de hogar se ha perdido, y su vida privada ha dejado de serlo, ya que, a través de una pantalla, han introducido su mundo laboral a sus casas, y diariamente han tenido mostrado la privacidad de su cotidianidad a través de una cámara. “Evidentemente la privacidad pasó a un plano bien diferente, eso sí lo siento”, comenta con preocupación Tulia Morales. Esto se ha acentuado por el hecho de que el nivel de involucramiento de los padres en el proceso de aprendizaje de sus hijos a cambiado de forma radical. Liliana Anzola explica este fenómeno por la etapa de desarrollo de los niños en preescolar, en la que no cuentan con la autonomía para manejar este tipo de herramienta solos. Por esto, aunque tengan la capacidad de prender y apagar el micrófono de manera autónoma, necesitan al adulto, sobre todo los menores, para que les organicen el espacio, los recursos y una rutina.

Este acompañamiento necesario de los padres de familia se ha traducido en un reto adicional para los profesores ya que, como menciona Liliana, los padres están más atentos a sus fallas y omisiones: “Aquí tienes los ojos de los papás en todo momento, ellos están viendo como te vistes, como es tu casa, como hablas, si te equivocas (...), entonces uno tiene, no solamente la presión de que no se puede equivocar, de que la clase tiene que salir bien y que las niñas tienen que estar enganchadas todo el tiempo, sino que si tu te equivocas ese papá va a ir a hablar con tus jefes. Es una presión todo el tiempo”. 

 

La era de la incertidumbre, ¿es sostenible mantener la virtualidad en el preescolar a largo plazo?

Si en algo están de acuerdo todos los docentes con los que se habló, es que la virtualidad no es una solución sostenible en la educación preescolar. Liliana Anzola, desde su rol de coordinadora, expone que el sistema educativo, atendiendo a los lineamientos del ministerio de educación, busca que la formación en el preescolar sea integral, y que se fundamente en el desarrollo del ser humano desde sus diferentes dimensiones y basado en el desarrollo de habilidades. Para ello, colegios como el lugar de trabajo de Liliana se han adecuado (en cuanto a los salones, el mobiliario, el material didáctico, el tipo de formadores), transformando las estrategias de aprendizaje tradicionales como cuadernos y cartillas.

Este progreso en la didáctica se ha visto interrumpido por las condiciones que ofrece la educación virtual. Para suplir esto, el tiempo que los docentes necesitan para preparar las clases y lograr los objetivos de aprendizaje ha incrementado de manera radical, y se ha necesitado un apoyo activo y constante de los padres de familia; “es sostenible pero las condiciones son muy difíciles, yo no veo que esto pueda llegar a funcionar en el largo plazo” afirma Liliana. 

Adicionalmente, esta metodología no es sostenible si se mira desde el punto de vista de la autonomía que se requiere de los niños. Si la educación virtual se convierte en una realidad a largo plazo, eventualmente los estudiantes dejarán de contar con el acompañamiento constante de sus padres que la cuarentena ha favorecido. Como comenta Ximena, más que el reto para los docentes, la imposibilidad de la educación virtual como una solución sostenible recae en el nivel de autonomía y disciplina que se necesita y que los niños a esa temprana edad aún no tienen, por lo que es necesario el acompañamiento presencial de un profesor en su proceso de aprendizaje. 

Entre todos los retos, los docentes han obtenido la ganancia de aprender a valorar más el contacto con sus compañeros y sus estudiantes, que temporalmente han perdido. Como observa Liliana, “algo satisfactorio que ha ocurrido para ellos es que se extrañan y extrañan el colegio, la presencia del equipo (...), los vínculos entre el equipo se han consolidado de otra manera y nos hemos vuelto más empáticos con el otro. Sin duda la colaboración ha sido sí o sí el recurso para fortalecer las prácticas”.

 

Echar de menos la conexión con los estudiantes

En cuanto a la conexión con los estudiantes, Ximena opina que para ella el contacto con los estudiantes es vital, y que para ella lo mejor de su labor como docente se encuentra en el aula, no a través de un computador. Con nostalgia, Ximena dice “prometo no volverme a quejar de las vigilancias, ni de dar abrazos ni de limpiar mocos. Extraño hasta eso. Extraño los besos, los abrazos de los niños”. Al oír estas últimas palabras, puedo afirmar que la virtualización ha sido un reto constante para los docentes, que ha impuesto dificultades tanto en su vida laboral como personal; a partir de sus testimonios, perspectivas y vivencias, me es posible afirmar al terminar este reportaje que la enseñanza virtual del preescolar,  aunque ha dejado enseñanzas valiosas en los docentes y en las instituciones educativas, no podrá nunca reemplazar la presencialidad en el proceso de aprendizaje de los estudiantes a tan temprana edad.