Cuando la pesadilla americana es el sueño de miles de latinoamericanos que migran hacia la frontera

Jueves, 27 Mayo 2021 17:57
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Estados Unidos es uno de los países más poderosos del mundo, no solo por su condición económica, sino también porque define a su antojo el futuro de muchos de los países del mundo, sobre todo, de América Latina. Desde comienzos de los 90', el ideal de muchos habitantes del cono sur y Centroamérica es el de migrar al gigante americano para “poder salir adelante”. Sin embargo, Estados Unidos tiene una cara no muy reconocida por el mundo, al tratar de tapar sus profundos problemas políticos, sociales y económicos y venderse como la única salida que tiene el continente. Casi una décima parte de los habitantes de los países latinos han intentado entrar de manera ilegal al país.

Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)|Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)|Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)|Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)||| Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)|Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)|Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)|Frontera de Playas de Tijuana (México y Estados Unidos, 2018)||| Fátima Martínez Gutiérrez|Fátima Martínez Gutiérrez|Fátima Martínez Gutiérrez|Fátima Martínez Gutiérrez|||
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La conexión entre Latinoamérica y Estados Unidos ocurre en la frontera con México, la cual tiene una extensión de más de 3.140 kilómetros y es la número 11 del mundo en extensión, atraviesa cuatro estados norteamericanos y seis estados mexicanos. Es el paso fronterizo más transitado del mundo, pues se estima que diariamente cruzan más de un millón de personas legalmente, lo que al año representa más de 350 millones de cruces legales. No obstante, la cifra es incierta cuando se busca saber cuántas personas pasan de forma ilegal. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CPB por sus siglas en inglés) se detienen en el lado estadounidense a un promedio de 600 a 900 personas diariamente, pero según ellos esto no es ni el 30% de las personas que buscan llegar a Estados Unidos de forma irregular.

Pasar el muro ilegalmente

El problema con el paso ilegal a Estados Unidos es que tiene varios matices, por un lado, están los que buscan llegar al país a través de los “coyotes” que son personas que residen en el lado mexicano en ciudades como Reynosa en el estado de Tamaulipas o Sonoyta en el estado de Sonora y quienes cobran, según un estudio del Colegio de la Frontera Norte, por pasar la frontera a pie, por el desierto y cruzar el muro en escaleras improvisadas, entre 3.000 y 5.000 dólares (de 11 a 18 millones de pesos colombianos aproximadamente) y pasar por los puntos legales con complicidad de los agentes llega a costar hasta 20.000 dólares por persona (más de 74 millones de pesos colombianos aproximadamente).

Por otro lado, están los carteles mexicanos que buscan personas que crucen la frontera con una cierta cantidad de droga escondida o que cobran extorsiones para no denunciarlas ante las autoridades. Entre las organizaciones ilegales que más recurren a este tipo de prácticas están el Cartel del Golfo o Los Zetas, quienes tienen gran parte del control de la droga que entra de México a Estados Unidos. Además, según el alguacil del Condado de Hidalgo, Eddi Guerra, grupos de narcotraficantes estarían robando y usando a los niños para poder pasar la droga o contrabando. Guerra afirma que los cruces muchas veces se hacen en familia y que “es posible que venga una madre, digamos, una madre con tres hijos. Entonces los carteles dicen: ‘Puedes cruzar con un niño, pero vamos a llevar a dos niños más. Y vamos a utilizar a esos dos niños para pasar de contrabando a otros dos y fingir que son familia”.

Cruzar la frontera y ahora qué

Si se cruza por algún punto del nororiente o noroccidente mexicano, las personas se verán enfrentadas a pasar más de 12 días caminando por el desierto y huyendo de las patrullas fronterizas y de los norteamericanos radicales que ven a los inmigrantes como una “plaga” o carne de cañón y que usualmente utilizan rifles de asalto o de caza para disparar indiscriminadamente contra las personas que cruzan por allí. Estos grupos radicales que promulgan el supremacismo blanco y el nacionalismo se hacen llamar los Migrant Hunters (cazadores migrantes). Según datos de la organización para la defensa de los derechos civiles Southern Poverty Law Center, más de 60.000 voluntarios de varías partes del país están dispuestos a “cazar migrantes”.

La Universidad de Texas asegura que el 70% de estos voluntarios son exsoldados norteamericanos que estuvieron en Irak, Siria o Afganistán. A pesar de ser un grupo ilegal, en la administración Trump recibieron el apoyo del presidente, el cual los catalogaba como: “civiles comprometidos con la seguridad nacional”, y también el aval de la patrulla fronteriza para ejercer sus delitos que van desde secuestro, hasta asesinato. En 2019 el FBI arrestó a Larry Hopkins, líder de un grupo que actúa en la zona de frontera, pero contrario a lo que se puede pensar, el único cargo que tuvo que enfrentar ante la Corte fue el de posesión de armas de fuego sin permiso, un delito menor en Estados Unidos.    

Por otro lado, aunque el actual presidente Joe Biden, criticó muchas de estas prácticas, al día de hoy no ha retirado a los militares de la frontera, algo que le cuestionó mucho en su momento a Trump, y quienes, según un documento del Pentágono, tiene autorización de disparar a los inmigrantes si consideran que está en peligro su vida o la integridad de algún estadounidense.

 ¿Sueño americano por fin?

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de 2014 a 2020 se han presentado más de 3.800 muertes en las zonas próximas a la frontera. El director del Centro de Análisis de Datos de la ONU afirmó que estos números son “un triste recordatorio de que la falta de opciones para una migración segura y legal lleva a la gente a tomar vías menos visibles y mucho más arriesgadas”.

Blanca Machado, es una hondureña que cruzó a pie la frontera hace varios años, en ese momento tenía dos hijos, una niña de 7 años y un niño de 9. “Yo tenía una amiga que vivía allá y me repetía siempre que la vida era mejor, que me fuera para allá y le hice caso, pero eso es mentira, el sueño americano no existe” aseguró. Machado duró más de 22 días en unas interminables caminatas dónde el calor del desierto y la policía de migración no daban tregua. “Me fracturé un pie en una de las caminatas, porque la “migra” tiene helicópteros y si la luz del helicóptero te da, te agarran, en eso me caí y fue encima de un cadáver que se estaba descomponiendo”, recordó.

Machado también cuenta que un día debieron tomar su propia orina ante la falta de agua, pero enfatiza que “todos esos sacrificios son para nada, porque llega uno a Estados Unidos a trabajar casi 24 horas y no se gana bien”. Comenta que llegó a trabajar más de 16 horas continuas en 3 trabajos para poder vivir y enviar dinero a su familia en Honduras, pero que luego de 6 años no soportó más y se devolvió. “Si yo le pudiera decirle a todos mis paisanos y a todos los latinos algo, les diría que no se fueran para allá, eso es casi quitarse la vida, el que no muere llegando, la explotación laboral, el racismo y la mala paga lo termina acabando”, aseguró.

Ella hoy en día vive con su esposo estadounidense y sus tres hijos en México, dónde han podido construir una nueva vida. “Los tengo a todos reunidos y esa es mi mayor bendición, uno no puede depender la felicidad de ganar en dólares, hoy estamos en familia, no tenemos lujos, pero vivimos tranquilos y eso llena más”, dijo.

'El mayor error de mi vida'

Un migrante mexicano, quien pidió la reserva de su identidad, asegura que su viaje a Estados Unidos fue “el mayor error de mi vida”. El afirma que a los latinoamericanos siempre se les ha vendido la idea de que salir de su país de origen es la solución, pero que eso solo lo hacen para poder seguir teniendo el control sobre los países y perpetuar la pobreza. “¿Cuántos mexicanos no hay acá en Los Ángeles?, ¿cuántos colombianos o cubanos no hay en Miami? Y acaso ¿Eso ha ayudado a solucionar los problemas? No, ahí seguimos con problemas, pero vamos a pagarle a ellos, hasta pagarles impuestos para que ellos sigan siendo ricos y nosotros pobres”, recalcó.

Este mexicano de 45 años, vive actualmente en el estado de Baja California, al noroccidente de México y dice que durante sus más de 7 años viviendo en Estados Unidos, fue testigo de la tremenda desigualdad que viven los inmigrantes, pues según él, “Estados Unidos está lleno de gente que se cree mejor que todos porque es de ojos azules, eso de que con un gobierno se es mejor que con otro es mentira, con Obama sufrí lo que era ser llegar de ilegal y con Trump igual, acá todos piensan que solo somos ladrones y narcos”. Cuenta también que un tiempo tuvo que dormir en la calle aún teniendo 2 trabajos porque “la vida es muy cara, te ganas 2 dólares y todo te cuesta 5 y cuando te consigues los 5 dólares, pues tienes que enviarle dinero a tu familia y vuelves a empezar”.  

A pesar de que relatos como el de Blanca o el mexicano hacen parte de la mayoría de las historias que deben pasar los latinos que se arriesgan día con día a cumplir el “sueño americano”, la realidad es que esto no frena la migración masiva. De lo anterior fue ejemplo 2019 y 2020 dónde los grandes grupos de hondureños y salvadoreños buscaban en medio del caos pasar por la frontera de México para luego embarcarse en una travesía de semanas completas que comienza en Chiapas y busca terminar en algún estado de frontera como Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León o Baja California.

Sin embargo, estas historias de racismo y xenofobia no solo ocurre con los migrantes ilegales, pues según un estudio de la ONU, cuatro de cada cinco latinos que residen en Estados Unidos, de forma legal, ha recibido al menos diez insultos por parte de algún norteamericano, con la justificación de que “los latinos son una plaga” o “todos son ladrones”, lo que muestra la verdadera cara de una cultura que promulga las brechas sociales y que existe una especie de supremacía por ser estadounidense.