Lo que no pudo empañar la violencia

Viernes, 11 Octubre 2019 11:01

Pese a los desmanes en la Plaza de Bolívar y a algunas agresiones a la prensa, las marchas de este 10 de octubre transcurrieron, en su mayoría, en calma.

 

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Una lamentable costumbre de las marchas en Colombia es que cuando arriban a la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, siempre hay disturbios. Lastimosamente, las marchas de este 10 de octubre no fueron la excepción: hubo agresiones contra la Fuerza Pública y contra la prensa, en inmediaciones de la sede del diario El Tiempo, en la Avenida Jiménez. Y, luego, se presentaron desórdenes en la Plaza, lo que motivó a la reacción del Esmad.

Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar que, hasta llegar a ese punto, las marchas se habían desarrollado en calma y que los vándalos -menos de 100; es decir: una ínfima parte de los miles de manifestantes- no pueden empañar toda una movilización.

La marcha, convocada para conmemorar las movilizaciones del 10 de octubre del año pasado y para pedirle al gobierno de Iván Duque que cumpla con los acuerdos a los que llegó con el estudiantado, empezó en la calle 40 con carrera 7ª, donde las universidades Distrital y Javeriana se miran frente a frente: un lugar que ha sido escenario, estas semanas, de movilizaciones por parte de los estudiantes de la Distrital, en contra de la corrupción en ese centro educativo, protestas que han sido apoyadas por varias universidades privadas, en una unión que hace muchos años no se veía.

Precisamente, la Universidad Javeriana, normalmente cauta -e incluso indiferente- ante situaciones como esta, se ha solidarizado con su vecina y ayer, en un hecho inédito, sus directivas permitieron que los estudiantes desplegaran un pendón en apoyo a la movilización.

Tras una media hora esperando a que se les unieran los estudiantes de la Pedagógica y la Nacional, la Javeriana, la Distrital y otras universidades de Teusaquillo y Chapinero empezaron su marcha hacia la Plaza de Bolívar. Tomaron por la 7ª hasta la calle 32, por donde bajaron hasta coger la Caracas, conforme a lo establecido por las autoridades. A esa hora un aguacero le dio la bienvenida a los manifestantes que entraban al barrio Santa Fe: recicladores, trabajadoras sexuales y uno que otro migrante venezolano veían cómo Miles de estudiantes marchaban por la vía de Transmilenio, pese a la inclemente lluvia.

Luego la marcha llegó al populoso sector de San Victorino y ahí empezó su entrada al Centro. A la altura del Ministerio de Agricultura se presentaron los primeros desmanes que, no obstante, fueron contenidos por los mismos estudiantes, cansados de la violencia. "Con violencia, no", gritaban. Alguno hasta se atrevió a interponerse entre la Fuerza Pública y los violentos.

Se trataba, según me contó un estudiante del esquema de derechos humanos, de anarquistas que pretendían causar desorden: los mismos desadaptados de siempre, empañando una movilización que debería pasar a la historia por ingredientes distintos a la violencia que en ella se presentó. Por ejemplo: por el hecho de que marca un nuevo hito en la historia de un movimiento estudiantil en maduración.

Luego hubo otro conato de violencia en las instalaciones del diario El Tiempo, sobre la Jiménez con 7ª. De nuevo, fueron los estudiantes los que evitaron la agresión a la Fuerza Pública. A eso de las 3 de la tarde, los manifestantes empezaron a congregarse en la Plaza de Bolívar, destino de toda marcha en Bogotá, donde integrantes de FECODE arengaban. A esa hora la lluvia ya había amainado y la jornada parecía cercana a concluir con un saldo satisfactorio. Lamentablemente no fue así: la Plaza de Bolívar se convirtió, al poco tiempo, en un campo de batalla entre violentos que no han entendido que los tiempos han cambiado y el Esmad que recurrió a sus consabidos gases lacrimógenos, por primera vez en toda la marcha. La violencia hizo que la Plaza se desocupara. Ojalá no haga que se olvide lo bueno de una manifestación histórica.

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