¿Vegetarianos por voluntad o por necesidad? La inflación y los efectos en la alimentación de los colombianos

Miércoles, 11 Mayo 2022 21:40
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Al adoptar una dieta a base de vegetales y alimentos alternos y menos costosos a la proteína animal, podrían presentar afectaciones en su salud, pues se ausentarían suplementos fundamentales para un buen desarrollo del cuerpo.

Sección de productos cárnicos en supermercado de Bogotá|Consumo de carne en un año por habitante en Mozambique desde 1961 hasta 2017|Consumo de carne en un año por habitante en China desde 1961 hasta 2017|Incremento de precio de las chatas entre el 2021 y 2022|Incremento de la producción de pollo en Colombia desde 2005 hasta 2020||| Sección de productos cárnicos en supermercado de Bogotá|Consumo de carne en un año por habitante en Mozambique desde 1961 hasta 2017|Consumo de carne en un año por habitante en China desde 1961 hasta 2017|Incremento de precio de las chatas entre el 2021 y 2022|Incremento de la producción de pollo en Colombia desde 2005 hasta 2020||| Foto de Antonia Villalba|Our World in Data statistics|Our World in Data statistics|estadísticas Corabastos|Estadísticas Fenavi|||
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  • Coautor 1: Antonia Villalba

La inflación ha ocasionado un alza en los precios en el mercado de alimentos en Colombia, según Juan Daniel Oviedo, director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) -máxima entidad responsable del análisis y difusión de estadísticas oficiales de Colombia-, los altos precios han disminuido la capacidad de consumo en los hogares.

Esta situación ha afectado a todos los grupos alimenticios (granos, verduras, frutas, productos lácteos, legumbres, proteínas, entre otros), sin embargo, los tubérculos como la papa y las proteínas de origen animal han presentado mayor variación. De acuerdo con el último informe del DANE, presentado a comienzos de abril del 2022, las carnes tienen un nivel inflacionario del 32,05% y se espera que este siga aumentando.

La pobreza, el desempleo y la inflación son factores que han contribuido a que el bolsillo de los colombianos se vea afectado. Juan Carlos Buitrago, director de la Red de Bancos de Alimentos de Colombia, afirma que para “diciembre de 2021, 14 millones 400 mil colombianos comieron apenas dos veces al día; 1 millón 445 mil colombianos comieron apenas una vez al día y 154 mil comieron menos de una vez al día”. Esto demuestra que suplir los productos esenciales para la alimentación básica de las familias colombianas es cada vez más difícil.

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Según investigadores del Banco de Bogotá la variación de precio mensual para el grupo de los comestibles puede llegar a incrementar hasta en un 2%, lo que indica que al cabo de 12 meses podría llegar hasta un 20%. El panorama para la economía de los ciudadanos no es alentador.

Curiosamente, mientras la mayoría de los colombianos lamentan no poder comprar algunos de los productos más costosos como la papa, la cebolla y las carnes, se ha visto un incremento global en la población vegana y vegetariana, la cual elimina voluntariamente el consumo de carne. En un artículo para la BBVA, la periodista Sofía R. Ustáriz J explica que, “la industria de productos veganos a nivel mundial ya supera los 50.000 dólares estadounidenses.”

Desde el 2020, la oferta restaurantes veganos y vegetarianos creció, para ese año se registraron 528 restaurantes veganos en 25 departamentos de Colombia, según el portal Agronegocios, en una investigación realizada por la periodista Laura Vita del diario económico La República. Además, según el mismo estudio, se introdujeron líneas veganas, tales como beyond meat, gardein y veggie bites de Zenú en los supermercados. El incremento de estos productos se relaciona directamente con mayor demanda por parte de los consumidores.

Vegetarianos por obligación 

Camilo Tovar, administrador de empresas y nutricionista con más de 32 años de experiencia en la industria avícola y especializado en el enfoque mundial de esta, afirma que “cuando hay una caída económica del ingreso de las personas, se disminuye su capacidad para consumir proteínas”.

Siendo así, la capacidad adquisitiva tanto en Colombia como en el mundo es un factor determinante para la compra de carnes en el hogar, menciona Tovar. Este fenómeno se puede observar en el historial de consumo de Mozambique, uno de los países más pobres del mundo, según el Fondo Monetario Internacional.

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Desde hace más de 40 años, los habitantes de Mozambique no superan los 10 kilogramos de carne consumida en un solo año, esto debido al bajo ingreso de cada individuo. En cambio, se evidencia que cuando el país empieza a desarrollarse, se incrementan los consumos de proteína como respuesta a la subida de su capacidad adquisitiva, como es el caso de China.

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De acuerdo con el diagrama, para esta superpotencia, en un plazo de 40 años, hubo un crecimiento de consumo anual de carne por persona que alcanzó los 50 kilogramos. Sustentando así lo mencionado por Tovar.

Los precios pueden cambiar sustancialmente la dieta de una persona. Según el experto “las costumbres alimenticias varían de acuerdo al precio, es una tendencia que ocurre en toda parte y en Colombia. Como sucedió con el pollo, que su producción comenzó a ser más barata que la de la carne hace bastantes años, y por ello se come más pollo que carne en muchos países. Por esto, las personas con bajos ingresos suelen buscar alternativas que les permiten sustentar su dieta”.

Algunos colombianos de la clase trabajadora comentan que el mercado “está por las nubes”. Gladys Delgado, vendedora de tintos y pasteles en el centro de Bogotá, cuenta que la carne, la leche, los huevos y algunos lácteos son impagables en este momento. Afirma que el año pasado compraba el litro de leche para su negocio a 2.200 pesos y hoy lo consigue hasta por 3.000 pesos y sigue en aumento. 

Antes, un almuerzo que en el hogar de los Delgado llevaba papa, pescado o carne, ahora se convirtió en una sopa de hueso y habichuelas “que es lo más baratico” o “para un seco tocaría, el arroz, la habichuelita y de carne un huevo o un platanito”, dice la vendedora.

La situación de la familia de Claudia Esperanza Vargas, otra vendedora informal del centro de la capital de la república es similar, pues tiene tres hijos y dice “la verdad yo no les doy carne” porque “está carísima, a 19.000 pesos la libra”.

De acuerdo con las cifras proporcionadas por la entidad responsable de la formación de precios y de abastecimiento de mercado, Corabastos, para los primeros días de enero de 2022, un kilo de chatas costaba 32 mil pesos y en los siguientes días, su precio incrementó a los 40 mil pesos.

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Tanto el informe de precios de Corabastos, como el testimonio de trabajadores, demuestran que se está presentando una reducción significativa en el consumo de carne, llevando a la mayoría de la clase trabajadora colombiana, especialmente a aquellos con limitaciones económicas a consumir dietas basadas mayoritariamente en las plantas y las proteínas vegetales. Puesto que adquirir proteínas animales e incluso lácteos no está dentro de su presupuesto.

Añadido a lo anterior, según un estudio realizado por el Programa misional de la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi), entre el año 2019 y 2020, la producción de pollo en Colombia tuvo una gran caída equivalente a una disminución de 50 millones de unidades de pollos a nivel nacional. Consecuentemente, su precio alcanzó el mayor pico en la historia del país: 10 mil pesos por un kg de pollo sin viseras, según el informe de precios de Corabastos del mes de febrero del 2022.

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Si la producción de un alimento se ve afectada, ya sea por la inflación o por cualquier tipo de crisis económica, su consumo también disminuirá, pues los precios subirán por la escasez en el mercado y el colombiano promedio se verá en la necesidad de someterse en una dieta alternativa a base de alimentos baratos, como las verduras. Así lo demostró el estudio realizado por Kantar (empresa de análisis de datos y consultoría de marca con sede en Londres) en el año 2021 sobre el consumo de alimentos frescos en Colombia.

Para una población acostumbrada a una dieta omnívora, disminuir o eliminar el consumo del grupo alimentario de las carnes implica perder un aporte nutricional importante en sus dietas, y el vegetarianismo que les ha impuesto la inflación en el mercado, ha dejado a muchos hogares desalentados y con la falsa idea de estar alimentando bien a sus familias.

Veganos por elección

La otra cara de la moneda está compuesta por los ciudadanos veganos. Valentina Reyes, estudiante y vegana desde hace dos años, define el veganismo como una postura ética que rechaza ver a los animales como inferiores, y que por ende evita su consumo para alimento, entretenimiento, vestimenta, cosmética, entre otros.

Como Valentina, muchos otros activistas buscan dar a conocer constantemente este estilo de vida bajo las ideas de protección de los animales, medio ambiente, y buena salud, entre otras. Además, se ha popularizado porque tener una dieta basada en plantas es más sostenible para la economía, siempre y cuando no se compren productos súper procesados como imitaciones de embutidos o carnes.

Esto lo corroboran otras personas veganas, quienes afirman que “la mayoría de los vegetales, las legumbres, los cereales como la quinoa y la soya texturizada, no son costosos” e incluso “una persona de bajos recursos puede tener una buena alimentación y aportes nutricionales, basándose en una dieta vegana”, explica Natalia Cepeda.

La alimentación basada en plantas como alternativa en épocas de inflación

Algunas personas de la comunidad vegana creen que la implementación de una alimentación vegana o vegetariana es una buena alternativa que más allá acatar con ciertos ideales, puede llegar a cuidar a los colombianos en tiempos de crisis, pues no solo es amigable con el bolsillo, sino que a su vez cumple con los requerimientos nutricionales.

Sin embargo, el ortopedista geriátrico Miguel Ángel Gonzáles y la nutricionista Nancy Arias, confirman que llevar una buena alimentación basada en plantas es de alta complejidad y que llegar a la anterior conclusión deja de lado múltiples factores importantes. 

Por un lado, el doctor Gonzáles afirma que “dentro de la formación de los huesos y los músculos es muy importante la proteína de origen animal, no exclusivamente la carne roja, se habla también del huevo, del pollo, del pescado, pero es fundamental en la salud para tener un adecuado desarrollo”.

Asimismo, habla de la importancia de la ingesta de calcio (que se obtiene mayormente a través de los lácteos, aunque hay otros alimentos que lo contienen) especialmente en niños y adultos mayores, para garantizar unos buenos huesos, términos de “densidad mineral ósea y calidad”.

Pese a lo anterior, el doctor Gonzáles es enfático en que llevar una dieta vegetariana o vegana puede hacerse sin mayores implicaciones en la salud, entre los 20 y los 60 años. 

La nutricionista Nancy Arias, explica que, si bien se puede llevar un estilo de vida saludable, se requiere un acompañamiento profesional, una serie de suplementaciones vitamínicas y de minerales (en mayor o menor escala dependiendo de la edad de estilo de vida de la persona) y chequeos médicos ocasionales para ver la salud del cuerpo:

"Las leguminosas que son los alimentos de origen vegetal con más aporte proteico y los frutos secos no son baratos. Muchas personas se cambian al vegetarianismo con la idea de ahorrar, pero se quedan colgados con el aporte proteico (..) Y los suplementos nutricionales de buena calidad, no son baratos".

Adoptar este tipo de alimentación, según los expertos, no debe ser tomado a la ligera y debe hacerse exclusivamente bajo los parámetros mencionados, pues de no ser así se pueden generar daños graves en el cuerpo, como la descalcificación de los huesos o las deficiencias vitamínicas. 

Es alarmante la situación alimentaria de los colombianos. Por más que convertirse en un cuasi vegetariano sea beneficioso para conseguir los alimentos más baratos, a fin de cuentas, podría salir más caro por sus consecuencias en la salud. Debe haber responsabilidad al adquirir una dieta a base de vegetales tal como lo explica la nutricionista Nancy Arias y el doctor Miguel Ángel Gonzáles, algo que resulta complicado de aplicar, teniendo en cuenta que la capacidad adquisitiva es un limitante para el colombiano promedio, así como lo explicó Tovar.