Rumbeaderos de Cedritos: Un problema más allá de las barras y los andenes

Jueves, 22 Marzo 2018 20:20

La zona de los bares en el sector de las Margaritas es una pesadilla para sus residentes. El ruido, riñas, casas de lenocinio y ventas de estupefacientes hacen parte del coctel.

Decenas de bares ruidosos se apoderaron del barrio Las Margaritas. Foto: María Paula Sierra||| Decenas de bares ruidosos se apoderaron del barrio Las Margaritas. Foto: María Paula Sierra||| |||
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A ambos costados de la avenida 19, en el sector comprendido entre las calles 147 hasta la 151 en el norte de Bogotá, existe un sector dominado por los establecimientos nocturnos. Allí, los clubes y bares abren sus puertas cada fin de semana. Hay para todos los gustos, desde las viejotecas, como La Doña; para un público más joven, especialmente para aquellos que rumbean cantando vallenato a todo pulmón como en La Maye; hasta los que permiten sucumbir ante los placeres de la noche, como Guara. En este pequeño paraíso las puertas se abren desde las ocho de la noche y se cierran hasta las seis de la mañana del día siguiente.

De hecho, para algunos, en especial los jóvenes osados, los andenes se convierten en las barras y las calles en las pistas de baile o en "escenarios" para explotar sus talentos natos. Sin importar el papel que jueguen durante las noches, el disfrute de algunos se convierte en el tormento de otros. Especialmente, los adultos mayores, quienes admiten que sus cuerpos ya no están "pa' esos trotes".

Las quejas aumentan y el archivo de cartas y peticiones de Diana Olaya, edil de Usaquén aumenta considerablemente. Sin embargo, con tres cartas enviadas a la Policía y a la Secretaría Distrital, las cosas no cambian. Juan Camilo Parrado, residente del sector asegura que hace más de un año se presentan problemas de ruido y molestias a la madrugada, causados por los jóvenes que salen de los bares. Además, cuenta que la seguridad del barrio se ha visto afectada debido a que muchas de estas personas se marchan a altas horas de la noche en estado de alicoramiento, volviéndose vulnerables a los robos o atracos.

En efecto, la inseguridad ha aumentado, pues en el año 2017 se registraron 841 denuncias por robos en el sector. Así lo consigna una de las cartas redactadas por la edil, que exige a la policía el fortalecimiento del cuadrante No. 48 de Toberín. La dirigente política señala que el mismo se encuentra inactivo por lo que sus funciones deben ser asumidas por el cuadrante 16. Sin embargo, los recursos disponibles no son suficientes para cubrir una de los sectores de la ciudad con mayor concentración de propietarios de Bogotá. Tanto así, que la cantidad de personal no es proporcional a el gran número de bancos, establecimientos comerciales y personas registradas en las Unidades de Planteamiento Zonal (UPZ). 

El barrio Cedritos está compuesto por el sector comercial y residencial, detrás de los bares hay casas de familia. A medida que los residentes vendían sus casas, los nuevos dueños establecían allí sus negocios, convirtiendo el sector en una zona de “alto impacto”. No obstante, la zona UPZ 12 y 13 establece que la avenida 19 es un área destinada para el comercio. Por ello, el uso que se le da al suelo permite establecer allí negocios, bares y residencias.  La falta de límites en la reglamentación no establece una división entre el sector residencial y comercial. El rápido aumento de establecimientos nocturnos, en los costados occidental y oriental, se debe a una falta de planeación y control por parte de las autoridades.

Otro de los problemas que ha manifestado la comunidad es el exceso ruido que producen estos lugares, lo que perturba durante la noche a los residentes. “Es bastante molesto porque, por lo menos yo, tengo el sueño bastante ligero y cuando escucho un ruido no puedo seguir durmiendo.”, asegura Juan Camilo Parrado, quien no tiene más de 19 años. Aunque, entidades como la Secretaría de Ambiente y la Policía se encargan de medir los decibeles, muchas veces encuentran que múltiples establecimientos incumplen con la norma establecida para el ruido, la cual está entre 60 y 70.

Pese a que se hayan realizado sellamientos, muchas veces los mismos propietarios rompen el sello y reabren al fin de semana siguiente. La falta de seguimiento y de personal policívo hace insostenible el trabajo de las autoridades en cada caso particular, lo que lleva a que el bar sea reabierto al público. Un claro incumplimiento a la norma, pero, como señala la edil, en estos establecimientos lo que prima es la economía del mercado: yo necesito vender y ya no importa lo que vaya a pasar.

La falta de control o de “autocontrol”, como lo denomina Olaya, genera que el sector se vuelva vulnerable no sólo a las molestias por ruidos y escándalos a la madrugada. Los escenarios nocturnos se han hecho propicios para la venta de estupefacientes y la prostitución. En palabras de la edil “todo se confluye entonces: ruido, casas de lenocinio, venta y consumo de licor en espacio público y las personas en los parques que se sientan en las bancas, se emborrachan. Ellos van al parque de la carrera 17 con 148 y siguen la rumba gritando”. Mejor dicho: lo que inicia como diversión, un buen rato- aseguran los meseros y clientes de los bares- en una zona “segura” para el trabajador, realmente esconde un problema que va más allá de la música y el trago.

Esto se relaciona con la nueva modalidad “de puerta cerrada”, cuando, ante la Cámara de Comercio, los dueños de los establecimientos registran sus negocios como clubes. Así, se dificulta el acceso de la policía para ejercer un control directo sobre las actividades que se desarrollan dentro del establecimiento.  La edil señala que estos hechos pueden verse como una falta de información por parte de las autoridades e incluso dentro de la Alcaldía Local de Usaquén.

El conflicto de los bares es una cuestión que, en pocas palabras puede, resumirse en el uso y manejo del espacio público por parte de los jóvenes que se sientan en las aceras a beber y por el parqueo en vías públicas. Un problema de salud e higiene a causa del ruido que podría desarrollar enfermedades para los residentes por la falta de sueño y los olores y plagas que generan las basuras. Las riñas, ventas y consumo de estupefacientes que afectan la tranquilidad y seguridad. Incluso daño a las propiedades de los vecinos, ya que en algunos casos conductores ebrios se estrellan contra los postes o los parqueaderos de las residencias. En conjunto, todos estos factores afectan la calidad de vida y deteriora el barrio, afirma con preocupación Olaya.

No obstante, la labor de Diana como edil, brinda acompañamiento a las quejas de los residentes con el fin de reportar al ciudadano los avances de la Policía en conjunto con la alcaldía de Usaquén. Adicionalmente, recomienda que los ciudadanos hagan uso del cuadrante y reporten cualquier queja o regularidad que se presente en el sector.

Finalmente, la ciudad es todo un sistema, que a su vez se conforma de “micro mundos”, no más hay que aproximarse a un barrio para darse cuenta de que allí se observa a pequeña escala la realidad de toda una metrópoli. Al menos, así lo ve la edil cuando asegura que “nada más en esa cuadra de la 19 se puede encontrar un reflejo de la problemática de la ciudad”. La discusión sobre los bares encierra mucho más de lo que es posible ver desde la perspectiva del ciudadano común.