La experiencia Bogoshorts Sessions

Martes, 05 Marzo 2019 18:03

Producido por los laboratorios Black Velvet, el evento huele a palomitas de maíz, se disfruta en un cálido sofá y se ve como un buen cortometraje.

A través de sus ventanas||| A través de sus ventanas||| Guadalupe Hernández|||
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Todos los martes en Bogotá a eso de las 8:00 de la noche, en la entrada de un restaurante se comienzan a repartir pequeños rectángulos de colores a una fila de personas que aguantan frío. Esperan ansiosos por hasta dos horas a que comience otra noche más de BOGOSHORTS sessions. El mar de personas inunda de a poco el frente de Cine Tonalá: una casa de tres pisos de aspecto antiguo y colonial ubicada en la localidad de Teusaquillo.

Un paneo del lugar

Desde afuera el lugar se ve pequeño, pero acogedor. A través de dos grandes ventanas se alcanzan a ver luces cálidas de su interior. Encima de la ventana hay un gran aviso luminoso pegado a la pared con un aspecto ‘retro’, de esos a los que hay que cambiarle letra a letra el enunciado y que casi siempre identifican un teatro. Su luz, un poco azulada, ilumina y guía los pasos hacia esta añeja casa entre la oscuridad de la profunda calle.

Una larga fila se organiza de forma paralela al andén. Algunos llegan en bici, otros a pie, en grupos de amigos o con su pareja, incluso están los que llegan solos y que sin necesidad de compañía se disfrutan la noche. La calle que hace unas horas era solitaria y algo lúgubre, se llena de voces y risas que acompañan el constante “plop” de una máquina de palomitas que escolta la entrada al lugar y el principio de la fila.

—Buenas noches y bienvenidos a BOGOSHORTS, ¿cuántas entradas necesitan?

No importa si son diez, o sólo una, acompañadas de una gran sonrisa, dos chicos de pie en la entrada dan a los asistentes la oportunidad de ingresar y reclamar una bolsa mediana de palomitas. A cambio, únicamente piden otra sonrisa o un sincero ‘gracias’. No es necesario gastar dinero. Con que se tengan los $2.400 pesos del Transmilenio para regresar a casa es suficiente. Lo extra que lleven en los bolsillos patrocinará la comida que pueden disfrutar al interior del restaurante: desde un taco de coliflor con mole a $5.500 hasta una enchilada ranchera a $27.000.

Las pequeñas boletas no son más grandes que la palma de la mano, pero conservan el espacio suficiente para informar la fecha, hora, sala y nombre de los ‘cortos’ que entrarán a ver los espectadores. El ‘corto’, como se le conoce de forma coloquial al cortometraje, es un formato audiovisual que solo necesita entre 1 y 30 minutos para contar una gran historia. De ahí, nace el nombre del evento BOGOSHORTS: Bogo de Bogotá, y shorts, cortos en inglés.

Por Guadalupe Hernández

Antes de ingresar, algunos aprovechan para tomarse fotos frente a una tela enorme colgada en un marco de hierro que muestra repetdas veces el logo de una virgen. Un diseño posmoderno de Santa Lucía, la mártir cristiana, es la figura que decora la entrada y representa el alma de BOGOSHORTS. Según la leyenda, se arrancó los ojos en un acto desesperado de venganza para enviárselos en bandeja de plata a su prometido, quien la habría acusado de practicar el cristianismo cuando no estaba permitido, en la época de Diocleciano. Más tarde habría podido recuperar la vista por una visita de la Virgen María. En la tela, su imagen aparece con las manos en el pecho, cubierta de un velo negro y escurriendo lágrimas de sangre de sus ojos.

Un acto de fe

Por Guadalupe Hernández

El evento es el resultado de un acto de fe, que, según Iván Camilo Valenzuela, asistente del departamento de producción del evento, se funda con la Ley 814 de 2003, la cual crea el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), un fondo para incentivar la producción audiovisual en Colombia tanto de ‘cortos’ como de largometrajes. Desde ese año nace la idea de crear un espacio donde la industria cinematográfica exhibiera sus productos. Luego de 10 años haciendo fuerza para su creación, nació BOGOSHORTS en el 2013 y su sede oficial, Cine Tonalá, en el 2014.

Aunque las boletas se comienzan a repartir a las 8, la función no inicia sino hasta las 9, y faltando 15 minutos una voz a través de un parlante al interior del lugar anuncia:

—Para las personas con función de las 9 de la noche, se les avisa que ya pueden ir haciendo la fila para ingresar al teatro.

Las dos funciones de la noche se proyectan simultáneamente en las únicas salas del lugar: la Sala Kubrik y la Sala Tonalá. Una en el tercer piso, la otra en el primero. Dos filas comienzan a emerger justo a la entrada de ambas salas, los que se encontraban dispersos por el lugar se abren paso y en menos de 15 minutos están perfectamente ordenados.

Los que escogieron la Sala Tonalá, se encontrarán con un teatro lleno de luz y 65 sillas acolchonadas y organizadas cuidadosamente en filas paralelas. Al frente, un inmenso rectángulo blanco. No se diferencia mucho de cualquier otra sala de cine, sus sillas altas en la parte de atrás descienden hasta el frente.

Lo mejor de ir adelante en la fila es tener el poder de escoger la silla que uno quiera, no muy al frente porque dolería un poco el cuello, pero sí lo bastante atrás como para nivelar los ojos con la pantalla. El teatro es un poco frío al entrar, pero a medida que llegan las personas y se ubican a su gusto por el lugar, el ambiente y el ruido incrementan. Acomodados en sus puestos, sacan la bolsa de maíz a medio comer que reclamaron en la entrada y escuchan con atención la bienvenida que les ofrece la voz de Andrés Suárez, otra cabeza más del equipo quien de pie frente a ellos anuncia:

—Gracias por acompañarnos en una edición más de BOGOSHORTS sessions. Su asistencia hace que todo esto sea posible. Los cortometrajes que verán a continuación se escogieron por haber ganado numerosos premios nacionales e internacionales. Disfruten de estos cortos y bienvenidos.

Poco a poco una lluvia de aplausos inunda el lugar a medida que terminan sus palabras. Una enorme sonrisa se pronuncia en su rostro y se retira. Sale con pasos agigantados del cine y en menos de un suspiro sube dos pisos hasta la Sala Kubrik. Sentados en el suelo, bajo un altillo de madera que alza su techo en forma de triángulo con la punta hacia el cielo, se encuentra listo el otro grupo. La Sala Kubrik se rodea de pequeños y contados sofás en el suelo, por los que muchos corren al ingresar, pues si no se logra alcanzar uno vacío, el suelo será su silla por el tiempo que dure la función. Haciéndose espacio entre la gente, llega de nuevo Andrés apurado hasta el frente de la sala y recita su bienvenida de nuevo.

—Gracias por acompañarnos en una ed...

La proyección

Por Guadalupe Hernández

Las luces se apagan y el silencio toma la palabra. Se enciende la pantalla del frente e inicia el primer cortometraje Sirené de Zara Dwinger. La historia en la pantalla de un niño de al menos 15 años que descubre lo más hermoso de ser mujer, hasta llegar a maquillarse como una, capta todos los sentidos de los espectadores. Además del movimiento de sus pupilas siguiendo al protagonista en la pantalla, uno que otro en el público ocasionalmente mueve sus manos para introducirlas en la pequeña bolsa de palomitas, agarra una o dos con la punta de sus dedos y las retira con cuidado hasta llevarlas a su boca. Se percata lo suficiente para que la bolsa no suene en lo más mínimo, mientras sus ojos no se apartan de la pantalla ni un segundo.

Al menos dos cortos se exhiben por noche, uno tras otro, solo dan tiempo para acomodar un poco las nalgas resentidas de la misma posición. En el segundo corto: Estamos todos aquí de Chico Santos y Rafael Mellim, la atención de algunos permanece intacta. En otros, resistir el peso de sus párpados se vuelve una lucha constante. El cansancio que traen del día no les permite concentrarse en la historia de Rosa, una mujer brasileña a quien antes se le llamaba Lucas. Sonidos fuertes de tambores retumban en la sala y tomas de Rosa corriendo mientras es perseguida, aceleran el ritmo cardiaco y aumentan la tensión del lugar.  Faltan 15 minutos para las 10, ya no quedan palomitas y al menos uno perdió la batalla con sus párpados.

Se ilumina de a poco la sala, termina de pasar el último nombre de los créditos en la pantalla y se levantan de su posición los espectadores. Estiran un poco sus brazos, algunos evocan un bostezo y se retiran, de nuevo en fila, del lugar. A las 10 de la noche, de BOGOSHORTS sessions sólo quedan algunos pequeños papeles rectangulares olvidados en la sala, el desorden de algunos cómodos sofás y el vestigio de un sutil aroma a palomitas de maíz.