Jóvenes emprendedores le apuestan al consumo responsable

Miércoles, 25 Marzo 2020 11:35

Las iniciativas de dos universitarios buscan promover una cultura de conciencia ambiental en Colombia.

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El fenómeno de Greta Thunberg enmarca una época de jóvenes alrededor del mundo con iniciativas para promover el cuidado del medio ambiente. Colombia no es la excepción, y es que, a través de sus emprendimientos, Nicolás Isaza y Alejandro Ojeda buscan incentivar un consumo responsable en el país.

Las iniciativas son Tresciclaje y Eco.Ananeko. La primera busca apoyar el reciclaje y la segunda es una biotienda para comprar productos sostenibles. Tresciclaje promueve un aprovechamiento eficiente de residuos, mientras que Eco.Ananeko es un puente para acceder a productos sostenibles.

Así, ambos emprendimientos tienen como propósito reducir la huella ecológica que dejan los residuos que utiliza la mayoría de las personas.

Reciclaje y compostaje

Cuando estaba finalizando su pregrado de Finanzas y Relaciones Internacionales en la Universidad del Externado en el 2016, Alejandro Ojeda creó Tresciclaje como su proyecto de grado. Esta es una iniciativa que buscaba generar conciencia acerca del consumo responsable a través del apoyo al reciclaje.  Desde el emprendimiento, se contrata a recicladores para que gestionen los residuos reciclables. Además, plantean una alternativa para darle un uso a residuos orgánicos también.

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Cuando Ojeda viajó a países como Canadá, Bélgica o Suecia, se dio cuenta  que la forma de separar y gestionar los residuos por parte de las personas y los gobiernos era muy eficiente. Pensó en Colombia y se dio cuenta de las problemáticas que había con relación al reciclaje. 

Por una parte, la informalidad y precarias condiciones de trabajo de los recicladores, que llevan alrededor de 30 años laborando en el país sin muchas garantías. Por el otro, la presencia de vertederos como el Relleno Sanitario Doña Juana, ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar.

Según un reporte del Concejo de Bogotá del 2019, diariamente, este vertedero recibe 9.000 toneladas de basura. La descomposición de estos residuos no solamente causa problemas de salud e higiene para la población que vive cerca, sino que también genera dióxido de carbono, según un reporte del Ministerio de Ambiente en el 2014.

Debido a esto, decidió confeccionar su proyecto. “En Tresciclaje somos los asesores comerciales de los recicladores y los asesores en gestión de residuos para diferentes clientes”, explica Ojeda.

Es decir, se encargan de reciclar los residuos de clientes lugares como conjuntos de apartamentos, colegios, universidades, centros comerciales, entre otros. Su objetivo es que estos lugares disminuyan entre un 50 y 70% los residuos que llevan directamente al Doña Juana.

Cada cliente cuenta con tres asesorías gratuitas para la población, para que se enteren de cómo separar los residuos correctamente. En la empresa, hay catorce recicladores contratados a salario fijo que se encargan de manejar los residuos de los clientes del emprendimiento. A largo plazo, se espera que se llegue a los 260 recicladores trabajando.

Desde Tresciclaje, recuperan diariamente dos toneladas de residuos reciclables para ser aprovechados. A mediano plazo, Ojeda espera llegar a cinco toneladas diarias y, a largo plazo, a 30. Esta cantidad de residuos reciclables que recuperan, según explica él, es tan solo el 20% del contenido de una bolsa de basura promedio. La mayor parte, el 60%, son residuos orgánicos, en los que casi nadie se enfoca para gestionar efectivamente.

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La iniciativa desde la empresa es, precisamente, aprovechar estos residuos, para que no vayan a parar a los rellenos sanitarios. 

A partir del tratamiento con microorganismos eficientes, generan compostaje con estos residuos en menos de un mes. Estos microorganismos hacen referencia a un grupo de especies cuya presencia en los suelos mejoran su fertilidad. Este proceso lo realizan con clientes como Fruver o Surtifruver, y ya lo están implementando en dos conjuntos residenciales piloto.

Además, con lo que se genera, desde Tresciclaje también alimentan a lombrices californianas, a cucarachas, a grillos y a tenebrios para producir, ellos mismos, una harina a partir de estos insectos. Ojeda afirma que esta es ocho veces más proteínica que la harina de soya.

Aunque desde su emprendimiento Alejandro Ojeda ya está convirtiendo estos residuos orgánicos en compostaje o en una base para producir harina, él enfatiza que es necesario que más personas se pongan en la tarea de recuperarlos.

Un reciclador que trabaja en Tresciclaje, que prefirió no divulgar su nombre, afirmó que, en muchas ocasiones, las entidades oficiales no les han dado solución a sus problemáticas. “Cuando ayudan pareciera que fuera solamente por el reconocimiento, o para decir que sí cumplen, pero en realidad nosotros hemos estado muy solos”.

Dice que en el emprendimiento en donde trabaja ahora, por lo menos ha encontrado algo de certidumbre, en términos de que, por ejemplo, tiene un salario fijo. Piensa que la alternativa es buena, “porque con lo que hacemos acá, se pueden aprovechar también los orgánicos, y eso es algo en lo que casi nadie piensa”.

En Colombia hay alrededor de 30.000 recicladores Crédito: Alejandro Ojeda @Tresciclaje

Un puente para usar productos ecológicos

Nicolás Isaza tiene 22 años y estudia Jurisprudencia en la Universidad del Rosario. Desde hace aproximadamente un año empezó a utilizar productos ecológicos, como cepillos dentales de bambú, desodorantes y champús naturales. Su idea era construir un estilo de vida armónico con la naturaleza, a través de un consumo diferente. Estos hábitos sostenibles, como él lo define, consisten en adoptar comportamientos para disminuir la huella ambiental negativa que deja cada persona.

Sin embargo, se dio cuenta que, aun que se tenga voluntad de cambiar hábitos, es difícil encontrar los productos adecuados. “Esto sucede porque la oferta de productos en el mercado, o los medios a los que tienen acceso las personas, son muy reducidos y generalmente son productos que tardan mucho tiempo en descomponerse, como el plástico o el icopor”.

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Al reconocer esta problemática, creó Eco.Ananeko. En esta biotienda vende, mayoritariamente, productos de uso cotidiano, como el cepillo de dientes, desodorantes y cubiertos, entre otros. La importancia de esto es que, como son productos de uso diario, garantizan un impacto individual mayor, por la frecuencia de su implementación.

El emprendimiento tiene dos objetivos principales: primero, promocionar y vender productos ecológicos de otras empresas y, segundo, divulgar información acerca del consumo responsable y los cambios que está sufriendo el medio ambiente. Su interés es, por un lado, compartir información útil y veraz y, por el otro, promover otras páginas que vendan productos ecológicos.

“Esto no es una iniciativa con ánimo de lucro, sino con ánimo de difundir estas prácticas sostenibles”, explica Isaza.  Así, su interés es que, en unos años, esta iniciativa se convierta en una fundación para la preservación de la naturaleza y el cuidado de la salud de las personas. 

A pesar de que cree en esto, también recalca que la acción individual es muy importante para el cambio colectivo, ya que, al disminuir residuos, y darles un ciclo distinto, también se está reduciendo la cantidad de desechos que están yendo a parar al relleno sanitario Doña Juana.

“Si tú te crees esto, que estás generando un impacto, es más fácil también invitar a otros a que hagan lo mismo”, asegura.

La clave del cambio para Isaza es, entonces, que las personas, y especialmente los jóvenes, se junten para generar los cambios necesarios. “Muchas personas se resignan y dicen que la crisis ambiental no se puede detener, pero la verdad es que yo creo que los buenos somos más, solo que estamos mal organizados”, afirma.

Para él, se debe generar una red de apoyo en donde se puedan fomentar las prácticas saludables y las armónicas con la naturaleza y generar un cambio. “Yo siempre pienso algo y es que un grupo de científicos tardó cuatro años en crear la bomba atómica, un arma capaz de destruir el mundo. Si en cuatro años pudimos crear eso, ¿por qué no en diez, quince o veinte, los que nos quedan, podemos crear algo para salvarlo?”

Consumo responsable: un cambio de hábitos

 

El consumo responsable, precisamente, es definido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo como un cambio en los métodos de consumo para reducir la huella ecológica y lograr un desarrollo sostenible. A partir de un cambio de los hábitos personales, se pretende disminuir el número de residuos no reciclables que contaminan el medio ambiente.

Según Kattya Lozada, docente de Biología especializada en la Cátedra de Desarrollo Sostenible, la clave del consumo responsable está en tratar de disminuir la huella ambiental que cada persona deja, por medio de las decisiones que se toman al comprar productos. Uno de los objetivos principales de la sostenibilidad es llegar al estado de “basura cero”, que se logra por medio de dos vías principales: recuperando los residuos o haciendo uso de productos biodegradables.

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De acuerdo con un estudio realizado por Semana Sostenible, que tuvo en cuenta una muestra de 1.286 hombres y mujeres mayores de 18 años de áreas rurales y urbanas, solamente uno de cada diez colombianos sabe lo que es el consumo sostenible. Un 45% afirmó estar de acuerdo con comprar y usar productos que no dañen el medioambiente, aunque sean de alto costo y menos prácticos. Además, pese a que la mayoría reporta que el aspecto ecológico les parece más importante que lo social o lo económico, una menor cantidad se considera motivada para participar de una solución a los problemas ambientales.

Para Kattya Lozada, es claro que el emprendimiento juvenil en Bogotá y Colombia, es una respuesta a estos problemas. Lo positivo para ella es que esta es una tendencia que está en aumento. “Hoy en día, creo que hay un impulso por parte de los jóvenes por la asociación por medio de redes sociales, hay un sentimiento de solidaridad colectiva”.

Esto es importante, especialmente en el contexto colombiano. “A veces se ve mucha apatía y se ve más en gente adulta”, comenta Lozada. “La importancia del emprendimiento juvenil es justamente esa: traer la creatividad y las redes de asociación y colaboración para crear iniciativas muy prácticas y sostenibles”.