Este proyecto investiga los huecos como emblemas de la interacción entre fuerzas geológicas, meteorológicas y humanas, evidenciando el contraste entre el orden impuesto por la ciudad y su naturaleza indomable. A partir de materiales como arena, rocas, desechos y agua, la instalación crea una geografía artificial que evoca la historia de Bogotá, asentada sobre antiguas cuencas y humedales. De este modo, pone de manifiesto cómo el tiempo y la intervención humana transforman constantemente el paisaje urbano, generando tensiones entre el desarrollo y la memoria del territorio.
Además, El Hueco introduce el concepto de "amance", que alude al proceso de domesticar lo salvaje, para repensar los huecos urbanos como espacios de transición entre el caos y la habitabilidad. La obra no solo busca evidenciar los cambios y fisuras de la ciudad, sino también provocar una nueva forma de experimentar su desorden. Al recorrer la instalación, los visitantes son invitados a reflexionar sobre la relación entre el crecimiento urbano y la identidad de Bogotá, proponiendo una reconciliación con el entorno y una manera más consciente de habitarlo.