Cuando el arte se toma las calles en medio de las protestas

Domingo, 12 Abril 2020 19:19

Colectivos estudiantiles se han tomado las calles durante las últimas coyunturas para ejercer su derecho a la protesta desde la expresión artística. Durante esos días de movilizaciones, la presencia de bailes, cantos, telas, murales y acciones de colectivos artísticos llamaron la atención de los ciudadanos. En las redes sociales, muchos destacaron por la creatividad y la diversidad de las formas de protesta de manera artística.

Diego Charry se presenta en las marchas de noviembre del 2019||| Diego Charry se presenta en las marchas de noviembre del 2019||| Diego Charry|||
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Era el 22 de noviembre de 2019, segundo día del Paro Nacional. En el puente de la calle 100, dos integrantes del grupo de telas de la Universidad Nacional colgaban de una de sus barandas. Eran dos muchachos, con los torsos descubiertos y pintados. Uno tenía una tela morada entrelazada en sus piernas y pecho; el otro era su espejo, solo que con la tela roja. Sus cuerpos estaban horizontales y se empezaron a mover en círculo, como un huracán sincrónico. Debajo de ellos, avanzaba la marcha. Todavía en el aire, vieron a la primera línea del Esmad acercándose. Apenas se estaban empezando a descolgar cuando sintieron los gases lacrimógenos en el aire. Su primera presentación del Paro los cogió a la merced del desorden y sin idea de qué hacer para resguardarse. En los días siguientes de movilizaciones, sin embargo, continuarían presentándose en Bogotá, llevando su arte, y su protesta, a las calles.

Protestando desde el arte

Para algunos colectivos artísticos universitarios, como el de telas de la Nacional, este fue uno de los primeros espacios de participación a modo de protesta. Para otros colectivos, como ‘Terrorismo Gráfico’, esta fue una coyuntura más para seguir practicando lo que denominan la "militancia artística (...) En la Universidad Nacional se llevan practicando telas unos 35 años, pero este grupo que participó en las marchas se conformó hace aproximadamente diez meses", cuenta Diego Charry, estudiante de Física y entrenador de este grupo. Actualmente, hay unos 30 integrantes que van regularmente a entrenar, aunque no todos participan de las presentaciones en las marchas.

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Durante el Paro del año pasado, cuadraron quiénes querían estar en las telas y quiénes querían hacer parte de logística, en la cual están pendientes de la seguridad de los que se presentan. A partir de ahí, participaron en múltiples jornadas con coreografías previamente planeadas, principalmente en el puente de la 26. En algunas ocasiones escribían cosas en sus torsos o en carteles que llevaban. Después de la muerte de Dilan Cruz, el 25 de noviembre del 2019 en el Hospital Universitario San Ignacio, Charry portó las palabras: “Nos están matando” en su pecho.

"Queríamos presentarnos con algo distinto a lo que normalmente se ve en las protestas, mostrando lo más humano que tenemos para ofrecer, que es nuestro arte", comenta el entrenador. Siendo conscientes de la mala percepción que muchos colombianos tienen de la protesta, quisieron desligarse lo más posible de cualquier acto que pudiera hacer que los tildaran de vándalos. Se acogieron en sus telas y su disciplina artística para poder presentarse en las marchas y ejercer su crítica desde ahí. Otro grupo que protesta a través del arte es ‘Terrorismo Gráfico’, un colectivo artístico con posturas comunistas que surgió en la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane), alrededor del 2011. Desde ese momento, han hecho parte de distintas protestas sociales y han ejercido continuamente lo que denominan “militancia artística”. Realizan panfletos, comunicados, murales y piezas gráficas para criticar “los terrorismos del Estado”, como explican dos de sus miembros, que pidieron reserva de sus nombres por cuestiones de seguridad.

Su objetivo es “agudizar las contradicciones”, comenta Irene* Es decir, buscan criticar los sinsentidos de la sociedad actual, como que exista inequidad, pobreza o violencia estatal. Por medio del humor y la ironía, quieren incomodar a los sectores más apáticos y hacerlos reflexionar sobre lo que sucede. Después de la muerte de Dilan Cruz, produjeron una pieza gráfica, titulada Se busca, en la que pusieron el nombre y la cara del agente del Esmad implicado en este incidente, con una recompensa. “Queríamos revertir los roles, tildarlo a él de ‘vándalo’, para que la gente reflexione y se cuestione sobre la moralidad de la autoridad”, explica Mateo*

Crédito @TerrorismoGráfico

La idea del colectivo es que mucha gente vea este tipo de denuncias, por eso hacen un uso activo de las redes sociales. “Los medios de comunicación están sesgados. Nosotros creemos en el poder de un papelón, de un mural, porque las calles y los muros también se leen y se viven”, afirma Irene*.

La intervención artística en la ciudad

Para Luisa Naranjo, filósofa y artista especializada en Educación Artística Integral, esta apropiación del espacio público aumentó en las últimas protestas. Para ella, los artistas se alejaron de las nociones del arte formal y, en cambio, “interfirieron el espacio para crear movimiento e interactuar con otros, como el arte extendiéndose hacia las personas”. El arte como protesta, entonces, se enfocó en el trabajo en comunidad y espíritu de unión que incitaron estas expresiones. Históricamente, la capital ha albergado movimientos artísticos que han demostrado una relación entre el arte y la protesta política.  Desde 1968 hasta 1971, aproximadamente, el Centro Nacional de Canción Protesta (CNCP) cobró importancia. Con artistas como el acordeonista Alejandro Gómez; el cantante y actor Juan Sebastián; y la cantante Aída Pérez, hubo una ola de canciones que apoyaban la revolución y criticaban la violencia estatal.

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En 1978, la dramaturga Fanny Mikey creó la Fundación Teatro Nacional. Diez años más tarde, estaría llevando a cabo, junto a Ramiro Osorio, ministro de Cultura, la primera edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB). Hoy en día, el evento atrae a un promedio de dos mil artistas de cinco continentes. Tradicionalmente, el teatro ha estado relacionado con la pluralidad de expresiones para la protesta o crítica de instituciones y con la libertad de expresión. Teledeum, por ejemplo, se presentó en la primera edición y fue una sátira sobre los medios de comunicación y la Iglesia Católica. Aún en un país con creencias tradicionales como Colombia, en el FITB se le abrió el espacio para obras como esta. En el 2019 Bogotá recibió un nuevo ejemplo de arte militante, cuando Doris Salcedo realizó la obra colectiva 'Quebrantos' en la Plaza de Bolívar, para denunciar el asesinato sistemático a líderes sociales. Esto no fue únicamente una intervención en el espacio público, sino que también contó con la participación de voluntarios, líderes sociales y la Guardia Indígena del Cauca para construir el arte. 

La vivencia del arte

A pesar de las diferencias en sus formas de arte, lo cierto es que para 'Terrorismo Gráfico' y el colectivo de telas de la Nacional, la práctica es mucho más que entretenimiento o placer estético. "Creemos en que el arte es para sensibilizar en cuanto a lo que alguien más pueda expresar", explica Diego Charry. "Y la idea es que, en esa sensibilización, la audiencia sienta igual que el artista". Las telas son la herramienta para transmitir sus pensamientos a los demás y hacerlos creer en que el arte, por banal que pueda parecer, vale la pena para protestas.

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“El arte es exponer tu pensar, y tu existencia como tal”, comenta Irene. “Por medio del arte muestras tus posturas y, al hacerlo, te emancipas, porque estás reivindicando lo que tú opinas, nadie te puede quitar eso”. Por eso mismo, ‘Terrorismo Gráfico’ se ha dedicado a reconceptualizar la idea del arte, por medio de sus intervenciones, que se enfocan a que las personas “entiendan que tienen una herramienta muy poderosa a la mano”, explica Mateo. Para Luisa Naranjo, el impacto en las últimas protestas es que, justamente, los ciudadanos sí sintieron esta cercanía con el arte. “Hubo un sentimiento de que la gente sí se puede apropiar del espacio público, de que sí se tiene derecho a ser ciudadano en las calles, y de promover cambios desde ahí”, afirmó.

Además, las muestras artísticas también hicieron que los ciudadanos escépticos sintieran la protesta más cercana y perdieran “el miedo” que normalmente le tienen, según Naranjo. Entre los habitantes de Bogotá, las opiniones se dividen entre la belleza de las presentaciones y su papel político. Crisólogo Camargo, de 82 años, dijo que ver el arte durante las protestas le había parecido “muy bonito, es un cambio chévere de la violencia que siempre se ve en las noticias”. Julián Moreno, de 21 años, ha participado activamente de varias jornadas de movilizaciones y coincidió en que “el arte es muy importante en las protestas, porque hace el mensaje más digerible para muchas personas que no están tan cerca de esta lucha”.

 

Mural realizado por Terrorismo Gráfico @terrorismograficotg

 

A pesar del impacto que ha tenido el arte en la ciudadanía, según Naranjo todavía hay sectores que buscan censurar y perseguir estas expresiones. Para ella, esto se debe a que “el arte incomoda porque pone de manifiesto lo que otros no se atreven a decir”, de formas distintas a lo usual. Por ejemplo, en muchas ocasiones se hace uso de la comedia y sátira para hacer las críticas. Esto es “un lenguaje simbólico que crea iconografías muy potentes, que son más interesantes que mensajes de protesta usuales”, explica la artista.

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Mateo coincide en la importancia del humor para realizar críticas, aunque es enfático en afirmar que ‘Terrorismo Gráfico’ ha sido perseguido, censurado y estigmatizado en múltiples ocasiones por esto mismo. A pesar de esto, el colectivo continúa ejerciendo su militancia artística, ya que concuerdan con Naranjo acerca del poder de la protesta a través de la expresión artística. Durante el Paro del año pasado, miembros de Terrorismo Gráfico fueron al sur de la localidad de San Cristóbal. Escogieron un mural de ladrillos negros agrietados y los pintaron de blanco. Trazaron los nombres de más de 50 líderes sociales y estudiantiles asesinados. En la mitad del mural, encapsulado en una llama, dibujaron los rostros de campesinos, indígenas y estudiantes, con brazos levantados, en un gesto revolucionario. En letras rojas, atravesando la pared por la mitad, escribieron: “El paro no para”.

Y a pesar de que eran desconocidos en la comunidad, mucha gente se acercó a preguntarles a quiénes pertenecían los nombres, y por qué decidieron plasmarlos en su pared. La pura fuerza de un mural acercó a un montón de desconocidos a la causa de su protesta. “Por eso hacemos esto, por la gente que se interesa en nuestro arte porque es algo bonito y después reflexiona sobre las cosas importantes. Ahí está la fuerza”, agregó Irene.

*Nombres cambiados por solicitud de la fuente.