José 'el trencito' Valencia: “Solo recocha, ¡ya tu sabes!”

Martes, 23 Abril 2013 11:15

La otra cara de un jugador de fútbol, que ha llevado los colores patrios a diferentes escenarios del deporte mundial.

Foto: Jose ´el vagoncito´ Valencia, Cortesía||| Foto: Jose ´el vagoncito´ Valencia, Cortesía||| |||
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José Adolfo Valencia Arrechea, ex jugador de uno de los equipos tradicionales del fútbol colombiano, el Independiente Santa Fe y ex integrante del equipo tricolor de la sub 20 en el mundial 2011, que se realizó en la capital de Colombia, es ídolo de los niños futbolistas que lo siguen. Actualmente, a sus 21 años, de edad atraviesa por uno de los momentos más difíciles de su carrera.

Al llegar a Estados Unidos, para jugar con el Portland Timbers, sufrió una lesión de rodilla que lo ha tenido apartado de las canchas, por más de ocho meses. “Dios dame paciencia y sabiduría... espero volver pronto a las canchas” son algunas de las frases de optimismo, que suele decir cuando habla de su lesión.

Hijo de uno de los jugadores emblema del balón-pie colombiano, José Adolfo 'el tren' Valencia, miembro de una generación de futbolistas colombianos de grata recordación, autor del quinto gol del inolvidable 5- 0 contra Argentina, quien representó también a su país en mundiales de fútbol, e hizo parte de los planteles Atlético de Madrid, y Santa Fe, ha impulsado la carrera de su hijo inculcándole sus conocimientos de este deporte. De su seudónimo ´el tren´ se deriva el apodo de su hijo, ´el trencito´ o ´vagoncito´ y se les llama así por su estatura, ambos sobrepasan los 185 cm de estatura.

“Solo recocha, ya tu sabes!!!” Es la frase con la que solía responder José cuando sus compañeros lo saludaban en el colegio, una expresión aparentemente propia de la gente de la costa, y él aunque nacido en Bogotá, usaba esos términos sólo por el sabor que le impone su raza afro.

José Adolfo Valencia Arrechea, ‘el trencito’, ‘el vagoncito’ o simplemente 'el negro' como lo llaman sus amigos, creció jugando fútbol, mientras estudiaba en un colegio privado cercano a la Embajada Americana de Bogotá, el Gimnasio William Mackinley, entre los años de 1999 y 2008. Es uno de los personajes emblemas de dicho colegio, pues su dueño y rector se vanagloria de que el trencito haya dejado su huella de ejemplo para los estudiantes menores.

Su disciplina en el deporte fue algo que siempre lo caracterizó, Diego Rueda, amigo y ex compañero de curso recuerda que aunque él fuera deportista, nunca dejó de lado su vida social, salía de rumba con sus compañeros en los últimos años de colegio, pero como cosa especial, nunca se le vio tomar un trago, Diego recuerda que a diferencia del resto, él llegaba a las fiestas con un par de botellas en la mano, pero no botellas de alcohol, sino botellas de Gatorade, para hidratar, luego de azotar baldosa bailando con sus compañeras de curso; “siempre ha sido así, profesional con su deporte, prefiere no arriesgar su trabajo, por una noche de diversión” dice Diego.

Su estatura y color de piel lo hacían sobresalir del resto de sus compañeros, y por ser hijo de un grande de Colombia, era un buen estudiante, pero no hallaba la hora de salir a recreo para jugar al fútbol con sus amigos, aunque hablaba y molestaba en clase, siempre entregaba sus trabajos a tiempo, al parecer nunca perdió una materia en el bachillerato, muchos lo recuerdan ubicado en la parte trasera del salón, con su grupo de amigos, armando el desorden o bailando, en ocasiones decían que lo único que se escuchaba era la risa de José, una risa parecida al relincho de un caballo.

José, de una u otra manera, fue un líder en el curso, “el trencito” siempre tuvo que dirigir su equipo para ganar las Olimpiadas Mackilianas que en ese colegio se realizan, siempre tuvo el privilegio de decidir con su dedo, quienes tenían el honor de jugar a su lado, a veces, aunque el colegio poseía buenos jugadores, muchos no estuvieron en sus alineaciones, “en ocasiones más de uno se sintió fuera de su combo” así lo afirmó Jerónimo Niño, el Gato, uno de los integrantes de su equipo.

José tomaba las riendas de su curso, le ponía los nombres a sus equipos, como 'Los rompe mallas' que nadie se atrevió a cambiar, pero también, siempre hubo un rival en el colegio, típico de un hombre competitivo, Víctor Rincón, líder del equipo del otro curso, comenta que el vagoncito siempre le hizo la vida imposible, y por ello tuvo que dejar, en más de una ocasión, el corazón en las canchas para ganar las olimpiadas, “esas finales a veces parecían la final de la liga profesional colombiana, ¡debieron vender boletas para esos partidos!” comenta entre risas Víctor, recordando al “ trencito”.

El trencito no solo guió con su personalidad de líder los grupos de fútbol de su colegio, José aspira recuperarse de su lesión para seguir sumando goles y triunfos que lo lleven a ser exitoso en su carrera.